Email Erróneo
“7:00 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Fiesta de la empresa
¡Hola guapa!
¿Estas preparada para la fiesta de éste año? ¿Qué te vas a poner? Me han chivado, que éste año él viene… No te parece interesante… jejejeje… Voto, por que te pongas un vestido rojo y sexy. ¿Vamos al medio día de compras?
Andrea.
“7:30 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: RW: Fiesta de la empresa
¿Ya estas despierta?
No son ni las ocho de la mañana y ya estas pensando en fiesta, cuando yo estoy saturada de faena. Y no me pienso poner nada… No mal pienses, mal bicho. Simplemente creo que este año no pueda asistir. Tengo mucho trabajo por delante. Me importa un pepino que él vaya… ¿Vamos a comer fuera en vez de compras?
Rose.
“7:45 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rww: Fiesta de la empresa
¿Por qué tienes que ser tan aguafiestas?
No seas tan exagerada, sabes que siempre entregas tu trabajo a tiempo. De modo que no acepto un no por respuesta. Quiero ir de compras, no de comida…
Y digo que tienes que ir, es tu oportunidad.
Andrea
“8:15 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: Rwww: Fiesta de la empresa
¿Ya empezaste a beber el champan?
Por muy mandona que te pongas conmigo, sabes que no tienes nada que conseguir. Cuando digo que no, es que no….
Y deja de leer esa puñetera revista de adolescentes, quien escribe ese horóscopo esta peor que tú.
Invito a la comida.
Rose
“8:26 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rwwww: Fiesta de la empresa
Arisca, pesimista…. ¿Qué te hizo Papá Noel?
No quiero comer, quiero que me entre un súper vestido escotado. Quiero lucir delante de Jean-Paul. Nos vamos de compras, nos vamos de compras….
Espera, ahora puede que tenga una reunión…. Seguro que has sido tú con tu pesimismo que me has gafado… Luego te digo algo si estoy libre.
Te odio mala amiga.
Andrea
Sonriendo, Rose disminuyó la pantalla de su correo electrónico y siguió trabajando con los diseños de publicidad. En verdad, ella misma era la que se estresaba solita con el trabajo. Solo quedaba dar unos pequeños retoques a los anuncios, y tenía todo el día por delante. Pero era la única excusa que podía darle a su amiga, y aún así esta la conocía demasiado bien. No quería asistir a la fiesta. No tenía ganas de amargarse en algún momento de ella, porque su segundo jefe hubiera decidido en el último momento acudir.
Como lo odiaba, pensó con gran rabia. Desde que tuviera memoria, que no se llevaba bien con él. Andreas Zisis, a parte de ser el mejor amigo de su hermano lo era también de toda su familia.
Bueno, la familia de ella y la de él, eran muy buenos amigos dado que eran vecinos. Pero éste idiota guaperas, por que había que decirlo, el muy cretino era como un dios griego. Todas las mujeres suspiraban por él… Menos ella… Bueno, dejó de hacerlo a sus veinte años cuando descubrió que sería imposible que se fijara en una jovencita. Ahora era una madura mujer de veinte seis años, con ganas de darle una patada al culo de treinta y tres años de Andreas Zisis, cada vez que acudía por su oficina y se metía con ella.
Ella, no estaba trabajando en la empresa de su padre por recomendación ni por nada parecido. Se merecía aquel puesto, se lo había ganado con sangre y sudor. Desde un principio que estaba estudiando la carrera, estaba trabajando como una condenada llevando recados y siendo el peón de todos. Hasta que tubo su oportunidad de demostrar lo que valía, cuando se sacó su carrera. Todos la trataban como a una más, menos él.
Así que sabiendo de antemano,que don perfecto adonis iba acudir a la fiesta para todos los trabajadores de la empresa, renunciaba acudir ella aquel año, por mucho que su compañera de trabajo ordenara que fuera por que su horóscopo decía, que aquella noche agarraría al amor de su vida.
¿El amor de su vida? Pero bueno, acaso llovían milagros del cielo… Sonrió para sí con mohín de fastidio. Llevaba siete años en aquella empresa y no había nadie nuevo. Conocía a todos los que podían acudir a la fiesta. No había ninguna incorporación de última hora a la plantilla, de modo que no creía posible que allí pudiera estar esperándola el amor de su vida. A no ser, que alguno pillara la trompa de su vida y se le declarara…
Pero tampoco se sentía atraída hacía ninguno de sus compañeros.Mejor se quedaba en casa, o mejor aún, se iba al cine y miraba la película de la saga de Crepúsculo.
-No creo que aquí se te pague por soñar en el trabajo –Dijo una voz masculina tras ella-. Pero siendo la ojitos del jefe… -Siguió aquella voz con burla.
-No estaba soñando –Respondió con tono duro al tiempo que se daba la vuelta y lo miraba con los ojos entrecerrados-. Estoy trabajando. Y para ello, las personas normales con cerebro nos detenemos a pensar… Pero claro, que va a saber un homo sapiens que solo tiene una neurona y la utiliza para desabrochar los sujetadores que diseña la empresa de su padre… -Masculló sin ningún reparo.
-¿Celosa Rose? –La miró divertido.
-¿Yo celosa? –Dijo con sarcasmo-. No sabes lo aliviada que me siento de no conocer a un pulpo lerdo.
-Si tu lo dices… -Siguió sonriendo sin dejar de mirarla y ponerla nerviosa con su sola presencia.
-¿Querías algo? –Se cruzó de brazos al tiempo que resoplaba.
-Sí, que me mandaras al correo lo que tuvieras hasta ahora de la publicidad –Indicó con tono autoritario.
-Puedo mostrártelo ahora –Señaló con voz temblorosa.
-No, tengo que ir a ver a Mónique de recursos humanos y llego tarde –Miró su reloj de oro-. Mándamelo en unos minutos, que no tardaré en decirte algo.
-Como gustes –Gruñó con mal humor girándose a la pantalla y dándole la espalda.
Por el rabillo del ojo, vio como éste se quedó un segundo allí quieto mirándola. Seguro que mordiéndose la lengua por no decirle algo más ante sus escasos modales. Le daba igual que le sentara mal. Él ya sabía que no lo tragaba… Y por mucho que le dijera a su hermano Luc, el como se comportaba con él, no conseguía que cambiara su actitud. Era buena en su trabajo, no creía que Demetrios Ziris la echara por petición de su hijo. La familia ya estaba acostumbrada a las pullas que se lanzaban desde jóvenes. Al final, vio como éste se marchaba. Y cuanto más lejos mejor. Menudo playboy estaba hecho. Ahora comprendía porque acudía aquel año a la cena de empresa… La culpa la tenía Mónique, la nueva jefa de recursos humanos. Una bellísima mujer, que jugaba como una víbora a la caza de un hombre atractivo y rico. Y por lo visto, ya tenía a su victima escogida. Bien por ellos dos, se merecían estar juntos. Pensó con gran rabia al tiempo que aumentaba la pantalla de su correo electrónico y creaba un nuevo email para su amiga.
“8:51 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected],[email protected]
Asunto: Tiempo de la comida
Mejor vayamos al gimnasio a darle al saco de boxeo.
Olvídate de ir de compras, necesito golpear algo. ¿Sabes quien ha estado en mi oficina? Sí, él… El muy cretino, será imbécil… Que ganas de borrarle esa bonita sonrisa de su rostro.
Ha venido aquí con aires de mandamás, ordenándome que le enviara a su correo los avances de mis diseños de publicidad en vez de quedarse a verlos que estaba trabajando en ellos. Y todo por la víbora de Mónique.
Seguro que acude a la fiesta, hipnotizado por los pechos resultones de esa…. ¡Dios como lo odio! Y no te atrevas a replicarme, que lo que siento son celos profundos por que me sintiera enamorada de él.
Ni aunque fuera el último hombre de la faz de la tierra le daría un beso. Además, seguro que no besa bien. Seguro que es un pulpo baboso.
Dime si estarás libre. Yo voy a enviarle mis diseños al adonis tuyo.
Rose
“8:54 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para:
Asunto: Rw: Tiempo de la comida
¿Ahora eres suicida?
Pero estas loca, acaso no viste que también lo seleccionaste a él y le enviaste el mismo email. ¿Pero en qué demonios estabas pensando?
Ahora si que no creo que vayas a la fiesta, pues no creo que llegues viva. Y sí, al final tengo el tiempo de comida libre. Pero dudo que ahora quieras quedar para ir de compras.
Andrea
Acababa de enviarle los diseños a Andreas, explicándole los pequeños retoques que quería hacer para que lo supiera de antemano y no perdiera tiempo en rectificaciones tontas, cuando vio que entraba la respuesta de su amiga. Abrió mirando un momento a su espalda, de que no hubiera nadie para que la amonestara de estar perdiendo tiempo en el trabajo, para llevarse la mayor sorpresa horrorosa de su vida. Aquello que le decía su amiga no podía ser… Rápida llevó la flecha a la bandeja de salida con el ratón y sí, allí estaba… ¡Maldita fuera su vida! ¿Cómo había podido cometer un error tan estúpido como aquel? Madre de dios santo, él no podía leer aquel mensaje.
Colapsada, así estaba en aquel momento en su despacho con la mente perdida en su correo electrónico y un fuerte ritmo cardiaco que no creía que fuera nada bueno. Tenía que evitar como fuera, que él no leyera aquel email de ella. Iría a su oficina y miraría si lo tenía abierto. Todo era posible… Y mejor hacerlo en aquel preciso momento, que el idiota se encontraba con los encantos de Mónique.
Cogió su móvil de encima la mesa y salió un tanto apresurada a los pasillos en dirección al despacho de su eterna pesadilla de navidad. Le sudaban las manos y a ella en su vida, jamás le habían sudado las manos. Aquello solo significaba una cosa… Estaba completamente acojonada. Y aquello era por culpa de Andrea, si no hubiera estado mandándole emails aquella mañana para una puñetera tontería, como lo era la fiesta de la empresa… Con gran frustración, pudo ver que la mesa de Margarite, la secretaria del dios griego estaba desocupada. De momento todo iba bien, no iba a tener moros en la costa.
Ánimo, un metro para abrir esa puerta y poder tener la suerte de eliminar el email… ¡Pero no! Aquella mañana se había levantado con el pie izquierdo al parecer, cuando escuchó a la mujer mayor llamarla.
-Rose… Espera… -Dijo la mujer tras ella-. Me temo que Andreas no se halla en el despacho. Ha salido a…
-Ver a Mónique… -Se giró con una de sus mejores sonrisas en el rostro, costándole un montón pues no estaba para sonrisas-. Lo sé… Estuve con él, solo venía a buscar un papel orientativo que me ha dejado en su mesa.
-Oh… -Frunció el ceño un segundo-. Pues nada cielo, puedes entrar… -Indicó con tono amable. Sabiendo que no tenían nada que temer de ella, al tener la amistad que tenía con la familia Ziris.
-Gracias Margarite –Mostró una cálida sonrisa y abrió la puerta para cerrarla tras sí, con una calma que no sabía de donde sacaba.
Una vez dentro de la guarida del lobo, cogió aire y miró a su alrededor. Era la primera vez que entraba allí. Siempre que se había reunido con él, había sido en el despacho de su padre o en el de ella propio. Soltó un gemido de desilusión, al ver que aquella habitación estaba decorada con una sencillez muy práctica, y no como ella se la había imaginado al saber como era de Don Juan aquel hombre. Era raro que no hubiera una habitación extra para instalar una cama de matrimonio, pero mirándolo de otra manera… Aquel gran sofá de la esquina de cuero negro podía tener su utilidad.
Dejando de pensar en tonterías, dio los pasos necesarios con cierto apresuramiento para llegar al frente de la pantalla del ordenador. Y allí, moviendo el ratón para que saltara el protector de pantalla pudo averiguar que el muy condenado tenía el correo cerrado.
-¡Joder! –Exclamó llevándose una mano al pecho, cuando el móvil en el bolsillo de su pantalón comenzó a temblar y sonar. Lo extrajo para ver que era su amiga Andrea que le acababa de enviar un email.
“9:08 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para:
Asunto: Email erróneo
¿Sigues en el edificio o estas en la planta baja, después de haberte lanzado por la ventana?
Se puede saber dónde demonios estas. Me excusé y subí a verte, pero resulta que tu despacho esta vacío. Ahora estoy en mi mesa, comiéndome las uñas de la mano que no tengo gracias a dios.
Andrea
“9:10 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para:
Asunto: Rw: Email erróneo
¡Tú comiéndote las uñas, pero yo tirándome del pelo!
Estoy en el despacho de Andreas. Me colé en él, pero el muy desgraciado tiene el correo cerrado. ¿No sabrás descifrar claves por casualidad?
Ahora salgo corriendo hacia mi despacho, para escribir una carta de renuncia. Me niego a verlo después de que éste lea su correo.
Rose
Cerraba la puerta del despacho, cuando sus ojos se toparon con los de él al final del pasillo. Al momento, sintió como las piernas le fallaban un poco cuando pudo vislumbrar que éste fruncía el ceño al verla allí. ¡Otra vez volvía a sudar como una condenada! Tenía que pensar en algo rápido, pues este se le estaba acercando a grandes zancadas.
-¿Lo encontraste querida? –Preguntó Margarite sentada desde su escritorio.
-Mmm… Sí…
-La miró por unos instantes con ojos aterrorizados. ¡Dios ya lo tenía encima! Y cada vez notaba como si le faltara más aire…
-¿Me buscabas Rose? –Preguntó éste un tanto confuso al verla allí, una vez que se detuvo enfrente de ella.
-Sí… -Madre de dios, si podía escuchar hasta sus pulsaciones en el oído a toda bomba-. Yo quería… -¡Podría alguien abrir alguna ventana! Se estaba quedando sin aire… Gritó mentalmente, poco antes de que todo se tornara oscuro y cayera en los brazos del hombre.
