Capítulo 11
Aún seguía maravillada por la cantidad de libros que había en la estancia y aunque lo que más deseaba era escoger uno de ellos al azar para luego sentarme en uno de los sofás que había enfrente de la chimenea, el fuego fatuo se colocó delante de mi cara como si quisiera que le prestara atención.
-¿Qué es lo que quieres que busque?
Entonces, el fuego fatuo se dirigió hacia la estantería de la esquina, la cual estaba casi pegada a la ventana, para colocarse en la tercera estantería desde arriba y tras hacerlo, me acerqué y agarré el libro y al abrirlo me di cuenta de que era un diccionario, pero no uno cualquiera, sino un diccionario de nombres.
-¿Es que tienes nombre?- pregunté asombrada.
El fuego fatuo afirmó la pregunta y comencé a buscarlo, pero antes de pasar la primera página, el fuego fatuo se colocó en medio de la sala para hacer un dibujo, el cual no tardé en averiguar que se trataba de la inicial de su nombre.
-¿La "M"?
Volvió a afirmar y empecé a buscar el nombre desde la letra que me había indicado.
-¿Maika?
Negó la pregunta.
-¿Moira?
Negó de nuevo.
-¿Muire?
En ese momento, afirmó moviéndose de arriba a abajo y sin para de dar vueltas sobre sí mismo.
-Así que, ¿te llamas Muire?- volví a cuestionar sin dejar de reír al ver cómo giraba.
Pero en vez de volver a afirmar mi pregunta, se acercó a mí poco a poco, como si quisiera darme las gracias y al percatarme de que mi nueva amiga no iba a prenderme fuego, dejé que se frotara en mi hombro.
-De nada.
Luego, Muire volvió a colocarse enfrente a mí para después dirigirse a la estantería, aunque esta vez se acercó a la que se encontraba justo encima de la chimenea por lo que, tras dejar el diccionario de nombres en su sitio, fui hacia la chimenea, pero al ver que no podía alcanzar el libro que me pedía Muire, cogí un pequeño banco que había al lado de la chimenea y en cuanto conseguí coger el libro, pude percatarme en que era un libro de tamaño medio con la cubierta de color marrón y hecha de cuero.
Pero lo más extraño de ese objeto era que tenía una pequeña cerradura hecha de oro en el lateral y sin saber lo que tenía que hacer para abrirlo, no dudé en poner la palma de mi mano en la cubierta y de repente salió una pequeña fuente de luz blanca haciendo que el libro se abriera por arte de magia.
"¿Cómo he sido capaz de hacer esto?"
Aún sin poder creer lo que acababa de hacer, miré a Muire y a Garreth y al ver que ninguno de los dos se sorprendía lo más mínimo de lo que acababa de pasar, decidí sentarme en el sofá que había delante del fuego para proceder a leer el contenido de aquel libro.
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