Capítulo 19


—Vamos, cariño, el agua está deliciosa —alentaba Benji desde el reflejo cristalino de la piscina.

Lucas, parado al borde, no podía evitar admirar la forma en que el sol jugaba con el agua, creando destellos que se reflejaban en los ojos de Benji. —No más que tú —pensó, su corazón latiendo con una mezcla de nerviosismo y deseo.

—Espera, ¿qué me está pasando? ¿Son estos sentimientos reales? —murmuró Lucas, su voz apenas audible sobre el murmullo del viento.

Benji, percibiendo la hesitación de Lucas, decidió actuar. Con un movimiento fluido y seguro, lo levantó en sus brazos y, con una risa contagiosa, se zambulló con él en la piscina.

El agua cerró sobre Lucas como un manto fresco y oscuro, y por un momento, sintió la vieja sensación de pánico. Pero la firmeza de Benji lo guió de vuelta a la superficie, donde el aire fresco llenó sus pulmones.

—Tranquilo, estoy aquí —susurró Benji, su voz un ancla en la tormenta de emociones de Lucas.

El miedo de Lucas se disipó lentamente, reemplazado por una confianza creciente mientras se aferraba a Benji. Sus cuerpos estaban tan cerca que podían sentir el calor compartido entre ellos, el ritmo acompasado de sus respiraciones, el latir de sus corazones en un dueto perfecto.

El rubor en las mejillas de Lucas era un testimonio silencioso de su vulnerabilidad y deseo. Intentó retroceder, pero Benji, entendiendo la delicadeza del momento, lo mantuvo cerca, sellando su promesa con un beso que era tanto una pregunta como una respuesta.

El beso, inicialmente tierno y exploratorio, se intensificó con la promesa de más. Benji anhelaba sentir la piel de Lucas contra la suya, pero su respeto por los límites de Lucas era más fuerte que cualquier deseo físico. Se detuvo, ofreciendo espacio y seguridad, un gesto que decía más que palabras.

Los dos jóvenes permanecían abrazados en el agua, con la cabeza de Lucas reposando sobre el pecho de Benji, escuchando el ritmo tranquilizador de su corazón. La serenidad del momento los envolvía, y el mundo exterior parecía desvanecerse ante la intimidad de su conexión.

En la calidez de su hogar, Aitana e Izan se encontraban en un rincón especial desde donde podían observar el mundo exterior a través de la ventana. Sus ojos se posaban sobre la escena que se desarrollaba en el jardín, donde Benji y Lucas compartían un momento de unión y felicidad. La pareja mayor se abrazaba, y en ese abrazo se entrelazaban años de amor compartido y recuerdos dorados.

Aitana, con una sonrisa que reflejaba la ternura de incontables amaneceres juntos, se dejaba llevar por los recuerdos de su propia juventud. "Son tan adorables", pensaba, mientras la nostalgia y el cariño se mezclaban en su corazón. —Nos recuerdan tanto a nosotros en aquellos días despreocupados, cuando cada día era una promesa de amor nuevo y cada risa un eco de la eternidad.

Izan, con la sabiduría de los años y la suavidad de un amor que había madurado como el vino más fino, asentía en silencio. —Es verdad, querida. Verlos tan felices y enamorados nos llena de esperanza y alegría. Son un reflejo de lo que fuimos... y de lo que aún somos —sus palabras eran un puente entre el pasado y el presente, un testimonio de un amor que perdura.

Juntos, Aitana e Izan compartían la felicidad de Benji y Lucas, sintiendo cómo un lazo invisible unía dos generaciones en un mismo sentimiento de cariño y aceptación. —Estoy segura de que están hechos el uno para el otro —susurraba Aitana, su cabeza descansando en el hombro de Izan, encontrando consuelo en la solidez de su presencia.

