Un verano con sucesos extraños

Ser catamarqueño y decir que no veraneaba en El Rodeo resultaba en aquéllos años 1970, algo sumamente extraño. Así que veraneaba en El Rodeo y como mis bolsillos no eran flacos sino vacíos lo hacía en carpa desayunando lo cuando se podía, comiendo lo invitado y divirtiéndonos a mas no poder hasta; pero comenzaron una serie de eventos extraños que hasta el día de hoy no se si mi memoria los agrandó, los achicó o los distorsiona.

Cada cuatro o cinco años hablo con mi amigo Dante Mazzoleni el sigue viviendo en Catamarca, en San Isidro, yo lo hago en Buenos Aires y debo decir sobre nuestra casi total coincidencia en los recuerdos; a veces.

El primer evento tiene polleras. Había una chica muy linda con un novio oficial que se había ido en enero para hacer el curso de ingreso en el Liceo Naval, yo era el segundo en su lista, el problema es que había un tercero y un cuarto. Un espíritu libre sin dudas e imagino que por ello el ambiente pueblerino la hubo destrozado porque lo último que supe de ella es que está internada en un psiquiátrico. El tercero era un Ing. Agrónomo venido de hacer una experiencia en Israel y con este tuve un encontronazo que por supuesto terminó muy mal. Digo por el lugar y como nos encontró lo puso de muy mal humor obligándome a una huida táctica de El Rodeo.

Como no tenía auto y en esa época en El Rodeo la noche mataba el tráfico (la localidad queda a unos 40 km de la Ciudad de Catamarca) mi huida se hizo con la complicidad de mi amigo Dante Mazzoleni ..... caminando!!!!!! vaya si es extraño. Antes pasamos por la hostería provincial ni recuerdo porqué ni para qué pero si recuerdo al encargado y sereno dormido y haber levantado de algunas mesas unas botellas de vino. En las estribaciones del Ambato (pre cordillera) hace frío. Cerca del amanecer comenzó ya a verse un poco de tráfico y haciendo dedo llegamos a la ciudad de Catamarca. Nos instalamos en la plaza principal. Nos debemos haber dormido porque recuerdo abrir los ojos y ver al "Chivo" Salas diciendo necesitar gente para ir a Singuil (donde tenía la familia campos) pues había vendido unos animales. La tarea era agarrarlos, luego se los carnearía, cargarlos en una camioneta y regreso. La paga? un asado y timba en su casa de Tres Puentes a metros de donde décadas después se encontrara el cadáver de la asesinada María Soledad Morales.

Como de tragedias hablamos, en la partida había otro chivo, el "Chivo" Zavaleta a quién no hace muchos años su suegro, en un episodio de violencia doméstica y según tengo entendido para defender a su hija, terminaría matando de un tiro. El asado fue bien regado, el "Chivo" Salas es hijo de un ex gobernador de la provincia, político y bodega bien surtida para atender la "rosca de acuerdos" saben ser aliados. Gente muy respetada y correcta. Es lo que la memoria me dicta.

Luego hubo mesa de póquer y recuerdo alguna pelea entre la bruma del alcohol, alguien dijo "el "Chivo" Zavaleta hace trampas" y según contaron después, hacíamos cola para fajarlo. Yo esa parte no la recuerdo. Si extrañamente ya en la camioneta donde íbamos a Singuil a buscar los animales  a faenar, recuerdo encontrar en mis bolsillos algo de plata. No era ningún improvisado con las cartas, como no lo es ningún provinciano con portación de apellidos pero sin un mango.

Luego de hacer lo que había que hacer en Singuil vimos pasar a un personaje famoso en la zona, fama ganada en las jineteadas y de apellido Zapata al que le hicimos señas pidiendo nos lleve. Se movilizaba en una camioneta Fiat 1.500 ¡¡nueva!!! en la caja llevaba atados cajones de verdura vacíos, mas o menos atados y sobre los cajones vacíos nos acomodamos con Dante. El destino no era las Estancias del Aconquija. Un ramillete de pueblos cuyos nombres me los se de memoria: Río Potrero, El Charquiadero, Las Rosas,Alto de las Juntas, La Mesada, El Lindero, El Alamito, Buena Vista. No era la primera vez por ahí. El destino de Zapata era Andalagalá y nos pareció bien unirnos, eso sí para llegar había que bajar por la cuesta de la Cébila; terrible sin asfalto y angosta en esos años y además nosotros en la caja sobre esos cajones apilados y mal estibados.

Pero llegamos a Andalgalá. Fuimos a lo conocido, las hosterías provinciales donde nos ofrecimos a trabajar en cualquier tarea y por paga algo para comer y donde dormir mas alguna propina por lavar autos etc. En estas hosterías propiedad de la provincia, sobras de comida siempre había y un cuarto desvencijado también en donde uno pudiera tirar algo y dormir. Al "Chivo" Salas le habíamos sacado algo de ropa, un poncho y una campera, lo otro era de quita y pon. Sacar lavar secar poner.

En ese lugar la pasamos genial y por supuesto las polleras aparecieron de nuevo como de nuevo aparecieron los problemas y la necesidad de tomar el camino. En los setenta del siglo pasado, el problema de pollera cuando uno era un "forastero" radicaba en mirarlas mucho o bailar un poco apretado como máxima osadía. No se ahora pero en esos días el "ajuerano" (extraño en el pueblo) tenía para las chicas algún encanto. Nos fuimos sin mayores problemas al margen de los generados por nosotros mismo o por mi zoncera como se verá. Mi madre fue profesora ingles y  tres o cuatro palabras sabía decirlas pero con la estupidez de la edad del pavo creía a mi inglés tan extenso y claro como el de un nativo. Mi "inglés" nos acercó a un grupo de Ingenieros u operarios americanos alojados en la hostería. En realidad fue su español chapuceado el mas efectivo. La empresa era la Cities Services  (o así sonaba, igual no estoy escribiendo historia, solo memorias siendo como dijo Pío Baroja la única manera de hacer literatura sin plagio). Con ellos entendí acordar que subiríamos y bajaríamos de Minas Capillitas, una de las cuestas mas altas del mundo. En Catamarca esto estaba muy presente. El Canal 12 de Televisión de Córdoba había puesto su restransmisora en la cima, como en la cima se encuentra la explotación de Fabricaciones Militares (hablo de los años 1970) de la única mina de rodocrosita del mundo que se encuentra en explotación.

Por supuesto mi inglés era una evidente distorsión de mi ego pues los yanquis en su transporte (había un jeep para nuestra admiración) iban al campamento instalado a varios kilómetros del camino en la cumbre y a donde se quedaría por un mes haciendo cateo. Las opciones: caminar atravesando el Campo del Arenal, llegar a Punta Balasto (es un pueblo que años posteriores se llevó un aluvión) cerca de Santa María y de allí por los Valles Calchaquíes bajar por Amaicha, Tafí del Valle hasta que el pueblo de Acheral no conectara con la ruta 38 para regresar a Catamarca. Decirlo sonaba fácil

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