20💕
La mañana había pasado volando, y Sesshomaru se había dedicado a resolver numerosos trámites que, al menos, le servirían cuando su divorcio se hiciera público. Sabía que si su padre se enteraba de que seguía con esa "errónea" idea, como él la llamaba, intentaría arruinar su carrera a toda costa, tal como ya le había advertido. Era algo que no estaba dispuesto a permitir, ya que todo lo que era lo había construido con tanto esfuerzo, y también por Rin.
Sesshomaru siempre había sido impulsado por una ambición insaciable, heredada de su padre, Toga Taisho, el fundador de uno de los mayores consorcios hospitalarios del país. Desde muy joven, había estado inmerso en un mundo donde el poder y el reconocimiento eran la única moneda de cambio. Creció creyendo que el éxito se medía por la capacidad de dominar a otros y que el respeto se ganaba mediante la imposición y la excelencia sin escrúpulos.
Conocía perfectamente a su padre y sabía que las palabras de Toga podían ser letales y despiadadas en sus formas de accionar. También recordaba cómo su joven yo había pasado gran parte de su vida intentando ganar la aprobación de su padre, tomando decisiones que a menudo iban en contra de su propia moralidad a cambio de los beneficios que traería al hospital el hecho de convertirse en su heredero.
Ahora, enfrentarse a la realidad de un divorcio que nunca quiso y la próxima posibilidad de ser padre lo obligaba a reevaluar toda su vida. Entre esas cosas estaba decirle la verdad a Rin, pero entendía que solo sería una parte de la historia. No quería mentirle más, pero la verdad completa podría destruir todo lo que podrían construir juntos y podría hacerle ver su verdadero rostro, algo que no quiso mostrarle a ella.
Mientras revisaba los documentos enviados por su abogado, un mensaje llegó a su teléfono. Era de Rin: "Hola, Sesshomaru. Tengo una cita prenatal hoy a las tres de la tarde. Si puedes, me gustaría que me acompañaras".
Aquel mensaje lo dejó con un sentimiento de confusión mezclado con sorpresa y ansiedad. Puesto que aún no procesaba por completo que se convertiría en padre dentro de poco tiempo, algo que en su vida se había imaginado, era muy cierto que para la sociedad, él ya tenía una hija con Kagura. Pero esta experiencia era diferente. Trató de responder rápidamente al mensaje:
"Estaré allí".
Miró su teléfono y se dio cuenta de que faltaba poco tiempo para la cita. Justo en ese momento, la puerta se abrió y su madre ingresó con esa clase de elegancia que la caracterizaba.
—¿Acaso no piensas tocar? —contestó al verla ahí.
—Sesshomaru, ay, hijo mío, ¿cómo tratas a tu madre de esa manera?
Ella se acercó con un sobre en la mano, algo que le llamó la atención.
—Tu padre me dijo que ya has entrado en razón, que has dejado de estar de mal humor —dijo mientras le entregaba el sobre—. Esto llegó a la casa hace tiempo y creí que debía entregártelo personalmente. No quiero que el divorcio salga a la luz.
—¿Cómo tienes esto? —respondió él, sorprendido—. Esto debía ser para Kagura.
—Sesshomaru, no pensarás arruinar tu vida de esa manera —su madre le decía con preocupación.
—¿Desde cuándo te preocupas por mí? —le contestó él con frialdad.
—Siempre me he preocupado por ti —respondió su madre, visiblemente dolida.
Sesshomaru la miró con dureza.
—Si realmente te hubieras preocupado, te habrías divorciado de mi padre cuando te enteraste de su aventura. No debiste seguir su juego, fingiendo ser la madre de otra persona cuando no lo eras.
La discusión se volvió acalorada, con su madre intentando hacerle entender la importancia de mantener las apariencias y él desafiando las convenciones que tanto detestaba. Sesshomaru sabía que no sería fácil, pero estaba decidido a hacer lo correcto, tanto por Rin como por su futuro hijo. Miró el reloj y se dio cuenta de la hora y de lo que le había prometido a Rin. Debía estar para ella. Intentó evadir a su madre.
