56: Soltera
—Amber espera que no renuncie a mis planes.
—Nadie espera que renuncies a tus planes.
—Me dijo que halle la manera de hablar con Emma.
—Exactamente.
—Y que no moriré si decide que no quiere regresar conmigo.
—Le pagas a esa mujer para que te diga lo que yo puedo decirte perfectamente.
—Me dolió. Me dolió porque esa fue su manera de recordarme el caos de Rebecca.
Eugene se sentó en la cama donde Colin estaba acostado.
—Esto no es como el caos de Rebecca. Es una locura querer comprarlo.
—Siempre estuve medianamente preparado para soltar a Emma. Nos veía en el futuro, pero nunca descarté la posibilidad de que esto pudiera llegara a pasar, solo que nunca imaginé que nos separaríamos por... algo como esto. Perro, si terminábamos, siempre imaginé que ella terminaría conmigo, pero porque se cansó de mi agenda ocupada. Siempre ha sido comprensiva con esa parte de mi vida, siempre me brindó su apoyo porque sabe cuánto significa para mí mi historial, pero de verdad imaginé que esa sería la razón.
—Discúlpame, Colin, pero no me suena a algo por lo que Emma te rompería. Es Emma.
—Desde anoche no he parado de pensar en que no la follé lo suficiente.
—Sabía que tarde o temprano iba a salir ese tema.
—Dios mío. Soy un estúpido —tapó su cara con sus manos—. Llevábamos dos semanas sin follar cuando me terminó.
Eugene frunció su ceño.
—¿En serio?
—Soy un estúpido.
—Sí.
Colin resopló, viendo hacia arriba.
—La extraño. En todo sentido.
—Te propongo algo. Dejemos descansar el tema por unos días.
—¿Eres estúpido también?
—Probablemente.
—Ya dejé descansar el tema por muchos días, Eugene.
—Solo decía.
—Dame tu teléfono. La llamaré —extendió su brazo con su mano abierta.
—¿Ahora? Es el cumpleaños de su papá.
—Dame tu teléfono —insistió con poca paciencia.
Eugene se levantó, yéndose a buscar su celular de un mueble frente a la cama. Sonrió de espaldas a Colin. No pensaba que debían dejar descansar el tema por unos días, quiso ponerlo furioso con esa idea para que tomara la jodida iniciativa de exigirle su celular para llamarla. Demonios. No soportaba escucharlo decir que la extrañaba mientras no movía un solo dedo para acortar la distancia. Regresó a su papel cuando le pasó su celular.
—No sé, Colin. ¿Molestarla ahora?
—Un día sin hablar con ella es un día alejándola más, Eugene.
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El ático estaba lleno de familiares y amigos cercanos.
—¡Acérquense más! —Gillou movió su mano izquierda, indicándoles a Emma, Gael, Esmeralda y Sídney que se unieran más para la foto que estaba tratando de tomar con el celular de Emma. Fue entonces que la llamada de Eugene apareció en la pantalla, pero no fue captada por Emma debido al volumen de la música y las carcajadas. Gillou abrió sus ojos de par en par y declinó la llamada—. Eh... ¡Acérquense dije!
—¡¿Cuánto más quieres que nos acerquemos?! —Sídney estaba sentado y totalmente adherido a Emma. Esmeralda estaba sentada en su otro costado, y Gael se encontraba al otro lado de Emma—. ¿Ya la tienes? No tengo toda la noche, Fourneau.
Otra llamada apareció. Gillou se alteró, rechazándola.
—¿Saben qué? Todo está mal —declinó otra llamada—. Esme, arréglate el cabello. Tú, Sid, sonríe más. Es un cumpleaños, no un funeral—rechazó otra—. Gael, tú... tú abraza más fuerte a tu hermanita. Y Emmy...—suspiró, declinando una quinta llamada—, eres la única que está bien. Les doy cinco segundos.
Nadie protestó, porque Gillou era el modelo profesional. Sin embargo, Emma también se arregló algo, estiró la falda de su vestido rosa claro, con florecitas blancas, hasta tapar media rodilla suya, tenía su pierna izquierda encima de su derecha. A continuación, peinó con sus dedos a su coleta ondulada que tenía un listón blanco como adorno. No tenía idea de que frente a ella Gillou se encontraba borrando las llamadas del mismo Colin. Gillou iba a enloquecer de rabia si regresaba otra llamada, pero parecía que el amigo del idiota ya se había dado por vencido. El amigo del idiota, claro. Entonces, J.J. y Olimpia se unieron a ellos.
