29💕

Sesshomaru llegó a la sala de obstetricia casi sin poder respirar. Estaba completamente asustado, pensando en lo peor. Cuando recibió el mensaje de Rin, su mente se llenó de todas las posibles cosas que podrían haber salido mal. Apenas cruzó la puerta, su mirada la buscó con desesperación.

Ahí estaba, sentada. Al verla, sintió como si una enorme piedra se desvaneciera de su pecho. El alivio fue inmediato, aunque su corazón seguía latiendo con fuerza.

—Sesshomaru... —dijo Rin con esa voz suave que siempre lograba tranquilizarlo. Solo escucharla lo hizo sentir algo de paz. No podía evitar mostrar una suave sonrisa al verla mejor de lo que esperaba.

Kikyo, se acercó y les explicó lo que habían mostrado las pruebas. Todo parecía estar bien, pero Rin tendría que quedarse en observación unos dos días más para asegurarse de que todo seguía en orden.

—Pero... —intentó decir Rin, ya que estaba por terminar su practicas en el hospital.

Kaede, que conocía a la joven, se adelantó, cortándolo con su habitual calma.

—Si lo que te preocupa son tus prácticas, ya hablé con un conocido. Me dijo que no te preocupes, que firmará todo lo que falta. Ya has terminado —le dijo a Rin, con una sonrisa.

—¿De verdad? —Rin levantó la mirada sorprendida.

—Así que, ahora solo queda descansar, ¿sí? —añadió Kaede con tono amable.

Sesshomaru observaba a Rin, intentando entender cómo se sentía de verdad. Aunque se veía más tranquila, podía notar el cansancio en sus ojos. Había estado lejos mucho tiempo, y ahora que ella lo necesitaba, él no había estado tanto como debería.

—No tienes excusas para no descansar ahora —comentó Kikyo, dándoles una última sonrisa antes de retirarse.

La luz del amanecer ya empezaba a entrar por la ventana, iluminando la habitación de manera suave. Kaede se despidió, y su sobrina salió poco después, dejándolos solos. Sesshomaru, sin decir nada, se acercó para acomodar la almohada de Rin, asegurándose de que estuviera lo más cómoda posible.

—Sesshomaru... —Rin lo llamó otra vez, con esa voz que lo desarmaba cada vez que la escuchaba—. Ven, acuéstate conmigo.

Sesshomaru dudó por un momento. Sabía que ella necesitaba descansar bien, y no quería incomodarla, pero la forma en que ella lo miraba lo convenció. Lentamente, se recostó a su lado, cuidando cada movimiento.

El cuarto estaba en silencio, solo el suave murmullo del viento afuera rompía la calma. Rin se acurrucó contra su pecho, buscando su calor. Sesshomaru la rodeó con sus brazos, pero esa sensación de culpa seguía ahí. Había estado demasiado ausente, demasiado ocupado. Sentía que había fallado.

—Lo siento... —susurró, casi sin fuerzas. Las palabras se le atoraron en la garganta—. Lo siento por no haber estado contigo antes, por no haber estado más.

Rin lo miró, sus ojos cansados pero llenos de comprensión. Esa mirada que parecía decirle que lo entendía, que no lo culpaba.

—Tuve mucho miedo... —dijo ella en voz baja, sus labios temblando un poco mientras hablaba—. Tenía miedo de perderlos.

Al escuchar esas palabras, Sesshomaru sintió un nudo en el estómago. Esa confesión lo golpeó más de lo que hubiera imaginado. Quería contarle todo, decirle la verdad sobre Kagura, sobre lo del divorcio, pero ahora no era el momento. Rin estaba agotada, necesitaba descansar.

—Todo está bien ahora —le dijo, acariciándole el rostro con suavidad—. Mañana hablaremos de todo. Ahora solo quiero estar aquí contigo.

Rin cerró los ojos, y él la sostuvo más fuerte, prometiéndose a sí mismo que no se alejaría de su lado otra vez.

"Lo siento," le susurró de nuevo, mientras la abrazaba fuertemente, transmitiéndole el calor y la confianza que necesitaba. En su mente, se hizo una promesa inquebrantable: jamás la soltaría y la protegería de todo.

Las horas pasaron mientras descansaban juntos. No supo cuánto tiempo había pasado, solo que el sonido de su teléfono lo despertó, vibrando en la pequeña mesa a su lado. Con cuidado, se removió y se separó de ella para contestar.

