26

12 horas antes,
Sala de Coronación.

La arena bajo sus pies había perdido una parte de su energía vital, su color oscuro es la prueba de ellos. Se puso de cuclillas y tomó un rastro de arena con su mano para examinarla. No había otros cambios a excepción de la energía vital y el cambio en el color, la textura de la arena no cambio al igual que su temperatura.

Ladeó su mano y dejó caer la arena al suelo arenoso, la palma de su mano tocó el suelo. Una energía dorada salió de la palma de su mano y se extendió por todas partes, la arena se iluminó creando una hermosa imagen a la vista, todo rastro de perdida había desaparecido dejando una nueva arena renovada, llena de vitalidad.

El sonido de pasos acercándose resonó en la sala de entrenamiento, aunque el rey logró identificar a quién pertenecían aquellos sonidos de pasos, observó por encima de su hombro para asegurarse de que no se había equivocado.

— Su Majestad.

Hermanubis aviso de su llegada pero el sacerdote era consciente de que no obtendría respuesta a pesar de haber sido escuchado, su rey se encontraba sumergido en sus pensamientos. Espero en silencio hasta que Al-Ahmar decidiera hablar.

— ¿Cómo esta? — preguntó sin mirarlo.

— Se encuentra bien, solo es cansancio. Parece que no está acostumbrado a usar sus habilidades elementales — respondió.

— Hmm.

El sacerdote observó la espalda del rey.

En su mente tenía muchas preguntas para hacerle al rey, empezando por aquellas que se relacionaban al príncipe extranjero.

En el antaño donde Nabu Malikata aún vivía, el rey se mostraba siempre alegré y disfrutaba del baile de la Diosa de las Flores, sin embargo, luego de la muerte de Nabu Malikata, las sonrisas dejaron de iluminar el rostro de Al-Ahmar siendo estás sustituidas por un ceño fruncido y una enorme tristeza.

Se llenó de amargura y la ambición del rey sobre los secretos de los Dioses creció, se sumergió en investigaciones hasta el punto de que se contaminó de conocimiento prohibido. Hermanubis muchas veces lo aconsejo de dejar su investigación pero fue rechazado.

Con la llegada del príncipe extranjero, hubo un cambio drástico. Si alguna vez Al-Ahmar abandono su sonrisas, ahora se le podía ver esas sonrisas en su rostro de nuevo o eso es lo que vio durante el "entrenamiento". Calisto de alguna manera llegó a influenciar a Al-Ahmar con su carisma.

— ¿Hay algo que quieras preguntar, Hermanubis?— la pregunta del rey, sorprendió al sacerdote.

— ¿Porqué decidió ayudar a Calisto?

Al-Ahmar guardo silencio unos minutos antes de darle una respuesta, observó el cielo que se veía a través de las ventanas y suspiro hondo.

— Antes de que Calypso llegará, mi cuerpo sufrió una secuela del conocimiento prohibido.

— ¿Que...? Entonces, ¿lo que sucedió hace unos días no fue coincidencia? — su rostro mostró una expresión llena de preocupación.

Al-Ahmar sacudió su cabeza.

— No — contestó llevando su mirada al sacerdote —. Calypso sabía mi estado desde el inicio pero al parecer no sabía que tan avanzada estaba la contaminación en mi cuerpo, él me ha dado una oportunidad de salvar la ciudad — menciona sin apartar su mirada —. Mi destino probablemente sea la muerte, antes de que eso suceda, salvaré la ciudad y le daré mi poder a Calypso.

Los ojos del sacerdote se abrieron.

— Su Majestad, ¿Quiere decir que Calisto tomara su lugar?

— Él no quiere eso — le respondió recordando su conversación con el príncipe extranjero —. Solo quiere mi poder para salvar a los humanos del Eleazar. Así que, deja que haga lo que quiera y ayuda a Rukkhadevata, no permitas que nadie le haga daño, ella no quisiera que algo le sucediera.

Y usted tampoco, pensó el sacerdote sin apartar la mirada de su rey.

