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Después de un sueño agitado, Sesshomaru se despertó una vez más en esa inmensa habitación con un anhelo inmenso de ver a su pequeña castaña. Sin perder tiempo, se levantó de la cama y se vistió rápidamente con una camisa y unos pantalones negros, metiendo en su maleta la bata del hospital antes de salir apresuradamente, dejando atrás el confort de su hogar sin siquiera desayunar. Kagura, ya despierta en la sala, lo observó con gesto molesto, recordándole cómo la había dejado sola la noche anterior después de terminar la sesión de fotos.

"Sesshomaru", llamó su nombre, pero este no le hizo caso.

Ignorando las protestas de Kagura, Sesshomaru salió de la mansión y se dirigió directamente hacia el hospital. Sabía que encontraría a Rin allí, como cada mañana.

Conducía con determinación, con la mente llena de preocupación.

Al llegar al hospital, Sesshomaru aparcó rápidamente su automóvil y entró apresuradamente en el edificio. No podía evitar sentir un nudo en el estómago mientras se dirigía hacia su área, mirando de reojo entre los pasillos para ver si la encontraba entre ellos.

Su corazón latía con fuerza en su pecho, esperando encontrarla entre toda esa multitud.

Finalmente, divisó a Rin en una de las estaciones de enfermería, concentrada en su trabajo, intentando completar algún informe de uno de los pacientes a los que atendían.

Sesshomaru sintió un alivio momentáneo al verla, pero también una preocupación creciente al notar la fatiga en su rostro.

"Rin", la llamó con suavidad, acercándose a ella deliberadamente mientras la mayoría de sus colegas se alistaban para la revisión rutinaria de la semana.

Rin levantó la vista al escuchar su nombre, sorprendida al verlo allí. Sus ojos se encontraron, y en ese momento, Sesshomaru pudo ver la preocupación reflejada en los de ella.

"Sesshomaru", dijo Rin, su voz apenas un susurro.

Él se acercó más, deseando poder encontrar respuestas en su mirada.

"¿Estás bien?", preguntó con preocupación, queriendo asegurarse de que ella estuviera bien.

Rin asintió, pero la tensión en su rostro no pasó desapercibida para Sesshomaru. Sabía que algo estaba pasando, y estaba decidido a descubrir qué era.

"Solo es..." Rin quería decirle a Sesshomaru lo que tanto había estado pensando toda la noche, pero fue interrumpida por una de sus colegas.

"Doctor Taisho, lo necesitamos en la habitación 5", informó una de las enfermeras, visiblemente angustiada, dejando una gran incertidumbre entre ellos, que tarde o temprano tendrían que resolver.

"Srta. Hirai, la espero en dos horas en mi oficina", dijo Sesshomaru mientras salía para atender a su paciente.

"Sí", respondió Rin mientras seguía con su trabajo, sintiendo el peso de la conversación pendiente con Sesshomaru y la necesidad de aclarar las cosas lo antes posible.

Rin siguió trabajando con la mente dividida entre sus responsabilidades y la conversación pendiente con Sesshomaru. Cuando finalmente llegó el momento, se dirigió hacia la oficina de Sesshomaru con determinación, aunque su corazón latía con la fuerza de la ansiedad.

Al entrar en la oficina, Rin encontró a Sesshomaru de pie junto a la ventana, con una expresión seria en su rostro. Se acercó con paso firme, sabiendo que lo que estaba a punto de hacer sería difícil, pero necesario.

"Sesshomaru", comenzó Rin, su voz temblando ligeramente. "Necesitamos hablar".

Él se giró para enfrentarla, mirándola con intensidad. "Rin, lo siento por...". Dijo mientras se acercaba a ella e intentaba darle un beso en los labios, pero ella no se lo permitió.

"No", lo interrumpió ella suavemente. "Debo decirte algo primero".

Sesshomaru frunció el ceño, pero se mantuvo en silencio, esperando a que ella continuara.

Rin tomó una respiración profunda antes de continuar. "He estado pensando mucho, y creo que es hora de que... terminemos".

La sorpresa se reflejó en el rostro de Sesshomaru, pero Rin continuó antes de que él pudiera decir algo. "Sé que es difícil de aceptar, pero sé que nunca podré tener lo que quiero si seguimos juntos. Y tú tampoco podrás ser lo que necesito si sigues conmigo".

