Libros y lobos
Era la biblioteca del castillo o más bien, la biblioteca más inmensa que Rose había visto en su vida y a medida que entraba en la estancia más feliz se sentía ya que su madre le había transmitido su amor por los libros desde muy pequeña.
Lo primero en lo que se fijó al entrar fue en la estantería que se encontraba justo delante suya y decidió inspeccionar más ha fondo aquellos objetos que para ella eran tan maravillosos. Había de muchos géneros: misterio, romance, historia.
Rose se sentía como pez en el agua y en vez de limitarse a ver los títulos de la estantería se animó a inspeccionar un poco más aquella habitación, sin embargo cuando se acercó a la chimenea que se encontraba en el extremo izquierdo de la sala vio que en un rincón había un libro encima de un atril de bronce.
Aquel libro era sin duda, muy distinto de los demás: la encuadernación parecía estar hecha de oro puro y tenía dos pequeños cierres en el lateral donde se abría, pero antes de que la joven pudiera abrirlo para ver de qué trataba, oyó la voz grave de la Bestia diciendo:
-Creía que yo era el único que entraba en este lugar.
Rose no se había dado cuenta de que la Bestia había estado todo el rato sentado en un sillón cercano a la chimenea y cuando se volvió para verle vio cómo se acercaba a ella sin ningún ápice de enfado:
-Siento haber entrado, no sabía que hubier alguien aquí- se disculpó Rose alejándose del atril.
Al ver que su amiga se había sobresaltado al verle, la Bestia se acercó al atril para coger el libro y le dijo:
-Es un libro mágico, permite que todo aquel que lo toque pueda viajar a donde más desee.
Aquella información hizo que Rose se acercara a la Bestia para examinar con más detenimiento aquel libro mágico.
-¿En serio puede llevarte a donde más desees?- cuestionó Rose con mucha curiosidad.
La Bestia afirmó con la cabeza.
-¿Y lo has usado alguna vez?- preguntó la joven, pero al darse cuenta de que la Bestia ya no estaba a su lado y que el libro estaba de nuevo en su sitio, un sentimiento de pánico invadió el cuerpo de Rose y se dirigió corriendo hacia las escaleras, pues sabía que de un momento a otro Bella bajaría para dirigirse al bosque.
Mientras en el ala oeste, Bella no dejaba de inspeccionar un aposento muy oscuro que sin lugar a dudas era la de la Bestia, pues en la estancia los muebles estaban rotos, el polvo se había acumulado por los rincones y las cortinas estaban hechas jirones, pero lo que verdaderamente llamó la atención de la chica fue que en el balcón había una rosa roja tapada con una campana de cristal encima de una pequeña mesa.
A primera vista la rosa parecía una flor muy común, pero para Bella le resultó muy extraña y cuando estuvo a punto de levantar la campana la enorme sombra de la Bestia oscureció aún más el cuarto provocando que Bella retrocediera instintivamente y pensando en lo que Rose le había dicho sobre que no fuera a ese aposento, además de lo mucho que se estaba arrepintiendo por no haberla hecho caso.
La Bestia no podía creer lo que veía, la joven a la que había hecho su prisionera no sólo no estaba en su dormitorio como pensaba, sino que se había atrevido a entrar en su habitación y estar a punto de destruir la rosa.
-¡¿Qué estás haciendo aquí?!- le gritó la Bestia perdiendo totalmente los estribos.
-Lo siento mucho no pretendía hacer nada malo- respondió Bella con un hilillo de voz.
-¡¿Te das cuenta de lo que podrías haber hecho?!- volvió a gritar la Bestia al mismo tiempo que se aseguraba de que la rosa estuviera bien.
Bella que estaba demasiado asustada para poder responderle, salió del aposento como alma que lleva el diablo para dirigirse a las escaleras donde se encontraban Lumière y Din Dong jugando al ajedrez pero al ver que como la joven se dirigía a la puerta dejaron de jugar para intentar impedir que Bella se marchara.
-Bella no te vayas- le gritaba Rose corriendo hacia su amiga.
-Lo siento Rose pero no puedo quedarme aquí- se excusó Bella a la vez que salía del castillo.
-¿Y ahora qué vamos a hacer?- cuestionó la señora Potts al ver como se iba Bella.
Entonces lejos de alarmarse, Rose posó su mirada en los objetos que en ese momento se encontraban en el vestíbulo preocupados por lo que fuera a pasar ahora.
-No os alarméis amigos Bella volverá- les anunció intentado trasmitirles esperanza.
-¿Cómo puedes estar tan segura de eso?, se ha ido directamente al bosque los lobos la matarán- le dijo Din Dong todavía asustado por lo que acababa de presenciar.
-Porque vuestro amo está muy arrepentido de lo que ha hecho e irá a buscarla ahora mismo- les explicó la joven.
Y era cierto, en cuanto la Bestia se hubo tranquilizado vio como Bella, a lomos de Phillip cabalgaba en dirección al bosque sin percatarse si quiera de que los lobos andaban al acecho así que sin pensárselo dos veces, la Bestia saltó por el balcón y empezar a descender por las torres del castillo hasta llegar al suelo para seguir a la joven.
En cuanto a Bella, ella se dio cuenta muy tarde de que había cometido un error al haber huido del castillo por la noche, pues la manada de lobos hambrientos ya había comenzado a perseguirla y uno de ellos que se encontraba en una pequeña ladera se abalanzó hacia la muchacha haciendo que esta cayera del caballo.