¿Estaba tumbada? ¿Aquello significaba que aún estaba en su cama y que todo había sido una pesadilla? Desde luego, menudas bromitas le gastaba su inconsciente… Sonriendo un poco, abrió los ojos para poder levantarse. Pero no lo hizo… ¡Aquello no era su dormitorio!
-¿Ya estas despierta? –Preguntó Andreas, levantándose tras su escritorio pero no sin antes hablar con su secretaria pro el intercomunicador-. Margarite, puedes traerme un pequeño desayuno para Rose y para mí, ya se ha despertado… No, tranquila creo que es lo único que necesita…
No quería mirarlo, por eso que estaba mirando fijamente al suelo. Pero de aquella manera, pudo ver sus zapatos negros cuando este se posicionó delante de ella. Y luego a él reclinarse delante… Sus ojos marrones eran tan cálidos… Pero su alma no, pensó con amargura al segundo. ¿Qué le diría?
-¿Te encuentras mejor? ¿Cómo vienes al trabajo sin desayunar? –La regañó con suavidad. Aquel no era Andreas. El Andreas que ella conocía, ya le habría soltado alguna buena… -. Sabía que eras tonta, pero no tanto… -Sí, aquel ya era el idiota de su vecino.
-Por favor, no comparemos nuestros intelectos que sabemos que aquí el sorprendido serías tú –Dijo mordaz al tiempo que intentaba levantarse del sofá negro, pero éste con cierta delicadeza le daba un pequeño empujón para volver a sentarla-. ¡Oye para que me empujas!
-Vas acompañarme en el desayuno que traerá ahora Margarite –Ordenó mirándola fijamente.
-No gracias, me eh traído el mío –Volvió a intentar levantarse, pero una vez más fue suavemente empujada-. Oye simio, deja de repetir todo el rato lo mismo… -Lo encaró rabiosa. Quería salir de allí y poder huir lo más lejos posible. Pero sería difícil teniendo la familia que tenía…
-Pues te lo guardas para merendar –Gruñó posicionándose de pie-. Desayunarás conmigo y hablaremos sobre los anuncios de publicidad –Unos golpes en la puerta los interrumpieron-. Vete sentando en mi escritorio y abriendo el email, aún no lo abrí pero mi correo esta abierto… -Dijo caminando hacia la puerta para ayudar a su secretaria con la bandeja del desayuno, no viendo como Rose daba un enrome brinco y en dos pasos se hallaba sentada en el sillón y borrando su email. ¡Que efectivamente ninguno de los dos había sido abierto!
Ahora sí, ahora si que notaba nuevamente como podía respirar con tranquilidad y el sonido de sus pulsaciones, iba bajando de tono en el eco de sus oídos. El email erróneo, se hallaba borrado y ahora engulliría aquel sándwich que él le ofrecía con gran satisfacción, sabiendo que estaba salvada. Por fin algo que no le salía mal aquel día…
Veinte minutos después, su móvil guardado en el bolsillo de su pantalón interrumpía la conversación que estaba manteniendo con él sobre la campaña publicitaria para la noche de fin de año.
-Mejor que lo mires –Indicó él-. Cuando estabas durmiendo, no ha parado de sonar… Y como estaba donde estaba, no me atreví a cogerlo… -Sonrió un poco.
-¡No estaba durmiendo! –Protestó veloz con mirada asesina-. Y me alegro que hayas dejado quietos tus tentáculos.
-Puedes estar tranquila, tu virginidad esta salvaguardada de mis instintos más apasionados… -Soltó de repente con voz teatrera.
-Idiota –Lo insultó con los ojos entrecerrados.
-¿Y ese odio tan fuerte hacia mi? –Preguntó de repente él con tono animado-. Deberías de tener cuidado –Le guiñó un ojo-. Dicen que del odio al amor, solo hay dos pasos…
-Ha –Rió con sarcasmo, pero completamente nerviosa por aquella indicación de él. Pero no tenía que estarlo, ella misma había borrado el email sin abrir-. Ni en mis mejores pesadillas Andreas. Tendrías la suerte de que yo fuera otra tonta más caída a tus pies… -Añadió cruzándose de brazos.
-Sabes un dicho de mi madre –Rió mirándola fijamente-. Nunca, hay que decir que de esta agua no beberé…
-¿Pero a ti que mosca te ha picado hoy? –Se puso de pie con el ceño fruncido. Allí pasaba algo, estaba segura…-. ¿Acaso Andreas, las mujeres han visto que no hay gran cosa en ti y te han abandonado?
-¿Dime por qué siempre te han molestado todas las novias que eh tenido? –Preguntó con aire desenfadado, pero con mirada escrutadora.
-Eso, son imaginaciones tuyas –Sus nervios estaban comenzando aparecer nuevamente. No quería que supiera que odiaba a todas sus novias de joven, por que ella quería ser todas aquellas chicas que él llevaba colgadas de su brazo. Pero llegó un día que comprendió que era sueño imposible, de modo que lo puso en su lista negra-. ¿Y ahora a qué viene este interrogatorio? Son muchos los años que nos conocemos y que yo sepa, jamás te interesó mi opinión respecto a nada –Soltó con cierto remordimiento por ser débil y confesar que un poco de su opinión si le gustaría.
-¿Eso quién lo dice? –Preguntó frunciendo el ceño.
-Yo –Respondió escueta.
-Pues estas muy equivocada –Sonrió-. Siempre eh tenido tu opinión en cuenta, lo malo que no eran aún lo suficientes maduras.
-¿Perdona? –Lo encaró rápidamente con cierto aire de enojo.
Unos golpes en la puerta y la aparición de Demetrios Ziris, hicieron que se calmara veloz y no saltara al cuello del hombre.
-Hola chicos –Se acercó hasta ellos con una sonrisa y curiosidad en la mirada-. Vine a dejarle unos papeles a Margarite, cuando me dijo que estabais los dos aquí dentro, y quise echar un vistazo por si estabais con la tercera guerra mundial… -Bromeó un poco sabiendo del choque de ellos dos.
-Como ves, aún seguimos enteros –Rió Andreas.
-Pero por pocos segundos –Señaló ella cruzándose de brazos.
-Vamos tesoro –La abrazó Demetrios-. No seas así con mi hijo, después de que te ha sujetado en brazos cuando te desmayaste. Me lo contó Margarite… -Respondió al ver la sorpresa en el rostro de ella.
-Lo hizo por tener espectadores delante –Explicó en un pequeño gruñido-. Conociéndolo, seguro que me dejaba golpear contra el suelo.
-Increíble –Rió Andreas-, no se porque, pero eso es más parecido a lo que tu me harías a mí.
Un nuevo pitido en su móvil, hizo que no le respondiera algo ante aquel comentario.
-¿Tienes acaso un novio y no lo sabemos? –Preguntó Andreas mirándola a los ojos con diversión-. Ya van cinco pitidos en este rato…
-Vaya Andreas, de verdad conoces tú el significado de la palabra “novio”… -Soltó sacándole una risa al padre-. Os dejo, quiero ir acabar los últimos detalles de la publicidad.
Salió de allí bien apresurada, para poder dirigirse a su despacho y encerrarse en él para gritar, golpear… Lo que fuera, con tal de que le calmara su estado nervioso. Andrea, tenía que decirle algo… Seguro que era ella la de tanto mensaje… Cogiendo aire, se sentó en su sillón para ver el correo en el ordenador.
“9:27 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rww: Email erróneo
¿Ahora eres bruja que tienes poderes para desaparecer?
¡Se puede saber en dónde demonios te metes! Me tienes histérica perdida, incluso me hiciste llamar a la oficina de recursos personales por si estabas allí entregando de verdad tu renuncia.
Responde maldita.
Andrea.
“9:34 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rwww: Email erróneo
¿No habrás hecho algo malo?
Dime por favor, que fuiste al baño y te quedaste encerrada en él. No me atrevo a subir hasta su oficina y preguntarle a Margarite si estas viva… Imagínate que te han pillado con las manos en la masa, y se creen que yo soy cómplice de lo que fueras hacer….
Mándame alguna señal, lo que sea.
Andrea.
“9:43 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rwwww: Email erróneo
Voy a dejar de ser tu amiga.
Te parece bonito tenerme en este estado. Queda poco para que pase una hora, desde que me dijiste que estabas en su despacho intentando abrir el correo electrónico.
Míralo por otro lado, tampoco es tan malo que sepa que estas enamorada de él aunque tu lo niegues… Si el hombre ya esta acostumbrado a tener mujeres tras él. ¿Qué significará una más?
Cuento hasta tres y quiero una respuesta.
Andrea.
“9:51 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rwwwww: Email erróneo
Conté hasta tres unas mil veces, pero no recibí ninguna bendita señal.
Rose por el amor de dios, soy muy joven para morir de un ataque al corazón. Como lo haga, te juro que te perseguiré hasta tu último suspiro en un fantasma vengador.
¡Aparécete!
Andrea.
“10:01 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Manicomio
Te juro que estoy mirando una lista de los mejores manicomios para inscribirte en él. Por que una cosa así, no se le hace a una amiga. Quiero una respuesta en menos de cinco minutos, sino me voy a comprar una señal gps para metértela por donde te quepa y dejar de perderte…
Te quedan cuatro minutos.
Andrea.
Sonriendo por las tontas palabras de su amiga, se dispuso ya más calmada a responderle.
“10:05 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: Rw: Manicomio
¿Eso harías a una amiga, meterla en un centro de esos?
Ya estoy en mi despacho. Podemos respirar con tranquilidad. Pude borrar el email sin que él lo leyera.
¿Acaso estas con la regla, para estar tan histérica?
Rose.
“10:07 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para:[email protected]
Asunto: ¡Lo borraste!
¿Desde cuando eres la reencarnación de un hacker?
¿Se puede saber qué puñetas hiciste para poder borrar ese email? Por que por mucho que lanzaras su ordenador por la ventana, el correo seguiría sin abrirse en cualquier otro aparato.
¿Vamos a vernos al mediodía? Acepto comer, pero como mucho una ensalada… ¡Sigo queriendo ir de compras!
Andrea.
“10:10 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: Rw: ¡Lo borraste!
¿Por qué tan poca fe en mí?
Pues resulta, que cuando me marchaba con el ánimo por los suelos y estaba cerrando la puerta de su despacho, me encontré con él de morros. Supongo que por los nervios de ser pillada, que me desmayé… Sí, estoy bien. Al despertarme, se creyó que era por no desayunar, así que me obligó hacerlo con él. Y cuando acabé me hizo abrir a mí el correo de la publicidad en su ordenador. Que suerte la mía, que el que envié por error, se hallaba impecable… ¡Di saltos al verlo eliminado de la papelera!
Por cierto, tú adonis sigue igual de pedante que siempre. La navidad no lo cambia.
Rose.
“10:12 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Rww: ¡Lo borraste!
Creo que si le ocurrió algo a tu cabeza cuando te desmayaste… ¡Pues te recuerdo que es tu adonis!
Y no me lo puedo creer, has estado con él a solas en una habitación y no tienes ni un solo rasguño. ¿Verdad?
¡OH! No me digas que en vez de salir despeinada por pullas, saliste con las braguitas húmedas.
Andrea.
“10:10 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: Rwww: ¡Lo borraste!
¿Braguillas húmedas? Por favor, aún no tengo edad de sufrir incontinencia.
No sabía que tuvieras una mente de quinceañera. ¿Acaso debe ocurrir algo por estar en la misma habitación que él y a solas? ¡Así, ya se! Doble ración de arcadas…. Jejejeje…. Y lo de adonis, vuelvo a indicarte que ya no lo es… Digamos que fue un pequeño lapsus de una época tonta.
Quedamos a la una en el vestíbulo del edificio, ya decidiremos si comemos o picamos algo por el camino mientras miramos ropa para ti. Sí, ya tuve suficiente por hoy del perfume de Andreas como para tener que olerlo ésta noche otra vez.
Rose.
Aún sonriendo, disminuyó la ventana de su correo electrónico sabiendo que su amiga ya no le diría nada más. Conectó su carpeta de música a bajo volumen y comenzó a trabajar, pues sabía que iba a ser lo único que conseguiría apartarla de pensar en cosas que no debía. Y tampoco quería saturarse la cabeza por el momento, pues era obvio que después Andrea lo haría perfectamente ante su negativa de asistir aquel año a la fiesta de navidad de la empresa.
Tras la marcha de su padre del despacho, pudo reclinarse en su sillón y dejar la mente centrada en el descubrimiento inesperado que había tenido hacía una hora. ¿Era cierto, entonces? Toda aquella rabia que iba dirigida hacia él, era por eso… ¡Y durante todos aquellos años! ¿Su sueño prohibido siempre había estado al alcance de sus manos? Soltó un suspiro, para dejar una pequeña sonrisa en sus seductores labios.
Sus pulsaciones aún iban a mil por hora. Se encontraba con Monique, que con la excusa de revisar los contratos del apoyo para la campaña de navidad, le estaba lanzando con sutileza que ella acudiría sola a la fiesta de la empresa… Iba a responderle aquella invitación, cuando su iphone le pitó indicándole dos correos nuevos en su bandeja de entrada. No iba hacerle caso, sabiendo que era Rose con la publicidad. Pero le llamó la atención el ver que eran dos con diferente titulo. Y sobre todo, uno que hacía referencia al tiempo del mediodía para comer. Le extrañaba que ella quisiera quedar con él al mediodía.
