Una invitación para cenar (1º parte)

Lo primero que hizo Rose al entrar en el castillo fue dirigirse a la torre para ver como estaba Bella pero antes de poder hacerlo, se topó con la Bestia quien le ordenó que la prisionera no debía salir de su celda y que tampoco recebiría ni comida ni agua.

Entoces Rose indignada con dicha orden le respondió a la Bestia:

-Esa "prisionera" es la que va a romper el hechizo y le prometí a su padre que cuidaría de ella- le dijo Rose poniéndo énfasis en la palabra que había usado la Bestia para referirse a la joven que se encontraba encerrada.

-Haz lo que te ordeno Rose o sufrirás su mismo destino- le advirtió la criatura a la vez que se dirigía a sus aposentos.

De repente, Rose vió cómo Lumière y Din Dong intentaban sin mucho éxito esconderse detrás de la cortina y les llamó con una sonrisa:

-Chicos os estoy viendo, salid de ahí.

-Oh, no estábamos escuchando nada, sólo estábamos comprobando que todo estuviera limpio, ¿verdad Lumière?- le contestó nervioso el reloj e intentando buscar apoyo en el candelabro para que él corroborara los actos.

-Claro, claro, no se imagina cuánto polvo puede llegar a acumular en estas cortinas- respondió Lumière igual de nervioso.

Rose miraba divertida a los utensilios, pues ninguno sabía mentir muy bien y ella sabía que el verdadero motivo por el que Din Dong y Lumière estaban allí para conocer a Bella, pero le tenían demasiado miedo a su amo como para pedirle permiso.

-No hace falta que me mintáis, sé que quereís ayudar a Bella porque pensaís que ella es la joven que romperá el hechizo y os puedo asegurar que ella es la muchacha que estaís buscando, así que si quereís podeís venir conmigo y buscarle una habitación más cómoda que la celda en la que se encuentra- les invitó Rose.

-No podemos hacer eso, el amo ha prohibido expresamente que no debe salir de la celda ni tener comida ni agua- les recordó Din Dong aterrado por lo que podría hacer la Bestia si se enteraba.

-Din Dong me sorprendes, esa muchacha es nuestra invitada no una prisionera, así que nuestro deber es hacer que se sienta a gusto- opinó Lumière a la vez que se dirigía hacia la escalera que daba la torre.

Mientras tanto, Bella observaba por la ventana y se daba cuenta de lo miserabla que se sentía al darse cuenta de que acababa de perder su libertad y a su padre en un solo día, pero antes de que pudiera seguir lamentándose, oyó cómo la puerta de la celda se abría y se levantó para ver quien era, pero al ver que no había nadie cogió el taburete sobre el que estaba sentada para usarlo como arma para defenderse, entonces cuando asomó la cabeza, se topó con un candelabro dorado que la saludaba:

-¡Holaaaaa!- exclamó Lumière muy alegremente.

-¡Aaaaaah!- gritó Bella al ver al utensilio al mismo tiempo que le tiraba el taburete.

Por suerte Lumière esquivó el mueble sin perder su optimismo.

-Siento haberla asustado madmoiselle, no era mi intención- se disculpó el candelabro.

-¿Puedes hablar?- cuestionó Bella un poco más tranquila.

Pero antes de que Lumière pudiera contestarle, Din Dong fue subiendo las escaleras con cierta dificultad al mismo tiempo que pregonaba:

-Por supuesto que puede hablar, algo que resulta un tanto moslesto la verdad.

Bella no podía creer lo que veían sus ojos, pues nunca había visto un candelabro y un reloj parlantes, ya que era algo un poco extraño para ella, además que ese tipo de cosas sólo las había visto en los libros.

-Yo también me impresioné cuando los vi por primera vez- confesó Rose situándose detrás de los objetos.

Al levantar la vista de Lumière y de Din Dong, Bella vio como la joven la miraba con miedo y vergüenza, algo que no era para menos, pues en parte, Rose también había permitido que su padre se convirtiera en un prisionero de la Bestia pero por suerte ahora podía remediar lo que había hecho cumpliendo la promesa que le había hecho a Maurice, así que Bella la miró sonriendo mientras le preguntaba:

-¿Hay más objetos que pueden hablar?.

-Sí, la verdad es que hay unos cuantos y todos son muy simpáticos- le contoó Rose aliviada al ver que Bella no estaba enfadada con ella.

De repente, para que las jóvenes volvieran a prestarles atención, ambos objetos se presentaron ante Bella:

-Permítame que nos presentemos madmoiselle Bella, yo soy Lumière- se presentó el candelabro a la vez que le hacía una reverencia.

-Y yo soy Din Dong, el encargado de la servidumbre- le dijo el reloj muy educadamente.

-Madmoiselle Bella, permítanos acompañarla a sus aposentos por favor- se ofreció el candelabro mientras iniciaba la marcha.

Caminaron por la parte este del castillo al mismo tiempo que Bella les hacía preguntas sobre la Bestia:

-¿Por qué obedeceís a un amo que os desprecia tanto?.

-Hemos cuidado de él desde que nació- contestó Lumière.

-¿Este castillo está encantado?- volvió a cuestionar la joven un tanto curiosa.

-Pues sí jovencita, todo el castillo está bajo el hechizo de una poderosa bruja que nos convirtió en objetos cotidianos mientras el amo era transformado en una bestia- le contó esta vez Din Dong.

-¿Y hay algún modo de romperlo?- volvió a preguntar Bella.

-La única forma de romperlo es que...- empezó a explicarle el reloj antes de que Rose le parara diciéndole a su amiga.