—Señor Sesshomaru, ¿tiene un momento? —preguntó su abogado con voz dubitativa.

—¿Qué sucede?

Claro, aquí tienes una versión ampliada, con más detalles en las escenas y en los pensamientos de Sesshomaru:

—Ayer no pudimos firmar el acuerdo de divorcio. Estuvimos hablando con su esposa sobre los términos, pero se fue antes de que pudiéramos cerrar todo. Esta mañana me llamó y dijo que nos espera en una hora en el Café Central de Tokio... y que está dispuesta a firmar. Sin embargo, quiere hablar con usted antes —le explicó su abogado, con una seriedad que dejó a Sesshomaru en silencio por unos segundos, asimilando la situación.

—Entiendo... te veo en una hora —respondió sin más, cortando la llamada mientras sus ojos volvían a enfocarse en la figura de Rin, que seguía profundamente dormida en esa pequeña cama de hospital.

El aire en la habitación era pesado. Las luces tenues proyectaban sombras en las paredes, y el leve pitido de las máquinas monitoreando a Rin era lo único que rompía el silencio. Sesshomaru no podía quitarse la sensación de ansiedad que lo carcomía por dentro. No quería dejarla sola, especialmente ahora. Algo en su interior le decía que no estaba bien que se fuera, aunque solo fuera por unas horas. Sabía que, en parte, era su paranoia; la idea de que algo pudiera pasarle a Rin mientras él no estaba lo llenaba de un miedo que no podía controlar.

Decidido a no dejar nada al azar, sacó su teléfono y llamó a la enfermera Tanaka. La conocía de antes, una mujer confiable y siempre dispuesta a ayudar.

—Tanaka, ¿tienes tiempo para quedarte con Rin un rato? Tengo que salir por un asunto urgente, pero no quiero dejarla sola —le dijo, intentando no sonar tan desesperado como se sentía.

—Llego antes de mi turno para apoyarte, no te preocupes. Estoy saliendo para allá —respondió la enfermera con su tono habitual, que siempre lograba tranquilizarlo un poco.

Colgó el teléfono y se dejó caer en la silla junto a la cama, mirando a Rin. Su rostro, aún pálido por el cansancio, le parecía más frágil de lo que recordaba. Habían pasado por tanto, y ella seguía ahí, luchando, tan fuerte como siempre. Sesshomaru tomó su mano, acariciando suavemente sus dedos, y luego la sostuvo con firmeza, como si al hacerlo pudiera protegerla de todo mal. Se quedó así, en silencio, observando cómo su pecho subía y bajaba lentamente, respirando al compás de su propio corazón acelerado.

Su mente comenzó a divagar. Si Kagura firmaba los papeles, finalmente sería libre. Libre de un matrimonio que nunca debió suceder y que nunca debió de aceptar, libre para empezar una nueva vida. Ya no había nada que lo atara a Japón, excepto... Rin. Pensó en lo que podría hacer después de ese día. Tal vez debía pedirle que fueran del país, alejarse de todo lo que había sido su vida hasta ese momento. Que se casara con él, que dejaran todo atrás y se marcharan lejos, a un lugar donde no tuvieran que enfrentarse a todos esos recuerdos pasados y comenzar de nuevo con sus pequeños bebes, donde nadie pudiera hacerles daño.

Pero entonces, la duda lo golpeaba con fuerza. ¿Y si ella no aceptaba? ¿Y si Rin no quería dejarlo todo atrás? 

El tiempo avanzaba lentamente. Cada minuto que pasaba junto a ella lo hacía sentir más inseguro de lo que debía hacer. Sin embargo, el deber lo llamaba. La enfermera Kaede llegó puntualmente, entrando con una sonrisa tranquila que logró calmarlo un poco más.

—No te preocupes, Sesshomaru. Yo me quedaré con ella. Rin estará bien —le aseguró mientras tomaba su lugar al lado de la cama.

Sesshomaru asintió, aunque aún sentía una punzada en el pecho. Se inclinó sobre Rin, acariciando su frente con suavidad, deseando poder despertarla y despedirse, pero no quería interrumpir su descanso. Sabía lo mucho que lo necesitaba. La noche anterior había sido dura, y él no iba a ser la razón de que ella perdiera el poco sueño que había logrado conciliar.

—Cuídala bien —dijo Sesshomaru en voz baja, dirigiéndose a Tanaka antes de salir de la habitación. La enfermera asintió con una sonrisa.

