Una amiga inesperada y un regalo

Esa misma mañana, una mujer que venía de recoger plantas para sus remedios medicinales encontró a un hombre inconsciente y atado a un árbol, aquel hombre era Maurice y cuando la mujer fue a ayudarle, Maurice se despertó un tanto confuso y cuando posó su vista en la mujer, sus ojos se llenaron de asombro y de su boca salió de su boca:

-Ágata.

Después de desatar a Maurice, Ágata llevó al anciano hasta su hogar, el cual consistía en un árbol caído cuya corteza estaba hueca y a pesar de ser un lugar carente de muebles, sin duda era un lugar muy acogedor.

Y al mismo tiempo que Maurice estaba siendo rescatado por la Hechicera disfrazada, en el castillo Rose cuidaba de la Bestia, quien le daba las gracias por cuidarle y de lo mucho que estaba haciendo por él:

-No tienes porque agradecerme nada, me gusta ayudar a los demás- e dijo la muchacja muy sinceramente.

-Ojalá hubiera algún modo de agradecerle a Bella lo mucho que ha hecho por mí a pesar de no haberla tratado con cortesía- se lamentó la Bestia.

Entonces a Rose se le ocurrió una idea maravillosa y se la propuso a su amigo:

-¿Quieres que Bella pueda entrar en la biblioteca?

-¿Por qué no?, a ella le haría mucha ilusión, estoy segura- le animó la joven.

Pero antes de que la Bestia pusiera alguna objeción al respecto, alguien comenzó a llamar a la puerta y cuando la Bestia dio permiso para que el desconocido entrase su amiga y él vieron que se trataba de Bella quien iba a relevar a Rose para cuidar del paciente.

-Bueno amigos, yo me voy a ver si la señora Potts necesita algo- se despidió Rose antes de marcharse de la sala.

-Hasta luego Rose- se despidió la pareja.

En cuanto la Bestia y Bella estuvieron a solas ninguno de los dos pronunció una sola palabra hasta que la Bestia se fijó en el libro que llevaba la joven y le preguntó:

-¿Qué libro estas leyendo?.

-Romeo y Julieta- contestó Bella con alegría al ver que la Bestia se interesaba por su pasatiempo favorito- es mi historia preferida.

-Uff- se quejó la Bestia al escuchar aquella confesión- debí suponerlo, a todas las mujeres os gusta eso del amor verdadero y la muerte trágica.

Bella se quedó muda al oír aquello y no dudó en cuestionarle si conocía algún libro mejor al que estaba leyendo.

Y recordando el consejo que le acababa de dar Rose, la Bestia se levantó de la cama y le pidió a Bella que lo acompañara. Bajaron las escaleras hasta llegar a una sala cerrada con dos puertas y cuando la Bestia la abrió, los ojos de Bella parecían salirle de las órbitas pues acababa de entrar en la biblioteca más grande que había visto en su vida, las estanterías parecían no tener fin y había libros de todos tamaños, desde muy finos y ligeros hasta grandes y pesados, estaba tan maravillada que no oía nada de lo que le decía la Bestia:

-Disculpa, ¿qué me estabas preguntando?.

-Te preguntaba si te encontrabas bien, es que cuando has entrado parecía que te ibas a desmayar- le respondió la Bestia.

-Oh, tranquilo me encuentro muy bien es que nunca había visto tantos libros, ¿son todos tuyos?- le cuestionó la muchacha.

-Sí- le respondió con orgullo.

-¿Y los has leído todos?- volvió a preguntar la joven.

-No, algunos están en griego- contestó la Bestia.

Ante dicha respuesta, Bella no pudo evitar reírse pensando que la Bestia estaría bromeando y este al escuchar la dulce risa de la joven le sonrió y le dijo:

-Pues si tanto te gustan los libros, te los puedes quedar, son tuyos.

A Bella casi se le saltan las lágrimas de alegría, nunca había tenido tantos libros para ella sola y estaba dispuesta a disfrutar de todos y cada uno de ellos.

Y de lo que ninguno de los se había dado cuenta, era que en un rincón de la biblioteca, Rose se encontraba escondida entre dos esanterías viendo con entusiasmo como sus nuevos amigos empezaba a llevarse bien entre ellos.


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