-La única manera de romperlo es que la Bestia se vuelva bueno- mintió en parte la joven, pues si Bella se enteraba de cómo se rompía realmente el hechizo, habría muchas probabilidades de que la muchacha no pudiera enseñar a amar a la Bestia.

-Y si no lo hace, el amo seguirá siendo una Bestia para siempre y nosotros moriremos convertidos en utensilios inmóviles- finalizó Lumière apenado.

En cuanto llegaron al extremo de la parte este del castillo, el candelabro abrió una puerta que daba a la que a partir de ahora sería la habitación de Bella:

-Pase por favor madmoiselle, este será su aposento, espero que todo esté a su gusto.

En cuanto la joven entró en la habitación no pudo evitar quedarse sin aliento, pues el cuarto era bastante grande y espacioso, además de estar amueblado con una cama enorme, un tocador de color blanco con un cepillo, un peine y un pequño frasco de perfume y un aramario de color azul con detalles dorados.

-Es preciosa- susurró Bella.

-Sí que lo es, estoy seguro de que estará muy cómoda- respondió Lumière corriendo a tumbarse encima de la cama, aunque con lo que no contaba el candelabro era que el colchón estaba cubierto de polvo y no pudo evitar toser un poco.

-Discúlpeme madmoiselle, es que hace mucho tiempo que nadie limpia este aposento.

De repente, un plumero apareció delante de las jóvenes haciendo que Bella se sorprendiera.

-No se preocupe madmoiselle ya estoy aquí para limpiarlo todo- la tranquilizó el plumero mientras limpiaba el polvo de las paredes.

-Ella es Plumette, la novia de Lumière- le explicó Rose a su amiga tras ver como el candelabro y el plumero empezaban a mostrar su amor.

Ambas muchachas observavan con ternura a los objetos hasta que Bella se dirigió al tocador para coger un cepillo y le dijo:

-Hola, ¿cómo te llamas?.

Al ver tal escena, Rose no pudo evitar reírse y le contestó:

-Es solo un cepillo normal y corriente.

Entonces, un grito de alegría hizo que todos los presentes se giraran para ver quien había provocado tal escándalo, quien no fue otra que Madame de Garderobe que acababa de despertarse de su larga siesta.

-No se preocupe madmoiselle Bella, ella es Madame de Garderobe, su guardarropa- le explicó Lumière al ver lo asustada que estaba la joven.

-Cuando era humana fue una gran cantante de ópera, pero se ve que ahora no hace más que dormir- le contó Rose.

-¿A qué viene tanto alboroto queridos?- preguntó el armario.

-Madame, le presento a nuestra nueva invitada Bella- le presentó el candelabro.

-¡Oh!, que muchacha tan hermosa, tienes unos ojos llenos de sabiduría y posees un porte de una auténtica princesa- exclamó Madame al examinar con entusiasmo a la joven.

-Yo no soy una princesa- le dijo Bella.

-Bueno, por eso no te preocupes querida, que yo te transformaré en una hermosa princesa, vamos a ver lo que tengo aquí dentro- respondió el guardarropa mientras abría sus cajones y sacaba miles de cintas que rodearon el cuerpo de la muchacha para diseñarle un precioso vestido.

-Froufrou ven ayudar a mamá- gritó Madame de Garderobe.

En ese momento Bella vio como un pequeño taburete ladraba y corría hacia el aposento y se disponía a sujetar una de las cintas a la vez que su dueña terminaba de vestirla.

-Y ahora, el toque final- aunció el guardarropa cuando le puso a Bella una peluca de fiesta.

Tras ver el resultado de Madame de Garderobe, Rose y los objetos no pudieron evitar escandalizarse pues el vestido que acababa de crear el armario, era demasiado extravagante, pomposo y los colores eran demasiado chillones, pero lo peor de todo eran los lacitos que lo decoraban, además del hecho de que el propio vestido impedía que Bella pudiera moverse.

-Ah, está muy bien Madame- mintió Lumière.

-Oh, gracias queridos- agradeció el mueble sin llegar a imaginarse que su creación había sido un verdadero espanto para los utensilios.

-Creo que será mejor que nos vayamos ya, tenemos que bajar a preparar la cena- informó Din Dong quien tenía muchas ganas de marcharse del cuarto cuanto antes.

-Bueno Froufrou lleva mi amor al Maestro- le pidió Madame de Garderobe al taburete antes de que este saliera disparado hacia las escaleras.

Aunque antes de que los objetos y Rose se fueran de la habitación, Din Dong le dijo a Bella:

-Le recomendaría que no se acercase al ala oeste.

-¿Por qué no?- cuestionó la joven con curiosidad.

-No es nada madmoiselle, ni siquiera hay un ala oeste- le contestó Lumière intentanto deshacer el entuerto en el que se había metido Din Dong.

-Luego nos vemos Bella- se despidió Rose con una sonrisa y siguiendo a los sirvientes a la cocina.

Entonces, después de cerrarse la puerta Madame de Garderobe volvió a quedarse dormida y Bella empezó a quitarse el vestido que le había confeccionado el armario para comenzar a buscar alguna salida para que pudiera escapar del castillo, algo que al principio le pareció un error, ya que no quería que la Bestia le hiciera daño a Rose por no haberla vigilado pero en cuanto la joven posó su mirada hacia una ventana que estaba situada cerca de la cama corrió a abrirla para ver si era un buen lugar por donde podría escapar, pero por desgracia para la joven, la distancia que había desde la ventana hasta el suelo hacia más que imposible que la huída fuera rápida y sencilla


Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top