22💕

Después de esa conversación pasaron días en los que Rin aún se sentía insegura con la confesión de Sesshomaru. Mientras tanto, Sesshomaru permanecía casi siempre en el departamento junto a Rin, tratando de cuidarla y asegurándose de que estuviera cómoda. En ocasiones, tenía que regresar a su trabajo en el hospital para ocuparse de algunos asuntos pendientes, mientras que Rin también trataba de mantener la normalidad en su trabajo, dedicándose a sus pacientes mientras lidiaba con la confusión y las emociones que la atormentaban.

Sin embargo, la tranquilidad de Sesshomaru se vio interrumpida cuando Kagura accedió, junto con su abogado, a reunirse con él para hablar sobre su divorcio. Esto lo sorprendió, ya que en los últimos días había notado su intención de retrasar el proceso.

—¿Realmente estás decidido a seguir con esto? —le preguntó Kagura a Sesshomaru con una mezcla de enojo y frustración.

Él la miró seriamente y asintió.

—No es tan simple como firmar unos papeles y seguir adelante. Existen cuestiones legales y financieras que deben resolverse, y creo que debería tener tiempo para revisar cada detalle.

Sesshomaru se mantuvo firme, sabiendo que las maniobras de Kagura eran una estrategia para ganar tiempo y tratar de mantener el control sobre la situación.

—Kagura —dijo Sesshomaru con calma pero firmeza—, los documentos ya están presentados, solo necesitan tu firma. No voy a permitir que retrases este proceso más allá de lo necesario. Lo que estamos haciendo es lo correcto para ambos, y no es como si te estuviera dejando sin nada.

Kagura, con una expresión de desafío en su rostro, hizo un último intento de negociar.

—Si quieres seguir adelante con esto, deberías considerar algunas demandas adicionales que tengo y que no firmaré hasta que las aceptes.

—No estoy dispuesta a ceder sin asegurarme de que todo esté en orden, y espero que estés dispuesto a discutir cada uno de mis puntos.

Sesshomaru entendió que estas demandas eran una táctica para forzarlo a negociar bajo presión. Aunque sintió la frustración crecer, sabía que debía enfrentar la situación con la mayor claridad posible.

—Estoy dispuesto a llegar a un acuerdo justo —respondió Sesshomaru—. Pero no permitiré que este proceso se prolongue indefinidamente. Si tienes preocupaciones legítimas, discutámoslas de manera razonable.

Mientras Sesshomaru trataba de manejar la situación con Kagura, Rin seguía adelante con sus responsabilidades en el hospital, tratando de no dejar que las tensiones personales afectaran su desempeño. Aunque se esforzaba por mantener una apariencia de normalidad, el estado de su relación con Sesshomaru y el complejo proceso de divorcio se mantenían como un telón de fondo constante, y últimamente se sentía cansada, lo que no ayudaba a que su mente estuviera en paz.

Por eso, aquella tarde, aunque estuviera cansada, quería preguntarle algunas cosas que aún no se había atrevido a mencionar en la conversación anterior. Cuando vio a Sesshomaru regresar al departamento visiblemente cansado, con una expresión que reflejaba tanto la determinación como el agotamiento, Rin, al notar su estado, se acercó y le preguntó con preocupación:

—¿Todo está bien, Sesshomaru?

Sesshomaru la miró con una mezcla de tristeza y resolución.

—Kagura está tratando de retrasar el proceso con algunas demandas adicionales. Aunque esto complica las cosas, estoy decidido a seguir adelante. No quiero que esto nos afecte más de lo necesario —dijo mientras se acercaba y la abrazaba, provocando en ella una mezcla de alivio ante sus palabras, que le hacían sentir más segura.

—Lo importante es que estamos en esto juntos —dijo en su oído, con una sonrisa que intentaba transmitir apoyo—. No importa cuán difícil sea, te juro que todo esto acabará pronto y podremos estar juntos sin ningún prejuicio.

Sesshomaru sabía que aunque el proceso de divorcio y las demandas de Kagura seguían siendo una fuente de tensión, la presencia de Rin y de sus bebés le daban la fuerza para seguir adelante.