Sesshomaru la miró con tristeza, pero también con resignación. Sabía perfectamente lo que significaban aquellas palabras, aunque eso no hacía que fuera más fácil aceptarlo.

"No puedo pedirte que te quedes", dijo finalmente, con su voz apenas un susurro.

Rin asintió con tristeza, sintiendo el peso de la decisión sobre sus hombros. "Lo sé", contestó con melancolía, mientras intentaba salir de la oficina. "Pero te prometo que siempre te recordaré con cariño". Trató de consolarse con aquellas palabras.

Los dos se quedaron allí, en medio de la oficina en silencio, dejando que la realidad de su separación se hundiera en ellos. Sabían que era lo mejor para ambos, pero eso no hacía que fuera menos doloroso.

Con un último adiós silencioso, Rin se marchó de la oficina de Sesshomaru, sabiendo que aunque su relación había llegado a su fin, el amor y los recuerdos que compartían siempre permanecerían en sus corazones.

Mientras tanto, Sesshomaru aún permanecía allí en silencio, sabiendo que la quería, pero reconociendo que ella tenía razón. No podría darle más de lo que le estaba ofreciendo. Aunque deseaba otra cosa, no iba a sacrificar su vida perfecta ya establecida.

"Quizás toda esta situación era su culpa".

Desde el primer momento en que la vio, quedo cautivado por su belleza y su encanto .

Sin siquiera darse cuenta, su mirada la había estado buscando en varias ocasiones, esperando repetir aquella emoción que sintió al verla por primera vez.

Una tarde, mientras conversaba con colegas, la vio a través del gran ventanal, corriendo para ayudar a una paciente con un sombrero en la mano, mientras su sonrisa iluminaba el lugar en el que ella se encontraba.

Después de ese encuentro, la volvía a ver de nuevo una de esas noches de trabajo agitadas que se podían observar en el hospital. En busca de un suspiro decidió retirarse a la pequeña sala de médicos, esperando encontrar un momento de calma en medio del caos. Pero la oscuridad del lugar ocultaba la presencia de otra persona que también buscaba un momento de tranquilidad. En un instante de confusión, esa persona terminó tropezando y cayendo sobre mí, confundida por la escasa iluminación.

En ese momento, estuvo a punto de reaccionar con indignación, hasta que se percató de que era esa chica de cabellos castaños quien estaba allí.

La misma que había estado rondando su cabeza por semana y la que ahora lo miraba con una expresión de vergüenza en el rostro, mientras se disculpaba por el malentendido y esperaba una reprimenda, lista para escapar en cuanto pudiera.

La situación, lejos de molestarle, le había arrancado una sonrisa al verla salir del lugar apresuradamente.

Después de ese incidente, me encontraba buscándola una vez más, pero notaba que ella parecía estar evitándome a toda costa, quizás como consecuencia del incidente.

Sin embargo, en una de esas tardes, de manera impulsiva, había decidido cambiar su turno para que coincidiera con el suyo y de esa manera ya no lo volviera a evitar.

Llamó a su asistente y le pidió que cambiara el turno de la enfermera Rin para que coincidiera con el suyo, utilizando como excusa la eficiencia y la necesidad de tener a su disposición al personal más competente. La petición fue concedida sin objeciones, y pronto Rin se encontró trabajando en el mismo horario que el Dr. Taisho.

Para él, todo parecía estar bien. Ahora tenía la oportunidad de ver a Rin con más frecuencia, y cada encuentro se volvía una deliciosa adicción. Disfrutaba de la sensación de tenerla cerca, esperando sentir esa misma vergüenza que parecía invadirle cada vez que sus miradas se cruzaban.

.-.-.-

La última noche del año pasado, tras un agotador turno en el hospital, el Doctor Taisho se encaminó hacia la sala de cirugía, preparado para verificar si había alguna emergencia pendiente. Sin embargo, al abrir la puerta, fue recibido por una escena inesperada: un grupo de colegas celebrando la llegada del nuevo año. Risas, brindis y una atmósfera festiva llenaban la habitación, y en medio de todo eso, destacaba Rin, con una copa de champán en la mano y una sonrisa resplandeciente en el rostro.