Se le escapó la risa, al recordar como Mónique había tenido que agarrarlo del brazo para poder llamar su atención, al ver que se había quedado pasmado con su móvil. ¡Y vamos que estaba ido en aquel momento! No se esperaba una cosa como aquella. Por lo visto, por equivocación del parecido con el nombre de alguien de la empresa y que tenía bastante confianza con Rose. Él había sido también seleccionado en un email, que suponía que no querría ella que él se enterase. Y gracias a ese email, se había enterado y de mucho… De los insultos que iban dirigidos a él, ya estaba más que acostumbrado. Pero no a enterarse que tenía una bonita sonrisa y que ella había estado enamorada de él. Y creía que aún habitaban esos sentimientos, al escupir tal veneno hacia la persona de Mónique. Quien ciertamente, lucía sus senos con gran orgullo. Y le daba igual que vieran su interés por él. Por lo visto, la tal Andrea creía que todo ese odio era por eso. Rose aún sentía algo por él. Pero como no, Rose era mucho Rose… Suspiró con pesar, recordando el carácter de la chica que siempre tenía reservado para él. Solo había que ver su cabezonería en sus últimas palabras. Aunque fuera el último hombre de la tierra se negaba a besarlo. Y que seguro que besaba como un pulpo baboso…
Le encantaría poder demostrarle lo equivocada que estaba. ¡Pero cualquiera se acercaba a ella! El pitido del intercomunicador interrumpió sus cavilaciones. Se inclinó en su sillón y activó el altavoz.
-Dime Margarite…
-Acaban de llegar los de decoración para preparar la fiesta de esta noche. ¿Les entrego las llaves o les acompaño a la sala?
-Entrégales las llaves –Dijo pensativo, para dar un respingo al segundo siguiente-. ¿Margarite, siguen aún ahí los de decoración?
-Esperando el ascensor. ¿Los detengo?
-Sí, diles que quiero un ramo de muérdago dentro de cada ascensor, y encima de cada marco de todas las puertas de la empresa –En sus labios habitaba una gran sonrisa.
-De… Acuerdo… -Dijo con gran asombro su secretaria-. ¿Qué quieres lograr, el record de besos en el día de hoy o el mayor nombre de denuncias por acoso en una empresa? –Soltó ésta con humor, mientras avisaba a voz alta al personal de decoración.
-Por favor Margarite, que es una navidad sin muérdago… -Respondió con humor.
-En mis tiempos, no habían navidades tan interesantes…. –Bromeó la mujer apagando el intercomunicador.
“12:48 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Vestíbulo
Esconde tus orejas, pues te vas a llevar un buen rapapolvo.
Dos minutos y apagando el ordenador. Te espero delante de la puerta giratoria, pero dentro del edificio que hace frío.
No vuelvas a desaparecer.
Andrea.
“13:00 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: Rw: Vestíbulo
Si quieres que vaya de compras a por tu súper vestido, compórtate.
Ordenador apagado y esperando al ascensor. Tengo hambre, increíble.
Nada de comer pasto para caballos. Y no te preocupes, habrá tiempo de tu vestido.
Rose.
El timbre de la llegada del ascensor, hizo que bloqueara su móvil, para después alzar la mirada hacia el interior del aparato, quedándose un poco sorprendida. Los cinco hombres que iban dentro, sonrieron ante su turbación. Todos los ocupantes, iban apoyados con sus espaldas en las paredes de éste. Ninguno se hallaba en el centro del aparato. Y no le extrañaba… En medio de éste había colgando una enorme rama de muérdago, adornada con un flamante lazo rojo. Justo en aquel instante, su móvil pitó con la entrada de un nuevo email.
-¿Entras? –Preguntó uno, bloqueando el cierre de la puerta.
-Sí… -Se sonrojó entrando en el interior y evitando el dichoso ramillete, teniendo que rozar a todo aquel que estaba allí, para poder llegar al fondo del aparato sin haber estado en ningún instante debajo de éste. Después con la mirada baja, se dispuso a leer el email en aquel silencio un tanto incomodo.
“13:04 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Ascensor!!!!!
No sabía que el departamento de decoración estuviera inundado de bromistas.
¡Ten cuidado en el ascensor! No me di cuenta, y me puse debajo del muérdago que han colocado. Tuve suerte de que fuera el señor Harper, jefe de mantenimiento quien me diera el beso y en la mejilla. Llega a ser otro y prueba mi bolso mortal. Que hoy llevo uno grande y cargado… Jejeje.
Andrea.
Ante aquellas palabras no pudo esconder la sonrisa que le vino al rostro. Para aumentarla más, cuando en la tercera planta el ascensor se volvió a detener para recoger a más personas. Quienes también se quedaron a lo primero algo confusas ante lo que tenían delante suyo.
-Bueno… -Habló la mujer mayor que iba detrás del todo del grupo, mientras se colaba entre ellos y accedía la primera-. Si todos tenéis miedo… Ya me pongo yo debajo –Se alzó de hombros-. A mí edad, una ya esta curada de espantos.
-Venga aquí preciosa –Rió uno de los hombres jóvenes, rodeándola por sus hombros y besándole en la mejilla-. Feliz Navidad.
-Gracias hijo –Se sonrojó un poco la mujer-. Hay que ver que tontas sois las jovencitas de hoy en día… -Comentó con buen humor, consiguiendo que llegaran al vestíbulo envueltos todos en risas.
Aún sonriendo se acercó a la puerta giratoria, donde se hallaba Andrea esperándola mientras miraba su móvil. Sin darse cuenta que se había vuelto a posicionar casi debajo de otra rama de muérdago. ¿Pero quien había sido el gracioso de gastar aquella broma aquel año?
-Así que te han besado… -Bromeó cuando llegó a su lado.
-Sí –Alzó la mirada del móvil con gesto de fastidio-. Suerte que estaba el pobre hombre allí, ya me veía a Thom de informática encima mío con aquella gran oportunidad. ¿Tú no tuviste incidentes?
-Hubo broma con ello, pero tuve suerte… -Sonrió un poco-. Primero me pido comer, que tengo hambre.
-No nos dará tiempo –Hizo puchero con los labios la otra chica.
-Que sí tonta –Se anudó bien la bufanda, para salir al frío de la calle-. Nos compramos en Jeffrey’s un buen bocadillo y…
-Me apunto –Interrumpió una voz masculina muy conocida por ellas dos-. Mi estomago esta protestando…
-No creo que haya ningún problema Jean-Paul… -Sonrió Rose girándose al alto hombre-. ¿Verdad Andrea?
-No… No… Bueno –Se puso un tanto nerviosa-…. Será tiempo justo, pero…
-¿Qué tenéis menos tiempo para comer? –Preguntó mirando a la joven completamente azorada.
-No lo creo, tienen tres horas como muchos de aquí… -Interrumpió una voz nueva que no le hizo ninguna gracia a Rose.
-Hola Andreas –Saludo el otro hombre-. Se van a comer a Jeffrey’s un buen bocadillo, yo me apunto. ¿Tú que vas hacer?
-Bueno, pues…
-No creo que su paladar esté acostumbrado a esos sabores –Gruñó por lo bajo Rose, mientras que observaba como su amiga alzaba los ojos al cielo con cierto pesar.
-¿Qué le ocurre a mí paladar? –Rió-. Creo que tu también eres de buena cuna… -Alzó una ceja.
-Cierto –Lo miró con prepotencia-. Pero resulta que no soy igual que tu, a suerte mía…
-Y no sabes lo mucho que me alegro de ello –Le guiñó un ojo provocando que todos rieran menos ella.
-¿Qué has querido decir? –Frunció el ceño al tiempo que llevaba sus manos a la cintura, en señal de que comenzaba a enfadarse.
-Vamos Rose –Suspiró su amiga, dando un paso al lado para indicarle que se marcharan-. Solo están bromando. No te enfades en el día de noche buena.
-Si yo no me enfado –Dijo con pesar-. ¿Y acaso ocurre algo por enfadarse uno en el día de hoy?
-Hoy, empieza la magia de navidad –Habló Jean-Paul-. Son días que deben estar envueltos de alegría y amor.
-Otro enamorado de la navidad –Gruñó por lo bajo ella-. Harías muy buena pareja con Andrea –Sonrió divertida-. A ella le encantan todas las tradiciones de estos días. Estoy segura, que es la única del edificio que le ha visto el lado bueno a todo el muérdago que hay colgado por el edificio… Sino, mira como se ha vuelto a posicionar debajo de una rama –Rió ante la sorpresa de la chica al ver con horror que era cierto-. ¿Nadie hace nada? –Alzó una ceja en dirección a los hombres, provocando que Andrea aún abriera más los ojos al tiempo que se sonrojaba al máximo.
-¿Qué quieres que hagan? –Dijo entre dientes su amiga, al tiempo que la miraba con chispas en los ojos-. Será mejor que vayamos marchan… -Se apagaron sus palabras cuando Jean-Paul impulsado por Andreas, atrapó los labios de la sonrojada chica en un beso contenido de pasión.
Había sido todo muy rápido. Pero había visto como los dos hombres se miraban y el imbécil de Andreas, le guiñaba un ojo a su amigo poco antes de darle un suave empujón hacía donde estaba su amiga. Una vez que sus labios se separaron con cierta incertidumbre, había sido ella quien había notado un fuerte tirón de su brazo, para ser introducida en la puerta giratoria. Volviendo a notar otro tirón aún más brusco, elevándolas un momento al aire y luego haciendo que cayeran de un golpe seco al suelo. Soltaron un fuerte quejido ante sus huesos doloridos, sin comprender que había ocurrido para encontrarse las dos tiradas en el suelo mirando al techo de la puerta, como si hubieran recibido un fuerte placaje.
-¡Estáis bien! –Escuchó como preguntó Jean-Paul un tanto nervioso.
-Dios… -Gimió incorporándose un poco Rose-. ¿Qué ha pasado? –Se giró a mirar a una sonrojada Andrea.
-Te dije que hoy mi bolso podía resultar mortal –Soltó medio avergonzada y ocultando una sonrisa.
-¿Tu bolso? –Frunció el ceño, al tiempo que miraba atrás y veía como efectivamente la puerta giratoria estaba atascada por el enorme bolso de su amiga. Dentro estaba la cinta y afuera el resto… Era obvio que habían pasado demasiado tarde por el hueco-. Vaya, se libra Thom de él pero no nosotras –Comenzó a reírse a carcajada Rose, no notando como era observada atentamente por Andreas con un brillo divertido en sus ojos.
-¿Si me dejáis soltarle la cinta, creo que la puerta volverá andar? –Pidió Jean-Paul riéndose.
-Vale –Aceptaron incorporándose del suelo al tiempo que soltaban algún gemido a causa del fuerte impacto que se habían dado.
No le había quedado más remedio, que aceptar que el idiota de Andreas fuera con ellos a comer un bocadillo. Se lo debía a Andrea… Bueno no, después del dolor que tenía ahora en la rabadilla de su trasero a causa de su bolso asesino. Esa pensaba cobrársela algún día… Pero valía la pena. Y además, de algo había servido todo aquel muérdago desperdigado por el edificio. Aquellos dos se habían sentado juntos y parecía que había cierta conexión entre ellos después de aquel robado beso. Se alegraba por su amiga y además, hacían muy buena pareja.
-Hacen buena pareja… -Susurró Andreas cerca de su oído, a decir verdad, demasiado cerca para su sistema nervioso-. Ahora va ha resultar que soy Cupido –Soltó una pequeña risa.
-¿Cómo? –Se giró a mirarlo de forma escrutadora al tiempo que lo comprendía todo-. ¡Has sido tú! –No pudo evitar exclamar, logrando que la parejita de tortolitos les prestara atención.
-¿Qué hiciste ya, amigo? –Preguntó un Jean-Paul visiblemente feliz.
-Ordenar que colgaran el suficiente muérdago por todo el edificio –Admitió riéndose a carcajada al ver la cara de los dos que estaban enfrente de él.
-Vaya… -Susurró Andrea no pudiendo evitar el sonrojarse un poco al recordar el beso de su acompañante.
-Muy buena idea –Lo felicitó Jean-Paul, pasando su brazo por encima de los hombros de la chica.
-Difiero en ello –Habló Rose con cierto fastidio-. Me gustaría saber el resultado final del día, en el recuento de ojos morados y personas felices por esa decoración estúpida.
-De momento va ganando personas felices –Soltó un sonriente Jean-Paul.
-¡Ha! –Se rió con cierto sarcasmo Rose-. A Andrea la ha besado el jefe de mantenimiento en la mejilla, pero ella no estaba muy contenta…
-Bueno yo… -Protestó la joven sonrojada.
-Pobrecita, hoy a sido una mañana un tanto rara –Le dijo con cariño Jean-Claude acariciándole la mejilla.
-Tenemos un empate entonces –Rio Andreas.
-Nada de eso –Lo miró con jactancia ella-. Te recuerdo la caída que hemos sufrido las dos a causa también de tus ramilletes.
-Rose no seas así –Protestó su amiga veloz-. Y Andreas tiene razón, hay un empate… -Soltó un poco nerviosa, ante la mirada asesina de su amiga por apoyar al hombre-. Me dijiste que en el ascensor había habido un buen momento de risas a causa del muérdago.
-Traidora –Masculló entre un rechinar de dientes, provocando la risa de los dos hombres.
-Entonces vamos dos a dos –Señaló Andreas.- Hoy en la fiesta de la empresa, si quieres podemos poner una pizarra en donde ponga bofetadas y en otra besos aceptados. Al finalizar la noche, veremos quien gana.
-Eso es de niños –Protestó no muy segura de aceptar.
-Cobarde –La atacó él risueño.
-No vas a picarme Andreas –Habló empleando mucha seguridad, cuando en verdad era toda fingida.
-No lo veo mal, si en verdad apostáis algo –Volvió a meter la pata Jean-Paul.
-No pienso prestarme a nada en donde éste simio participe –Se quejó Rose, provocando que el otro hombre riera ante la comparación que había utilizado para su amigo.
-¡Rose! –Se alarmó su amiga ante su comportamiento.
-Me apuesto una velada romántica conmigo –Sugirió Andreas con un brillo curioso en la mirada-. En donde recibirás un beso mío si yo gano.
-Ni en mis últimos segundos de vida, pasaría una velada romántica contigo –Escupió con rabia-. Y menos dejar que me beses –Sus miradas chocaban entre aquellas palabras.
-Te prometo que no tendrás queja alguna de mis besos –Siguió mirándola fijamente-. No soy ningún pulpo baboso como tantos otros.