—¿Acaso piensas dejarme con esto? —le mencionó ella, pero él no hizo caso y se dirigió a la sala de ginecología donde ella le esperaría.
Caminó por los pasillos y no la vio sentada. Se sintió algo frustrado cuando vio a una de las enfermeras y le preguntó sobre Rin. Esta le indicó que estaba en una de las salas del fondo. No terminó de escuchar bien cuando se dirigió a ese lugar y abrió la puerta introspectivamente, viendo a Rin echada en la camilla con los ojos brillantes. Se acercó a ella y tomó su mano. La escuchó susurrar un "gracias".
Durante la ecografía, Sesshomaru notó algo inusual en la pantalla, algo que en sus años de experiencia jamás le había sorprendido, puesto que siempre lo había sentido lejano a él, pero ahora era diferente porque se trataba de sus hijos. Observó los movimientos y el tamaño de los embriones, y fue el primero en darse cuenta.
"Hijo" no, esa no era la palabra que describiría ahora, era la verdad que eran "hijos".
La ginecóloga, que pareció verlo también, examinó con detalle y llegó a la misma conclusión.
—Son gemelos —soltó dejando a Rin en asombro y mucho más cuando prendió aquella maquinita y los pequeños corazones de este empezaron a sonar.
—¿Gemelos? —escuchó cuestionar a su castaña.
La doctora Kikyo asintió con una sonrisa.
—Sí, son gemelos. Por el tamaño, diría que tienen aproximadamente ocho semanas de gestación.
Ocho semanas. La misma cantidad de tiempo que había pasado desde la última vez que estuvo con Rin. Aquella vez se dio cuenta de que no podía vivir sin ella y que la amaba demasiado. Aquellos seres eran el resultado de esos encuentros y de los profundos sentimientos que compartían, aunque por puras tonterías no lo había aceptado antes.
Kikyo continuó con la ecografía, observando a Rin con cuidado.
—Tendrás que cuidarte mucho, Rin. Los embarazos gemelares pueden ser más complicados, así que es importante seguir todas las indicaciones médicas.
Rin asintió, su rostro reflejando una mezcla de alegría y preocupación.
—Lo haré. Gracias, Kikyo.
Sesshomaru se quedó mirando la pantalla, observando los pequeños movimientos de los embriones. Sentía una mezcla de emociones que no sabía cómo procesar. El orgullo y la emoción de ser padre se entrelazaban con la preocupación por los riesgos y la responsabilidad que implicaba.
Mientras observaba la pantalla, recordó la última vez que estuvo con Rin, la intensidad de sus sentimientos en ese momento y cómo, a pesar de todo, siempre había sentido un amor profundo por ella. Ahora, ese amor se expandía con la idea de formar una familia, de ser el padre de esos pequeños seres que ya comenzaban a crecer en el vientre de Rin.
Ver la sonrisa en el rostro de Rin, su preciosa castaña, mientras sollozaba por aquel milagro, lo enamoró una vez más. Sentía un amor profundo por ella, un amor que lo motivaba a ser mejor, a superar sus miedos y enfrentar cualquier obstáculo por el bien de su futura familia. Sintió una oleada de emoción y una determinación renovada. Estaba decidido a proteger a Rin y a sus futuros hijos, sin importar los desafíos que enfrentaran.
Mientras salían del consultorio, Sesshomaru sostuvo a Rin con suavidad, asegurándose de que se sintiera apoyada y cuidada. Rin lo miró con gratitud y amor en sus ojos.
—Gracias por estar aquí —dijo ella, su voz llena de emoción.
—Siempre estaré aquí para ti, Rin —respondió él con firmeza, su voz cargada de promesa y determinación.
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