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La llamada de su madre lo había sorprendido, pues no era nada común que ella le llamara. Con un suspiro, entró en su oficina, sabiendo que ella estaría dentro.

"Madre", soltó al ver a la elegante mujer peli plata sentada en el sillón de su oficina, con un sobre y su cartera en las rodillas.

"No esperaba verte aquí ,realmente", le habló ella, apenas mirándolo.

"Fue bastante interesante, saber que no fuiste a dormir a casa", comentó con una cierta frialdad en su tono.

"Hmmm..." contestó él, molesto por la forma en que ella hablaba, sabía a lo que se refería.

"Fue bueno dormir con tu amante", continuó ella, cortante.

"Tú...", quiso contestarle él, molesto.

"¿Me lo vas a negar?, como el hecho de que te vas a divorciar", le interrumpió ella.

"No hay nada que te interese", respondió él, molesto.

"Claro que me interesa, si mi apellido estará involucrado", replicó ella.

"¿Acaso solo vienes a hablar de eso y además cómo te enteraste?", cuestionó él, frunciendo el ceño.

"Pues...", dijo ella mientras le entregaba el sobre, "tu padre ha estado de mal humor últimamente. Esta mañana llegó este sobre".

Sesshomaru abrió el sobre y se encontró con lo que tanto había deseado.

"¿Piensas aún divorciarte, con esto?", preguntó ella.

El joven galeno solo la miró, analizando sus palabras, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros.

.-.-.-.-.-.-.

Sus ojos se abrieron de su letargo , cuando su teléfono había sonado y en este había llegado un mensaje de él.
"a las 6 :00, vendré a recogerte" 

Decía el corto mensaje qué le había escrito y que sin duda había causado una sonrisa en ella al pensarlo.

Las horas de ese día se deslizaron con una tranquilidad bienvenida después de su última clase en la universidad al mediodía. La tarde llegó, y ella se había cambiado a un vestido floreado, arreglándose con esmero. Era su día libre del hospital, y todo lo que ansiaba era descansar.

Cuando salió, lo encontró esperándola junto a su auto, vestido con ropa casual pero con una elegancia innata.
Sus ojos se encontraron, y en ese momento estos parecían decirse muchas cosas.

"vamos" le susurro mientras con un ademan le indicaba su auto.

En ese momento le hizo comprender que no conversarian ahí.

Con una gentileza que la hizo sonreír, él la ayudó a subir al auto y anunció que primero irían a cenar. La llevó a un restaurante de lujo, un lugar cuya sola entrada jamás se hubiera imaginado traspasar en su vida cotidiana.

Cuando cruzaron la puerta, su mano rodeó delicadamente su cintura, y juntos caminaron hacia la mesa que había sido reservada para ellos. La elegancia del lugar y la atención meticulosa del personal la dejaron maravillada.

Una vez sentados, él tomó la iniciativa y le indicó su pedido al mesero que les trajera algunas cosas, mientras ella elegía lo que deseaba.
Un momento después de pedir sus platos el mesero se retiro para darles espacio y en ese preciso momento él comenzó a hablar.

"Rin "susurro su nombre como una dulce melodía.

"Estoy preparando los papeles para divorciarme", dijo con una mezcla de duda y sinceridad en su voz. "Este no es un trámite que se resolverá de la noche a la mañana, por eso te pido que me esperes".

El corazón de Rin se agitó con emociones encontradas. Quería creerle, quería confiar en sus palabras, pero la incertidumbre se apoderaba de sus pensamientos.

"Yo...", comenzó, luchando por encontrar las palabras adecuadas. "Realmente quiero creerte en este momento. Es tonto seguir dudando de estas cosas..."

Las palabras se atascaron en su garganta cuando él continuó, disipando aún más sus dudas con cada palabra.

"Como te confesé ayer, lo que siento por ti es más que una simple atracción", dijo con convicción.

Rin solo pudo asentir, su mente girando con pensamientos mientras procesaba la información.

"¿Cuánto tiempo...?", preguntó finalmente, apenas un susurro escapando de sus labios.

Quizás era el ambiente tan envolvente de aquella escena lo que le hacia dudar o aquellos ojos que la miraron los que le hicieron dudar, que por un momento se quedó sin palabras por un momento, sorprendida por la revelación que acababa de hacer. Sus manos se entrelazaron con las suyas, y sintió el cálido beso en sus dedos mientras él hablaba.

"Será un año", respondió él, y esas palabras resonaron en su interior con un peso dramático que le dejó sin aliento.