Ya en el pasillo, con cada paso que daba alejándose de la habitación, sentía que una parte de él se quedaba atrás. Caminó con la mirada fija en el suelo, absorto en sus pensamientos. Al llegar a la salida del hospital, sacó su teléfono y llamó a su abogado.

—Estoy en camino —dijo Sesshomaru con tono serio.

—Perfecto señor, Kagura ya está en el café. Nos vemos allí —respondió su abogado antes de colgar.

No pasó mucho tiempo antes de que Sesshomaru llegara al lugar acordado. Al entrar, vio a Kagura, la pelinegra de siempre, vistiendo un sencillo pero elegante vestido. Estaba sentada en una de las mesas, junto a su abogado.

—Kagura —llamó él, lo que hizo que la mujer levantara la cabeza y lo mirara.

—Parece que no has dormido bien —comentó ella con un tono irónico, mientras sonreía con esa expresión que él conocía demasiado bien.

—Empecemos con esto —respondió Sesshomaru, directo al punto.

—Quiero hablar contigo a solas por unos minutos. No será mucho, solo quince, y luego continuamos —mencionó Kagura, gesticulando hacia su abogado, quien se levantó con una pequeña inclinación de cabeza y se retiró para dejarlos solos.

Sesshomaru dudó un segundo, pero al final asintió. Una vez que su abogado se marchó, tomó asiento frente a Kagura y la miró directamente, impaciente.

—Dime lo que tengas que decir.

Kagura, en lugar de responder de inmediato, tomó el sorbete de su bebida con calma, sus ojos oscuros fijos en él. Luego, sacó una revista de su cartera y la dejó sobre la mesa.

—Así que esta es la razón por la que estabas tan desesperado por firmar los papeles —comentó, señalando la revista con una sonrisa amarga.

Sesshomaru rodó los ojos, fastidiado.

—No pensé que llegaría a tanto, pero parece que me equivoqué.

—¿De qué hablas? Sabes perfectamente cuáles son los acuerdos de nuestro matrimonio. —Su tono era firme, sin paciencia para los juegos.

—Sé clara, Kagura.

Ella rió, pero no era una risa alegre. Era una mezcla de amargura y resignación.

—Ella debe ser muy importante para ti —dijo finalmente, su voz dolida aunque trataba de esconderlo. —Has cambiado tanto por esa muchachita.

Sesshomaru la observó en silencio, esperando que continuara.

—Durante todos estos años de matrimonio, siempre intenté que las cosas cambiaran, pero nunca lo conseguí. Llegué a pensar que tenías una amante... incluso contraté detectives para espiarte. ¿Y sabes qué descubrieron? Que solo eras un maniático del trabajo. Sabía que te habías dado cuenta de lo que estaba haciendo, pero jamás te importó, ¿verdad?

Kagura hizo una pausa, sus ojos brillando con la verdad que había evitado decir por mucho tiempo.

—Pero todo cambió cuando ella apareció, ¿no es así?

Sesshomaru respiró profundamente, manteniendo su mirada fija en ella.

—¿A qué punto quieres llegar, Kagura?

Ella lo miró a los ojos, suspirando antes de responder.

—Solo quiero decirte que seas feliz. —Esbozó una pequeña sonrisa que, aunque genuina, estaba cargada de años de frustración. —Te conozco desde hace mucho tiempo, y así como tú una vez no te negaste a ayudarme, yo tampoco me voy a negar a firmar los papeles. Entendí que esto es lo mejor para los dos.

Sesshomaru la observó en silencio, esperando que terminara lo que tenía que decir.

—Solo te pido una cosa... —dijo ella, finalmente—. Que no hagamos público el divorcio por lo menos durante unas semanas. Quiero irme a otro país con Kanna sin que mi padre interfiera.

Sesshomaru asintió, comprendiendo lo que significaba para ella.

—Entiendo —respondió con una leve inclinación de cabeza.

Kagura le ofreció la mano, y aunque la situación era formal, había una sensación de cierre entre ellos.

—Será un placer hacer tratos contigo, Sesshomaru Taisho —dijo ella con una sonrisa, sellando finalmente el fin de una etapa.

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-No era el trato..-menciono molesto al otro lado de la linea.

-lo entiendo, pero..

-Encárgate de solucionarlo o sabes de lo que somos capaces...

Continuara...

.Hola, ¿Cómo están? Leeré sus teorías.


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