Sí, amor —respondía Izan, su voz suave pero firme—. Los veo y no puedo evitar sentir un orgullo inmenso. Nuestro hijo ha encontrado en Lucas a su compañero de vida —con un beso suave en la frente de Aitana, sellaba la promesa de un futuro lleno de amor y felicidad para los dos jóvenes que, bajo el sol del atardecer, continuaban escribiendo su propia historia.

En la piscina, Lucas se deleitaba con las lecciones de natación que Benji le impartía con paciencia y dedicación.

—¿Qué te parece, cariño? —preguntó Benji, acercándose al borde donde Lucas se encontraba sentado, sumergiendo los pies en el agua refrescante.

—Eres increíble... amor —dijo Lucas, su rostro adquiriendo un suave tono rosado. A pesar del tiempo que llevaban juntos, aún sentía un cosquilleo al expresar sus sentimientos abiertamente. Pero en su corazón sabía que, con Benji, cada día sería un paso más hacia la confianza plena.

Benji sonrió con dulzura, valorando cada palabra de afecto que Lucas le regalaba. Se deslizó entre las piernas de Lucas y lo rodeó con sus brazos, entregándose a un beso que era un refugio seguro, un mundo aparte donde solo existían ellos dos.

—Algún día, me encantaría que vinieras a verme nadar en una competencia. Compartir contigo mi pasión por el agua sería un sueño hecho realidad —susurró Benji, su voz cargada de emoción y un anhelo palpable.

Lucas sintió un escalofrío de anticipación y se dejó llevar por la corriente de amor que fluía entre ellos, sabiendo que cada día a su lado era un regalo precioso.

Lucas miró a Benji con una sonrisa llena de cariño y un brillo de complicidad en sus ojos. —Claro que me encantaría, amor. Ver cómo te deslizas por el agua con tanta gracia y fuerza, ser testigo de tu habilidad y esfuerzo, sería una experiencia hermosa y emocionante —dijo, su voz reflejando la admiración y el orgullo que sentía por Benji.

Benji contempló a Lucas con una mirada llena de adoración, acariciando su rostro con la suavidad de un pétalo.

—Gracias por llegar a mi vida y darme la oportunidad de amarte profundamente, de ser testigo de tu hermoso ser y de compartir estos momentos mágicos contigo. Eres la persona más especial que ha iluminado mi camino, y cada día me siento más agradecido de tenerte a mi lado —confesó Benji, su voz un susurro amoroso que rozaba los labios de Lucas como una promesa.

Las palabras de Benji resonaron en lo más profundo de Lucas, encendiendo una llama de amor y pasión en su interior. —Benji... te amo con una intensidad que ilumina mi ser. Eres mi luz en la oscuridad, mi guía en este viaje maravilloso que es la vida—respondió Lucas, su voz cargada de emoción y deseo.

Se fundieron en un beso lleno de amor y ternura, dejando que sus corazones hablaran el lenguaje universal del cariño y la devoción. En cada caricia y en cada mirada, se reflejaba la profundidad de sus sentimientos, creando un lazo indestructible que los envolvía en un abrazo eterno.

Después de disfrutar de la alegría del agua y de compartir gestos de afecto, decidieron salir para prepararse para el resto del día. —¿Qué haces? —preguntó Lucas con una mezcla de sorpresa y curiosidad al ver a Benji comenzar a desvestirse.

—Me estoy preparando para bañarme. Sería lindo si nos bañáramos juntos, así podríamos ahorrar agua y cuidar el medio ambiente —sugirió Benji con una sonrisa juguetona.

Lucas, aún un poco tímido, vaciló. —No sé si sea buena idea... tus padres podrían... —tartamudeó, la presencia de los padres de Benji en la casa pesando en su mente.

—No tienen por qué enterarse, seremos silenciosos —aseguró Benji con una sonrisa tranquilizadora, buscando aliviar las preocupaciones de Lucas.

Lucas observó a Benji con una mezcla de nerviosismo y fascinación, su curiosidad despertada por la confianza y la libertad con la que Benji se movía. —Si te decides, estaré esperándote —dijo Benji con un guiño antes de dirigirse al baño.

