La cita.
Personajes y las imágenes utilizadas en la historia no son de mi propiedad. Todos los derechos a sus creadores.
Lenguaje y contenido fuerte y explícito.
Agradezco las portadas de yans_kiblue y de Mónica tadakatsu.
Una disculpa por la redacción.
©® Historia con derecho de autor.
No se permite, copiar, adaptar ni tomar prestada.
<<>>, " ": Son pensamientos del personaje.
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" Tengo una flor y un juramento, tengo escrito en cada parte de mi cuerpo . . .
Que te quiero para mí."
Miraba el reloj, eran las 5:40 p.m.
Y se encaminó a la salida del edificio, hacia el estacionamiento por su camioneta, pero el vigilante en turno del edificio le dijo que la buscaban en la entrada, esperaba que no fuera algo malo.
— Tranquilízate.
Se dijo, estaba tan nerviosa. Pero claro,se estaba entusiasmando y tenía miedo, él era tan guapo.
De pronto frente a ella se estacionó una limosina. Acaso le dijo que pasaría por ella? no lo recordaba. Un hombre con uniforme se bajó dirigiéndose a ella.
— Es usted la señorita kotaro?
Le pregunto.
— Sí.
— Muy bien soy su chofer, y la vengó a llevar a su cita.
— Mi chófer?
— Sí, al señor thalassinos le ha surgido un imprevisto y me envió para que la llevara sin retrasos, le ruega lo espere.
Con algo de duda , se acerco a la limo permitiendo que el hombre le habriera la puerta, ella se sentó acomodándose el vestido largo de Dior que combinaba con un chal de flecos español de un color humo, regalo de su madre en su cumpleaños.
Una vez sentado el hombre al volante, Sango lo interrogó.
— Trabaja en una agencia?
— No, mi jefa es una conocida del señor.
Sango frunció el seño, ¿ Amiga? El centro estaba concurrido casi al llegar al restaurante bajo la velocidad y se detuvo en la entrada, Sango espero que le habriera la puerta.
Una vez en la acera, el chófer se volvió hacia ella.
— El señor Thalassinos llegará tan pronto como le sea posible, presentes con el encargado y diga que tiene una cita con el señor Thalassinos, espere dentro.
Cerró la puerta y se fue. En fin, ella pensó que ya estaría ahí, pero asumió que su tardanza sería por el trabajo, siempre surgía algo. Se colocó mejor el chal, hecho una mirada a su alrededor esperando que él llegara en cualquier momento. No sé veía por ningún lado. Suspiró, y armandose de valor habrio la puerta y entro. Recorrió con la mirada el interior, había una chica en el atril de las reservaciones.
— Puedo ayudarla?
Le pregunto.
— Mmm, sí, se supone que hay una reserva para el señor Bankotsu Thalassinos.
La chica ojeo el libro de registros.
— Lo siento no tenemos ningún apartado con ese nombre.
Se puso pálida, no lo podía creer.
— Está segura?
La chica le enseño el libro para que ella misma lo comprobara.
— Es con "T," verdad.
Ojeo la lista de nombres y se le hizo
Un nudo en el estómago al encontrar un nombre familiar. « Miroku» quiso salir huyendo, Valley era el restaurante preferido de Miroku, jamás la había querido llevar, según él, " aquí no hay comida buena para tí" pero, en realidad había querido decir que no quería llevarla para que no la vieran con él. Era un imbécil.
— Gracias.
Le dijo a la chica al tiempo que se dirigía a la puerta, se volvió a acomodar el chal mientras descidia que hacer. De pronto se sintió como si tuviera 17 años en su primera cita, la cuál nunca apareció, el maldito de Ahago se deshizo del chico y la dejo plantada bajo la lluvia. Después de eso Kagome la había salvado del malvado hombre, le agradecería toda la vida. Pero ya no era una adolescente,y kagome estaba de viaje, un viaje al que su padre la obligó a ir le había enviado todos los documentos con Kikio, sabía del disgusto entre kagome y su padre y por primera vez en años, kagome no le hablaba ni preguntaba por él.
Un pequeño gemido salió de su boca, Bankotsu no podía ser tan cruel de dejarla plantada, ¿ Verdad?, O si?, Habría sido todo parte de una broma? No, él llegaría.
Con un nudo en la garganta, espero durante 10 minutos antes de que la puerta se habriera, se dió la vuelta con la esperanza de que fuera Bank, en cambio vió aparecer a Miroku con una rubia delgadisima y curvilínea, no era muy bonita, pero tenía buen cuerpo. Miroku se detuvo en seco cuando la vió. El ojo morado, la ceja con una bandita y el corte en la boca mostraban su reciente encuentro con Bankotsu, y le produjo una malévola punzada de satisfacción el verlo así.
El la miró de arriba a abajo con desdén.
— Vienes con tus padres, Sango?