Con el paso de los días, la tensión entre Sesshomaru y Kagura creció mientras las demandas de ella complicaban el proceso de divorcio. Cada nuevo reclamo parecía ser un obstáculo diseñado para prolongar el conflicto, pero Sesshomaru estaba decidido a no dejarse vencer. Las discusiones con sus abogados eran largas y agotadoras, y la carga emocional del proceso comenzaba a pesar en él más de lo que había anticipado.

Rin, mientras tanto, continuó con su rutina en el hospital, tratando de mantenerse enfocada en su trabajo a pesar del tumulto emocional que la rodeaba. Aunque intentaba mantener una fachada de normalidad, sus amigos y colegas notaron que algo no estaba del todo bien. Una de las principales fue su jefa, Kaede.

—Rin, ¿estás bien? Te he visto un poco distraída últimamente.

Rin forzó una sonrisa, tratando de ocultar sus preocupaciones.

—Estoy bien, señora Kaede. Solo estoy lidiando con algunas cosas —mencionó, algo que no convenció a la anciana.

Kaede, poco convencida, asintió, pero su mirada reflejaba una mezcla de preocupación y comprensión.

—Si necesitas hablar con alguien, estoy aquí para escucharte.

Agradecida por el apoyo de aquella mujer a quien consideraba como una madre, sonrió y siguió con sus tareas. Aunque su vida personal estaba en caos, trataba de enfocarse en su trabajo como una forma de mantenerse ocupada y distraída.

Mientras tanto, Sesshomaru seguía lidiando con las demandas de Kagura. Un día, recibió una llamada de su abogado, quien le informó que Kagura había presentado una demanda adicional que complicaría aún más el proceso. Al colgar, Sesshomaru se sintió abrumado y decidió que necesitaba despejar su mente.

Esa noche, después de una discusión particularmente intensa con su abogado, Sesshomaru decidió visitar el parque cercano al departamento donde vivía con Rin. Sentado en un banco, observó las luces de la ciudad y el reflejo de las estrellas en el cielo nocturno. El lugar le ofrecía un momento de paz en medio del caos.

De repente, escuchó un ligero crujido y vio a Rin acercarse, con su cabello castaño suelto ondeando al viento. Ella había decidido dar un paseo para despejar su mente y, sin darse cuenta, se encontró en el mismo parque donde Sesshomaru estaba. Al verlo, se acercó con una mezcla de sorpresa y preocupación.

—Sesshomaru, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó Rin, notando el cansancio en su rostro.

Sesshomaru sonrió débilmente, aliviado de ver a Rin en ese momento de soledad compartida.

—Solo necesitaba un respiro. Las cosas con Kagura están más complicadas de lo que pensaba.

—Entiendo.

—¿Cómo estás tú? —le preguntó mientras la miraba.

—Estoy bien, aunque los síntomas aún continúan.

—Ya falta poco para que disminuyan.

Rin miró a Sesshomaru, sintiendo una calidez en su corazón al ver su apoyo incondicional.

—Aprecio mucho que estés aquí.

—Siempre estaré aquí para ti y para ellos.

Ambos permanecieron en silencio, disfrutando de la compañía mutua mientras el parque se sumía en la calma nocturna.

Toga Taisho se encontraba sumido en una tormenta de ira y desesperación. La inminente amenaza de perder el apoyo de Naraku, el padre de Kagura, sumada a los conflictos familiares por el divorcio de su hijo Sesshomaru, estaba llevando al hospital a una crisis total. La situación parecía una espiral sin fin, y Toga sabía que cualquier error podría ser fatal para su legado y para el hospital que había sido el orgullo de su familia.

En medio de esta crisis, su inepto sirviente le proporcionó una revelación crucial sobre Rin, la joven que parecía ser el centro de toda la agitación. El sirviente, visiblemente aliviado, había encontrado información que podría cambiar el rumbo de los eventos.

—Señor Toga, finalmente encontré información relevante sobre Rin —dijo el sirviente con un tono de satisfacción—. Aunque fue difícil hallar algo comprometedor, descubrí algunos datos importantes. Rin creció en un orfanato desde los 12 años y siempre fue una estudiante ejemplar. Al salir del orfanato, ganó una beca, pero eso no es lo esencial en este momento.