Callada. No se atrevió a decir nada por unos largos segundos, ante el juego de palabras que había soltado él. Por que sabía perfectamente, que por su tono aquello había sido como una especie de provocación o prueba. Miró un momento a su amiga, y vio que ésta también tenía el ceño fruncido.
¡Oh dios mío! De repente abrió sus ojos como platos. Él lo sabía. Él había leído el email… Tenía que salir de allí. Sí, eso era…
-¡El vestido! –Exclamó de repente, provocando que todos dieran un pequeño brinco en la silla por tan repentina exclamación-. Mira que hora es –Habló dirigiéndose a su amiga-. Como no vayamos ya, se nos hará tarde para encontrar un vestido para esta noche… -Se levantó de la silla y en menos que cantaba un gallo, se abrochó su abrigo.
-Es verdad… -Dijo nerviosa Andrea-. Habíamos quedado en un principio para ello –Miró un momento a Jean-Paul, pidiéndole disculpas por tan pronta marcha.
-No ocurre nada preciosa –Le guiñó este un ojo-. Luego me paso por tu departamento, nosotros invitamos a la comida.
-Gracias –Sonrió con dulzura Andrea, para ser de pronto arrastrada hacia la puerta.
-Gracias chicos –Se despidió Rose sin mirar atrás.
-Hasta luego, Rose… –Dijo en plan amenaza Andreas con tono seductor.
***
Cuando ya llevaban media calle lejos del bar, fue Andrea quien dio un pequeño tirón de su brazo para poder soltarse de la mano de su amiga que aún la tenía sujeta con demasiada fuerza.
-¡Hay me estas matando! –Se quejó mientras se frotaba la zona dolorida y la miraba con el ceño fruncido.
-Lo siento –Resopló desesperada, emprendiendo la marcha a un paso más relajado nada comparado al estado que estaban sus nervios-. ¿Pero has visto eso, verdad?
-Creo que sí –Señaló con cierta duda-. Pero también podía estar refiriéndose al tema en general. Normalmente se suele utilizar esa característica mucho… -Intentó utilizar como excusa.
-No lo creo… Creo que el muy canalla ha leído mi email desde el móvil. No caímos en ese punto… Sabes que en el ordenador no queda marcado como leído… Dios, volvamos al edificio ha entregar mi baja voluntaria…
-Ni hablar –Se plantó con los brazos cruzadas y mirada seria-. No voy a dejar que hagas esa estupidez.
-Que más da, si ya cometí una esta mañana –Se alzó de hombros con mirada perdida-. Míralo por el lado positivo. Tengo suficientes conocimientos y trabajo a demostrar, para poder progresar en otra empresa lejos de aquí… Podría ser en Italia… No, Italia no… Que queda cerca de Grecia y éste viaja mucho allí de vacaciones.
-Quieres parar de decir tantas estupideces –Soltó su amiga sulfurada-. Deja de ser cobarde y afróntalo de una vez.
-Para ti hoy resulta todo muy fácil, dado que ahora mismo estas en una nube de felicidad… -Sonrió un poco dentro de su amargor-. Que por cierto, felicidades por el triunfo con Jean-Claude.
-Gracias –Sonrió de oreja a oreja-. Quien lo iba a decir, él y yo… Ves como la vida da muchos giros inesperados –Le dijo mirándola con cierta expectación-. Acepta que aún sigues enamorada de él. Y no juzgues aún si él lo sabe o no… Espérate a que el día toque su fin.
-No lo se Andrea –Dijo con duda-. Hay algo en él, que me pone nerviosa…
-Ya sabes lo que es tonta –Rió su amiga-. Y ahora, deja de pensar en ello y vayamos a mirar ropa. Por que tu también vas a mirarte algo para esta noche, a mi no me dejas sola. Y sabes que tus padres y hermano también acudirán a la fiesta. No puedes negarte el asistir.
Cuatro y siete minutos, marcaba el reloj de su ordenador cuando se sentó en su escritorio. No quería estar allí… Pensó mirando a su alrededor. Se pensaba que era mucho más fuerte, pero por la velocidad que alcanzaban sus pulsaciones, comprobaba que no era así.
Las tres horas pasadas habían sido un suplicio, con el encuentro de Andreas y averiguar que él lo sabía todo. Ni siquiera su amiga había podido apaciguar su estado nervioso. Aquello era tarea imposible… El saber que en las próximas tres horas, éste podía aparecer. ¿Para qué? Ni idea… Pero de seguro que algo tenía en mente. Como una posible venganza, por su carácter hacia él en todo éste tiempo. Bien podía acudir con ello a su hermano o padres… aquel bochorno no creía que pudiera soportarlo. Y estaba segura, que si decía algo sería aquella noche en la fiesta que procuraba la empresa a todos los trabajadores y familiares, después de que hubieran cenado en sus casas.
Tan nerviosa estaba, que ni sabía la prenda de vestir que llevaba en aquella bolsa, para asistir a la fiesta de la noche. Andrea había sido la encargada de proporcionarle cosas para llevarse al probador, y quien había decidido el modelito adecuado para lucir. Miedo le daba introducir la mano y ver lo que era. Y por increíble que pareciera, tampoco se acordaba lo que ella había comprado para sí misma…
Tenía que salir de allí. Marcharse a su casa… Podría llamar a la oficina de recursos personales, y mentir que se marchaba a su casa alegando algún malestar estomacal. Aquello era difícil de detectar a simple vista. Y podría incluso emplearlo como excusa aquella noche en casa de sus padres, para poder excusarse y no acudir a la fiesta con ellos… Cenaría apenas nada, y cuando ellos se marcharan si tenía hambre cenaría en condiciones delante de la tele, con una buena película comprada en el canal de pago.
Era un plan cobarde, pero al fin y al cabo se trataba de un buen plan. Una pequeña cortina en la esquina de la pantalla del ordenador, le avisó de un nuevo email.
“16:14 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Plan de la noche.
Deja de parecerte a una tetera.
Se que tu cabeza le esta dando mil vueltas a la idea de escaquearte de esta noche. No va a ser posible.
Y por nada del mundo, digas que estas enferma. Demuestra que eres una mujer valiente. Acude ésta noche a la gala con ese vestido revelador, y haz que algún chico caiga a tus pies, para que tu adonis vea lo que ha tenido delante siempre.
Luego me escaqueo y te paso hacerte una visita.
Andrea.
¿Vestido revelador? ¿Pero qué diantres había en aquella bolsa? Se giró sobre sí misma en la silla giratoria, para mirar tras de sí la bolsa que había apoyada contra el ventanal. Era de su tienda favorita “Habanna”… Frunció el ceño seguidamente, al saber que bien podía ser algo atrevido, moderno o clásico, pues era una tienda que vendía diferentes marcas con diferentes estilos.
-Genial –Soltó en voz alta con cierto fastidio, al ver que su amiga se había aprovechado de su estado. Tomaba nota mental, para devolverle más adelante aquella jugarreta… Pero ahora, tenía que averiguar cuan revelador era lo que había en aquella bolsa.
-Rose… -Interrumpió Chantal, dando dos golpes en su puerta y abriendo-. Demetrios pide si puedes acudir un momento a su despacho.
-¿Sabes para que es? –Preguntó notando como sus pulsaciones comenzaban acelerarse.- ¿O si hay más gente citada en su despacho?
-No, solo tu eres la citada –Sonrió la chica-. Tiene una media hora libre en su agenda, y me ha pedido que venga a buscarte.
-Muy bien –Resopló cerrando su correo y apagando la pantalla de su ordenador-. Pues vayamos a ver que desea el mandamás –Bromeó, poniéndose de pie y echando un último vistazo a la bolsa que dejaba allí, la cual contenía un misterio para ella, para seguir a Chantal hasta el despacho supremo de la empresa.
¿Para qué la hacía buscar? ¿Tendría algo que ver con Andreas? O lo peor de todo… Como debía comportarse si el muy idiota, también se hallaba citado. Se detuvieron delante del ascensor, en espera de que llegara aquella planta. Y aquello no le hacia ninguna gracia, pues desde allí, era blanco perfecto si él se hallaba en su despacho y salía afuera, para entregarle cualquier cosa a Margarite.
-¿Si quieres vamos por las escaleras y así no esperamos mucho?- Sugirió cruzando los dedos mentalmente.
-No te preocupes –Le guiñó un ojo, levantando su brazo para mostrarle un paraguas enorme-. Vengo bien preparada.
-¿Desde cuando han trasladado la oficina a la azotea? –Preguntó con el ceño fruncido sin comprender aún-. Y que yo sepa, no esta lloviendo.
-¡Rose! –Rió Chantal-. No seas tan bromista… Sabes que esto –Volvió alzar el paraguas-. Es para defenderse una, de los listillos aprovechados del muérdago…
-¡OH! –Abrió los ojos de asombro.
-Una cosa son besos inocentes –Siguió hablando la chica-. Y otra los manoseos… Pero cuando pille alguno de decoración… -Comenzó la amenaza, siendo interrumpida por Rose.
-Andreas –Soltó su nombre-. Ha sido él quien lo ha sugerido y ordenado.
-¿Perdona? –Se giró a mirarla sorprendida.
-Cuesta creer, pero es cierto… -Rió ante la sorpresa de la joven-. Y esta noche en la fiesta, se que habrá una pizarra para que votes sobre ello.
Las puertas del ascensor se abrieron, para mostrarle con horror que dentro de él iba a quien no quería volver a ver jamás en la vida. Y para empeorarlo aún más, no se apartaba del fondo del aparato. Aquello solo podía significar, que subía también tres plantas más arriba para ver a su padre.
¡Por el amor de dios! No estaban en Viernes trece, ni se le había cruzado un gato negro. Y nunca cruzaba por debajo de una escalera por seguridad propia, más que por superstición. Y si mal no recordaba, aquella mañana había pisado el suelo con los dos pies al salir de la cama… ¿Entonces, porque le estaba sucediendo todo aquello? Iba a meterles una demanda a los que escribían el horóscopo que leía su amiga. En vez de tantas tonterías de encontrarse con el amor de su vida, deberían haberle indicado que no se levantara de la cama.
Pudo ver el cambio que se operó en el rostro del hombre, cuando reparó en su presencia. Su expresión adquirió un brillo de diversión. El muy canalla, quería disfrutar con aquel conocimiento.
-Buenas tardes chicas –Las saludó con simpatía-. Podéis pasar con tranquilidad, que hay sitio de sobras para los tres.
-Yo que tú no estaría tan seguro de ti mismo –Indicó Chantal empujándola al interior con suavidad-. Puede que tenga que emplear mi paraguas con tu persona.
-¿Tu paraguas? –Preguntó el hombre sin comprender, y mirando el complemento que llevaba en las manos.
-Me han informado que eres el único culpable de todo el muérdago del edificio –Se detuvo delante de él, mientras las puertas del ascensor se cerraban y comenzaban a subir lentamente.
-Lo admito –Le guiñó un ojo, sin dejar de observar por el rabillo del ojo a Rose, que se hallaba al lado del panel en silencio y dándole la espalda.
-Por tu culpa, llevo el paraguas a todas partes del edificio conmigo –Protestó la chica.
-¿Tan mal se portan los hombres del edificio? –Preguntó sin ocultar la sonrisa en todo momento.
-Siete… -Puntualizó levantando el tono-. Siete son los intentos de besos que eh tenido que esquivar en la mañana –Señaló un poco indignada.
-¿Han intentado propasarse? –Se interesó con tono más serio.
-No, de momento todos han sido dirigidos a mis mejillas… Pero sus miradas no decían lo mismo…
-¡Mujer! –rió el hombre de pronto-. ¿Y por ello llevas el paraguas? Es normal que quieran sacar un poco de provecho… Eres una de las solteras y atractivas de la empresa –Indicó con tono seductor-. Puede que alguno sea un tanto tímido para pedirte directamente el tomar una copa, y quiera ver directamente tu reacción dándote un beso en… ¡Hay! –Se quejó de repente, justo al tiempo que el ascensor se detenía y abría sus puertas a una planta de la del mandamás. Las tres personas que querían subirse en él y Rose, se quedaron mirándolo fijamente-. ¿Pero por qué me atizaste con eso? –Protestó Andreas, con el ceño fruncido mientras las personas ya entraban dentro aguantándose la risa.
-Porque te lo mereces –Replicó-. Menudo revuelo has causado en todo el edificio con los dichosos ramilletes…
-Ahora comprendo porque sigues soltera Chantal –volvió a bromear Andreas-. A ti no te hace falta ningún guarda espadas… Y tampoco preocuparte tanto por ser asaltada…
-Andreas que recibes nuevamente –Amenazó sin poder ocultar una sonrisa-. Admite, que de esto solo vais a sacar buen provecho los hombres… Nosotras no somos tan… Ya me entiendes.
-Créeme, que alguna mujer ha sacado provecho de ello –Dijo alto y claro, para que lo escuchara quien él quería-. Esta noche, veremos quien tiene razón Chantal –Señaló dando unos pasos para posicionarse al lado de Rose, y poder ser el primero en bajar cuando el ascensor abriera sus puertas en la última planta.
-¿Y se puede saber a qué ha venido ésta broma? –Siguió preguntando la secretaria de su padre.
-Es navidad –Dio como única respuesta, dejando a la chica delante de su escritorio y caminando hacia el pasillo que llevaba al despacho de su padre.
-¿Navidad? –Repitió incrédula-. Algo me dice que hay más… -Miró a Rose-. ¿Tú qué opinas?
-Que no quiero más complicaciones en mi vida –Se alzó de hombros, sin gana alguna de ir hacia el despacho.
-Chica lista –Sonrió sentándose tras el escritorio-. Ya puedes pasar al despacho, no creo que le importe a Andreas tu interrupción –Señaló posicionándose el auricular con el micro en la cabeza.
-¿Estas segura? -¡Dime que no! Suplicó con su mente.