— No, estoy esperando a mi cita
Miroku se inclinó al oído de su acompañante y le murmuró algo. La mujer la miró y se hecho a reír. En ese instante se sintió tan insignificante, que luchó por no salir corriendo del restaurante, negándose a darle la satisfacción de verla humillada.
Un nuevo maitre se acerco desde la parte de atrás del restaurante.
— Puedo ayudarle señor?
— Sí, tenemos una reservación a nombre del señor Miroku Hiroito, y asegúrese de darnos una mesa romántica y privada.
— Tendrá que esperar unos minutos antes de que su mesa este lista.
Miroku sonrió con suficiencia, dándole una propina al hombre.
— Puedo ayudarle señorita?
Volviéndose a ver a Sango le pregunto, ella se ruborizó de nervios.
— Ha habido una confusión con nuestra reservación, estoy esperando a mi pareja.
El hombre asíntio, mientras Miroku se burlaba de ella.
— Eso es lo que pasa cuando quedas con un perdedor.
Le dijo a la mujer a su lado. Pensó en devolverle el insulto, pero no tenía caso, en el peor de los casos le daba lastima la chica, no sabía la clase de víbora con la que cenaría.
Se removió, cada vez más incómoda y no la ayudaba el que su ex y su pareja, cuchichearan a sus espaldas burlándose a carcajadas.
Quería desaparecer, estaba a punto de marcharse pero la puerta se habrio de nuevo, apareciendo Bankotsu.
Estaba guapísimo, hiba vestido de negro, saco Armani y la camisa desabrochada, sin corbata, zapatos y vaqueros oscuros, mostrando la dureza de su cuello, el color negro resaltaba el azul de sus ojos. Se había dejado el pelo suelto y los ondulados mechones le caían a ambos lados del rostro recién afeitado.
Nunca le había parecido tan irresistible, tan sexy. Escucho jadear a la chica que acompañaba a Miroku al ver a Bankotsu. Lo normal sería que Bankotsu volteara a mirar a la chica. No lo hizo, sólo tenía ojos para ella. Se dirigió a Sango con rapidez, y con sus manos grandes y cálidas la tomó por los hombros, dándole un beso en los labios, se derritió en cuanto aspiro el aroma de su perfume mezclado con el de su piel. Si hubiera sido gato, hubiera ronroneado ante la caricia.
— Por qué estás en el vestíbulo?
le pregunto mientras buscaba al maitre.
— No tenemos reservación.
Bankotsu frunció el seño.
— No la hice, no la necesito.
La tomo de la mano y se dirigió al atril. El hombre de hace un rato, apareció al instante.
— Señor Thalassinos.
Lo saludo sonriendo.
— Es un placer tenerlo de nuevo aquí.
— Hola Tom.
Lo saludo mientras la abrazaba por la cintura.
— Está lista mí mesa?.
La sonrisa desapareció del rostro del hombre mientras la miraba. Su expresión cambio a contrita.
— Vaya! No sé me ocurrió que estuviera esperando al señor Thalassinos . . . Señorita acepte mis más sinceras disculpas por hacerla esperar. Quien la dejó aquí de pie? Seguro fue la chica nueva, pero le llamaré la atención.
— No pasa nada.
Le aseguro a Bankotsu quien miraba con molestia al hombre.
— Estás segura?
— Si, no fue culpa suya.
Tom, dejó escapar un suspiro de alivio.
— De todas maneras recibirá una advertencia, esto no se repetirá se lo prometo.
La rubia, compañera de Miroku resopló tras ellos con molestia.
— Por qué les dan una mesa sin esperar Miroku? El no es un modelo famoso como tú.
Bankotsu se giró hacia ellos con una mirada llena de ira, que les cerró la boca.
— Síganme por favor, su mesa de la terraza está lista.
Sango miró a Bankotsu y Preguntó.
— Cómo es posible que te traten tan bien?
— Digamos que, son las ventajas de ser un cliente asiduo y géneroso, además de conocer gente poderosa.
Contestó metiendo las manos a los bolsillos.
— Poderoso caballero es don dinero . . .
Sí, pero aún así . . . era algo extraño.
Los llevaron a una mesa ubicada en la planta alta y flores. Tom le apartó la silla y ella se sentó.
Bankotsu saco la billetera y le ofreció al hombre varios billetes de 100 dólares.
— Hazme un favor, ese tipo que está ahí abajo el tal Miroku no se que . . . Dale la peor mesa.
El rostro de Tom se torno juguetón.
— Por usted señor Thalassinos, lo que sea.
Bankotsu se sentó mientras el hombre se alejaba a cumplir su petición.
— Eso a sido grosero por tú parte.
Comento Sango esbozando una sonrisa coqueta.
— Quieres que le diga que no lo haga?
— Nooo, sólo dije que habías sido grosero.
— Qué quieres que te diga? Soy malo.
Le tomo la mano y le dió un tierno beso en el dorso.
