14 💕
Era difícil de asimilar que aquel hombre, a quien había conocido durante más de una década, ahora la mirara con tal expresión de molestia. Él, que siempre se había caracterizado por su imperturbabilidad, por ocultar sus emociones tras una máscara de indiferencia ante cualquier situación. La intensidad de su mirada revelaba un torbellino de sentimientos que ella nunca había presenciado antes, desafiando todas las expectativas que había tenido sobre él. Era como si de repente un velo se hubiera levantado, revelando un aspecto desconocido de su personalidad que la dejaba perpleja y desconcertada.
Por su parte, ella que creía conocer mejor que nadie a Sesshomaru, quizás incluso más que él mismo puesto que siempre sintió un tipo de conexión al haber vivido aquel tipo de ambiente asfixiante desde su infancia, creciendo bajo el peso de familias poderosas y exigentes. Esta conexión profunda les permitía entenderse mutuamente en un nivel que escapaba a la mayoría, proporcionándoles una perspectiva única sobre la situación del otro. En este mundo cerrado y sofocante que compartían, cada gesto, cada palabra, cada silencio entre ellos resonaba con significados que solo ellos podían comprender.
Sin duda, aquel hombre que la miraba ya no era el mismo que alguna vez había conocido en la preparatoria. Había dejado atrás al joven que intentaba ser la persona que sus familias deseaban, aquel que parecía no preocuparse por nada más que por alcanzar el poder. Incluso había superado al primer amor platónico que ella había albergado en su corazón.
En algún momento, había fantaseado con la idea de ver a Sesshomaru actuar como un hombre enamorado, pensando que tal acontecimiento sería una señal del fin del mundo o del colapso del cielo. Sin embargo, la realidad era mucho más compleja y desgarradora de lo que había imaginado.
Se dio cuenta de que su matrimonio era más que un simple contrato olvidado en medio de una vida deslumbrante y perfecta que se había acostumbrado a vivir. Había anhelado que fuera real, que su unión pudiera trascender las formalidades y convertirse en algo genuino. Una joven Kagura había buscado desesperadamente esa autenticidad, esa conexión que parecía eludirla en medio de las apariencias y los convenios sociales.
Años atrás.
Las cosas no iban bien, y ella se sentía al borde del abismo, sin saber cómo reaccionar ante la situación desesperada en la que se encontraba. Miró el reloj una vez más, esperando a que él llegara, tenía un mal presentimiento desde la noche anterior que la atormentaba desde el día anterior, llenándola de incertidumbre y amenazando con romperla.
Siempre se había considerado fuerte y segura, capaz de enfrentar cualquier desafío, pero esta vez se encontraba en un territorio desconocido, sin saber qué camino tomar ni cómo seguir adelante.
Takeshi le había prometido llevarla lejos, lejos de todo lo que los ataba a ese mundo de opresión y dolor. Habían hablado de construir una nueva vida juntos, lejos de la influencia de su padre y las expectativas de la sociedad.
Pero la llamada telefónica que lo cambió todo destruyó su esperanza en un instante. La noticia del accidente y la muerte de Takeshi la sumió en una noche de dolor y pesadilla, haciéndole entender que estaba sola y perdida.
Los días transcurrieron, y la vida que tanto adoraba parecía insignificante sin su amor a su lado. Todo parecía un sueño cuando descubrió que esperaba a su pequeña bebé, el fruto de ese amor desmesurado que compartieron ella y Takeshi.
Con ese nuevo temor a que su padre se enterara y lo obligara a perderlo o arrebatárselo de sus manos, intentó encontrar una solución con la cabeza fría antes de que eso sucediera.
La solución llegó una tarde, cuando su padre la había obligado a rastras a una cita a ciegas. Aunque al principio se resistió, pronto se dio cuenta de que estas citas eran más que simples encuentros románticos; eran movimientos estratégicos en un tablero social más grande.
Poco después, se enteró de la delicada situación por la que pasaba la familia Taisho. La matriarca de esa familia, en un intento por ayudar a los suyos, estaba organizando citas a ciegas con la esperanza de encontrar alguna solución a sus problemas financieros.
Así era como se movía la sociedad, y ella lo sabía bien, puesto que su padre la enviaba como su representante a esas fiestas. Con todo lo que había pasado, se le ocurrió una idea, aunque no estaba seguro de si la aceptaría. ¿Un matrimonio arreglado, por ambos? Donde ambos saldrían ganando.
No pasó mucho tiempo antes de que lo volviera a ver en aquella lujosa fiesta donde se iban a negociar los grandes convenios. Decidió hablarle con valentía. Cuando estuvo cerca, se encontró con aquel hombre guapo que apenas había visto desde la preparatoria. Y entonces, se le ocurrió una idea para salvarse.