-Sí, Andreas siempre me advierte cuando no quiere ser molestado… Adelante, antes de que llegue la reunión que hay programada en unos veinte minutos.
-Muy bien… -Aspiró aire con fuerza y caminó por el pasillo, hasta llegar a la última gran puerta doble color caoba. Esperó un segundo y alzó la mano para llamar, escuchando como le daban permiso.
Allí dentro, solo estaba Demetrios…
-Hola preciosa –Sonrió el hombre mayor levantándose tras el escritorio y acercándose a ella.
-Hola Demetrios –Sonrió para darle un beso en la mejilla, frunciendo el ceño al no verlo por ningún lado-. ¿No estaba aquí Andreas?
-Esta en el baño –Rió-. Se sentó encima de mi escritorio, volcándose en el proceso un café que había ahí… -Volvió a soltar otra carcajada-. Digamos que se ha manchado un poco…
-¿Solo un poco? –Habló el aludido, apareciendo allí con una enorme mancha oscura en su muslo derecho y parte de su ingle-. No se si tengo ropa de recambio… -Rebufó un poco molesto volviendo a frotarse en la mancha.
-¡Madre mía! –Rió el hombre mayor-. Si ahora es más grande… ¿Qué hiciste?
-Ni una risa más –Lo amenazó con el dedo y mirándola también a ella, para ver que esta también se estaba aguantando la risa-. Y a ti también gallina…
-Idiota –Lo insultó desapareciendo de sus ojos el brillo de diversión-. Te lo mereces.
-Tengamos calma –Intervino Demetrios, volteando los ojos al techo al ver que aquellos dos seguían siempre igual-. Suerte que no sois hermanos –Suspiró-. Habría sido una adolescencia llena de peleas y gritos…
-Sí, suerte que no eres mi hermana –Le guiñó Andreas un ojo-. Sino, la apuesta no sería para nada divertida eh interesante.
-¡En ningún momento dije que aceptaba la apuesta! –Se cruzó de brazos.
-Apuesta… -Los miró a los dos alternativamente-. ¿Qué apuesta? Diez segundos después, Demetrios aún seguía mirando a los dos jóvenes en espera de una respuesta. -No tengo todo el día –Señaló cruzándose de brazos.
-Ni yo tampoco lo tengo para estúpidas apuestas –Subrayó Rose.
-¡Entonces sí tenéis una apuesta! –Volvió a indicar Demetrios.
-Nada serio papá –Rió Andreas-. Tranquilo que con ello no vamos a tirarnos ningún plato a la cabeza.
-¡Ha! –Rió ella con sarcasmo-. Yo no apostaría por ello.
-Si Rose quiere tirarte algo a la cabeza, es que resulta un tanto serio.
-Lo único que le ocurre a nuestra pequeña Rose, es que aún no me eh puesto a domarla, por así decirlo…
¡Plas!
Sonó bien fuerte la bofetada que le propinó ella a él, sin ningún reparo en que se hallara allí presente el padre de Andreas. Y dolerle tenía que dolerle, porque le picaba la mano un poco y se veía una leve marca de sus dedos en la mejilla masculina. ¡Pero se lo merecía! Sabía por donde iban los comentarios que estaba soltando. ¡Maldito email, los problemas que le estaba ocasionando aquel día! Y era obvio, que Andreas quería sacar provecho de su error. ¿Oh podía ser ella la mal pensada y simplemente era el ataque verbal de toda la vida? ¡Joder, ya no sabía que pensar! Porque el muy mal nacido, aún seguía manteniendo el brillo de diversión en sus hipnotizadores ojos.
-¡Rose! –Exclamó Demetrios sorprendido.
-Discúlpame –Miró con cierto furor al hombre mayor-. Pero hay ocasiones en las que se lo merece… Y por alguna extraña razón, siempre se ha librado. Pero hoy no.
-No te preocupes papá –Seguía sonriendo como si nada-. Sabes que me gusta ver carácter en las mujeres –Guiñó un ojo a la chica, consiguiendo que aún se sulfurara más.
-Yo lo único que creo –Dijo empleando humor-, es que deberíais de hacer una pequeña visita a un consejero matrimonial.
-¡Cómo! –Exclamó Rose escandalizada-. ¿A qué viene esa tontería?
-No lo creo –Rió el joven-. Para mi lo adecuado sería un fin de semana en una misma habitación. Como se hace con los perros y gatos…
-Saldrías con los ojos morados –Rió el padre.
-Suerte que tienes de librarte, con las ratas no se hace eso –Escupió ella, logrando que aún riera Demetrios más fuerte-. Y parad ya de tantas tonterías. Lo único que me iría bien, sería fabricarme un repelente para que no me molestara más. ¿Y consejero matrimonial? Eso es para parejas formadas con algo de seriedad. Creo que tu hijo desconoce el significado de ello –Chinchó nuevamente provocando que Demetrios riera con lágrimas en los ojos. Pero la interrupción de Chantal, hizo que este se calmara en un segundo.
-Siento interrumpir, pero tu reunión está subiendo por el ascensor.
-Gracias Chantal, ya saldré yo ha recibirlos –Indicó con amabilidad.
-Muy bien… -Respondió mirando a Andreas-. ¿Quieres que busque baberos tamaño XL, o te sentirás avergonzado con esa talla? –Soltó con cierta burla.
-¿Quieres que desvíe todo el muérdago alrededor de tu mesa y lo anuncie? –Dijo levantando una ceja con humor.
-¿Te fijaste que mi paraguas acaba en punta afilada y es de acero?
-No se supone que es todo paz en estos días –Volvió a reír su padre-. ¿Cómo es que te liaste con apuestas, bofetadas, muérdago y paraguas con punta afilada? –Andreas se alzó de hombros.
-¿Bofetadas y apuestas? –Se interesó la otra chica.
-Fue Rose –Rió Demetrios-. Y creo que lo hizo por no tener tu paraguas a mano.
-Bien hecho –La miró con orgullo Chantal-. Se lo merecía.
-Ver para creer –Se carcajeó el hombre-. Existen mujeres que te odian. Se lo tengo que decir a tu madre.
-¿Y qué apuesta es esa? –Insistió la joven.
-Una tontería –Respondió con rudeza Rose-. No resulta para nada interesante.
-Yo estoy en desacuerdo contigo –Bromeó Andreas.
-Chantal –Llamó mirando de reojo al hombre-. ¿Me puedes prestar tu paraguas?
-Alto, alto… -Intervino el hombre mayor-. Es navidad. Dejarlo para después de fiestas. Y me gustaría tener la alfombra limpia para la reunión que tengo ahora.
-Que suerte tiene el niño, por trabajar con papá y ser salvado por él –Volvió a bromear Chantal desapareciendo de allí.
-¡Esta noche no te libras! –Exclamó Andreas en amenaza divertida a la joven-. Yo voy a cambiarme. Hasta luego Rose –Volvió a guiñarle un ojo de manera picarona.
-¿Y a mí para qué me llamaste? –Preguntó ignorando al joven.
-¿De verdad qué no quieres comentarme nada? –Inquirió alzando una ceja.
-Demetrios, créeme que no hay nada que contar –Suspiró con cierto agobio.
-Muy bien, aceptaré tus palabras –Sonrió con cariño-. Quería que me dieras tú opinión, sobre unas pulseras que compré para mi mujer, tú madre y Chantal para dárselas en el día de hoy por la noche –Informó ilusionado yendo a sacar el paquete del cajón de su escritorio y poder mostrárselas.
-¡OH! –Exclamó con admiración-. Son preciosas –Se acercó a mirar los cuatro modelos que habían en el estuche-. ¿Cómo que cuatro? –Frunció el ceño.
-Es que esas dos son más para jóvenes como tú y Chantal, no sabía escoger –Dijo algo nervioso.
-Pues con todas ellas acertaras –Sonrió-. Son todas preciosas.
-¿Sí? –Preguntó con duda.
-No te preocupes, decidas lo que decidas darle a cada una, quedarás como un rey –Habló con ternura.
-Muchas gracias pequeña –La abrazó.
-No hay de qué –Se alzó de hombros.
-Es que tú también conoces el gusto de esas dos viejas –Le guiñó un ojo.
-Eso sí que es verdad, pero no quiero saber nada de cómo las llamas –Rió-. Bien… Te dejo que creo que ya habrá llegado tu cita.
-Muy bien –La acompañó hasta fuera del despacho-. Nos vemos ésta noche –Se despidió de ella.
Una vez que salió de allí decidió bajar por las escaleras en vez de subirse al ascensor. Sería más seguro y tan solo eran tres plantas. Además, como quería ir al baño y éstos estaban en cada planta en la sección de las escaleras de emergencia, aprovechaba el viaje.
Un rato después, estaba lavándose las manos cuando su móvil pitó por un email entrante. Seguro que Andrea. Se secó las manos bien y sacó el aparato de su bolsillo. Sí, era ella sonrió ante lo que iba leyendo.
“16:46 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Otra vez!!!
Decidido, voy a ir al veterinario a que me den un chip identificativo para ti. ¡No paro de perderte!
Me acerqué a tu despacho como te dije y no estabas. Te esperé como buena amiga unos quince minutos y nada…
¿Al menos podrías avisarme que te mueves? Hoy a pesar de no ir al gimnasio al mediodía, estoy haciendo ejercicio. Fui por las escaleras. ¡Y no soy la única! Je, je… Es impresionante la de chicas que te encuentras ahora circulando por ahí. Los de decoración no cayeron en esa zona.
Te toca bajar a verme.
Andrea.
Ir a su despacho, iba a ir… Pero después de haber mirado el modelito que guardaba la bolsa que había en su despacho. Por si había que agarrarla del cuello, así aprovechaba un solo viaje. Pero antes le respondía, para que no volviera a inundarla de emails como había sucedido aquella mañana.
“16:48 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose
Para: [email protected]
Asunto: RW: Otra vez!!!
El chip te lo regalaré yo, pero no el de gps… Sino uno de descargas eléctricas, para cada vez que me reniegues. ¿Desde cuando te volviste una vieja renegona? ¿No se supone que los primeros días del amor todo es felicidad?
Ahora me pasaré por tu oficina, vengo de estar con Demetrios. Pero quiero mirar un momento qué puñetas me obligaste a comprar para ésta noche. ¡Seguro que te aprovechaste de mi estado de confusión!
Dame cinco minutos, para decidir que hacer contigo.
Rose.
Iba abrir la puerta del despacho, cuando su móvil volvió avisarle de un nuevo email. Seguro que la respuesta de Andrea. Decidió detenerse y leerlo… Seguro que era una excusa para que no viera la prenda.
“16:46 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Demetrios!!!
¿Qué puñetas fuiste hacer a la planta alta?
Rose, Rose… Espero que no le hayas entregado en mano una solicitud de renuncia. Como sea así, te frío el cerebro con el chip que me vas a regalar.
¡Y no te preocupes por el vestido de la bolsa, tienes cuerpo para lucirlo!
Andrea.
-¿Si te doy un beso por estar bajo el muérdago, me volverás atizar? –Preguntó Andreas a su lado provocando que chillara por el susto.
-Idiota –Lo fulminó con la mirada-. ¿Acaso quieres matarme?
-¿No era al revés? –Indicó divertido.
-Imbécil –Escupió abriendo la puerta de su despacho y entrando.
-El día que dejes de insultarme, puede que luego lo eche en falta –Rió entrando dentro del despacho.
-¿Acaso vislumbras ese día? –Rió con falsedad.
-Nunca se sabe las sorpresas que te trae la vida –Guiñó un ojo provocando.
-¿Venías a buscarme para algo? –Preguntó seria, intentando ocultar que por dentro estaba como un flan de nerviosa.
-Para muchas cosas –Volvió a mostrar esa sonrisa-. Pero no se cual de ellas coger primero.
-Sino resultan importantes, te aviso que tengo cosas que ir hacer –Soltó un suspiro completamente exasperada ante su presencia allí.
-¿Algo que ver con el email que estabas leyendo? –Sugirió alzando una ceja.
-Vaya –Rió con mofa-. Los años están pasando para ti. Te estas convirtiendo en un viejo curioso.
-Yo más bien diría en un madurito interesante –Rió acercándose al gran ventanal para mirar por él.
-Claro que sí –Volvió a chinchar-. Hay que ir mirando con gran pesimismo la era de la viagra. Cada vez te acercas más.
-Rose –Se giró a mirarla con las manos en los bolsillos-. No hables de lo que careces de experiencia –Dijo sabiendo que era una provocación hacia ella.
-Mira niño guapo –Alzó una mano para amenazarle con el dedo, pero tuvo que callar al sonar el teléfono de la mesa. Respiró, y contestó-. ¿Sí? –Su semblante se calmó al escuchar a su amiga tras la línea-. Dime Andrea… -Bajó un poco el tono y le dio un momento la espalda al hombre, pero justo antes de colgar volvió a mirarlo para escandalizarse al instante-. ¡Serás cabrona! –Exclamó furiosa a su amiga. Al ver como Andreas sujetaba con mirada sorprendida lo que había en la bolsa-. ¡Cómo has dejado que me comprara eso! -¡Maldito fuera aquel día! Se volvía a repetir mentalmente. Que ganas tenía que tocara fin. Se miró el reloj de pulsera, y comprendió que por la hora que era temía que no llegaría con el suficiente tiempo de poder cambiarlo. Y dudaba que pasadas esas fechas, aceptaran cambiarte ropa de gala para fiestas- ¡Ahora no intentes excusarte! –Exclamó verdaderamente enfadada-. No se como has podido… ¡No estoy ciega! Me encuentro delante de él. Resulta un poco más corto de lo habitual y es muy…
-¿Sexymente revelador? –Indicó Andreas alzando las cejas al tiempo que silbaba, sin soltar aún la pequeña prenda de color negro y transparente en casi todas partes.