— ¿Esta bien confiar en ese príncipe extranjero? — Al-Ahmar frunció su entrecejo, sabía a donde quería llegar el sacerdote.

Si en el pasado había cometido el error de confiar en Lilúpar para que eligiera un nuevo rey que liderara a los humanos y los librara de su dependencia. No esperaba que todo terminara con un derrame de sangre, no es fácil confiar en alguien y el Rey Deshret lo sabía mejor que nadie. En cuanto a Calisto, no lo conocía bien pero sabía que Nabu Malikata no se había equivocado en su profecía, incluso si la persona que se convertiría en un Descendido no es el príncipe extranjero.

Además, si aquella sombra lo eligió, significaba que estaba bien confiar en él.

— Si el viento ha decidido guiarlo quiere decir que el tiempo ya ha visto lo que sucederá en este mundo — el rey de las arenas rojas cruzó por un lado del sacerdote para dirigirse a la salida. Llamo a uno de los guardias que se encontraba en la puerta con un gesto de mano —. Preparen un carruaje con todas las provisiones necesarias para un viaje.

Hermanubis lo miró.

— Su Majestad, ¿saldrá?

— No, enviaré a Calisto y a su amiga al Bosque Avidya. Es más seguro para ellos estar ahí que en el desierto.

El soldado obedeció las palabras del rey y se retiró.

· – · – ·

Lumine observaba el rostro relajado de su compañero, quién dormía sin preocupación alguna, manteniendo la boca ligeramente abierta. Gracias a esto, descubrió lo largas que eran las pestañas del chico e incluso de los dos lunares que adornaban en la parte baja de su ojo derecho uno al lado del otro.

De hecho, era curioso que hasta ahora los haya podido notar. Por naturaleza, Calisto es moreno y sus lunares no son tan marcados, así que a simple vista no se ven, a menos que uno se acerque o ponga atención en su rostro.

Recargó su codo sobre su rodilla y descanso su mejilla sobre la palma de su mano. Estiró su mano para quitar el mechón blanco que se interponía en los ojos de Calisto. Después de su intenso entrenamiento, Calisto perdió la conciencia y fue llevado a una nueva habitación, en donde fue atendido por el médico.

Pasaron 12 horas y Calisto no había abierto los ojos desde entonces. Lumi, soltó un suspiro profundo, no podía evitar preocuparse.

En eso, se escucharon toquidos en la puerta pero antes de que la rubio respondiera, la puerta fue abierta por la persona de afuera. Al escuchar el peculiar sonido que hacían las joyas, la rubia supo de quién se trataba, el que reina las Arenas del Desierto.

A Lumine no le caía muy bien, pero al ser una simple invitada, el rey no la veía como su igual. La rubia no entendía cómo es que Rukkhadevata, en antaño, pudo llevarse bien con el Al-Ahmar.

— ¿No ha despertado?

La voz gruesa y ronca del Dios sonó a su lado. La intensidad de su presencia la sintió cuando el hombre se acercó, provocando que se sintiera diminuta, claro, Lumine no tenía la intención de dejar que su corazón se sintiera inferior.

— No — le respondió a secas.

Al-Ahmar la miró de reojo unos segundos, sabía muy bien que no le agradaba a la forastera, por lo que no le molestaba su comportamiento hacia su persona. La rubia es sincera al mostrar su desagrado y eso estaba bien para él.

Su Majestad alzó su mano y con su dedo, tocó el entrecejo del bello durmiente. Una luz salió de la punta de su dedo y entro en la frente de Calisto, Lumine observó esto hasta el final, lo miró dispuesta a preguntarle pero fue interrumpida al observar como se dibujaba una marca dorada en forma de sol sobre la frente de su compañero.

— ¿Qué le hizo? — la rubia preguntó con preocupación al rey y se sorprendió al ver el cambio en los iris. Al-Ahmar la miró y sonrió divertido.

— Le he dado lo que él quería — respondió, bajo su mirada para observar a Calisto —. Ambos deben irse del desierto — sin previo aviso, mete sus brazos por debajo de las piernas de Calisto y por la zona de su espalda, luego lo carga de forma nupcial y camina hacia la puerta de la habitación, sin entender, Lumine lo sigue —. Su carroza ya está lista.

