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Sesshomaru se encontraba en su estudio, sumido en un silencio tenso que resonaba en los confines de la habitación. Las palabras de su padre seguían resonando en su mente, como una advertencia ominosa que amenazaba con desmoronar todo lo que había construido.

Recordó la forma en que su padre había tratado de manejar la situación con su habitual calma superficial, intentando persuadirlo con una mezcla sutil de elogios y manipulación. "Sesshomaru, entiende que tus decisiones tienen repercusiones más allá de tu propio bienestar", había comenzado su padre, con una voz que ocultaba una amenaza apenas disimulada. "No puedes permitirte ignorar tus responsabilidades hacia la familia y hacia tu propia hija".

El tono suave de su padre había sido un contraste perturbador con las palabras afiladas que seguían. Le había dejado claro que cualquier intento de divorcio podría llevarlo a una batalla legal y social que pondría en peligro no solo su carrera, sino también el bienestar de Rin.

Pero Sesshomaru no era ajeno a las manipulaciones de su familia. Había crecido bajo la sombra de su padre, quien siempre había tejido hábilmente los hilos del poder y la influencia para su propio beneficio. Esta vez, sin embargo, Sesshomaru se negaba a ser simplemente un títere en manos de ambiciones ajenas.

La conversación con Kagura también había sido reveladora. Ella, con sus propios intereses en juego, había tratado desesperadamente de disuadirlo de seguir adelante con el divorcio. Sus palabras habían sido una mezcla de súplicas y amenazas veladas, apelando a su historia juntos y a las promesas que habían hecho en un pasado que ahora parecía tan lejano.

Pero Sesshomaru había visto a través de las máscaras que todos llevaban. Detrás de la fachada de armonía y éxito, había descubierto la toxicidad que subyacía en su matrimonio con Kagura y en las manipulaciones de su propia familia. Se dio cuenta de que había estado viviendo una mentira, atrapado en un mundo de apariencias que amenazaba con sofocarlo.

La ira y la frustración crecían dentro de él mientras consideraba las opciones que tenía por delante. Sabía que tomar una decisión significaba enfrentarse a consecuencias que podrían cambiar el curso de su vida para siempre. Pero también sabía que ya no podía seguir viviendo en las sombras, sometido a las voluntades de su familia  y a las expectativas opresivas que habían definido su existencia hasta ahora.

Con una determinación férrea, Sesshomaru se acercó a la ventana y miró hacia fuera, contemplando el vasto jardín que se extendía frente a él. La noche caía lentamente, envolviendo la mansión en una oscuridad que parecía reflejar sus emociones en ese momento

"Rin..." murmuró Sesshomaru en voz baja, dejando que su nombre resonara ,mientras pensaba las cosas detalladamente, mientras se prometía que no permitiría que nada ni nadie lo separara a Rin.

Ella era la única luz en su vida, la única persona que había llegado a conocer y a amar de verdad ,algo que sin duda pensó.

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Por otro lado, había sentido cómo las horas transcurrían lentamente mientras apenas lograba llegar a su departamento. Se sentía exhausta físicamente, pero su mente no encontraba paz. Las dos rayitas rosadas en la prueba de embarazo la atormentaban como un eco constante. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen regresaba, recordándole con implacable claridad cómo había llegado a esta situación.

Un recuerdo vívido la asaltó: el momento en que se dio cuenta de que había olvidado cuidarse. Fue un pequeño descuido que ahora tenía repercusiones enormes. Recordó la sensación de desesperación al ver el resultado positivo, sintiendo que el suelo se le caía bajo los pies. Suspiró con ansiedad mientras reflexionaba sobre las dificultades que se avecinaban. Las deudas universitarias pendientes y la falta de un trabajo estable la llenaban de preocupación constante.

Sabía que el camino que se extendía ante ella sería difícil, algo que había experimentado de cerca junto a su madre. A pesar de todo, no se permitía considerar otra opción. Estaba decidida a enfrentar esta situación, incluso si significaba hacerlo sola. "Mi hijo", murmuró, acariciando instintivamente su vientre. Era una realidad abrumadora aceptar que ahora tenía la responsabilidad de criar a un hijo, fruto de un amor que había sido tan complicado y prohibido.

Al amanecer del siguiente día, las náuseas que había estado tratando de ignorar se intensificaron. A duras penas pudo asistir a sus clases y, al regresar a casa, se permitió descansar. Afortunadamente, era su día libre en el hospital, pero la incertidumbre sobre su futuro la pesaba como una losa.

Mientras descansaba por la tarde, su mirada se posó en la ventana de la habitación y surgió la pregunta de si debía contarle a él sobre el embarazo. No se sentía segura al respecto. La obstinación por mantenerse firme casi había destruido su familia, y no deseaba más complicaciones.

Su corazón dolía mientras se acurrucaba bajo las sábanas. En esos momentos anhelaba la protección y el consuelo que solo su madre podría brindarle. Se preguntaba si sería capaz de ser una buena madre para su bebé. Mientras intentaba reflexionar sobre estas preocupaciones, cayó en un sueño profundo.

En su sueño, vio sonrisas radiantes de dos hermosas niñas que se le parecían tanto a ella como a él. La escena se llenó de una calidez reconfortante que contrarrestaba el torbellino de emociones que sentía despierta.

"Mamá", resonó la voz infantil en su mente, llenándola de un cálido sentimiento de amor maternal.

Despertó sobresaltada, con el corazón acelerado y los ojos llenos de lágrimas. La realidad de su situación volvió a golpearla con fuerza. ¿Cómo iba a manejar todo esto?

Se sentó en la cama, abrazando sus rodillas mientras dejaba que las lágrimas fluyeran. El miedo y la incertidumbre la inundaban, pero también había un destello de determinación. Se prometió a sí misma que encontraría la fuerza para hacer frente a lo que venía, tanto por sí misma como por el pequeño ser que llevaba dentro.

Continuara...



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