Lucas se quedó un momento en silencio, contemplando la decisión. La imagen de Benji, libre y despreocupado, era un recordatorio de la belleza y la confianza que sentía.

Benji se detuvo y giró hacia Lucas con una sonrisa traviesa. —¿Te gusta lo que ves? —preguntó, antes de desaparecer en el baño entre carcajadas.

Lucas, con el corazón acelerado, intentó calmarse. —Esto es más emocionante que una telenovela —pensó, mientras una sensación inesperada le hacía compañía.

En ese momento, un golpe suave en la puerta lo sacó de sus pensamientos. —¿Quién será a estas horas? —murmuró Lucas, intentando sonar despreocupado.

—¿Puedo pasar, cariño? —La voz de Aitana se filtró a través de la puerta. —Tengo tu ropa limpia y seca.

—¡Jesús bendito! —pensó Lucas, buscando rápidamente algo con qué cubrirse. Agarró una almohada y la colocó sobre su regazo. —Adelante —dijo, esperando que su voz no delatara su nerviosismo.

Aitana asomó la cabeza con una sonrisa maternal. —¿Interrumpo algo?

—No, no, para nada —respondió Lucas, su voz un poco más alta de lo normal.

Aitana colgó la ropa y se sentó al lado de Lucas, quien se sentía como un adolescente atrapado en una travesura. —¿Estás bien, Lucas? Pareces un poco... ¿agitado?

—Sí, sí, todo bien, solo pensaba en... matemáticas —dijo Lucas, esperando que sonara convincente.

Aitana lo miró con una ceja levantada. —¿Matemáticas? ¿En serio? ¿Y mi hijo te ha ayudado con eso?—

—¡Oh, sí! Benji ha sido... muy 'educativo' —respondió Lucas, con una sonrisa forzada.

Aitana se levantó, aún sonriendo. —Bueno, si necesitas ayuda con esas 'matemáticas', avísame. Después de todo, fui campeona de cálculo en mi juventud —la señora lo observó antes de preguntar.

Lucas, con una mirada pensativa, agradeció la preocupación de Aitana, pero en su mente, un torbellino de secretos se agitaba con fuerza.

—Gracias Aitana, lo aprecio mucho. Pero son solo preocupaciones personales —dijo, esquivando la verdad como un experto bailarín esquiva los pasos en falso.

Aitana asintió, su expresión era un libro abierto de comprensión maternal.

—¡Ah! Ya entiendo, extrañas a tus papis, ellos pronto volverán, no estés triste —exclamó, intentando envolver a Lucas en un abrazo tan grande como su corazón. Pero en un movimiento digno de un acróbata, Lucas se apartó, provocando que una almohada cayera al suelo como una hoja otoñal.

—Entiendo que debes de extrañarlos, pero no estás solo, sabes que también nos tienes a nosotros —dijo Aitana, poniéndose de pie con la gracia de una reina de comedia.

—Sabes que te queremos mucho... ven y dale un abrazo a tu mamá suegra —expresó con los brazos abiertos, como si ofreciera un premio en un concurso de afecto. Lucas, con los nervios de un gato en una tienda de porcelana, solo podía pensar en una escapatoria.

«¡Dios, por favor ayúdame!» fue su silenciosa súplica.

Como si fuera una señal divina, la conversación fue interrumpida por el sonido del teléfono de Lucas. Era su madre, Elena, cuya voz sonaba como si estuviera hablando a través de un megáfono. Aitana se puso de pie y salió de la habitación susurrando ligeramente que lo esperaría abajo para la cena.

—Lucas, ¿dónde estás? ¡He estado enviándote señales de humo y mensajes en botellas!

—Hola, mamá. He estado... meditando sobre la importancia de la paz interior —respondió Lucas, con una sonrisa traviesa.

