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La boca de Calisto se abre y cierra, está intentando buscar las palabras correctas en su mente para poder expresar lo que siente en ese instante.

¿En qué momento se llegó a esta decisión? Buscar una respuesta de nada sirve, el hombre frente a él tiene unos pensamientos misteriosos que Calisto no es capaz de descifrar.

Afrontas lo ve de pies a cabeza, su mirada es profunda de modo que pareciera que busca algún error en él. Calisto por nada del mundo se deja intimidar, deja que el hombre lo mire hasta que se ve satisfecho, aún así, su mirada desaprobatoria sigue ahí.

— Felicidades, majestad — Afrontas aparta su mirada del forastero y sonríe como un zorro astuto que esconde sus intenciones —: Es un placer conocerlo, alteza.

Calisto trata de no poner los ojos en blanco cuando aquel hombre se dirige a él con aquella nueva denominación. Es una lastima que el tono que usa no sea grosero, parece que no puede ni quejarse por eso.

El forastero muestra su mejor sonrisa, por supuesto, es falsa.

— El placer es mío, Duque Alberich.

A pesar de que no lo entiende, Calisto hace su mayor esfuerzo por fingir este nuevo papel que se le ha otorgado. Este papel no es suyo, él mismo lo sabe, a quién le pertenece es a la rubia que habla tan animadamente con el mago real, se supone que ella es quien debe ser nombrada como la heredera y no él.

¿Por qué de repente ocurren estos cambios en el destino? ¿Eso es lo que significa trazar los hilos del destino? Ah, ya ni quiere saber que sucederá más adelante si da un paso en falso y todo resulta salir mal.

Príncipe y duque se dan un apretón de manos que dura varios segundos, el forastero puede sentir como la mano ajena apretaba más el agarre, mientras tanto él tenía que mostrar una sonrisa de zorro para demostrar que no es un rival fácil de vencer.

—Ve a saludar al resto de los nobles, Calisto — la orden del rey resuena en su oído, lo mira unos segundos antes de asentir.

El tacón de sus preciosos zapatos de cuero plateado brillante resonaba por los pasillos del salón, su larga melena blanca ondeaba con el viento de una forma preciosa, aquellos ojos dorados brillantes tenían ese brillo de misterio que llamaba la atención de muchos nobles. Calisto puede no ser noble, pero sin duda alguna, su aparecía opacaba todo su lado plebeyo. Él no necesitaba tener un título de noble para ser considerado como tal.

— Es un honor conocerlo, príncipe heredero.

Un joven hombre unos centímetros más alto que él, de cabellos grises con una armadura perteneciente a la Guardia Real de Khaenri'ah, saluda a Calisto con una leve inclinación de medio cuerpo. El forastero se detiene antes de dar su siguiente paso hacia el resto de los nobles, sube su mirada y mira al joven hombre, su buen rostro juvenil deja en claro que no pasa de los 30 años a comparación suya.

Calisto lo mira de pies a cabeza con curiosidad, tiene la sensación de que el joven hombre es conocido para él, su cabello cortado en dos bloques era poco común en los personajes del juego original. Sintió migraña con tanto esfuerzo que hizo al intentar recordar a la persona, su mente no le estaba ayudando para nada.

— ¿Se siente bien, alteza?

Calisto no se dió cuenta cuando el joven hombre subió su mirada hacia a él por lo que recibió un susto cuando sus ojos se encontraron, los iris dorados se abrieron sorprendidos.

— Y-yo...— carraspeó para quitar el nudo en su boca —: Gracias por tu preocupación, estoy bien...

Lo miró esperando a que el joven le dijera su nombre.

— Soy Halfdan, alteza.

Calisto rio con nerviosismo mientras una gota de sudor frío caía de su frente y ofreció su mano para saludar al más joven. Halfdan miró un instante su mano confuso, no entendía porque alguien de la realeza le extendía la mano, Calisto no pareció prestarle la mínima atención. Según la etiqueta real, el rey o primogénitos, no debían saludar de manera amigable a quienes no eran sus iguales, en este caso a los plebeyos.

Pero Calisto no es de la realeza originalmente, así que ni siquiera había prestado atención a lo que había hecho, por lo que saludo de manera amigable.

— Halfdan... es un nombre digno para un miembro de la guardia real — halagó con orgullo el principe forastero. El más joven lo miró con un brillo peculear en los ojos, era entre admiración e ilusión.

— ¿Eso cree? — pregunto el joven soldado, Calisto asintió con un gesto de cabeza —: En realidad aún no soy un miembro de la élite, soy un soldado en entrenamiento aún.

La alegría del principe forastero se apagó, los movientos de su cabeza se detuvieron y miraron al soldado con sorpresa. Una vez más se comenzaba adelantar con la información del futuro. Entonces lo volvió a pensar un momento; si Halfdan aún es un soldado de bajo rango y no es de la élite, quiere decir que Dainslef y Halfdan aún estan en proceso de conocerse. Luego recuerda el tipo de destino futuro que tendra el joven soldado y no puede evitar mirarlo con tristeza; que pronto se borra para que el joven no lo noté.

