Un pueblo llamado Villeneuve
-¿Estás segura de que llevas todo lo necesario cariño? ¿ropa de abrigo, el teléfono, dinero?- preguntaba Lacey mientras abrazaba a Rose antes de que sonara la última llamada para los pasajeros que se dirigían a Francia.
-Si mamá tengo todo lo necesario no te preocupes- respondió Rose con una sonrisa con el objetivo de tranquilizar a su madre.
-Bueno, siento ponerme así, es que es tu primer viaje al extranjero, verás lugares increibles y mágicos y quiero que tengas cuidado- contestó Lacey aguantando las ganas de llorar.
-Pásalo bien hermanita y procura no llamar la atención de los chicos- dijo su hermano Neal mientras la abrazaba.
-¡Neal!, tu hermana no va a ligar, se va para aprender otra cultura- contestó Emma escandalizada por el comentario de su marido.
-Te voy a echar de menos tía- confesó Henry mientras abrazaba a la joven.
-Y yo también a ti cielo, cuídate mucho y pórtate bien ¿vale?- dijo Rose mientras correspondía el abrazo que le daba su sobrino.
-Que suerte tienes hermana, a mí también me gustaría ir contigo a Francia- contestó Gideon manifestando su envidia.
-Tranquilo hermanito, el próximo viaje lo haremos juntos te lo prometo- dijo Rose mientras abrazaba a su hermano.
-Pasajeros del vuelo con destino París diríjanse a la zona de embarque número 5 por favor-. Contestó la voz del megáfono del aeropuerto.
Entonces, Rose dirigió una última mirada antes de subir al avión.
-Os quiero- dijo Rose mientras se dirigía a la zona de embarque.
-Te llamaremos todos los días- anunció el Sr. Gold.- Y quiero que contestes todas las llamadas-.
-Vale papá- respondió la muchacha mientras revisaban su billete.
Ya sentada en su asiento asignado, Rose no pudo evitar tocarse el relicario que llevaba colgado del cuello que su padre le había regalado el mismo día de su nacimiento, estaba echo de oro puro con forma de corazón con el dibujo de una rosa y en su interior, había una fotografía de su familia.
Nada más llegar a Francia, Rose quedaba maravillada con todo lo que veía a su alrededor, era un país magnífico, lleno de cultura, de arte, de historia y de música. Un día Rose fue con un grupo de turistas que se dirigían al último pueblo de la zona: Villeneuve, un pueblo que según Rose era muy pintoresco y alegre.
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