—¿Iban a tomarse una foto sin nosotros? —preguntó J.J.
—Ni siquiera sabemos si vamos a tomarnos alguna foto —contestó Sídney con fastidio.
—¡Sí, un retrato especial del cumpleaños! —Olimpia se colocó detrás del sofá, estirando a J.J. del brazo para que posara junto a ella.
—¿Una foto sin mí? —Marina se abrió lugar entre Olimpia y J.J.
Después llegó Aqua.
—Oigan —dijo, y se sentó en el suelo frente al sofá.
—Yo tomo la foto. —Bianca se acercó, sacándole el celular a Gillou.
Gillou decidió calmarse. Era poco probable que hubiese una llamada número seis, según su teoría sin ningún fundamento razonable. Corrió hasta el sofá, levantó a Emma de prisa, y después la sentó sobre sus piernas, abrazándola de la cintura con fuerza. Bianca capturó varias, y, en casi todas, Emma salió con una gigantesca sonrisa, pues Gillou la llenó de cosquillas.
—¿Salí bien? —preguntó Marina.
—Hermosísima —contestó Bianca.
—¡Pero nunca más que Emmy! —gritó Gillou hacia el techo.
—Claro —añadió Sídney—. Tendré que pixelarla para subir la foto en Instagram o mis seguidores se fijarán más en ella que en mí.
—A mí ni el Photoshop salva mi cara cuando estoy al lado de Emmy —dijo J.J.
Emma se ruborizó, colocando sus manos sobre los brazos de Gillou, que seguían rodeándola. No les creía nada, pensaba que solo lo decían porque sabían que estaba vulnerable, pero le gustaba, solo de vez en cuando, recibir esa clase de mimos de parte de todos ellos. Muchas veces los encontraba odiosos porque se sentía gorda y fea, y que le dijeran linda, desafiándola, le molestaba, pero esa noche no lo hacía.
—¡Que los cumplas feliz...! —cantó Elizabeth, mamá de Olimpia, y mejor amiga (también ex novia) del cumpleañero. Apareció con un pastel redondo, y blanco, y enorme, con una vela encendida. El pastel decía Feliz cumpleaños, pa en color azul. Lo bajó lentamente, con mucho cuidado, sobre una mesa.
Jake cortó la historia que les estaba contando a sus amigos, hombres de su edad. Emma se levantó del sofá, estirando con fuerza a Gael, quien tenía una tonta vergüenza, sabía que era tonta. Con J.J. se acercaron hasta el pastel, hasta su pa. Gael la abrazó de costado durante toda la canción. El ático vibró con las voces de los invitados. A Emma no le importó que todos se hallaran mirando hacia ellos, hacia ella, no le importó que muchos tuvieran sus celulares con la cámara activada. Empezó a mover sus manos como una directora de orquesta, cantando, mordiendo la puntita de su lengua, en medio de una sonrisa, mientras veía a su papá, entonces, al final, él sopló la vela, solo pudo pensar en el deseo de querer verla feliz toda la vida, era lo único que le importaba siempre, pero más últimamente. Emma saltó, tratando de alcanzarle la cabeza, J.J. la ayudó, Gael agarró el pastel y lo estamparon contra la cara de su papá. La gente aplaudió y rio, en especial Emma. Gael, Gillou, J.J., todos los que la amaban y conocían de forma auténtica, sonrieron al escucharla reír con esa risa escandalosamente chistosa.
—Yo que tú me cuido la espalda el 7 de setiembre, florecita. —Jake agarró una servilleta, pero una no le fue suficiente, necesitó irse al baño para limpiarse, pero regresó en seguida para llamar a sus hijos a la cocina, donde no había nadie, también llamó a Faith—. Es mi cumpleaños —dijo como si los otros fuesen tarados, pero mencionarlo tenía una razón importante—, pero quiero dar un buen regalo, que también me hará feliz a mí, bueno, me hará mucho más feliz a mí.