"Taisho", llamó su nombre con seguridad, mientras él se volteó pareciendo reconocerla. "Onigumo", la llamó por su nombre. Sabía que debía ser clara y rápida para que él la escuchara. Lo conocía bien de la secundaria.
"Sé por lo que tu familia está pasando y tengo una solución", dijo ella intentando llamar su atención, aunque él solo quería ignorarla. Sin embargo, algo en la última frase que había dicho captó su atención.
"No lo creo", respondió él, intentando irse.
"Sé cómo puedo ayudar a tu familia y a ti", continuó ella. "¿Qué propones?", preguntó él, mostrando su desconfianza.
"Un matrimonio", dijo ella.
"Patrañas", se negó a escuchar más.
"No sería un matrimonio normal, sería contractual y ayudaría a tu familia", explicó ella.
"No creo que sea tan fácil. ¿Y tú qué ganarías?", preguntó él con desconfianza.
"Yo..." Ella no sabía si debía confesarle aquello, ya que no garantizaba su aceptación. Quizás solo el hecho de confesarlo la dejaba más expuesta.
"Estoy embarazada", le dijo mientras se llevaba la mano al vientre. "Si mi padre se entera de eso, no sé qué sería capaz de hacer".
La confesión que ella no ha ia causado efecto en el lo que llevo a su mente a mil pensamientos se agolpaban de lo que este pensaba. Pero prefirió el silencio mientras se alejaba, dejando a ella sola con el peso de su revelación. En aquel momento, el mundo de ella se desplomó como un castillo de naipes, y solo el tiempo y la llegada inesperada de un contrato, semanas después, pudieron levantar de nuevo sus ánimos. Aquel contrato, con todo lo que había anhelado, parecía ser un rayo de luz en medio de la oscuridad, y tras una breve pero intensa conversación, decidieron unir sus vidas en matrimonio.
La ceremonia fue un evento majestuoso, una sinfonía de colores y emociones que superó con creces todas sus expectativas. Cada detalle, desde la elección de las flores hasta la música que acompañó el intercambio de votos, parecía haber sido diseñado por el destino para confirmar la realidad de su amor. En el fondo de su corazón, aquella farsa se transformó en algo tangible, algo que podía sostener entre sus manos y sentir palpitar con fuerza.
Se convirtieron en el centro de atención de todo Japón. Las miradas de admiración y los susurros de envidia los seguían a donde fueran, alimentando su orgullo y su felicidad. Con el paso de las semanas, anunciaron con alegría la llegada de un nuevo miembro a la familia. Cuando finalmente nació Kanna, una niña hermosa con cabellos plateados, su unión con Sesshomaru se volvió aún más sólida. La maternidad le trajo una sensación de plenitud que creía perdida desde la muerte de su amado, y cada risa de su hija era como un bálsamo para su alma atribulada.
Pero a medida que los años pasaban, la distancia entre ellos se hacía más evidente. A pesar de sus esfuerzos por convertir la farsa en realidad, su esposo seguía siendo un enigma, siempre absorto en sus asuntos. Cuando llegó el momento de que el contrato expirara, temió que su mundo se desmoronara, pero se sorprendió al descubrir que su esposo tampoco buscaba el divorcio. Con el tiempo, comprendió el motivo detrás de las acciones de su esposo, pero optó por no darle importancia. Después de todo, esta vida le había traído una nueva existencia llena de lujos y libertad que jamás había experimentado.
Decidió entonces acostumbrarse a ser la señora Taisho para siempre, aunque en su interior algo codicioso empezó a anhelar algo más: un vínculo verdadero que trascendiera las apariencias con su esposo.
A pesar de vivir en la opulencia, el vacío en su corazón seguía creciendo. Pero todo cambió cuando Sesshomaru comenzó a llegar más tarde y a mostrar una actitud más distante. Cada vez que lo veía partir, una sensación de desasosiego se apoderaba de ella, pero sus intentos por descubrir la verdad fueron en vano. Hasta que un día, todo se desmoronó cuando se enteró de la aventura de su esposo. La revelación la sumió en la desesperación, pues comprendió que todo lo que había construido estaba en peligro de desmoronarse.
Decidió enfrentar a la otra mujer, dispuesta a luchar por lo que consideraba suyo. Cada palabra que salía de sus labios estaba impregnada de desesperación porque todo lo que habia construido se destruyera.
Aunque sabía que aquello por lo que luchaba tarde o temprano se destruiría y llegaría a su fin, no estaba dispuesta a rendirse sin pelear, sabiendo que en sus manos tenia un as bajo la manga y esa era la familia de su esposo.
Continuación:
Se me hizo difícil hacer un capitulo de la versión de Kagura ,no se porque pero me demoro unas semanas al no convencerme .
En esta parte podemos ver que para Kagura, Sesshomaru representaba La libertad y la solución, que representa en el peor momento de su vida.
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