Una triste melodía


-"Que melodía más hermosa"- pensó Rose al oír la canción que surgía de la sala contigua.

-Ya estamos otra vez- se quejó el reloj de péndulo a la vez que se dirigía a la habitación.

-¿Qué ocurre?- preguntó Rose extrañada.

-Es el Maestro Cadenza, echa de menos a su esposa y se pasa los días tocando una canción melancólica- explicó Lumiére miesntars seguía a Din Dong.

Rose no tardó en seguir a los objetos, pues tenía mucha curiosidad por saber quién era el Maestro Cadenza, pero en cuanto la joven puso un pie en la sala no tardó en recordar que aquel lugar fue antaño el salón de baile, la habitación donde todo empezó. Pero ahora aquella sala estaba cubierta de polvo y telarañas que colgaban de las lámparas de araña del techo, parecía estar hecho de cristal y a la izquierda se divisaban un clavecín y un taburete del mismo color que la sala, entonces, cuando Rose tocó una de las teclas del instrumento, este se asustó haciendo que la muchacha también se asustara:

-Scusi signorina, no quería espantarla- dijo el clavecín con acento italiano.

-Mi scusi, lo siento, no era mi intención asustarle- contestó Rose un poco más calmada.

-Verá maestro, esta es Rose, la joven que nos ayudará a romper el hechizo- explicó Plumette al instrumento musical.

-Oh maravilloso, no sabes lo feliz que me hace escuchar eso- respondió Cadenza a la vez que se le formaba una sonrisa.- En todo este tiempo no he podido ver a mi esposa y la única forma que tengo de expresarle mi amor y mi tristeza es a través de la música.

Rose no pudo evitar sentir tristeza por el instrumento, pero de repente, un ladrido llamó la atención de la joven, un ladrido que ya había oído antes:

-Es Froufrou, se la pasa el día jugando por todo el castillo- dijo la Sra Potts.

-Ya sé quien es, él era el único que podía verme los momentos antes de la maldición- explicó Rose mientras veía cómo el taburete se acercaba a ella.

Aquel perrito que Rose conocía, se había convertido en un taburete plateado, lo cual era bueno para el Maestro Cadenza y para su esposa, pues Rose pensó que cuando Ágata realizó el hechizo esta quiso que el matrimonio tuviera la esperanza de volver a verse si Froufrou iba a visitarles.

A medida que el taburete se acercaba ladrando de alegría, Rose se arrodilló para recibir con un abrazo a aquel mueble encantado.

-Hola Froufrou, ¿te acuerdas de mí?- cuestionó la chica mientras le daba mimos.

-Guau guau- contestó el mueble dando a entender que se acordaba de la muchacha.

-Toda esta reunión es muy emotiva, pero Rose debes ir a ver al amo para explicarle la historia, porque si te ve aquí podría creer que eres una intrusa- explicó el reloj con un tono de preocupación.

-No sé si es buena idea mon ami, puede que el amo no quiera escucharla y la encierre en el calabozo- respondió Lumiére.

-Lo cierto es que Din Dong tiene razón Lumiére, debo hablar con él y tendrá que escucharme- objetó la joven.

-Pues si no hay más remedio, te llevaremos hasta él- dijo la Sra Potts.

En cuanto Rose se despidió de Cadenza, empezó a seguir a los objetos encantados hasta una larga escalera que acababa dividida en dos, y a pesar de que Lumiére le explicó en qué dirección se encontraba la habitación de la Bestia, Rose no podía escucharle pues a medida que avanzaba ella sola por la escalera sólo era capaz de oír cómo los latidos de su corazón bombeaban más y más rápido.

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