— Estás para comerte.
El comentario la hizo ruborizarse poniéndole roja cómo un tomate.
— Gracias, tú también estás muy guapo.
— Siento haber llegado tarde.
Se disculpó, sacando una rosa roja de la chaqueta y se la ofreció.
— Tardaron en entregarme la ropa.
— Te compraste ropa nueva para la cita?
— Bueno, sí. No suelo vestir así. Me gusta más el cuero y la mezclilla sencilla.
Dos camareros se acercaron a la mesa.
— Señor Thalassinos.
Lo saludo un hombre maduro.
— Es un placer verlo, y además acompañado.
Bankotsu la miró con una expresión sensual y de deseo.
— Sí, es todo un placer, ¿Verdad?
— Quiere tomar lo de siempre?
— Sí.
Ambos voltearon a verla.
— Agua mineral, por favor.
— No quieres vino?
Le pregunto Bank.
— No, así está bien.
El frunció el seño, mientras los camareros se alejaban a traerles lo que pidieron. Cuando hojeaba el menú, se dió cuenta que Bankotsu ni siquiera había mirado el suyo.
— Vienes mucho por aquí?
Se encogió de hombros.
— Dos veces por semana. Tienen un desayuno muy bueno y me gusta un platillo con mucha carne en especial.
Y tú, has venido?
Lo pensó y por fin contestó.
— Hace mucho no venía.
Bankotsu se sintió aliviado por su respuesta, intento leer el menú pero estaba muy nerviosa, Bankotsu no le quitaba la mirada de enzima. Había algo salvaje y poderoso en su forma de ser, y su forma de mirarla. Resultaba halagador, y al mismo tiempo un poco aterrador.
— Qué?
— Cómo?
Preguntaron al mismo tiempo.
— Por qué me miras tanto?
— No puedo evitarlo. No me lo creo aún, que seas de verdad.
Su respuesta la dejo anonadada. Entonces llegaron los camareros.
— Ya decidieron lo que pedirán?
Sango soltó el menú.
— Una ensalada de la casa, sin queso por favor.
El camarero tomó nota.
— Y?
Preguntó Bank. Ella lo miró.
— Y qué?
— Que más vas a comer?
— Sólo la ensalada.
Bankotsu frunció el seño.
— Jhon me esperas un momento?
— Por supuesto señor Thalassinos, tómese su tiempo.
Bankotsu espero a que se fueran los camareros y se inclinó para hablarle.
— Sé, que tienes hambre, Sango. ¿ No has comido a medio día, verdad?
La pregunta la sorprendió.
— Cómo lo sabes?
— Lo imaginé, por qué he escuchado a tú estómago protestar.
— No me había dado cuenta que te resultaba molesto.
Su comentario lo desespero, Sango se sintió incómoda ante lo que parecía, era molestia.
— Mira, Sango.
Le dijo con voz grave.
— Voy a ser honesto contigo. No sé realmente que hago está noche, ¿sí? Nunca he tenido una cita antes, y me dijeron que a las mujeres, les gustaba que las invitaran a salir aún lugar bonito. Ayame y Cassandra, me aconsejaron que me comportara como soy, y que no te presione. Así que, aquí estamos, en mi lugar favorito, pero, si no te gusta, podemos ir a otro lugar y comer lo que tú prefieras.
Sus palabras, y el modo en el que las dijo, hicieron que se le llenarán los ojos de lágrimas.
— Le . . . Les pediste a ellas consejo, para salir conmigo?
Bankotsu lanzó un bufido mientras veía sus manos apretadas.
— Genial. Te he vuelto a poner triste, lo siento. Esto ha sido una mala idea. Te acompañaré a tú departamento, y olvidamos todo.
Ella estiró su mano y cubrió la de él.
— Bankotsu, ya qué estamos siendo cinceros, yo tampoco estoy segura de lo que hago. Hace algunas semanas tenía claro lo que sería de mi vida. Estaba saliendo con un hombre de quien, estúpida de mí creí estar enamorada, y con el que pensaba compartir mi vida.
La cual se desmoronó, y de pronto, apareciste tú, como un caballero, para salvarme. Me adulas, y cada vez que apareces, las cosas mejoran. No estoy acostumbrada a estar con un hombre tan sexy que me hace sentir que soy lo máximo.
— Para mí eres preciosa, Sango.
— Lo ves?
Exclamó mientras lo miraba con dolor.
— Ya estás siendo otra vez perfecto, creo que no estas bien de la cabeza.
El comentario lo ofendió.
Sango Suspiró.
— Hola, soy Sango kotaro. Un gusto conocerte.
La miró como si se hubiera vuelto loca, pero extendió la mano.
— Soy Bankotsu Thalassinos y me estoy muriendo de hambre. ¿Te gustaría cenar conmigo, Sango?
— Sí, me encantaría.
Continuará . . .
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