-¡Quieres soltar el vestido y largarte! –Escupió con veneno por rabia a qué hubiera visto aquello-. No era a ti –Se excusó hacia su amiga-. Se halla aquí Andreas, revolviendo en lo que no debe. ¡Y no te desvíes ahora de camino! –Se adelantó sabiendo que su amiga querría saber aún más de su presencia allí.
-Que yo recuerde, nunca eh visto que fueras tan atrevida –Le guiñó un ojo divertido-. Pero tampoco es para que crucifiques a tu amiga Andrea… Lo ha hecho con toda su buena voluntad.
-¿Aún sigues aquí? –Frunció el ceño-. ¡Y tú no lo defiendas! –Volvió a gritarle al aparato de teléfono-. Ya te dije que tengo cosas que hacer.
-¿Cómo ir a cambiar éste vestido? –Preguntó volviendo a guardarlo en la bolsa, mirando bien el logotipo de la tienda-. Habanna… -Leyó en voz alta-. Voy a tomar buena nota de ésta tienda.
-Pierdes el tiempo –Masculló en un gruñido-. No tienen ropa interior para que les regales a tus ligues –Soltó con rabia al pensar en las mujeres que habían salido con él a lo largo de los años.
-Créeme que este vestido es mucho más interesante que un conjunto de ropa interior –Rió soltando la bolsa en el mismo lugar-. Si no te lo pones hoy…
-No pienso dártelo –lo interrumpió-, para que se lo ofrezcas alguna de tus amigas. Sácate tú solito las castañas del fuego.
-Iba ha decirte que te lo pusieras, para la cena si perdías la apuesta de hoy –Se acercó hasta ella para mirarla detenidamente unos segundos-. Pero no creo que lo hagas.
-Así no vas ha conseguir provocarme –Intentaba respirar, pensar, hablar y no tartamudear en ningún momento por su proximidad-. Y ya te dije en su momento, que no hay ninguna apuesta por mi parte. ¿Por qué no lo aceptas como lo hizo tú padre en un santiamén?
-Lo que me temía –Chascó la lengua-. Eres una cobarde.
-Puedes decir todo cuanto quieras, que no vas ha provocarme más. Dime qué querías y lárgate…
-Cuelga ese teléfono y te lo diré… -Le guiñó un ojo, provocando una pequeña erupción en el volcán de su estomago logrando que sus piernas casi no la sostuvieran.
-A mí no vengas a darme órdenes –Lo miró con cierto aire quisquilloso.
-Te recuerdo que soy un mando tuyo –Se cruzó de brazos.
-Pero no soy de tu propiedad –Sus ojos chispeaban por el enfado que iba creciendo en su interior.
-Tanto como eso –Rió un poco-. Yo no…
-¡Al fin te encuentro! –Exclamó aliviada Chantal, apareciendo en la puerta del despacho.
-¿No me puedes olvidar verdad, preciosa? –Bromeó éste con la secretaria de su padre.
-Más rápido de lo que tú te imaginas –Respondió con el mismo tono-. ¿Dónde tienes tú teléfono? Te llamé por lo menos unas quince veces –Soltó un tanto exasperada.
-Lo ves, Andreas –Sonrió Rose-. Los años no te pasan en balde. Hoy es la pastillita de la memoria, y en dos días la viagra… -Dijo sacándole una carcajada a la otra chica.
-Lo dejé olvidado en mi despacho al cambiarme de muda –Confesó divertido al verse nuevamente atacado por ellas dos.
-Es verdad –Se rió Chantal-. Tengo que comprarte un babero. Tu pulso ya no es tan firme…
-Os puedo despedir por maltrato psicológico –Bromeó él.
-Y nosotras denunciarte por acoso sexual con el muérdago –Se defendió Chantal.
-Pero que quejicas que llegáis a ser con el muérdago –Se alejó de Rose-. Sois las únicas que os quejáis…
-Eso es porque no has visto la circulación que hay en…
-¡Uy! –Exclamó de repente Rose-. Tengo a Andrea al teléfono… -Y le guiñó acto seguido de forma disimulada el ojo a Chantal-. ¿No venías a llevarte a esta mosca?
-Sí, tú padre te reclama –Respondió sonriendo y comprendiendo que casi metía la pata al indicar que circulaban por las escaleras de emergencia la mayoría de mujeres del edificio.
-¿De qué circulación me hablabas? –Frunció el ceño un momento y mirando a las dos mujeres con sospecha de que ocultaban algo.
-Ya no me acuerdo que quería decirte –Se excusó.
-Ya veo… Que oportuna casualidad –Rió divertido, para girarse a Rose-. ¿Me acompañas hasta el marco bajo tu puerta? –Preguntó alzando una ceja en gesto divertido y obteniendo como respuesta a ella un levantamiento del dedo corazón de Rose-. Tú madre tendría mucho que decirte, ante los modales que te ha enseñado para que seas una señorita. Solo te digo que estaré vigilándote toda la tarde… Adiós cobarde –Y desapareció de allí seguido por una Chantal curiosa por la pequeña guerra de diálogos que mantenían aquel día.
¿Qué iba a vigilarla toda la tarde? ¡A santo de qué! ¿Qué diantres habría ido hacer a su despacho? Por un momento creía que había ido a reclamarle por el bofetón que le había propinado, o una explicación de sus sentimientos hacia él. Pero estaba segura, que a aquello último él le sacaría provecho en su momento determinado. Ahora, simplemente estaba molestándola por ello para divertirse un rato. No quería ni pensar lo que ocurriría aquella noche en la fiesta de la empresa, con sus padres presentes y hermano.
Su móvil la despertó de sus pesadillas, con el sonido de un email entrante. ¡Andrea!
“17:01 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea
Para: [email protected]
Asunto: Teléfono!!!!
¿Te acuerdas de qué me tienes abandonada al teléfono?
Pero tranquila, no me importa. Nunca pensé que me vería como mi bisabuela, escuchando por un altavoz lo que ocurría en esa habitación. Parecía como una antigua novela de radio… ¡Ahora se buena chica, y ponte nuevamente el auricular al oído y dime que demonios ha sido eso! Es como si hubiera cogido la novela en el tercer capitulo…
Andrea.
Sonrió al acabar de leer el email, comprendiendo que tenía el modo de vengarse de su amiga por haberle hecho adquirir aquella prenda. Se guardó nuevamente el móvil en su pantalón y se acercó a la mesa a coger el auricular del aparato inalámbrico. Acto seguido se llevó el auricular al oído y pudo sentir como su amiga estaba allí en espera. Riendo hizo un tono musical con su voz de unos segundos de duración, para después decir unas palabras.
-Esto ha sido lo ocurrido en el capitulo de hoy. No olviden conectarse mañana a la misma hora, buenas tardes desde la planta ocho –Y le colgó carcajeándose ella sola, sabiendo que dejaba en ascuas a su amiga. Lo sentía mucho, pero tenía que escaquearse para poder llegar a tiempo y cambiar el vestido. Le dejaría una nota en la mesa, que solo ella entendiera si subía a buscarla a su oficina.
Acababa de salir del despacho de su padre, cuando al pasar por delante del escritorio de Chantal esta lo miró con el ceño fruncido y lo llamó.
-Dime preciosa –Se acercó hasta ella sonriente para apoyarse en el mostrador.
-Me han dado un mensaje un tanto raro para ti –Lo miró con duda.
-Mira que bien, lo estaba esperando –Le guiñó un ojo sonriente-. ¿Y qué dice ese mensaje?
-Que la gallina ha salido del pajar –Dijo ésta alzando una ceja-. ¿Qué gallina y qué pajar? Haber si en serio voy a tener que preocuparme por que no estés muy cuerdo ahora…
-Eso es lo que a ti te gustaría, para aprovecharte y acabar de rematarme preciosa mía –Añadió en tono bromista alejándose ya de allí hacía el ascensor-. Voy ha salir un momento, cualquier cosa avísame al móvil.
-¿Seguro qué lo llevas encima? –Preguntó alzando la voz al ver que éste se introducía en un vacío ascensor y viendo como asentía con la cabeza.
Eran casi las ocho de la noche, cuando aparcaba su coche en casa de sus padres y se bajaba de él con la bolsa de la misma tienda, pero portando en su interior otra muda nada que ver con la reveladora de antes. Por culpa de aquello, se había tenido que quedar un poco más en su despacho siendo casi de las últimas en salir. Ahora llegaba el momento de llevar acabo su actuación. Entraría, buscaría a su madre utilizando una cara de malestar para que le creyeran cuando les indicara que prefería quedarse aquel año en casa, en vez de acudir al evento de la empresa de navidad.
Cerró la puerta de la entrada principal con suavidad, para encaminarse directamente hacia el salón para llevarse un chasco al no hallar allí a su madre. Pero si la mesa preparada para tres comensales más. Era extraño que aún estuviera liada con la cena para aquella noche. Normalmente preparaba algo sencillo, para ellos tres. Pues su hermano y su esposa comían con ellos en el día de Navidad, y es cuando entonces se esmeraba mucho más con los preparativos al ser más gente. No le habían dicho nada, de que en verdad fueran a ir aquella noche en vez de al día siguiente. Gimió con cierto fastidio al comprender que era otro punto más negativo del día, pues ahora a lo mejor le sería difícil el poder escaquearse de acudir a la fiesta hallándose allí su hermano y cuñada.
Estaba a punto de entrar en la cocina en donde escuchaba voces, cuando el timbre de la puerta principal sonó haciendo que diera media vuelta sobre sus pasos y acudiera abrir.
-¡Hola preciosa! –Saludó un sonriente Demetrios entrando dentro de la casa-. ¿Aún no te has cambiado? –Frunció el ceño al verla vestida con la misma ropa que en la oficina.
-No –Sonrió levemente, acordándose de que tenía que simular un pequeño malestar-. Acabo de llegar ahora mismo, ni siquiera saludé aún a mis padres –Informó yendo a cerrar la puerta pero el hombre la detuvo de no hacerlo.
-¡Espera, no cierres! –Alargó su brazo-. Viene mi hijo ahí mismo, él se ha detenido a conectar la alarma en la casa.
¿Andreas allí? ¿Demetrios y la mesa para seis comensales? ¡Dios mío, aquello no tenía muy buena pinta!
-¡Ya estoy aquí! –Informó con su voz risueña entrando por el hueco de la puerta abierta, y acercándose a ella para darle un beso en los labios veloz, con los labios helados a causa del frío-. Esa rama de ahí arriba no la puse yo, tu tienes la culpa de ponerte debajo de ella… -Se excusó veloz al sujetar él la puerta para cerrarla y cortar así el aire frío de la noche-. ¿Aún no te has cambiado? –Preguntó también él pero con diferente brillo que su padre en la mirada.
-Por lo visto, acaba de llegar ahora mismo… -El hombre hizo un gesto negativo con la cabeza-. Se supone, que nosotros somos los que deberíamos terminar tarde cielo, no tú… ¿Cómo no estuviste al tanto de ella? –Se giró para reñir a su hijo.
-¿Qué venís a cenar? –Preguntó con cierto tartamudeo en la voz, intentando evitar el salir de allí huyendo ante el contacto que había tenido de los labios de él, el oler su caro perfume y más el verlo vestido de esmoquin… ¡Aquello era una tortura!
-Sí –Respondieron los dos hombres al unísono.
-¡Hola! –Saludó Annette muy sonriente, completamente arreglada para la cena de esa noche y acercándose a ellos tres-. ¿Ya estás aquí hija, no te escuché llegar?
-En verdad nos abrió ella –Informó Demetrios acercándose a besar a la mujer-. ¿Mi esposa esta en la cocina?
-Sí –Sonrió su madre, para después girarse a ella-. ¿Cómo que llegaste a esta hora? –Frunció el ceño por un momento-. ¿Te ocurre algo?
-Pues… -Soltó un suspiro, sabiendo que era su momento estelar para aquella noche. Y tenía que hacerlo bien, Andreas la observaba aún detenidamente-. Realmente no me encuentro muy bien que digamos…
-¡Cariño! –Se acercó su madre preocupada a sujetarle el rostro con delicadeza-. ¿Por qué no te fuiste a tu casa?
-Ya me traje la maleta para pasar aquí estos días festivos como siempre –Dijo en un hilo de voz para simular debilidad-. Creo que será lo mismo el sofá de mi piso que él de aquí…
-En eso tienes razón tesoro –Señaló la mujer, mirando un momento a Andreas quien tuvo repentinamente un ataque de tos-. ¿No estarás tu también malo? –Sonó alarmada.
-No Annette –Rió por un momento-. Me estaba comiendo un caramelo y sin quererlo me lo tragué.
-Ten cuidado con esas cosas –Dijo con cariño-. No queremos tener en una noche como ésta ningún susto feo.
-Mamá –Interrumpió con voz débil-. Si no os importa, puede que no vaya a la fiesta de la empresa esta noche.
-Claro tesoro –La miró con ternura-. Primero sube a cambiarte, o ponerte cómoda… Como tu veas mejor, y después cuando llegue el momento según como te encuentres tú decidirás.
Su madre se dio media vuelta y volvió a dirigirse a la cocina, en donde seguro que se hallaban sus padres. Sabía que Andreas estaba a su lado, mirándola con gesto divertido. Pues había podido escuchar en un último momento como este se reía con debilidad ante sus palabras. Era obvio, que él no se había creído nada. Y le importaba un comino. Pasaba de acudir a ningún lado aquella noche, y menos ahora sabiendo que lo iba a tener allí durante unas horas.
-No pensaba que fueras tan cobarde –Habló al fin él, cuando vio que ella se disponía a ocultarse en su dormitorio-. Pensé que serías más luchadora, viendo el carácter que siempre has tenido al hablar conmigo.
-¿Andreas, que tienes hoy conmigo? –Se giró a encararlo con fuego en su mirada-. No soy ninguna cobarde. Simplemente, no entro en tus tontos juegos.
-¿Te vas a perder la fiesta de esta noche, por no querer perder ante la apuesta que hicimos? –Siguió insistiendo sobre aquel punto-. ¿Tanto miedo te doy?