Ella lo miró con incredulidad, sintiendo cómo su mundo se desmoronaba ante sus ojos. Cada palabra que salía de los labios de él era como un golpe directo a su corazón, y la razón que esgrimía para posponer su divorcio solo añadía más peso a su carga emocional.

Puesto que aquella mañana le había dicho que solo serían unos meses, ella expresó una pregunta que se notaba en sus facciones, buscando una respuesta clara de su parte.

"No puedo divorciarme aún", sus palabras resonaron en la habitación como un eco de desesperación. Una sensación de abandono la envolvió, rompiendo en pedazos su esperanza.

La decepción se mezcló con el dolor cuando recordó cómo él siempre había puesto sus propios intereses primero, incluso cuando volvieron a caer en la misma dinámica destructiva después de una separación anterior. Sabía que había cometido un error al no cortar todo desde el principio, al dejarse llevar por la promesa de un amor que ahora parecía desvanecerse en el aire.

Él le había dicho que la amaba y ahora, realmente, ¿Qué estaba sucediendo?. Realmente quería saber pero el parecía guardarse tantas cosas. 

"¿Por qué siempre te guardas tantas cosas? ¿Por qué nunca puedo ver claramente en tu corazón?", su voz temblaba con una mezcla de ira y desesperación, mientras las lágrimas seguían luchando por escapar de sus ojos. "¿Acaso no merezco más que medias verdades y silencios?"

La habitación se llenó de un silencio pesado, roto solo por el sonido de sus sollozos contenidos. En ese momento, en medio del dolor y la confusión, ella se dio cuenta de que la batalla que estaban librando era mucho más que una simple lucha por amor. Era una lucha por su propia dignidad, por encontrar el valor para poner fin al tormento que los consumía.

Cuando Rin estaba a punto de abrir la puerta para marcharse, sintió una mano en su hombro. Se detuvo, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho, sin atreverse a mirar hacia atrás.

"Perdóname por ser tan egoísta, pero tienes razón...", murmuró Sesshomaru con voz entrecortada, su tono cargado de angustia y remordimiento "soy tan egoísta ,que no puedo dejarte ir" . Sintió el peso de la desesperación apretándole el pecho mientras veía a Rin a punto de irse. Con un nudo en la garganta, extendió una mano hacia ella, apenas sintiendo el temblor en sus dedos.

"Por favor, dame una última oportunidad", continuó, su voz resonando con un eco de súplica. "Voy a irme esta noche, pero prometo que cuando regrese en dos semanas, te contaré todo. Te explicaré mis razones, cada detalle que necesites saber."

Rin se detuvo en el umbral, sus ojos buscando los de Sesshomaru en busca de alguna señal de verdad. La lucha interna se reflejaba en su mirada, una mezcla de deseo de creer y el miedo a ser lastimada nuevamente.

El silencio se hizo eco en el restaurante, cada segundo que pasaba parecía una eternidad. Finalmente, Rin asintió lentamente, una pequeña chispa de esperanza brillando en sus ojos mientras le daba a Sesshomaru una última oportunidad.

.-.-.-.-.

Desde una esquina del restaurante, Sara observaba con recelo mientras ingresaba con un grupo de amigas. Sus ojos, agudos como dagas, escudriñaban cada gesto entre Rin y Sesshomaru. Aunque intentaba aparentar indiferencia, una punzada de celos se apoderaba de ella al verlos juntos. Recordar lo que pudo haber sido y no fue le causaba un dolor agudo en el pecho, un recordatorio constante de sus propias ilusiones desvanecidas.

La noche anterior, Sesshomaru se había atrevido a rechazarla, desviando sus avances con un desdén apenas velado. Ahora, al descubrir la causa de su rechazo, una mezcla de ira y resentimiento se apoderaba de ella. ¿Cómo se atrevía a preferir a esa novata sobre ella, Sara, que había estado allí mucho antes de que Rin siquiera apareciera en escena?

Mientras observaban la escena desde la distancia, las amigas de Sara no pudieron evitar comentar entre ellas, alimentando su resentimiento. "No pensé que el doctor Taisho fuera como los demás", murmuró una de ellas, con un tono de complicidad.

"¿Acaso conocen a la mujer?", preguntó otra de las amigas con curiosidad, mientras lanzaba una mirada de reojo a Sara.

"Claro, Sara, su nombre es Rin, si no mal recuerdo", respondió otra, con un brillo malicioso en los ojos. "Es una de las novatas."

La vista de Rin y Sesshomaru compartiendo ese momento íntimo solo avivaba el fuego de la venganza que ardía en el interior de Sara. Esta no sería una derrota fácil de aceptar, y estaba decidida a hacer que Sesshomaru pagara por haberla menospreciado.

Continuara...

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