Capítulo 16

Narra Alessandro

Encendí un cigarrillo para darle una calada y así intentar relajarme mientras uno de mis hombres me informaba sobre los recientes robos a nuestra mercancía, una gran carga de armamento y municiones que se supone debía llegar completo a nuestros aliados más cercanos. Si no resuelvo esto, tendré que soportar llamadas molestas de los líderes porque no era lo acordado.

—¿Ya revisaron las cámaras? —cuestioné, sabiendo que son cámaras ocultas y que solo nosotros sabíamos de su existencia.

—Sí, señor... pero no había nada relevante.

Le di otra calada al cigarrillo con profundidad, y exhalé el humo mientras pensaba en otra alternativa para resolver este contratiempo, entonces dejé ver una leve sonrisa al tener algo.

—Recompongan los daños, que no falte nada en los pedidos. Investiguen a los encargados de cuidar la mercancía, quien no haya cumplido con su trabajo como debía hacerlo, mátenlo, no aceptaré incompetentes en una labor tan importante. Y luego quiero que averigüen qué otra organización pudo haberlo hecho, cuando tengan a los culpables... mándenles un mensaje para que se lo piensen dos veces antes de volver a intentar hacer algo en mi contra.

—Entendido, Señor.

Aquel hombre asiente y se va a encargarse con lo que ordené. Levanté la mirada al cielo nocturno, mientras el humo llenaba mis pulmones, provocándome una sensación de calma instantánea. El rostro de Lía aparece en mi mente, pensando en que ella seguramente ya estaría durmiendo justo ahora. Pensar en ella me hizo recordar lo que pasó esta tarde, antes de que viniera aquí.

Su cuerpo desnudo, como se retorcía por el placer que yo le causaba, sus expresiones... se veía tan hermosa y tierna a la vez, se notaba que realmente era una virgen inexperta. Siendo un atractivo más en ella que me hacía desearla aún más. El sonido de sus gemidos se instaló en mi mente al igual que su rostro sonrojado con los ojos brillando de placer. Toda ella es tan lasciva...

—Señor... —escuché mientras tiraba el cigarrillo al suelo y lo pisaba para apagarlo.

—No me necesitan para nada más. Hagan lo que les ordené —me di la vuelta y volví hasta mi auto.

Conduje hasta casa, sin poder quitarme esa perfecta imagen de Lía gimiendo y retorciéndose, de mi cabeza. Joder, quería volver a verla así, pero esta vez con algo más que mis dedos dentro de ella.

—Ah... mierda... —detuve el auto justo en frente de la entrada de casa—. ¿No podías esperar un poco más?

Gruñí frustrado al sentir la presión de mis pantalones ante el bulto creciente en mi entrepierna. Hacía mucho tiempo que ninguna mujer me hacía tener una erección con solo pensar en ella, es más, creo que no logro recordar que esto halla ocurrido alguna vez. Siempre me he preocupado más por mi trabajo que por intereses sexuales y mucho menos románticos, aunque este no sea el caso.

Pero esa chica... apenas la he tocado y ya me tiene loco. Queriendo obtener más.

Oculté mi erección cuanto pude al salir del auto, lanzando las llaves a uno de los guardias mientras cruzaba rápidamente hasta el interior de casa. Fui a la habitación, y como había supuesto, Lía ya estaba dormida. Me acerqué en silencio, procurando no despertarla, sentándome a su lado en el borde de la cama, viendo como dormía boca arriba con un brazo sobre su cabeza y la manta justo por debajo de su abdomen.

La remera que traía era de tiras finas y suelta, destapando su abdomen, podía ver las ligas de su sostén, y las ganas de levantar su ropa y poseerla, abrumaron mi cuerpo. Gruñí levemente frustrado y aparté la mirada.

¿Por qué no simplemente llamo a una mujer que esté dispuesta a hacer de todo sin dudar?

—Mhm... —el murmullo de Lía interrumpe mis pensamientos antes de decidirme. Ella se remueve hacia mí, encontrándose con mi brazo, pero para mi sorpresa lo sujeta contra su pecho, como si abrazara algo en sus sueños.

—¿Huh? —la observé preocupado de haberla despertado, pero no, estaba durmiendo profundamente, calmada... se veía tan indefensa.