-Miedo a ti –Soltó empleando cierta mofa en el tono de voz-. No digas más tonterías por favor. Y te vuelvo a recordar –Ando dos pasos hacía él, hasta posicionarse enfrente suyo y con los brazos en jarra-. Que no acepté en ningún momento el hacer esa apuesta de niños.
-Porque te da miedo el aceptar la verdad –Dijo agarrándola de repente de los brazos con cierta fuerza y acercándosela aún más a él. Tan cerca que sus senos rozaban con el pecho masculino-. Verdad, Rose… -La miró fijamente a los ojos, mientras ella despertaba de la sorpresa por aquel agarre y comenzaba un pequeño intento de soltarse-. Te aterra el aceptar esa apuesta, que sabes que vas a perder. Porque con ella, mostrarías tu interior. Y eso es lo que no quieres que nadie de tu entorno vea…
-Suéltame Andreas –Forcejeaba nerviosa como un pez atrapado en las redes del pescador.
-Admite, que del resultado de esa apuesta conoceríamos a una Rose que hasta el momento nadie sabe que esta ahí –Siguió hablando sin aflojar ni un ápice su agarre-. No sabes lo mucho que deseo mostrar esa Rose a todos –Dijo con gran anhelo.
¡Lo odiaba! ¿Cómo podía ser tan cruel? Pensó completamente herida y a punto de derramar lágrimas por ello. Intentó soltarse nuevamente dando varios tirones de su cuerpo. Pero todo esfuerzo era en vano. Andreas la superaba en fuerza… Y con aquella fuerza, quería decirles a todos sus seres queridos que les había mentido durante muchos años. Que todos aquellos insultos, enfados y rabietas hacia él, habían sido provocados por sus verdaderos sentimientos hacia el hijo de sus vecinos. El amigo de su hermano… Ella había estado enamorada de él y aún lo estaba. Con ello, él podría mostrarles a todos su inocencia ante aquel choque de personalidades. Pero aquello, la dejaría a ella destrozada y avergonzada delante de todos. No creía que fuera capaz de mirarlos a la cara nunca más. Pues sabía que algunos la mirarían con lástima al no poder ser correspondida ante sus sentimientos.
-Te odio por ello –Levantó sus ojos al rostro de él, no pudiendo evitar ya la caída libre de sus lágrimas por sus mejillas.
-Sabes que eso no es cierto –La miró un tanto confuso por su reacción-. Solo que eres más terca que una mula… -Dijo soltando el aire con rabia-. No quieres admitir que en verdad te gustaría perder esa apuesta, para acudir a esa cena conmigo. Admite que ya estas cansada de tanto luchar ante ello.
-¡No! –Mintió rabiosa.
-¿No crees que los dos nos lo merecemos? –Le preguntó con desesperación.
-Lo único que a ti te importa, es tú maldito ego de playboy –Escupió sin apenas poder ver su rostro a causa de sus lágrimas.
-¿Qué? –Frunció el ceño sin comprender a qué diantres se estaba refiriendo ella-. Rose, me parece que no me estas entendiendo.
-Oh, créeme que si lo hago –Soltó una risa histérica-. Pero escúchame bien claro, idiota –Dijo en un hilo de voz mientras notaba como su corazón se iba desquebrajando-. No habrá cena por la estúpida apuesta. Me importa un comino ahora mismo si se lo dices a todos… -Tragó saliva-. Pero quiero que sepas, que desde este mismo instante no soy como ninguna de tus inocentes y engañadas conquistas. Te odio –Cogió aire a pesar de no tener fuerzas para ello-. Sí, te estoy comenzando a odiar desde muy dentro de mí. Porque no quiero ser tan estúpida de caer rendida ante una simple sonrisa tuya, ni de un beso… De mí no vas ha conseguir nada.
-¡Se puede saber qué ocurre aquí! –Reclamó Demetrios apareciendo allí acompañado de su padre, quien soltaba un suspiro al hallarlos enfrascados en lo que parecía una nueva pelea.
-Tesoro, no podéis dejar vuestro rencor para otro día –Pidió con amabilidad Etienne.
-Disculpad –Habló Andreas-. Esta vez tengo yo toda la culpa –La soltó con cierta brusquedad ante toda la frustración que llevaba encima.
-Voy a darme una ducha rápida –Informó frotándose uno de los brazos por donde él la tenía sujeta con fuerza-. Supongo que ya mismo nos sentamos a la mesa, prometo no tardar más de diez minutos.
Al final, nada había sucedido como ella había decidido en un principio. Se encontraba sentada en el coche con sus padres, completamente en silencio en dirección a la fiesta que daba en el edificio de sus oficinas. Nadie sospechaba nada raro por el estado de ánimo que estaba mostrando aquella noche. Creían que era por hallarse un tanto descompuesta, como le había dicho a su madre en un principio nada más llegar a la casa. Y en referencia a la pelea que habían visto, ya la habían olvidado. Pues lo veían como una más de tantas que había mantenido con él.
No entendía como había acabado allí. Sentada, en dirección a un lugar donde todo el mundo se hallaría de celebración. Menos ella. No había vuelto a soltar una lágrima más, desde que él la tenía sujeta por los brazos mientras le recriminaba todo. Sus movimientos habían resultado en todo momento automáticos. Se había duchado, vestido con la muda nueva que llevaba en la bolsa y había bajado a cenar poca cosa. Su tristeza no le admitía más, sin embargo ellos creían que era por no estar muy bien.
Creía que podría apuntarse hacer teatro, pues había podido mostrar una sonrisa en toda la velada a pesar de tener encima suyo los ojos fijos de él. Eh incluso, había reído con las bromas de Demetrios al darle un pequeño regalo a cada una de ellas y viendo que el de ella, también era una de las pulseras que aquel día había admirado en su oficina.
Después, todos menos Andreas la habían convencido para que les acompañara un rato en la velada. Más tarde, le pedirían un taxi si quería marcharse a casa. Y allí estaba, entrando en el parquin del edificio en donde ya abundaban por lo menos una treintena de coches de trabajadores de allí, suponiendo que bailando al son de la música. Aparcaron los coches en tres plazas libres, pues Andreas había decidido coger en un último minuto su propio coche por si tenía que marcharse antes. Aunque no suponía que aquello fuera cierto. Seguramente era por si aquella noche tenía que llevarse a Mónique a su propio piso.
Se bajaron todos y caminaron hacía los ascensores, en donde las madres de cada uno alabaron la decoración interior de estos con las ramas de muérdago. No quiso mirarlo. Pero apostaba a todo el oro del mundo a qué se le había inflado el pecho de orgullo al muy cretino. Cuando fueron a bajarse en la planta donde estaba la fiesta, Andreas no lo hizo. Les dijo que en seguida se reuniría con ellos, pero que antes tenía que ir un momento a su oficina. Fue cuando no pudo evitar el mirarlo y comprobar que este portaba en sus manos una bolsa con un regalo dentro. ¡Y la bolsa era de la tienda Habanna! Se sorprendió abriendo los ojos como platos ante aquel dato. No pudo mirar más, pues se quedó allí viendo como las puertas se cerraban y él la miraba con una ceja alzada y algo de… ¿Diversión? ¡Hijo de p…! Allí dentro llevaba algo para alguna de sus conquistas. ¡Lo odiaba, lo odiaba! Pensó reteniendo sus lágrimas en sus ojos. No era momento de llorar por la rabia y el dolor que le causaba el amar aquel hombre.
-¿Rose? –La llamó su madre con el ceño fruncido al verla allí parada mirando las puertas cerradas del ascensor-. ¿Seguro que te encuentras bien hija?
-Sí –Se giró a ella utilizando una de sus mejores sonrisas para no preocuparla. No eran fechas para preocupar a sus seres queridos con su desgracia-. Es solo que me quedé pensando un momento si no me hacía falta nada de la oficina… -Caminó hacia su madre, para agarrarse a su brazo con cariño y aspirar su dulce perfume que tanto la reconfortaba.
-¡Nada de trabajo! –La regañó dándole una palmada en su brazo-. Intenta divertirte esta noche si no te encuentras demasiado mal. En el momento que quieras volver a casa, dínoslo a tu padre y a mí, y miraremos como hacer para que llegues lo antes posible.
-Tranquila mamá –Le sonrió-. Vamos haber si ya se encuentra aquí mi hermano Luc con Ginette.
Quince minutos después, aún seguía llegando más gente de la empresa con su familia entera. Nadie quería perderse aquel día, en donde tenían música para todos los gustos, bebidas gratuitas y un pequeño catering de tentempiés por si alguien le picaba el gusanillo. Incluso había una sala dispuesta para los más pequeños con montones de entretenimientos para ellos, y sacos dispuestos en los suelos si caían rendidos en algún momento de la velada. Ella ya había saludado a su hermano y cuñada, y ahora se encontraba de camino a saludar a Andrea que se hallaba en compañía de Jean-Paul.
Pero a quien aún no había visto el pelo desde que había llegado había sido a Andreas. ¿A qué diantres había ido a su despacho? ¿Estaría solo? Puede que hubiera quedado con alguien allí. Lágrimas en los ojos volvieron asomar ante aquellos dolorosos pensamientos. Pues tampoco había visto aún a Mónique por ningún lado.
-¡Rose! –La llamó dese un rincón Andrea-. ¿Cómo que no te pusiste el vestido? –Le preguntó tras darle dos besos y un fuerte abrazo.
-Estás loca si quieres que me luzca de esa manera ante la mirada de muchos hombres –Rió con algo de ánimo-. ¿Hace mucho que habéis llegado?
-Hará una hora aproximadamente –Respondió el hombre-. ¿No viniste con Andreas? –Preguntó con normalidad.
-No –Respondió escueta eh intentando no mostrar la sombra de tristeza que se posó en su mirada.
-¿Te ocurre algo? –Le susurró su amiga en el oído-. ¿Hablaste al fin con él?
-Todo va perfecto, esta noche solo hay que pasarlo bien con los amigos y familia –Sonrió, pero sin poder engañar a su amiga.
-¿Me acompañas al baño? –Medio preguntó y ordenó Andrea, agarrándola del brazo.
-Mirad, allí llega Andreas –Interrumpió Jean-Claude la marcha de ellas, haciendo que miraran a un punto de la sala para ver a Andreas entrar con Mónique colgada de su brazo.
Tubo que obligarse a volver a respirar con normalidad, tras verlos a ellos dos saludando a la gente a medida que se iban acercando hacía donde estaban. Ahora lo sabía. Había ido a buscarla a ella, estaba segura. Lo raro, era que aquella insolente víbora no se hubiera puesto el regalo que él le había hecho. Pues aquel vestido que llevaba, que bien escotado era no era de su tienda favorita. Seguro que se lo pondría en otra ocasión solo para él.
¿Estaba obligada a quedarse allí? Pero si huía, sería otro motivo para que él se riera de ella. Y no sabía si también le habría contado de sus sentimientos a aquella estúpida. La caricia en la espalda de su amiga, le dio fuerza momentánea para aguantar aquel duro momento. Medio segundo más y los tendría delante de sí… Se le estaba haciendo eterno el verlos acercarse cogidos del brazo.
-Hola chicos –Saludó Mónique muy sonriente.
-Hola –Saludaron ellos a la pareja recién llegada.
-Vaya Rose, me encanta el pañuelo que llevas anudado en el cuello –Confesó con sinceridad la recién llegada.
-Es de la tienda Habanna, cerca de las oficinas. ¿No te suena su nombre? –Soltó con cierto dolor.
-Pues no…
-Frunció por un momento el ceño, al notar algo raro en la respuesta de la joven.
-Ya la conocerás, no te preocupes –Intentó calmar su rabia interna mostrando más amabilidad al comprender que ella no tenía culpa del inútil que tenía agarrando del brazo quién estaba sonriendo divertido tras sus palabras-. ¿Aún no conoces muy bien la zona, verdad? –Disimuló preocupándose por ser la mujer nueva en la ciudad.
-Cierto –Sonrió-. Tengo que acostumbrarme un poco aún a éste gran cambio. Y suerte que tengo aquí a alguien de mi familia.
-¿Entonces no eres del todo francesa? –Preguntó Andrea, para ayudar a su amiga a no tener que estar hablando ella sola.
-No –Respondió más tranquila la otra mujer-. Mis padres se marcharon en cuanto se casaron a Estados Unidos. Y yo nací allí… -Se alzó de hombros-. Pero para mí el mundo de la moda parte desde París, por ello decidí pedir un traslado por un tiempo y conocer también así a la familia.
-Muy interesante –Habló Jean-Paul-. Verás como no te arrepientes de esa decisión. París enamora a todo el que viene, consiguiendo que luego no puedan marcharse.
-La verdad, que aquí todo el mundo es muy atento –Admitió mirando por un momento a Andreas con un brillo especial en la mirada.
-¿Quiere alguien que le traiga alguna bebida? –Preguntó de repente Andreas.
-Para mí un poco de champan –Pidió Mónique.
-Yo aún tengo –Alzó su copa Andrea.
-Yo te acompaño… -Dijo Jean-Paul.
-¿Y tú Rose? –Se dirigió a ella Andreas-. Veo que aún no tienes ninguna bebida en tus manos. ¿O aún te sientes un poco mal, para tomar una copa?
-Me encuentro perfectamente –Alzó un poco la barbilla, pero para mirarlo solo por un fugaz segundo a los ojos-. Cuando quiera algo, ya iré a buscarlo por mí misma.
-¿Estas enferma? –Se preocuparon Andrea y Mónique a la vez.
-Tranquilas –Habló él nuevamente-. Lo único que padece nuestra querida Rose, es un poco de cobardía –Soltó con cierta mofa, logrando que sus amigos se quedaran mudos al ver que estaban a punto de presenciar una discusión.
-Yo más bien diría repulso ante tu sola presencia –Respondió encendiendo las llamas en su mirada.
-Chicos… -Intentó calmarlos el otro hombre con cierta calma en la voz-. No creo que sea el momento y el lugar, para que os tiréis los platos a la cabeza como siempre.