— ¿Y eso que tiene que ver? Deberías sentirte orgullo de que estás logrando lo que tanto soñaste — Calisto puede notar la sonrisa y el sonrojo a vergonzado del más joven, pero también una tristeza en sus ojos, como si el joven soldado sufriera de abuso. Una idea cruza por su mente y no duda en aprovecharse del nuevo poder que le han concedido —: Halfdan, ¿te gustaría ser mi guardia personal?

Halfdan al igual que muchos otros nobles guardan silencio cuando escuchan la sugerencia del príncipe heredero. Los murmullos no tardan en escucharse alrededor de ellos y el joven Halfdan se siente intimidado por aquellas palabras groseras y burlescas que escucha al fondo.

"¿Un plebeyo siendo su guardia real?"

"Se ve que es débil"

"¿Por qué el principe heredero querrá a su lado a un joven tan débil y de bajo estatus?" 

Calisto frunce el ceño cuando esas molestas voces llegan a sus oídos. Lleva su mirada hacia Irmin quien disfruta de su plática con Afrontas, luego mira en dirección a Lumine y oh sorpresa, ella lo está mirando a él con curiosidad, a su lado está el Mago Real quien también observa la escena desde su lugar.

Aunque en el fondo Calisto se siente nervioso debido a la mirada dorada en él, no duda en dar un paso adelante para defender al joven Halfdan. Es un poco vergonzoso lo que hará, pero cree que hacerlo también le dará una mejor imágen hacia la familia real.

Calisto suspira profundamente y suelta el aire para calmar sus nervios, entonces toma la mano del joven Halfdan y se arrodilla con una sola pierna sin soltar su mano, pega su frente sobre los nudillos de la mano contraria. Todo el mundo presta atención a la escena e incluso algunos se levantan de sus lugares para observarla mejor, Irmin y su compañero de copas detienen su charla para prestar atención a la escena. Irmin frunce el ceño cuando se da cuenta de lo que está haciendo Calisto, sin embargo no parece molesto, pues parece entender lo que hace, su "heredero".

— Yo Calisto, príncipe heredero de Khaenri'ah así como aquel que trazara los hilos del destino y quién derrotará a los Dioses de Celestia — inicio su discurso con un volumen alto y claro —: Me inclino ante ti, para pedirte que te conviertas en mi guardia personal, pero sobre todo en mi fiel espada  — los iris dorados brillantes subieron y miraron los iris azules que lo miraban con asombro—: ¿aceptas, joven Halfdan?.

— Y-yo...

Calisto sonrió ligeramente al notar el nerviosismo en el más joven, los murmullos de los nobles aún sonaban en la sala, pero ahora era de asombro.

— Puedes rechazar también, no es una obligación.

Sin embargo, Calisto tenía la confianza de que Halfdan aceptaría, así que no se mostró nervioso por su respuesta, aún si está fuera un no, él lo aceptaría.

— Acepta ser su guardia personal, alteza.

La sonrisa del príncipe forastero se hizo más grande, soltó su mano solo un instante y aunque muchos pensaron que la declaración había terminado ahí, en realidad no fue así. Calisto no tardó en bajar su mirada a uno de los pies del joven Halfdan y al tomarlo, comenzó a quitar sus botas al igual que la tela que cubría su pie. La mirada de todos era de asombro total, pues muy pocos nobles sabían lo que significaba la acción del príncipe heredero, esto era un significado más para hacerle saber al público que ese joven soldado de bajo estatus, ahora debía ser tratado como un igual.

— ¿Alteza?

Halfdan se puso nervioso de repente y el sudor comenzó a recorrer por su cuerpo.

— Silencio — la voz del príncipe forastero fue firme y sería, nadie se atrevió a decir nada cuando él aún no terminaba de hacer su trabajo.

Unos pocos segundos después, un sirviente trajo agua caliente y jabón junto a un trapo color blanco, estos instrumentos fueron colocados frente a Calisto. Tomando el pie del más joven, comenzó a lavarlo con movimientos tranquilos y una concentración que parecía ignorar todo lo que había a su alrededor, Halfdan al igual que el resto de los nobles, solo miraban como el principe heredero lavaba los pies del joven.

Fue hasta que esté mismo príncipe heredero dejo de lavarle los pies y colocarle sus botas como correspondía, se levantó y tomo la mano de Halfdan.

— A partir de ahora, este joven debe ser  respetado con el mismo respeto que me dan a mi — declaró con firmeza, pero sus palabras no terminaron ahí —: Aquel que se atreva a poner una mano sobre él....

Su mirada se volvió fría y hambrienta, era una mirada que estaba dispuesta a buscar a sus presas hasta debajo de las piedras. Calisto estaba dispuesto a poner sus manos en el fuego sólo para evitar el sufrimiento del más joven.

— Su único final será la muerte.

Finalizó.

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