Ambos caminaron por los pasillos del palacio, al poco tiempo, Lumine visualizó al sacerdote del desierto acompañado del Shuna de Valuka.

— ¿Por qué...?

— El conocimiento prohibido pronto causará estragos y no quiero que Calipso interrumpa lo que el destino ha preparado para nosotros — respondió interrumpiendo su pregunta, sabía que era lo que preguntaría —. Los llevarán al Bosque Avidya, ya he enviado un mensaje a Rukkhadevata.

Al soltar estás palabras, justo llegan a la carroza y Hermanubis no tarda en unirse a ellos. Al-Ahmar deja con cuidado a Calisto sobre la cama improvisada dentro de la carroza, Hermanubis es quien se asegura de  cobijarlo para que no pase frío durante la noche.

Lumine observa al rey con el ceño fruncido, a pesar de que Amón notó la mirada puesta sobre él, decidió ignorarla y darle instrucciones al conductor que los llevaría al otro lado de Sumeru. La rubia llevo su mirada a su compañero, por alguna razón, sintió que Calisto había escuchado todo.

— Es hora, ambos deben irse — el sacerdote llegó a su lado, el otro hombre que lo acompañaba le sonrió débilmente.

— Señorita Lumine, no deje que el maestro Calisto se acerqué al desierto — le dijo el hombre de grandes orejas —. o se verá envuelto en la enfermedad que padecen los habitantes del desierto.

Lumine no sabía que decir al respecto, inconscientemente se mordió el labio inferior y subió a la carroza. En ese momento, Al-Ahmar terminó de hablar con el conductor y le entrego una bolsa, miró a Lumine por última vez.

— Viajera que viene del más allá del mar de estrellas, el final de tu viaje aún no está por llegar pero hasta entonces, espero que protejas a Calipso — el rey se quitó uno de los pendientes que colgaban en sus orejas y se lo entrego a la rubia —. Mis arenas los protegerán hasta que abandonen el desierto.

Con una orden, el conductor agitó las cuerdas para que los plaquidermos de carga comenzarán a andar. Poco a poco las tres figuras se hicieron más pequeñas conforme avanzaban y en ese instante, los párpados de Calisto se abrieron. El chico se sentó sobre la carroza y observó las tres figuras que se veían a lo lejos, Lumine no se sorprendió al verlo despertarse, pues su intuición había acertado.

— ¿Escuchaste nuestra conversación?

Calisto no la miró pero tampoco la ignoro.

— Cada palabras hasta el final — respondió —. Aún tenemos tiempo antes de detener el Eleazar, lo mejor es que vayamos a Liyue para firmar un contrato con Rex Lapis.

— ¿Estás seguro?

Calisto dirigió su mirada a la rubia.

— No en realidad, pero la muerte de Irmin se acerca — menciona sorprendiendo a Lumine, ella quiere preguntar, sin embargo, es detenida por su compañero —.  Y el caos en Khaenri'ah pronto se desatará, por lo que debemos apurarnos y regresar.

— ¿El rey...morirá? — al final, pregunta cuando tiene la oportunidad.

— Si, no planeo evitar su muerte pero tampoco quiero dejar que Anfortas tome el trono en mi ausencia — dijo con el entrecejo fruncido —. Ahora que tengo una rama del Irminsul, debo buscar un modo de usarla y darle utilidad.

La rubia relajo su semblante y asintió a las palabras de Calisto.

— Está bien.

Calisto le agradeció con una sonrisa.

•••

Hola a todos y a todas.
Gracias por leer este nuevo capítulo.
Ahora estamos por avanzar a la siguiente etapa de la historia donde la acción surgirá y el destino de Sumeru se decidirá.

Recuerden que al ser un fic, muchos de los eventos que sucedieron en el juego aquí se irán cambiando. Así que espero que les guste todo lo que está por venir y disfruten de la historia.

Gracias de nuevo.
Nos vemos en la siguiente actualización.

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