-Vaya, veo que aún no te has quitado el abrigo de cobarde –Siguió Andreas, ignorando las palabras de su amigo-. Sigues escondiéndote detrás de tus insultos Rose.
-Y tú sigues llevando encima el pelaje de simio –Le devolvió su insulto.
-Creo que estoy algo perdida –Confesó Mónique, al no comprender como diantres había comenzado aquella discusión entre ellos dos.
-Tranquila, estoy segura que Andreas desprenderá todos sus encantos en orientarte al motivo de toda esta situación –Soltó con cierto sarcasmo-. Resulta tan encantador… –Simuló un suspiro llevándose las manos al corazón por un segundo, para después bajarlas y mirarlo con gran grado de repulsión-. Que a veces te hace tener arcadas… Si me disculpáis, creo que me marcho a casa. No me encuentro demasiado bien para tener durante toda la noche el olor del estiércol a mí lado.
Comenzó a caminar, sin mirar a nadie a la cara mientras se dirigía hacía la zona de los roperos para poder coger su abrigo. Pero sabía que antes tendría que pasar a despedirse de sus padres. De modo, que giró hacía la derecha en donde sabía que estarían sentados charlando en la zona de los sofás. Realmente no sabía como lo estaba haciendo, pero si no soltaba aún ninguna lágrima era seguramente por el gran enfado que llevaba encima. Y también sabía que si Andrea no la seguía, era porque ella comprendía que en aquel momento no iba a escuchar a nadie. Solo quería estar sola con su gran dolor. Ya lloraría después cuando estuviera sola y abrazada a la almohada de su cama. Ahora, solo tenía que coger aire en sus pulmones, para poder representar el papel de serenidad ante su familia.
-Mamá… -Le puso el brazo en el hombro para llamar su atención al acercarse por su espalda.
-Hola tesoro –Le sonrió con cariño-. ¿Te vas? –Comprendió al fin, al verla un tanto sería.
-Sí –Respondió-. No os preocupéis que llamo un taxi…
-¿Seguro que no quieres que te lleve tu padre? –Le preguntó-. No me gusta que vayas sola a casa no encontrándote bien.
-Que no ocurre nada malo… Tampoco estoy tan mal… -Intentó convencerla agachándose y dándole un beso de despedida-. Nos vemos mañana por la mañana –Le dijo para darse la vuelta y emprender la marcha, pero tuvo que detenerse en seco al hallarse allí a Andreas con cara de pocos amigos.
-Huyendo doña cobarde –Acusó delante de su familia, sin importarle que los oyeran.
-Creé lo que quieras –Respondió al fin, dándole igual lo que ocurriera ya.
-Dejad ya la pelea, queréis –Pidió Demetrios-. Eh visto la pizarra que hay al fondo en la sala y debo decir que habéis perdido los dos. Alguien añadió un apartado nuevo de las escaleras de emergencia, y salió ganador… -Rió pensando que todo venía por el muérdago colgado en las oficinas.
Como vio que él no decía nada, miró un momento a todos para hacer un gesto de despedida con la mano y alejarse en dirección al ropero. En donde agarró su abrigo y se dirigió a los ascensores. Suerte tuvo que uno llegara en aquel momento y se quedara vacío al bajarse la gente en aquella planta. Entró y dándole la espalda a la fiesta fue a darle al botón del vestíbulo en el panel de control, cuando una mano masculina pulsó el botón de la planta octava. Se dio la vuelta veloz para bajarse de él, pero Andreas la empujó hacia el fondo al tiempo que las puertas se cerraban, dejándolos allí solos mientras este ascendía en dirección al despacho de ellos.
No protestó por aquello, ni él dijo nada tampoco. Solo se miraban bajo el silencio de aquella pequeña cabina, que los iluminaba bajo una tenue luz tintineante. Realmente estaba muy confusa. Había esperado durante toda la noche, que él le contara a su familia su secreto. Sin embargo, había tenido miles de momentos para hacerlo, pero no había aprovechado ninguno de ellos. ¿Qué es lo que se proponía realmente?
-No aguanto más –Confesó con completa desesperación en la voz el hombre, poco antes de alargar el brazo para atraerla hacia su cuerpo y atraparla en un fuerte abrazo. La miró un segundo con adoración, para después conducir sus labios en un ataque lleno de pasión y frustración contra los de ella.
Sorpresa y confusión, fue lo primero que sintió ante aquel arrebato que tuvo Andreas con ella. Aquel ataque a sus labios, nada tenía que ver con el beso helado que le había robado aquella noche en casa de sus padres. Aquello era un verdadero ataque a sus defensas, quienes se rindieron ante él. No había derecho, pensó poco antes de cerrar sus ojos y corroborar en el beso. Este simplemente se estaba aprovechando de sus sentimientos. La iba a utilizar como a una más de sus conquistas y lo peor de todo que ella se iba a dejar, aún sabiendo que hacía poco él había estado seguramente allí arriba con Mónique. Pero había anhelado tanto el ser besada por él, sentir sus manos acariciar con pasión su cuerpo, como estaba haciendo en aquel momento por toda su espalda al levantarle el jersey que llevaba. Que no tenía suficiente fuerza para valorar aquel movimiento inmoral de él.
-Tanto te costaba admitirlo… -Susurró contra sus labios, para volver a capturarlos en otro arrollador beso.
¿Estaría él esperando que le respondiera a aquello? Logró preguntarse en aquel torbellino de pasión.
-Mira que te eh dado oportunidades durante todo el día… -Volvió a decir interrumpiendo el beso otra vez y confundiendo a la chica.
-¿Oportunidades para qué? –Preguntó aún confundida por el beso de él.
-Ven –La agarró del brazo cuando las puertas se abrieron en la octava planta, y la condujo a su despacho sin soltarla en ningún momento y sin mirarla tampoco. Solo caminaba con cierto apresuramiento, hasta llegar a la puerta que abrió con gran impulso para cerrarla tras dar de ella un tirón y entrarla en la habitación. Allí sonrió un momento antes de volver a sujetarla para poder besarla con más ansia de la que había empleado en la cabina del ascensor-. Dios mío… -Volvió a susurrar al tiempo que la alzaba sin ningún esfuerzo, y la conducía hacía el sofá negro de piel sin dejar de devorar sus labios en ningún momento-. Hoy se acaba el infierno que me has hecho vivir cada vez que te veía en todos estos años… -Dijo tras parar de besarla y detenerse a mirarla con alegría.
-¿Pero de qué estas hablando? –Frunció el ceño.
-Se acabaron tus insultos ofensivos hacia mi persona –Rió-. De ahora en adelante, solo quiero palabras cariñosas.
-Perdóname –Se ofendió al momento-. Pero aquí no soy la única que insulta… ¿Y quien te crees que eres para imponerme esa norma?
-Tu futuro marido –Dijo con seriedad, causando que ella abriera la boca y lo mirara sorprendida. Acto seguido se levantó del sofá para dirigirse a su escritorio, de donde cogió la bolsa que había llevado allí aquella noche más un pequeño estuche cuadrado y volvió a sentarse a su lado bien pegado a ella, quien aún estaba muda por las palabras escuchadas de los labios de él-. Rose… -Suspiró por un segundo para coger aire y seguir con sus palabras-. Te amo. En verdad, digamos que siempre te eh amado en secreto… Y dios sabe porque, después de lo mal que me has tratado siempre –Se rió al ver como ella aún seguía manteniendo la misma expresión en su bello rostro-. Confieso que aquí yo también eh sido un cobarde, al no intentar nunca nada contigo. Pero querida niña, nunca me lo pusiste fácil ni me diste señales de ello… -Alargó su brazo para acariciar su rostro y cerrar su boca abierta tras acariciarle los labios con el pulgar-. Deberías haber lo noqueado que me quedé ésta mañana cuando descubrí tu email… -Volvió a reírse-. Digamos que más o menos como tú ahora. Me hiciste pensar mucho tras tu reacción al verme cuando salías de mi despacho. Supongo que intentabas borrar el email.
-Sí –Admitió completamente azorada por la confesión de Andreas. En verdad, no sabía que tenía que decir. ¡Por el amor de dios, él le acababa de decir que la amaba! Aún estaba asumiéndolo… Necesitaba unos segundos más.
-Fue cuando comprendí, que no ibas admitir nada –Volvió a reírse-. Perdona por lo mal que te lo haya hecho pasar en el día. Pero digamos que quería vengarme un poco por lo de todos estos años. Y esta noche, vi que te confundiste cuando trataba de decirte mis sentimientos. Te intentaba decir, que ya nos tocaba descansar de tanto odio. Cuando en verdad los dos nos amábamos… Madre mía, cuando tiempo perdido… -Suspiró para darle un delicado beso en sus suaves labios-. Y qué cabezona que eres –Dijo consiguiendo que la chica sonriera un poco-. Por cierto, no hay nada entre Mónique y yo. Me repulsa admitirlo, pero digamos que la utilicé un poco para darte celos, cuando descubrí que hablabas mal de ella al pensar que me tiraba los trastos. La pobre es buena mujer, y se halla un poco perdida en la ciudad.
-¿Todo esto es verdad? –Preguntó con lágrimas en los ojos.
-Sí, pequeña –Alargó el brazo para pasarlo por encima de sus delicados hombros y acercarla a él, en un delicado abrazo. Viendo como la chica comenzaba a llorar de forma incontrolada-. ¿Rose, qué te ocurre?
-Nada –Sorbió por la nariz al tiempo que se limpiaba los ojos con las manos-. Que no puedo creer que no esté en un sueño… -Rió llorando aún más.
-No, no lo estas –Se separó para entregarle el regalo-. Ábrelo… -Pidió sonriendo.
Con dedos temblorosos y húmedos por sus propias lágrimas, rasgó el envoltorio de papel plateado que empleaba su tienda favorita, para soltar una exclamación al volver aparecer ante ella el vestido que había devuelto aquella misma tarde.
-¡Qué! –Exclamó confundida y riéndose por lo sucedido aquella tarde en su propio despacho-. ¿Acaso esperas un pase de modelos especial para ti? –Preguntó alzando una ceja, pero callándose al ver que él había levantado su mano y le mostraba la pequeña caja cuadrada. Era obvio que ocultaba una joya. Ahora notaba que le costaba tragar y sus pulsaciones hacían eco en sus oídos.
-No se trata nada de eso –Rió-. Digamos que el vestido esta ligado a ésta pequeña caja. Quiero que te pongas ese vestido, para llevarte a cenar a un restaurante romántico en donde poder ofrecerte ésta caja cuando te pida matrimonio… Para después poder conducirte a mí cama, quitártelo yo mismo y descubrir tu bello cuerpo. Quiero hacerlo todo bien Rose… -Volvió a sonreír al ver como ella se sonrojaba ante sus deseos-. ¿Sabes lo mucho que se va a sorprender nuestra familia cuando les comuniquemos que vamos a casarnos? Y lo siento mucho por todos, pero va a resultar una boda relámpago. Quiero tenerte conmigo lo más pronto posible. Hemos perdido mucho tiempo con tonterías.
-¿Tan seguro estás de que voy aceptar? –Preguntó en broma.
-Sí, porque si hace falta te obligo a ir al altar a rastras por los cabellos, como el hombre de las cavernas que dices que soy…
-¡Por supuesto que quiero! –Volvió a llorar lanzándose a sus brazos para buscar sus labios y besarlo -. Te amo Andreas.
-¡Al fin lo escucho de tus labios! –Exclamó feliz, y apartándola de sus brazos para ponerse de pie-. Será mejor que nos vayamos…
-No soy ninguna cobarde –Alzó la barbilla con orgullo-. Ya te lo dije…
-Querida, eso hay que discutirlo… -Rió pasándole un brazo por la cintura para conducirla fuera del despacho-. Yo fui quien dio el primer paso.
-¡Mentira! –Rió-. Fui yo con mi correo…
-Como quieras –acabó por aceptar alzándose de hombros-. Venga, vayamos al encuentro de la familia que quiero ver sus caras cuando nos vean llevarnos bien.
-¿No se lo vamos a decir aún? –Preguntó.
-Primero, vamos a reírnos un poco de ellos cuando te saque a la pista de baile y te agarre muy cerca de mí… -Dijo dándole un pequeño beso en la nariz-. Se que estas deseando hacer mucho más, pero Rose… -Se detuvo para acariciarle la mejilla con ternura-. Solo te pido un día más… Quiero dártelo todo como te lo mereces. No quiero nada rápido y frustrante, que es lo que nos ocurriría ahora mismo después de tanta pasión contenida.
-Pero a mí no me importa –Suplicó con aire travieso.
-Rose… -Gimió él en suplica, al ver el amor y ansia que desprendían sus ojos-. Se que será tu primera vez, y no quiero comportarme como un inútil adolescente…
No se si podría aguantar para darte el placer que te mereces. Necesito hacer las cosas con calma… -Pidió en tono de derrota al ver como la chica sonreía, sacando de la bolsa el vestido que le había regalado.
-Ya habrá tiempo para hacer las cosas con calma –Rió deshaciendo el nudo del pañuelo que llevaba anudado en su cuello-. Ahora, solo quiero corregir el tiempo perdido. ¿Qué me dices mi querido mono sapiens? –Preguntó divertida, dejando caer el pañuelo al suelo.
-Al cuerno la familia –Confesó con gran furor, acercándose a ella y agarrándola de la cintura para besarla con verdadera pasión-. Tienes razón, hay que recuperar ese tiempo… Mañana, les diremos lo nuestro.
-¿Por qué no les envías un email? –Le guiñó un ojo traviesa, mientras acariciaba el cabello de su nuca.
-Sí, tienes razón –Rió-. No sabes lo mucho que me gustan ahora los emails –Confesó antes de atrapar sus labios, alzarla y conducirla al sofá negro para tumbarse allí con ella y comenzar a recuperar el tiempo perdido.
FIN
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