—¿Nos llevarás al Oktoberfest de este año en Múnich? —preguntó J.J.
—No, pero quisiera —entrecerró sus ojos.
—¿Qué es? —Emma se impacientó, pero sin sacarse la alegría de encima.
Jake sacó una llave del bolsillo de su jean y la colocó en la mano de Gael, encerrándola en el puño.
—Quiero que vivas abajo. Le compré su apartamento a la señora Hoover. Ya lo abandonó. —Es que le había dado mucho dinero en efectivo para que lo abandonara esa misma mañana—. Ningún hijo mío vivirá en un barrio potencialmente peligroso, ningún hijo mío vivirá lejos de mí. No tienes porqué vivir fuera de nuestro techo. Eres tan importante como Emma, como Jay, no sé por qué te has cohibido toda la noche.
Gael sintió la llave del ascensor en su mano.
—Pa...—Quería llorar.
—Y espero que tú quieras mudarte también —se dirigió a Faith.
—Eso lo discutiremos luego —respondió ella.
—No. Tienes que mudarte abajo, con Gael. —Emma habló seria, pero después sonrió enorme al notar lo que estaba pasando. ¡Gael iba a estar a un piso de distancia! Además, iba a abandonar ese barrio peligroso, iba a mudarse lejos de sus vecinos maleantes, iba a tener una buena vida sin preocuparse de la luz o el agua. Abrazó a Gael con todas sus fuerzas, queriendo levantarlo del suelo, claro que no lo consiguió.
—Espero que al final decidas que sí —le dijo Jake a Faith.
Faith ya no mencionó nada. Le parecía hermoso que hiciera eso por el hijo de ambos, pero no le parecía bien incluirse, pensaba mucho en el qué dirán. Emma sonrió y sacudió a Gael, quien estaba mudo. No, él no pensaba negarse ni pensarlo, tampoco sentía vergüenza, ayer le habían demostrado que era tan familia como cualquiera de ellos. Sentía que lo merecía.
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En el balcón sonaba Moves Like Jagger de Maroon 5 a todo volumen. Emma y Gillou bailaban y cantaban cara a cara. Solo los jóvenes estaban afuera, el interior del ático pertenecía a los mayores. Ambos se tomaron la fiesta en serio. Marina bailaba un poco mientras hablaba con Aqua, su hermano, y Esmeralda, pero hasta ahí. Pero más que creer que estaban en un club nocturno, Emma y Gillou creían estar arriba de un escenario. Gael rio cuando Emma agarró la cara de Gillou, y viceversa, cantándose la parte de Christina Aguilera a todo pulmón, frente a frente, como si se encontraran tomados, pero no estaban tomados. Ambos sentían lo mismo. Estaban vibrando en el mismo nivel.
Bruno, llegando al cumpleaños, los vio a través del vidrio. Gillou estaba de espalda, por un instante pensó que se trataba de Colin, pero se llevó una grata sorpresa al notar que él no estaba presente. Saludó a todos en general, después se dirigió hacia J.J., preguntando por Colin, fingiendo darle poca importancia.
—Más te vale que no lo menciones frente a Emma. Terminaron hace ocho días. Fue infiel.
Bruno sintió una sacudida de pies a cabeza. ¿Terminaron? ¿Terminaron porque él la engañó? ¡Ay, las buenas que uno se entera! Bien. Eso fue egoísta. Muy egoísta. Engañaron a Emma, ¡a Emma!, no se trataba de cualquier chica, era Emma, su hermosa Emma. Esperen. ¿Esa era Emma? Pisó tierra. Frunció su ceño. Emma estaba bailando con Gillou, y parecía feliz. ¿En verdad la habían engañado? ¿En verdad estaba pasando por un duelo amoroso? Ya no se sintió mal por alegrarse, si Emma estaba feliz. Así que decidió acercarse, interrumpió el baile de ella, agarrándola de la cintura con una mano. Emma se detuvo para recibir un beso en la mejilla, cerró sus ojos al contacto de los labios con su piel. Gillou enarcó una ceja, estaba de sobra, odió la manera en la que Emma lo abandonó en plena diversión. Ella agarró la muñeca de Bruno, se acercó a recoger su celular de una mesa, y subieron las escaleras al segundo nivel del balcón.