—Bueno, cuando termines con tu iluminación, recuerda que tienes que sacar la basura. La iluminación puede esperar, el camión de la basura no. También espero que te estés portando bien y estés alimentandote bien, y por favor contesta a mis mensajes y llamadas. No vuelvas a hacerlo, jovencito. Estoy muy pendiente de mi teléfono. Un día de estos me vas a causar la muerte del coraje o de la preocupación.

Por suerte, su "problema" estaba disminuyendo.

—Me pareció escuchar a mi mamá. ¿Por qué venía? —La voz del castaño sonó en la habitación. Dirigió su mirada a la dirección de esa voz y lo encontró semidesnudo, con una simple toalla enredada en su cintura.

—¿Quién es? —preguntó la voz al otro lado del teléfono.

Esa vista sexy volvió a despertar su deseo, que ya estaba disminuyendo. Colgó la llamada de su madre, inventando una excusa para intentar salir de la habitación, pero el castaño lo agarró del brazo.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó con voz seductora.

Lucas no respondió, estaba demasiado nervioso y no sabía qué hacer. Su mirada se fijó en el rostro de su compañero, era tan hermoso.

Sin previo aviso, Benji besó a Lucas en la boca. Al principio, el pequeño no estaba seguro, pero al final se dejó llevar. El beso se volvió más apasionado mientras Benji acostaba a Lucas en la cama, quedando sobre él.

Lo necesitaba, realmente necesitaba quitarle la ropa y hacerlo suyo en ese mismo instante.

Sin embargo, en ese momento, el castaño se detuvo y se alejó de él. Aunque Lucas quería seguir adelante, el mayor sabía que aún no estaba listo y no quería presionarlo a hacer algo que no quisiera.

—Es suficiente —dijo el castaño, caminando de regreso al baño y dejando a Lucas con ganas de más. El pequeño lo miró confundido.

—Debo ir al baño a resolver un asunto —dijo el castaño, mientras Lucas notaba un prominente bulto bajo la toalla.

—Tú también deberías resolver tu asunto —señaló a la entrepierna de Lucas. El pequeño se ruborizó intensamente, deseando que la tierra lo tragara en ese mismo instante.

¡Qué vergüenza!

Ya era de noche y la cena preparada por sus queridos suegros había sido maravillosa.

A pesar de que Lucas insistió en querer irse a su casa, tanto Aitana como Benji lograron convencerlo de quedarse a dormir en su casa. Aunque se resistió al principio, aceptó utilizar la ropa de su novio, aunque le quedara un poco grande.

Benji lo llevó a su habitación para que durmiera allí.

—Puedes quedarte en mi habitación, es mucho más cómoda y espaciosa para ti —dijo Benji.

—No puedo aceptar eso. ¿Dónde se supone que dormirás tú? —preguntó Lucas, preocupado por su comodidad.

Benji le sonrió y acarició suavemente su mejilla.

—No te preocupes por mí cariño. Puedo dormir en el sofá o en cualquier otro lugar. Lo importante es que estés cómodo y tengas una buena noche de descanso.

Lucas se derretía ante la dulzura y consideración de Benji, y finalmente aceptó su oferta, sabiendo que se sentiría seguro y protegido en su presencia.

—Dormiré en la habitación de visitas, ¿de acuerdo?

—No puedo dejar que hagas eso —respondió Lucas. Benji tomó de las manos a Lucas besando una de ellas. —Esta casa también es tuya, mis padres y yo te lo hemos dicho muchas veces. Quiero que duermas bien y te sientas cómodo. No quiero excusas, te quedas aquí y punto.

Luego besó tiernamente la mejilla de Lucas.

—Descansa, cariño. Te amo —dijo Benji.

—También te amo —respondió.

El castaño sonrió y se dirigió hacia la puerta.

—Espera... —la voz de Lucas lo detuvo.

—Dime, cariño.

—Tú... tú quieres... quieres...

Hubo un pequeño silencio.

—¿Qué quieres decir?

