🎭Capítulo 16🎭


Uchiha Obito (AU).


—¿Obito?—

Sus amigos parecían confundidos y sorprendidos de que estuviera allí, era normal, había sido asesinado frente a ellos. Ambos se encontraban perplejos ante su repentina aparición, ¡Pero debían desvelarse! ¡No podían estar parados ahí con cara de estúpidos! ¡Tenía que saber si Rin estaba bien!.

—Soy yo. Ahora, por favor, ¿Serían tan amables de decirme si Rin está bien?— Dice, su voz estaba ansiosa, quería saber si su estaba estaba bien.

—¿Cómo sabemos que realmente eres él?— Preguntó Sushi, que sacó un kunai de su porta armas y le apuntó, no se podían confiar.

—Es cierto, podrías ser un impostor— Yahiko también tenía un kunai en su mano y lo tenía apuntado en dirección al de máscara de espiral, ambos sabían que el Obito de este mundo era malo y podría estar fingiendo para manipularlos.

—¿Desconfían de mi? ¡Bien!. No me importará tener que sacar sus telas mojadas al sol— Su mirada se poso en Shisui. —Tora, ¿Recuerdas que se donde ocultas tu colección de fotos del Prodigio del Clan que tomaste mientras él dormía? ¿Qué tienes al menos unas cien de ellas? Quizás hasta más— Una sonrisa burlesca apareció en su rostro, aunque esta no era visible por la horrenda máscara que traía puesta. —Y Ryū-san, ¿Cómo va todo con el Tomate Encebollado? ¿Aún no has progresado?—

Cuando Shisui escucho eso, se lanzó a abrazarlo, pero el otro Uchiha se hizo intangible con su habilidad, por lo que cayó de cara en el techo. —¡Infeliz desgraciado! ¡¿Cómo mierda es que sigues con vida?!— 

Ignoro olímpicamente al otro miembro de su Clan y miro a Yahiko. —¿Dónde está ella?—

—Rin... Ella... Bueno...— No podía hablar, las palabras no salían de su boca, así que solo señaló en dirección al imponente descontrolado Bijū que destruía Konoha.

Su ojo se contrajo, ¿Rin era el Nibi? Ella tenía al Sanbi, ¿Acaso ahora también tenía al Bijū de dos colas en su interior? ¿Cómo era eso siquiera posible?. Negó, no podía llenar su mente de preguntas de las cuales no obtendría respuesta. 

Tenía que actuar y ayudar a su amada compañera.

Se quitó la máscara que escondía su rostro y la dejo caer al suelo, la aplastó con su pie rompiéndola en cientos de pedazos, no quería seguir llevando esa porquería, no le gustaba y le parecía muy incómoda.

Dio un gran salto y se dirigió de manera aparesudada en dirección al sitio de la batalla, debía frenar al Nibi y hacer que su amada recobrará la conciencia.



Esquivo a los Shinobis que trataron de atacarlo, ¿Por qué hacían tal cosa? ¿No veían que quería ayudar? Decidió no pensar en los imbéciles que parecían quererlo muerto y siguió saltando por los tejados de lo que alguna vez fueron casas, iba hacia el enorme sapo que peleaba contra.

Se detuvo en un tejado y utilizo el kamui para aparecer en la cabeza de Gamabunta.

—¡Detente! ¡No sigas destruyendo la aldea! ¡Este es tu hogar!— Gritaba, pidiéndole a su esposa que se detuviera.

Pero ella no parecía escucharlo.

Cuando el enorme anfibio se dio cuenta de que había alguien en su cabeza detuvo sus movimientos, ese no era Jiraiya. —¿Quién se supone que es este?— Vio la gabardina negra con nubes rojas y la ira lo domino, era un miembro de aquella maldita organización. —¡Un Akatsuki!— Exclamó enojado el jefe sapo, que se agitó de manera violenta. —¡Quítate!— Se sacudió una vez más, intentando así hacer que el miembro de la organización, que cazaba a los Bijū, cayera al suelo.

—¡Cálmese Gamabunta-san! ¡Estoy intentando ayudarles!— Envío chakra a la planta de sus pies y se ancló a la piel del anfibio. 

—¡¿Ayudarnos?! ¡Seguro fue uno de ustedes quien liberó al Bijū de dos colas en la aldea!— El jefe sapo estaba muy enojado, primero Jiraiya lo invocaba para hacerle frente al Nibi, lo dejaba solo en medio de la lucha, y ahora tenía a una miserable cucaracha en su cabeza que decía que iba a brindarles ayuda, cuando seguramente había sido él quien liberó y provocó al Bijū para que destruyera Konoha.