Toga, frustrado, insistió:

—¿Qué más encontraste?

El sirviente continuó, con un tono más intrigado:

—Rin está relacionada con Mirokawa Susuki, el hombre que abandonó a su primera familia para casarse con la heredera de la familia Susuki. Antes de convertirse en una figura prominente, Mirokawa era simplemente un empleado de los Susuki con una esposa y una hija, a quienes dejó para ascender en la sociedad.

—Así que aquella niña era Rin —dijo Toga, comprendiendo la conexión.

—Sí, señor. Pero eso no es todo. Encontré algo más significativo. Rin llegó al orfanato tras la muerte de su madre, Aria Kim.

El nombre resonó en la mente de Toga, pero no lograba recordar por qué.

—¿Quién es Aria Kim? —preguntó, tratando de encajar las piezas del rompecabezas.

—Aria Kim era la madre de Rin y la ex esposa de Mirokawa Hirai. Era una mujer coreana que llegó a Japón con su familia y conoció a Mirokawa en la universidad. Se casaron, rápidamente y de ahí nació su pequeña hija, Rin Hirai.
Aria, a pesar del maltrato, permaneció con él por su hija. Más tarde, Mirokawa tuvo un romance con la heredera Susuki y abandonó a su familia. Ana Susuki, al enterarse de esto, manipuló la situación para que Mirokawa se desvinculara de su hija, dejando a Aria en la ruina mientras criaba sola a Rin.

—Y luego, cuando los periodistas empezaron a investigar a Mirokawa, Ana temió que la verdad saliera a la luz y ordenó un accidente para Aria —susurró Toga, comprendiendo la magnitud del encubrimiento.

El recuerdo de aquel fatídico día en el hospital regresó con fuerza. Una mujer elegante se le había acercado, pidiéndole que dejara morir a Aria para obtener órganos que salvarían a un paciente de alto perfil. Toga, en su desesperación, accedió a la petición de Ana Susuki, sacrificando a Aria para preservar su posición y prestigio. Su hijo, que en ese momento estaba haciendo sus prácticas y que días después se había dado cuenta de lo sucedido, le había reclamado, y él lo había convencido de que era lo mejor y que no interviniera si algún día quería aquel hospital como su herencia.

Aquella infamia no solo había sido cometida por él, sino por varias personas a las que había tenido que pagar para que se callaran. En ese entonces, Kaede, que había sido una de sus enfermeras más confiables, había querido renunciar al saber lo que había sucedido, pero él no se lo permitió, ya que no le convenía, y le había amenazado con dejar de darle el descuento a su hermana que sufría de cáncer.

—Entiendo —mencionó Toga mientras terminaba de recordar recuerdos que había olvidado y cortaba la llamada—. Quizás todo esto le sirva definitivamente a Sesshomaru para terminar con esa idea.

Estaba cansado, así que solo suspiró y se sentó en la silla de su oficina, esperando que el día terminara para irse a su mansión.

Cuando la puerta de su oficina fue tocada y abierta por aquella mujer que había trabajado por años, Kaede, Toga se levantó, sintiendo una mezcla de inquietud y resignación.

—Señor Toga, tenemos que hablar —dijo Kaede con voz temblorosa—. No puedo quedarme en silencio más tiempo...

Toga la miró con una mezcla de sorpresa y cansancio. La tensión entre ellos era palpable, y sabía que la decisión de Kaede podría cambiar el curso de los acontecimientos. Se acomodó en su silla, preparándose para escuchar lo que Kaede tenía que decir, sintiendo que la verdad, finalmente, podría salir a la luz y alterar el delicado equilibrio que había mantenido hasta ahora.

Continuara..

Espero que les guste y este bien por ahí ,estoy tratando de terminar ahora si ,pero me puse un poco mal desde ayer. No se si lo logre ,estos días.

Por cierto si llegamos a 10 ⭐, público el siguiente qué ya estoy corrigiendo.

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