Bruno necesitó tomar aire. No podía creer lo que estaba pasando. Emma soltera de nuevo, una semana después de haber renunciado a ella, a poco tiempo de regresar a Brasil porque, quiera o no, tenía una vida allá, increíblemente lejos de Emma. Se sentaron en el sofá de los besitos. Emma lo recordó y sintió malestar. Dejó su celular sobre la mesita de enfrente. Abrió su boca, quería decirlo, pero sintió una fuerza contra su pecho. Le dolía. Su familia creía que ya lo estaba superando de apoco. No tenían la menor idea.
—Odio darte la razón. Él me engañó.
—Emma —la agarró de la mano.
—Siempre me advertiste, pero ¿cómo podría saberlo si él es tan buen actor? —sacudió su cabeza. Quería llorar, pero no iba a hacerlo, no iba a hacerle eso a su papá, no iba a llorar por un hombre en el día especial del único hombre que valía la pena.
—Yo sé. Sé que era un buen actor contigo. No me hubieses escuchado ni si usaba altavoces. Pero descubrir que te engañó es la mejor parte porque puedes pasar de página. Me calma que te hayas enterado a tiempo de que estabas al lado de un idiota.
Emma miró las manos de ambos, juntas.
—Todavía me niego a creer que es un idiota. Todavía me niego a creer que está pasando. Lo creía incapaz de muchas cosas, de matar a una mosca. Pero no me siguió cuando lo terminé, y solo ha tratado de comunicarse conmigo una vez, en ocho largos días, solo ha mandado un audio que no acabé porque me lo borraron, en el audio parecía que quería arreglarlo, pero... regresé de Hawái, él regresó de Jamaica, vivimos a una calle de distancia, y no pudo cruzarla para decirme que tenemos que hablar. Eso dice mucho.
—Quisiera poder curarte el corazón.
—Nadie puede hacerlo. Lloro todas las noches.
—Puedo imaginarlo.
—Siento que nunca lo superaré. Aunque salga con alguien más me desmoronaría al verlo pasar.
—Emma, todos sentimos exactamente lo mismo cuando rompemos con alguien.
—Pero no todos tienen lo que él y yo tuvimos.
Hubo una pausa de por medio.
—Créeme que encontrarás algo mucho mejor.
—Odio escuchar esa frase. No me hace sentir mejor.
—Pero es la verdad. Y la verdad a veces incomoda.
En ese momento, el celular de Emma se iluminó con una llamada.
Lo agarró, decía Vi. Eran las diez de la noche.
—Hola —contestó.
—Perra, bajas o subo a bajarte —aseveró.
—Es el cumpleaños de mi papá —se alejó unos pasos de Bruno.
—Bajas o subo a bajarte. Anoche mencionaste que sí saldríamos.
—Pero no me referí a esta noche, Vi. Lo siento.
—Bajas o subo a bajarte. Tic-tac.
Emma llenó sus pulmones de aire.
—De acuerdo, pero no puedo regresar tarde.
—Sí puedes, es solo que eres una maldita aguafiestas. Baja rápido o tendré que subir.
—Ya —colgó, volteando a ver a Bruno—. Saldré un rato. De todas formas, mi papá está medio tomado y con sus amigos —trató de convencerse de que estaba bien escaparse en medio del cumpleaños.
—Claro. Diviértete, Emmy —le sonrió.
Emma logró meterse al ático sin levantar sospechas, es que nadie jamás sospecharía que se iría antes de acabar el cumpleaños. Buscó un pequeño bolso cuadrado de su recámara. Estaba bien. Le había dicho a Vivian con decisión de que saldrían juntas, nunca mencionó cuándo, pero le había confirmado que sí lo harían. Vivian la abrazó cuando se encontraron en la puerta de la torre, estaba usando un vestido al cuerpo de color negro, con tacones, contrario al vestido y sandalias de Emma, quien parecía una muñequita de nombre Florecita. Por dentro, Vivian criticó fuertemente la ropa de Emma. ¿No pudo haberse cambiado?
—Encontré un bar fabuloso —le mencionó cuando subieron al Uber que ella pidió.
—¿Un bar? Tal vez no me dejen entrar. Traigo sandalias.