Tanto Bella como Phillip estaban aterrados pues los lobos se estaban preparando para atarcarlos, pero antes de que pudieran hacerles daño, Bella cogió una rama que había en el suelo y empezó a agitarla para alejar a los lobos pero uno de ellos, que parecía ser el alfa, agarró la rama con los dientes y la partió en dos y al ver que su fin se acercaba Bella se colocó delante de Phillip para que aquellas bestias no le hicieran daño y para que así tuviera una mínima posibilidad de escapar.
De pronto, cuando el lobo alfa estuvo a punto de morder a la joven una criatura atacó sin miedo al lobo con sus enormes zarpas.
Aquella criatura no era otra que la Bestia el cual había seguido a Bella con la intención de pedirle perdón por lo que había pasado ene l castillo y protegerla de los lobos.
Bella no podía creer lo que estaba viendo, su carcelero estaba arriesgando su propia vida por ella y mientras la muchacha se mantenía detrás de la Bestia, esta luchaba contra los lobos quienes no iban a rendirse sin luchar.
Aquella pelea parecía no tener fin, los lobos atacaban a la Bestia usando los dientes y las zarpas las cuales les estaban provocando varias heridas pero aun así la Bestia no se rendía y cuando mostró su gran rugido ante el lobo alfa, este se dio cuenta de que había perdido la batalla y que lo mejor para él y la manada era volver al bosque.
En cuanto los lobos se hubieron marchado, la Bestia posó su mirada hacia Bella y cuando intentó avanzar hacia ella se desplomó al suelo por culpa del agotamiento.
Para Bella, aquella era su gran oportunidad para poder escapar y volver a Villeneuve pero cuando vio a la Bestia tendida en el suelo, un sentimiento de culpabilidad empezó a hacer mella en su corazón pues no sería de buena persona abandonar a alguien malherido aunque se tratase de un ser que le había arrebatado su libertad, entonces Bella se agachó y le dijo:
-Te ayudaré a volver al castillo y te cuidaré, pero necesito que te levantes.
Después de oír aquello, la Bella se dio cuenta de que aquella joven no era como él había pensado así que con un poco de esfuerzo se levantó y se apoyó en la muchacha para que ell ay Phillip pudieran llevarle de vuelta al castillo.
Mientras tanto, Rose y todos los utensilios empezaban a preocuparse pues temían que los lobos hubiesen hecho daño al amo y a la joven pero en cuanto oyeron como la puerta se abría ante ellos motrándoles una imagen que les dejó anonadados: Bell estaba sosteniendo a la Bestia que se encontaba malherido así que rápidamente Rose se colocó al otro lado de la Bestia para ayudar a su amiga a llevarlo a su aposento a la vez que la señora Potts daba órdenes a los objetos:
-Din Dog, ve a la cocina y dile al chef que caliente agua, Plumette ve con Chapeau a buscar las mantas, Lumière y yo acompañaremos a Rose y a Bella a la habitación del amo.
-Vengan por aquí S'il vous plait- dijo Lumière a la vez que las guiaba al ala oeste.
En cuanto llegaron al aposento y tumbaron a la Bestia en su cama, la señora Potts le agradeció el gesto de ayuda hacia su amo además de pedirles a las muchachas que intentarán dormir un poco pero las dos chicas se negaron a hacerlo:
-Os agradezco vuestra amabilidad niñas, pero hoy ha sido un día de muchas emociones y os puedo asegurar que el amo se pondrá bien- les aseguró la tetera.
-Por favor señora Potts, si necesita algo, lo que sea pídanoslo- le respondió Rose aún muy preocupada.
-Serás la primera persona a la que acuda si hay algún problema. Buenas noches queridas- se despidió la señora Potts con una sonrisa.
-Buenas noches- le respondieron las dos jóvenes al unísono.
Después de salir de la habitación, Rose y Bella fueron derechas al ala este y en cuanto llegaron Bella comenzó a pedirle perdón a Rose por no haberla hecho caso cuando le dijo que no subiera al ala oeste:
-Fue todo culpa mía, si no hubiese ido al ala oeste nada de esto estaría pasando.
-Bella no fue culpa tuya, tú eres una persona curiosa y eso no es algo necesariamente malo y si te sirve de consuelo tampoco fue culpa de la Bestia, él tiene un carácter muy fuerte y no se da cuenta del daño que puede llegar a causar pero ya has visto que no es tan malo- le explicó Rose abrazando a su amiga para tranquilizarla.
Lo cierto es que eso era verdad pues a esar de su carácter irascible, la Bestia también se preocupaba por la gente que le importaba y Bella era una de ellas.
Al final, cuando Rose se disponía a entrar en su habitación Bella le pidió si podía quedarse un rato con ella a lo que su amiga le respondió que sí y en cuanto entraron en la habitación las dos se tumbaron en la cama y Rose cogió la cajita de música de la mesita de noche para girar la pequeña manivela con el objetivo de que la música de la cajita las ayudara a dormir pero en el momento en el que Bella escuchó la melodía no pudo evitar ponerse melancólica ya que aquella melodía era la de una nana que le cantaba su madre cuando era pequeña.
-¿Sabes qué es lo curioso de esta melodía?- le cuestionó Rose a punto de quedarse dormida.
-No- le contestó Bella intrigada.
-Que es de la nana que me cantaba mi madre cuando era un bebé- dijo Rose antes de quedarse profundamente dormida.
Sin duda aquella confesión era muy extraña, pues se suponía que aquella nana se transmitía de madres a hijas y era raro que Rose la conociera, pero a causa del cansancio Bella no pudo seguir dándole vueltas a aquel misterio y se quedó dormida.
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