Inicialmente, el Doctor Taisho se sintió inclinado a ignorar la festividad y continuar con sus responsabilidades. Sin embargo, antes de que pudiera actuar, uno de sus compañeros lo abordó con una invitación directa y un atrevimiento poco común.

"Doctor Taisho, ¿acaso no piensa unirse?", preguntó el colega, mientras otros trataban de contener su entusiasmo.

La situación tomó al doctor por sorpresa, pero, sin embargo, se vio arrastrado por la corriente de la celebración y se unió al grupo. Entre las conversaciones animadas y las risas contagiosas, no pudo evitar notar cómo Rin se integraba con naturalidad a la festividad, irradiando alegría y camaradería.

Aquella fue la primera locura que había cometido, algo que no haría en su sano juicio y la siguiente fue la noche.

El momento en que se descubrió mirando a Rin en más de una ocasión había sido un constante recordatorio de su atracción, pero la timidez lo mantenía a distancia. Fue solo cuando ella decidió salir del bullicio de la celebración para tomar aire fresco que el Doctor Taisho se armó de valor para seguirla afuera.

"Señorita Hirai", la llamó por su nombre, intentando discernir el ligero rubor que siempre aparecía en sus mejillas cuando sus miradas se cruzaban.

"Doctor Taisho", respondió ella con una extraña mezcla de sorpresa y reserva.

Notó que las copas no le habían sentado bien en absoluto, pensó para sí mismo.

"Parece que debería ir a descansar", expresó preocupado.

"Estoy bien", le contestó ella con una sonrisa que no logró engañarlo.

"No lo creo", insistió él, sabiendo que algo no estaba bien.

"Si es verdad", trató de mantener la compostura, aunque su voz delataba un deje de fatiga.

Estaba a punto de discutirle cuando la emergencia golpeó las puertas del hospital, demandando la atención de todos para socorrer a los pacientes. Instintivamente, él le ordenó descansar, pero ella intentó resistirse, mostrando claramente su agotamiento.

"Ve a descansar a mi oficina", le ordenó con firmeza, mientras se apresuraba a unirse a sus colegas en la sala de emergencias.

Horas después, exhausto pero lleno de una emoción que palpitaba en su pecho, Sesshomaru decidió retirarse a descansar en su oficina. Al abrir la puerta, esperaba encontrarse con un espacio vacío, pero la visión de Rin recostado allí lo detuvo en seco. La luz tenue del escritorio apenas iluminaba su rostro sereno, destacando la suavidad de sus rasgos y el brillo sutil de sus cabellos.

Una sensación cálida y reconfortante lo envolvió al contemplarla, como si la simple presencia de ella pudiera disipar toda la fatiga acumulada durante la larga jornada. Se acercó con pasos silenciosos, como si temiera perturbar su tranquilo reposo, pero al mismo tiempo, una fuerza interior lo impulsaba a no alejarse.

Rin se despertó al sentir su presencia, y sus ojos se encontraban en un instante cargado de significado. Por un breve instante, pareció que ella iba a levantarse y marcharse, como si su presencia fuera una molestia, pero el Doctor Taisho no pudo permitirlo. Algo en él se rebeló contra esa idea, como si la sola idea de dejarla partir fuera inaceptable.

Fue entonces cuando, impulsado por una combinación de valentía y deseo abrumador, sus dedos encontraron el contorno de su mejilla, acariciándola con suavidad. Ella lo miró con una mezcla de sorpresa y anhelo, como si hubiera estado esperando ese gesto tanto como él.

En ese momento, sin palabras que pudieran expresar la complejidad de lo que sentía, él la besó. Fue un beso cargado de todas las emociones contenidas durante tanto tiempo: el deseo, la pasión, el anhelo y la ternura. Y ella, sin vacilar, respondió con la misma intensidad, entregándose a la magia del momento.

Así comenzó una noche que ninguno de los dos había anticipado, pero que los llevó a un lugar más allá de lo que habían imaginado.

Continuara...

Hola acá un capitulo más, ¿Es el último flasback?,o quieren la versión de Rin.

Gracias por el apoyo, ya faltan solo 10 capítulos, es una historia corta.

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