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—Traes sandalias, pero también traes esto, cielo. —Vivian le abrió el escote cuando descendieron del auto frente a un bar exclusivo en Midtown. Emma se ruborizó, no, ardió. Le había acomodado el escote para que se notara su sostén blanco, de ninguna manera iba a dejarlo así—. Pero no lo subas tanto, boba.
Ninguna supo explicar cómo lograron entrar, bueno, cómo Emma logró entrar.
—¿Ves? Tienes el poder en tus pechuguitas —le dijo al oído mientras caminaban.
Emma no estaba para nada cómoda. Sabía perfectamente que estaba vestida como para un picnic en el Central Park. ¿Cómo no se le ocurrió cambiarse? ¿Cómo no se le ocurrió que acabarían en un bar? Actuó como si no conociera a su amiga, eran más de las diez de la noche, no iba a llevarla a comer pretzels.
—Vamos. Consigamos algo gratis. —Vivian entrelazó sus dedos, llevándola hacia la barra.
—No necesitamos conseguir algo gratis. Traigo dinero —le aclaró.
—Emma, no pagas por algo que puedes conseguir gratuitamente. Nunca —se acercaron a la barra, donde Vivian apuntó una butaca alta para que Emma se sentara, sin embargo, Vivian no se sentó, comenzó a mirar a su alrededor, buscando a alguien que le pagara sus tragos.
—¿Cuántos años tienes? —le preguntó un barman a Emma, en medio de su trabajo.
—Tiene veintiuno recién cumplidos. No aparenta, lo sé, la suerte de algunas —respondió Vivian.
Emma estaba callada porque simplemente no sabía qué decir. Entonces, en ese preciso momento, sintió un tacto pesado en su espalda. Era un hombre. Se descarrilló al ver a Milo en el mismo bar, en la misma barra, y luciendo más guapo que nunca. Milo le sonrió con aquel carisma que les robaba suspiros a muchas, estaba vestido de negro, su camisa estaba desabotonada, y tenía un collar de plata con un crucifijo.
—Emma Miller... —bebió su whisky.
Emma tosió una vez para esclarecer su voz.
—Qué coincidencia, Milo.
Definitivamente no quería estar ahí.
Vivian los observó por un segundo, y se marchó entre la gente. No quería estorbar.
—Exactamente. ¿Dónde está tu novio? No lo veo. —Milo alzó su barbilla para mirar por encima de la gente, después tocó su bigote con sus dedos, como peinándolo, era un acto inconsciente.
Emma suspiró. Lo que le faltaba que le preguntaran.
—Rompimos hace una semana.
—No —la miró, apoyando su costado en la barra.
—Sí. No quisiera hablar sobre eso —suspiró de nuevo.
—No te preocupes. Pero ¿viniste sola? —frunció su ceño por un segundo.
—No. Vine con mi...—miró al otro lado. Vivian ya no estaba. Su corazón comenzó a trabajar a toda máquina. Su sudoración se activó de inmediato. Primero se sintió acalorada, después llegó la transpiración.
—¿Con? —levantó sus cejas.
—Mi mejor amiga. Creo que se fue a conseguir tragos gratis. Una estupidez, ¿no? —rio nerviosa.
—Deja que use su privilegio como mujer —le bromeó.
Emma rio de nuevo. Le dolía el pecho. Tenía las axilas malditamente sudadas.
—Entonces, Emma Miller está soltera. De nuevo —cambió de posición, puso sus brazos sobre la barra, mirando hacia las botellas de alcohol.
Emma sonrió de forma fingida. Dios. Milo era... demasiado. No sabía cómo actuar. Era un hombre. Un hombre maduro. Y quizás ella, quizás ella siempre se había sentido atraída. Era una boba en serio. Era tan inmadura que no debía tener permitido fantasear con hombres como él. Milo era un treintañero fumador de habanos, y ella era una veinteañera sudorosa.
Entonces, él lo dijo.
—Deberíamos vernos, ¿no? A solas. Quiero decir, tú estás con tu amiga ahora, y yo estoy con mis amigos —señaló hacia atrás, a un grupo de hombres y mujeres de su edad—. Nunca tuvimos la oportunidad de conocernos mejor.
