Explicaciones

Tras ver lo sucedido, Chip se fue al salón para buscar a Rose y contarle lo que le había pasado a Maurice:

-Rose, Rose ha ocurrido algo horrible- gritaba Chip desesperado.

-¿Qué ocurre Chip?- cuestionó la joven cerrando el libro que estaba leyendo.

-El amo a apresado a un hombre, se lo ha llevado a la torre.

Al oír aquello, Rose se fue corriendo hasta los aposentos de la Bestia para exigirle que liberara al prisionero, ya que la joven sabía muy bien que el hombre que estaba encerrado, no era otro que Maurice. Al llegar a la puerta de la habitación de la Bestia, no se molestó siquiera en llamar, pues estaba demasiado enfadada como para ser educada.

-Libera al prisonero ahora mismo- ordenó.

-¿Cómo te atreves a entrar en mis aposentos sin llamar primero?- preguntó la Bestia haciendo caso omiso a la orden que le había dado Rose.

-¿Y cómo se te ocurre a ti encerrar a un hombre indefenso en una torre?- cuestionó Rose sin responder a la pregunta de la criatura que tenía enfrente suya.

-Él no es un hombre, es un ladrón que se a atrevido a robar mis rosas con la excusa de que su hija quería una.

Rose no daba crédito a lo que oía, pues no podía creer que la Bestia fuera capaz de encerrar a una hombre honrado como Maurice por llevarse una simple rosa.

-Ese ladrón como tú le llamas, debía venir aquí para que me ayudara a romper el hechizo y tú al encerrarle lo has estropeado, confesó Rose indignada.

La Bestia, a pesar de saber que Rose cumplía siempre con su palabra, no podía arriesgarse a que el prisionero no cumpliera la suya.

-Él no puede ayudarte- le contestó a la joven.

-Pues si tú no quieres arriesgarte ya lo haré yo- respondió Rose a la vez que se iba de la habitación.

Después de llegar a las escaleras que conducían a la torre donde Maurice estaba encerrado, Rose se dispuso a subirlas y en cuanto llegó, buscó con la mirada la celda en la que estaba el padre de su amiga. No le fue difícil encontrarle y en cuanto se acercó un poco a los barrotes, Maurice se la quedó mirando extrañado mientras que Rose se arrodillaba para contarle la verdad:

-Rose, ¿qué estás haciendo aquí?, debes irte de aquí, este castillo está vivo- le advirtió el hombre.

-Escucha Maurice, ya sé que el castillo está vivo, fui a la aldea para encontrar a tu hija y usé la excusa de que quería una caja de música para que vinieras hasta aquí- le comfesó la muchacha.

-¿Bella?, ¿qué tiene que ver ella con todo esto?- cuestionó Maurice aún más extrañado.

-Bella es la única que puede romper...

Pero antes de que Rose pudiera contarle algo más, la voz de la Bestia le ordenó que callara:

-No puedes hablar con el prisionero- dijo la Bestia a medida que se acercaba a la celda de Maurice.

-No la hagas daño por favor- le suplicó Maurice intentando ayudar a su joven amiga.

-No te preocupes Maurice, yo sé cómo tratarle- le explicó Rose mirando enfadada a la Bestia.

Aquella mirada por parte de la joven hizo que la Bestia se enfureciera y se acercara a ella muy lentamente hasta que su cara quedó a pocos centímetros de la de la joven.

-He dicho que no puedes hablar con el prisionero, esuna orden- gruñó la Bestia que estaba a punto de perder la paciencia.

Entonces Rose se levantó y sin apartar la vista de la Bestia, le dijo a Maurice:

-Vas a tener que disculparme Maurice, a la Bestia no le gusta que le desobedezcan.

De repente, antes de que la Bestia y rose pudieran bajar de la torre, oyeron a Maurice que decía:

-¿Puedo darle algo a Rose antes de que se vaya?- cuestionó el hombre con miedo a que la Bestia se negara.

Y al no poder negarse a dicha petición, la Bestia fijó su mirada hacia Rose a la vez que asentía con la cabeza dándole a entender a la joven que podía ir a coger aquello que Maurice le quería entregar. En cuanto Rose se acercó al hombre, este sacó de su bolsillo una cajita de música de color azul marino con bordes plateados y con el dibujo de una rosa roja en la tapa.

Rose quedó maravillada con el regalo de Maurice, pero no pudo evitar llorar por haberle tendido una trampa a aquel hombre tan bueno.

-¿Por qué lloras Rose, a caso no te gusta la cajita de música que te he hecho?- preguntó Maurice preocupado.

-No Maurice, la cajita es preciosa, lloro porque no quería que te pasara nada malo, pero veo que mis actos han traído consecuencias nefastas- confesó la joven arrepentida.

-Oh, querida no es culpa tuya, yo sé que tienes un gran corazón y que tu única intención era la de ayudar- le dijo Maurice con ternura.

-Espero que puedas perdonarme algún día- respondió Rose esperanzada.

-No hay nada que perdonar Rose- sentenció el hombre.

Después, tras despedirse de Maurice, la Bestia acompañó a Rose hasta su habitación, pero antes de entrar se encaró a la criatura diciéndole:

-No puedes seguir tratando así a la gente.

-Él me estaba robando- se defendió la Bestia.

-Y te pidió perdón pero tu ira a nublado tu capacidad de perdonar, ahora ya sé porqué todos te temen, incluso tus sirvientes y no es por tu aspecto físico, te temen porque eres egocéntrico, egoísta y te enfureces con mucha facilidad y lo más triste de todo esto es que yo no te tengo miedo sino lástima, porque con esa actitud jamás conseguirás romper el hechizo, ahora si me perdonas, me retiro a descansar y espero que con lo que le has hecho a Maurice tengas algún cago de conciencia- expuso Rose sabiamente.

Y tras  lo dicho, Rose abrió la puerta para entrar a su aposento y cerrarla antes de que la Bestia volviera a encararse con ella, pero en vez de hacerlo, oyó cómo la Bestia se alejaba de allí con lentitud.

Al final, cuando Rose estuvo a punto de meterse en la cama, recordó que no había tenido la oportunidad de ver el interior de la caja música así que la cogió del bolsillo de su vestido y al abrirla vio una pequeña figura de sí misma dando vueltas al ritmo de una preciosa melodía, aunque lo que más le llamó la atención de Rose, fue que la melodía que estaba escuchando era la misma que su madre le tarareaba cunado era muy pequeña.


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