01: La muerte.

Domingo 8 de diciembre de 2019. McCleary, Washington.

4 días después del homicidio de Aleister Stewart y 352 días antes de...

Hace algunos meses atrás me dije a mí misma que debía pasar menos tiempo en mi mente, dejar de pensar en cada cosa como si fuera mi fin y, en caso de que el silencio y el sueño me metieran sin querer en un bucle de pensamientos, que por lo menos sean positivos.

Pero para las persona como yo, pedir que piense en positivo es como pedirme que vuele. No puedo salir de mi cama, los sentimientos negativos son como cadenas que me dejan atrapada y me impide levantarme y afrontar la vida.

La realidad es un duro golpe y las personas no dejan de mirarme, no dejan de juzgarme por cómo pienso, cómo me visto, cómo me veo. Yo soy las personas.

—Alicia —me llamó Darlis. Aparté la mirada de mi plato y la miré—, el agua ya está lista, ven conmigo.

Ella tomó mi brazo y me ayudó a levantarme, casi sentí como si me estuviera por caer, pero ella me sostuvo. Mi cuerpo no estaba reaccionando de una buena manera. No dije nada, no hice nada, sólo me quedé mirando a algún punto del cuarto de baño mientras Darlis me ayudaba a desvestirme y poco después a bañarme.

Cerré los ojos mientras ella pasaba la esponja por mis brazos. Darlis no parecía tener problema alguno con bañarme, ella parecía sentir lástima por la joven adulta que no tenía fuerzas. Y lo peor era que yo podía sentir el cariño que ella me tenía cuando hacía cosas como prepararme la comida o lavar mi ropa.

«Ella no tendría que hacer tantas cosas. Eres una inútil, Alicia. Aleister merecía vivir, no tú»

No presté demasiada atención hacia mi entorno, pero supe que estaba jodida cuando me subí al coche y escuché a Darlis hablar por teléfono con mi papá, ella le mintió en algunas cosas, pero claro que iba a contarle que yo no terminé mi comida.

Papá llevaba dos semanas y cuatro días ignorando mi existencia. Bueno, no tanto, él llamaba a Darlis y le pedía un informe de mi estado. Él estaba enojado conmigo, y hasta que yo no compensara mi error, él no me hablaría e ignoraría mis mensajes y llamadas.

—¿Estás decepcionada? —le pregunté a Darlis.

—No —dijo ella, mirándome desde el espejo del coche—. ¿Recuerdas cuando golpeaste una puerta y le pediste perdón, pero te pusiste a llorar porque la puerta no podía escucharte? Ese día no me decepcioné, ¿Por qué lo estaría ahora?

La miré unos segundos y apoyé mi cabeza en la ventana del coche. Suspiré, pero ya no le dije nada más.

Pasaron varios minutos hasta que llegamos a la clínica. Darlis me acompañó en todo momento, pero no pudo entrar conmigo al consultorio, y cuando finalmente salí de allí, ella tuvo que pasar para hablar con el doctor.

—Mierda. —El hombre a mi lado miró su teléfono con el ceño fruncido y bufó antes de guardarlo violentamente en su bolsillo, luego me miró y con tono brusco me habló—: ¿Qué miras, zanahoria?

Aparté la mirada de él y volví a mirar la puerta del consultorio. Cuando teñí mi cabello de naranja Aleister me había llamado zanahoria. Sentí una punzada en mi corazón y fruncí los labios.

—Eh, yo te conozco —dijo el hombre, lo miré de nuevo.

—Yo no tengo ni idea de quién es usted —respondí. Una sonrisa ladina apareció en sus dientes.

—Alicia Stewart —pronunció con lentitud, como si estuviese disfrutando de decir mi nombre—, claro que no me conoces, casi nadie aquí lo hace.

Él olía a cigarrillos. Detesto tanto ese olor, pero no podía hacer nada al respecto. Me encogí de hombros.

—¿Quieres pretender ser un hombre misterioso y que me interese en ti? —cuestioné, dejando que una sonrisa burlona apareciera en mi rostro—. No me interesan los cuarentones, disculpa.

Él sólo sonrió. No parecía de cuarenta, quizás tenía más de treinta años, pero no pasaba de ello. Él sabía que sólo intenté ofenderlo.

—No, claro que no te intereso yo. Y tampoco pretendo hacerlo, Alicia.

—¿Entonces qué quieres?

Él ignoró mi pregunta y se recostó sobre su silla, sus piernas estaban abiertas, pero no de forma exagerada. Se veía despreocupado.

—¿Qué es lo que quieres tú, Alicia?

—¿Disculpa?

Él me miró de soslayo y una sonrisa burlona apareció en su rostro.

—Mataron a tu hermano, cortaron y arruinaron su precioso rostro, ¿Y lo que haces es quedarte acostada en tu cama sin comer?

Fruncí el ceño. ¿Y este idiota qué?

—¿Pues qué pretendes que haga, imbécil?

—Jeff no dejó el pueblo, es obvio que está en busca de su próxima víctima. ¿Y qué mejor que la hermanita del chico al cual ya asesinó?

—¿Crees que él quiere matarme?

—No lo creo —respondió. El olor a cigarro se intensificó cuando él se acercó a mí con aire de confidencialidad—, yo lo sé.

Contuve mi respiración un segundo, él no se apartó. Sentí escalofríos, él acababa de decir algo tan horrible con una sonrisa en su rostro.

—Conoces a Jeff —dije.

Él no me dio la razón, pero tampoco lo negó, sólo se encogió de hombros.

—Es un idiota.

—Como tú —bramé entredientes—. ¿Qué clase de broma es esta?

Tenía tantas ganas de golpearlo.

—No es una broma. Sólo quería advertirte, ¿Prefieres morir al igual que tu hermano o te gustaría vengarlo?

—¿De qué me estás...?

La puerta del consultorio se abrió repentinamente. El hombre se apartó de mí y acomodó su horrenda chaqueta color mostaza.

—Alicia, morir o no será tu decisión. Haz lo que quieras.

Y dicho esto, él se levantó y se fue. Darlis se acercó a mí con aire preocupado.

—¿Acaso ese hombre te estaba molestando?

—No, sólo me preguntó si tenía cigarrillos —mentí.

Darlis no apartó la mirada del lugar por el cual él se había ido, parecía que algo no cuadraba en su cabeza.

—Nunca antes lo había visto. ¿Es nuevo en el pueblo?

—Quizás.

Al fin volvió su mirada hacia mí y me observó unos segundos.

—Bajaste de peso —me dijo.

Asentí. En la consulta anterior había subido de peso, ahora bajaba de nuevo. Cada vez que yo daba un paso adelante, terminaba dando dos atrás.

Yo estaba viva porque ni el diablo ni Dios me querían en su territorio. La muerte caminaba junto a mí, pero nunca se acercaba demasiado, nunca quiso nada de mí.

Suspiré y miré unos segundos el asiento en el cual el hombre había estado sentado momentos atrás. No sabía quién era, pero sabía que no iba a poder sacarlo de mis pensamientos en un tiempo.

...

Buenos días, buenas tardes y buenas noches. Perdonen la tardanza y lo corto del capítulo ando ocupada en la escuela¿

Pregunta: ¿Cuál es el peor olor del mundo y por qué el olor a cigarrillos?

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