Emma se quedó congelada. No, no podían verse a solas, porque él tenía treinta, y ella ni siquiera alcanzaba los veintiún. No podían verse a solas porque no tendrían tema de conversación. No podían verse a solas porque él era un Walton. Y no podían verse a solas porque ella estaba malditamente enamorada de un rubio precioso que ni Milo ni Joe Jonas lograrían sacarlo de su mente con ninguna estúpida cita. No estaba lista para ver a nadie, apenas había pasado una semana, y cada noche lo extrañaba un poco más.
—Ya sé. —Milo sacó su celular del bolsillo de su pantalón y se lo pasó—. Me agendas tu número.
¿Tenía qué? Se sintió entre la espada y la pared. Agendó su número, escribió Emma Miller como nombre de contacto. Milo sonrió satisfecho, mirando su celular, entonces, el de Emma comenzó a vibrar en su bolso. ¡Vivian! Emma lo sacó rápidamente.
—Necesitaba asegurarme de que lo anotaste bien.
Emma miró el número de Milo en la pantalla de su celular.
—Sé mi número —respondió.
¿La creyó capaz de anotar el número equivocado a propósito? Ni siquiera se le ocurrió.
Milo sonrió, preguntando:
—¿Qué te parece mañana? ¿Vernos mañana?
—Eh...—tomó aire. No, quería decir.
—¿Tienes algo que hacer?
Emma se quedó callada por un segundo, antes de decir:
—Sí.
—¿Qué? ¿Qué tienes que hacer que no puedes cancelar por mí?
—Saldré con mi amiga —se puso muy nerviosa, ya no podía ni mirarlo.
—¿Con tu amiga? ¿La que te acaba de abandonar?
—No. Otra —respondió, casi no se la escuchó.
—¿Y cuáles son sus planes?
Emma se ruborizó. La estaba atacando con preguntas, y Milo sonrió porque su ataque funcionó.
—No tienes que salir con nadie en realidad.
—Acabo de terminar una relación —miró hacia abajo. Quería que la tierra le tragara en ese preciso instante. No sabía que era tan mala mintiendo hasta que se cruzó con Milo—. No tengo muchos ánimos de salir, ni siquiera sé qué hago aquí.
Milo frotó su barbilla, diciendo:
—Te invito a mi apartamento. Nada de bares. Nos debemos una conversación. Siempre he querido conocer a Emma Miller, a la verdadera. Me parece interesante. Demasiado —sonrió de nuevo, con aquella sonrisa que imposibilitaba que alguien le negara algo.
—Te avisaré —sonrió de costado por un segundo.
—Siempre me salgo con la mía, Emma —le afirmó. Emma lo miró a los ojos. Milo se puso serio, pero después rio y sonrió, indicando que era una broma—. Pero sí me gustaría tenerte como invitada.
—Mira, encanto. —Vivian regresó con un cóctel en cada mano. Observó a Milo directamente a los ojos, colocándose en medio de los dos—. ¿Quién eres tú? Mi amiga no charla con ancianos con mostachos.
Milo rio, mirando hacia arriba por un momento.
—Milo Walton, señorita.
—Bueno, Milo Walton, vete a menos que quieras comprarnos algo.
Milo mordió su labio inferior, llamó la atención del barman, señaló a ambas, y dejó dinero sobre la barra antes de marcharse con sus amigos. No se despidió de Emma. Por su parte, ella miró por encima de su hombro. Milo acababa de hacerla temblar. No podía creer que acababa de invitarla a su apartamento. ¿Cuándo se puso en edad para que él la invitara para verse a solas? Siempre lo había visto como mayor.
—¿Quién es ése? —le preguntó Vivian, bebiendo de su cóctel azul.
—Es un Walton. Es importante —le explicó.
—O sea que ya lo conocías desde antes —enarcó una ceja, mirando hacia él.
—Lo conozco desde siempre.
¡Hola, hola!
Te dejo una línea para que puedas desahogarte y/o dejar tu opinión en grupo.
¿Piensan que Colin volverá a llamarla? ¿Al menos encontrará la manera de llegar a ella o se dará por vencido antes de que eso suceda? ¿Emma aceptará la invitación de Milo? ¡Cuéntenme sus teorías!
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