Lucas mantuvo la mirada baja y jugaba con sus dedos.

—Podrías quedarte a dormir... conmigo —dijo tímidamente jugando con sus manos.

El castaño sonrió ante la petición de Lucas.

—¿Eso es lo que quieres? ¿Quieres dormir conmigo? —preguntó Benji.

Lucas asintió.

—No quiero que te sientas incómodo o inseguro... —continuó Benji.

—Sí, quiero que duermas conmigo —respondió Lucas, frunciendo levemente su rostro de manera tierna.

Benji no podía resistirse a esa carita que lo miraba con tanta dulzura.

—Está bien —aceptó.

No haría nada que incomodara a Lucas. Además, solo dormirían, ¿verdad? Eso es lo que se dijo para tranquilizarse.

Lucas ya estaba acostado, esperando a que el mayor terminara de cepillarse los dientes. Cuando Benji se metió lentamente entre las sábanas, apagó la luz, dejándolos en completa oscuridad. Ambos estaban acurrucados, uno junto al otro, y Benji podía sentir el suave sonido de la respiración de Lucas. Acostados boca arriba, mirando hacia el techo en completo silencio.

—Ben, ¿ya estás dormido? —preguntó Lucas con voz suave.

El mayor negó con la cabeza, completamente cautivado por los ojos brillantes de Lucas.

—¿Puedo pedirte algo? —murmuró Lucas tímidamente, ruborizándose ligeramente.

—Por supuesto, mi amor. ¿Qué es lo que deseas? —respondió Benji con ternura, acariciando suavemente la mejilla de Lucas.

—Podrías... abrazarme... por favor —susurró Lucas, dejando escapar un suspiro anhelante.

El corazón de Benji se aceleró ante esa solicitud llena de dulzura. Sin dudarlo, acercó suavemente el cuerpo de Lucas hacia él, envolviéndolo con sus brazos protectores. El menor apoyó su cabeza sobre el pecho de Benji, sintiendo el ritmo tranquilo de su corazón, mientras delicadamente depositaba besos en su cabello sedoso.

—Descansa, mi dulce ángel. Te amo —susurró Benji con una mezcla de amor y devoción en su voz.

—También te amo, con todo mi ser Benji —respondió Lucas, cerrando los ojos con una sonrisa en sus labios, sintiéndose amado y seguro en los cálidos y protectores brazos del castaño.

Así, se dejaron llevar por el suave latir de sus corazones, sumergiéndose en la paz y la felicidad de aquel momento tan romántico y tierno, donde sus almas se entrelazaban en un abrazo íntimo y lleno de amor.

En poco tiempo, el chiquillo cerró los ojos y se sumergió en un profundo sueño, acompañado por una respiración tranquila y serena.

Benji lo observó con suavidad, apartando algunos cabellos rebeldes de su frente. Aún dormido, Lucas lucía increíblemente hermoso, con sus ojitos cerrados y su pequeño cuerpo vulnerable. Perdió la noción del tiempo mientras lo contemplaba. Cada rasgo de Lucas era perfecto y exquisito a sus ojos.

Aspiró delicadamente el dulce aroma que emanaba de la piel de Lucas, un olor a vainilla y flores que envolvía la habitación. En ese momento, un sentimiento de amor y gratitud lo invadió por completo.

Sonrió como un tonto, maravillado por lo que sentía en su interior.

—¿Qué has hecho para tener este efecto en mí? —susurró en un tono lleno de asombro y admiración.

Bendijo aquel encuentro que había cambiado su vida para siempre, regalándole la oportunidad de amar y ser amado en una forma tan pura y apasionada.

Esa noche, ambos chicos durmieron profundamente, abrazados y envueltos en una serena y cálida paz. Los latidos de sus corazones se entrelazaron en perfecta sincronía, como una melodía de amor eterno.

¡Que tengas sueños maravillosos, llenos de amor y dulzura! Buenas noches.

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