Aparté mi brazo suavemente, aunque al comienzo se opuso, pero luego me soltó y se volteó de nuevo, quedando boca arriba otra vez. Levanté mi mano y acaricié su abdomen, pude sentir como se contraía ante mi tacto. Miré su rostro, seguía dormida. Entonces subí más, llevándome por delante su remera, llegué hasta su pecho, destapándolo hasta ver su sostén blanco que sujetaba sus pechos, haciéndolos verse mucho más deseables.

Los recordé sin aquella tela cubriéndolos, se veían mucho mejor... eran perfectos tal cual estaban, y como se movían cuando yo empujaba su cuerpo por mis dedos en su cálido interior apretado.

—Tsk... —maldije al sentir como nuevamente la presión más fuerte en mis pantalones.

Quería apartarme mientras aún tenía un ápice de cordura, pero ella se removió haciendo que volviera a prestarla atención. Me estaba jodiendo por dentro, hasta que esa cordura que había mencionado, se desvaneció, y entonces decidí tomar lo que por derecho ahora es mío. Después de todo, el simple hecho de tenerla aquí ahora, es un recordatorio de que tengo su consentimiento para hacerlo.

Aparté el sostén para liberar sus senos, acerqué mi rostro hasta notar que con mi suave aliento contra sus pezones, estos se endurecieron. Sonreí suavemente, decidiendo en acariciar uno de ellos.

—Hm... —Lía se remueve, pero no despierta. Lamí uno de sus pezones y ella se estremeció—. Nhg....

Envolví su pezón con mis labios, jugando con mi lengua contra este. Lía jadea y se retuerce, pero no abre los ojos. El bulto en mis pantalones se vuelve cada vez más doloroso de soportar. La miré, cada expresión que hacía, cada sonido que se escapaba de sus labios... era perfecta

Lía tenía algo que me tentaba, algo que me quería hacer olvidar de todos mi valores que me impedían tomarla como quisiera, poseerla como quisiera.

—¡Mhg...! —me detuve creyendo que la había despertado, pero ella suspira y permanece quieta.

Me aparté observando su rostro y dándome un golpe mental por esto que estaba haciendo. Negué con la cabeza y acomodé la ropa de Lía antes de levantarme de la cama y dirigirme hasta el baño, donde decidí darme una ducha con agua fría para calmarme. Sin embargo, eso no ayudó a bajar mi erección. No podía quitarla de mi cabeza aunque fuera lo que más quería.

Salí de la ducha resoplando frustrado, intenté calmarme, pero mi erección no bajaba. ¿Por qué pasa esto? Que yo recuerde no había consumido ninguna droga, no las necesito. Me apoyé contra la mesa del lavabo, frente al gran espejo que daba hacia la puerta, sabiendo que del otro lado seguía Lía, sin ser consciente de mi deseo por ella. Maldije por lo bajo, dándome la vuelta para recargarme por la mesa y envolví mi pene con una mano, comenzando a moverla de arriba abajo, cerré los ojos y su rostro fue lo que se me vino a la mente.

—Mierda... Nhg... —aceleré mis movimientos sintiendo mejor la fricción.

Sus gemidos inundaron mis oídos y fue cuando recordé cómo había dicho mi nombre de tal forma que terminé corriéndome al fin. Jadeé y traté de regular mi respiración.

—Agh....

Miré de reojo hacia la puerta al tener la sensación de que alguien estaba por allí, rápidamente pensé en Lía, confirmándolo al escuchar el correr de sus pasos, intentando fallidamente ser silenciosa. Dejé escapar una pequeña risa entre dientes, suspirando profundamente.

—Que curiosa ragazza... —murmuré sonriendo.

Me limpié completamente, tomándome mi tiempo al hacerlo. Enrollé una toalla en mi cintura y salí del baño. La vi acostada con la manta mal cubierta de nuevo; sonreí con diversión, pero fui al vestidor y me puse algo de ropa, antes de regresar a la cama y acostarme en mi lugar.

La miré dándome la espalda, así que me acerqué a ella, hasta que mi respiración golpeaba su nuca. Pasé mi mano delicadamente por su brazo, y luego por su cintura.

—¿Te ha gustado lo que has visto, bellezza? —pregunté en su oreja, sintiendo como se tensaba al instante, cosa que me hizo soltar otra leve risa—. No te preocupes... si quieres fingir que eso no pasó... está bien....

Hice a un lado su cabello y besé suavemente su nuca y su cuello, ella aspira hondo cuando la mordí y succioné un poco.

—Esto también puede quedarse en el olvido si eso quieres... —acaricié su figura, deslizando mi mano por su pierna y cadera—. Bellezza... eres realmente una tentación.

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