Nohara Rin.


Debía calmarse, volver a tener el control de su cuerpo, pero ¿Cómo se supone que lo haría? ¡Sus emociones eran demasiado volátiles y la voluntad del Nibi era sumamente poderosa!.

Ahora estaba encerrada en su propia mente, sin ninguna grieta o fisura que le ayudará a salir para tomar el control y dejar de destruir el que durante muchos años había sido su hogar, sabía que esta no era la aldea en la que nació, creció y vivió incontables aventuras, pero era igual y eso tenía un gran significado emocional.

Por ello debía detenerse, ¡Tenía que hacerlo!. No podía seguir destruyendo hogares y arruinando la vida de los pobres habitantes de aquella aldea... 

¿Pobres habitantes? ¡Ja!, Son solo una manada de perros hipócritas que maltrataron al hijo de sus héroes, solo porque era y es un Jinchūriki, ¿Crees que no te verán igual? ¿Cómo un monstruo? ¿Una aberración? ¿Una simple arma a la cual le pueden extraer su núcleo de poder para ponerlo en una herramienta más dócil y fácil de manejar?— 

Escucho hablar a Shukaku tras ella, sus palabras solo reflejaban un profundo odio hacia los humanos, entendía su punto de vista, pero no todos eran iguales, había personas por las cuales realmente valía la pena luchar. 

Konoha era una mina de cobre, pero sabía que entre toda esos metales, existían diamantes genuinos, con un brillo que podía opacar hasta la estrella más radiante del cielo.

Conocía a esos bellísimos diamantes, y era por ellos que quería continuar luchando en aquella horrible guerra, por ellos tenía esperanza de formar un mejor mañana. Uno donde sus amigos vivieran en paz, donde Naruto sentará cabeza y tuviera hijos, un futuro donde su propio hijo pudiera crecer sano y salvo...

"¡Solo quiero ayudar!".

Aquel grito sonó como un eco lejano que provocó que su cuerpo se estremeciera.

"¡Ella me necesita!".

Esa voz... No podía ser, no era posible... No, no era real. Su mente la estaba engañando.

..."Me necesita"...

—Obito—


🔸🎭🔸


Algo no estaba bien, ya no podía sentir el cálido chakra del Nibi rodeando su cuerpo, ahora solo sentía frío, mucho frío.

El pitido en sus oídos era molestó, le dolía, no podía soportarlo, quería que se detuviera, además de aquel molesto sonido que hacía que sus oídos doliera, sentía que su cuerpo caía, realmente estaba cayendo. y lo único que podía sentir era su cuerpo caer hacia el vacío.

De un momento a otro la sensación de caer se desvaneció, alguien la había rescatado, seguramente Shisui o Yahiko, estaba realmente agradecida con ellos, a pesar de todo el caos que había causado seguían poniendo su seguridad como prioridad.

Poco a poco sus ojos se fueron abriendo, una silueta borrosa apareció ante ella, parpadeo un par de veces para que sus ojos lograrán enfocar a su salvador, cuando lo hicieron el aire se atascó en sus pulmones y casi sintió que su corazón se detuvo por un microsegundo.

Ante ella estaba el hombre que se había adueñado de todo su amor, Uchiha Obito. ¿Era real? ¿O solo una alucinación producida por su mente caótica mente que anhelaba verlo con vida, a su lado, sano y salvo?.

—No sabes cuánto te extrañe, Rin— Dijo el Uchiha con dulzura, era un alivio ver qué su amada estaba sana, tenía un par de rasguños aquí y allá, pero nada más además de eso.

—...Obito... ¡Obito! ¡Obito, Obito, Obito, Obito, Obito, Obito, Obito, Obito!— Se abalanzó sobre él, provocando que ambos cayeran.

Las lágrimas pronto inundaron sus resecos ojos y comenzaron a descender libremente por sus palidas mejillas, grito, grito tan fuerte que creyó que iba a perder su voz, pero no le importaba en absoluto, él estaba ahí, realmente lo estaba, su Obito había regresado con ella.

Estaban juntos una vez más.

—Lamento haberme tardado tanto en volver a tus brazos, realmente lo lamento— Se disculpó el de cabellera azabache.

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