39: Raramente llena

Emma bailó hasta el horno, de donde sacó una bandeja con galletas de chipas de chocolate recién horneadas. Las sopló, de fondo oyó el timbre del ascensor y sonrió. Comenzó a vaciar las galletas dentro de un tazón blanco. Entonces, a su espalda, sintió que alguien se había parado bajo el umbral de la cocina.

—¡A nadie más le he horneado galletas de manera exclusiva! —sonrió enorme. Se sacó el guante de cocina y giró. No era a quien esperaba. Se ruborizó, estrujando el guante entre sus manos—. Hola, Gael.

Gael abrazó una computadora portátil que traía consigo. Ella tampoco era a quien esperaba hallar.

—Hola..., Emma. J.J. me prestó su computadora el otro día, y necesitaba devolvérsela ya.

—Déjala donde quieras —regresó a sus galletas. Agarró una última para colocarla con el resto y se quemó. Apurarse nunca es de sabios. Soltó una maldición y miró el techo con frustración.

—¿Necesitas una mano? —Gael dio un paso. Tenía miedo de que Emma le prendiera fuego en el horno. Emma le provocaba pavor. Siempre supo que era un cobarde, pero no sabía qué tanto podía llegar a ser. A la mierda. Su madre le había dicho bien que pocas personas logran agradar a otras sin hacer nada. Dejó la computadora sobre la mesada y se acercó a Emma.

Emma se sintió invadida cuando lo notó a su lado. Agarró la bandeja con el guante y se alejó para llevarla al fregadero. La bandeja caliente hizo un sonido ardiente al contacto con el resto del agua. Ahora Gael podía ver que no necesitaba ayuda, podía irse. Cerró sus ojos con presión cuando recordó la charla, que no debió haber escuchado, de su padre al teléfono.

—Gael es un muchacho fenomenal. J.J. ya lo adora. Emma no cede. Gael ahora es parte de nuestras vidas, quiera o no, lo único que espero de parte de ella es que no siga odiándolo hasta en mi lecho de muerte. Por una vez quiero que haga por mí lo que yo hago constantemente con ella. ¿Que qué hago por ella? ¡Elizabeth! ¡Su amiga debe ser traficante y tengo que aceptarla solo para que sea feliz!

Emma suspiró, regresando al presente.

—No necesito ayuda. Ya terminé con esto.

El timbre del ascensor sonó otra vez. Ambos giraron hacia la puerta. Gillou asomó su cabeza como un espía y sonrió cuando descubrió a Emma, quien inmediatamente fue a abrazarlo en medio de la cocina.

—¡Horneé galletas exclusivamente para nosotros dos! —Lo soltó, pero al instante le dio otro abrazo corto, como si el largo no hubiese sido suficiente—. Soy la mejor futura hermanastra del mundo. Seguí un tutorial en YouTube, al principio todo salió mal, pero al final todo salió bien. Todavía no las probé, pero huelen riquísimo, como a casa de anciana cariñosa.

—¡Eres la mejor del mundo! —Ignoró que estaba de dieta o que vivía a dieta. Entonces, se percató de la presencia de Gael. Había escuchado hablar demasiado sobre él, pero nunca antes lo había visto en persona. Lo inspeccionó sin timidez—. Soy Gillou. Tu futuro hermanastro.

Emma sonrió y fue a buscar Nesquik en botella del refri. Aceptó a Bianca demasiado rápido porque venía en combo con uno de los muchachos más divertidos que había conocido. En un futuro podía llamarla madrastra solamente para llamar hermanastro a Gillou. Escuchó cómo siguió la conversación.

—Hola. Soy Gael. —Estúpido, se llamó. Claro que sabía quién era, por eso se presentó de esa manera. Sabía que no hacía mucho tiempo que su padre comenzó a salir con Bianca, le dolió pensar que Emma aceptó más rápido a Gillou, que ni su sangre llevaba, que a él. No quería juzgarla mal, pero ¿acaso aceptaba a Gillou como su futuro hermanastro porque era de clase alta?

—Bebamos chocolate y comamos galletas. ¡Hoy estoy soltera!

Gillou soltó una carcajada, diciendo:

—Me encanta que uses esa frase como si te encontraras hablando de emborracharnos.

—Cállate. Tienes mucho que contarme.

—Solo malas noticias.

—¡No! —alargó la o.

—¿Gael? ¿Te unes a nosotros? Aquí no nos emborrachamos, solo comemos como niños gordos. —Gillou fue tirado del brazo hacia la sala. Emma, quien llevaba toda la comida, se enfureció por la pregunta. Ella no tenía idea de que Gillou lo hizo a propósito. ¡Alguien debía ser el pegamento entre esos dos! Emma necesitaba dejar de mandarle mensajes medio furiosos diciéndole que el hijo de su papá estaba en el ático.

Gael los siguió porque en su cabeza escuchó la voz de orden de su madre.

Emma se sentó en el diván con sus piernas arriba, y Gillou y Gael en el sofá de al lado, pero el primero estaba más próximo a ella porque tenían tanto de qué hablar. Gillou empezó a contarle que lo rechazaron en un casting que ambos esperaron con ansias la respuesta. A Emma le impresionaba cómo una mala noticia no era impedimento para que Gillou siguiera bromeando y riendo de la misma manera que siempre. Comieron galletas. Emma le recordó que ya hacía exactamente una semana del intento de suicidio de su tío, hablaron sobre su papá, que ahora estaba en alguna parte de Arizona, acompañando a Jamie en un centro de rehabilitación, porque iban a internarlo.

Entonces, Gillou miró a Gael de repente.

—¿A qué te dedicas? —le preguntó.

Gael se quedó con la boca abierta por un momento.

—Actualmente, busco trabajo.

—Ah. Qué bien —se estiró para agarrar otra galleta del tazón.

—El jueves es el súper aniversario de la revista. Holly debe estar como loca. —Emma hasta podía mencionar a su madre con tal de crear conversación sobre algo que no tuviera que ver con la vida de Gael.

—¿Ya recibiste tu invitación? —le echó burla.

—Nunca voy. Y este año no será la excepción. Acostumbramos comer algo rico con mi papá y con J.J., pero no sé si a él se le antojará hacerlo este año. Trata de disimularlo, pero sé que está muy triste por lo de mi tío. Siempre se ha sentido con el deber de mantener estable a su familia, desde que mi tío enfermó en su juventud —miró hacia abajo.

—¿Por cuánto tiempo lo internarán? —preguntó Gael.

Emma siguió mirando sus manos.

—No sé. Lo llaman paciente de riesgo.

—Estará bien. —Gillou se inclinó para tomarla de la mano.

—Claro. —Gael se sintió con el deber de decir algo así. J.J. le había puesto al tanto de todo lo que habían pasado con el tío Jamison. A Gael le sorprendió que un hombre tan increíblemente rico fuera infeliz. Definitivamente, la felicidad es un estilo de vida aparte de la condición económica.

—Eso espero. —Los miró a ambos.

—¿Qué cuenta mi gran amigo Colin? —la soltó para seguir comiendo.

—No sé. No sé ni qué estará haciendo. Tu gran amigo Colin es impredecible. O estará estudiando o estará jugando ajedrez, tal vez estará durmiendo —bebió de su botella de chocolate.

—No suena impredecible para ti —rio.

Emma sonrió, incluso se ruborizó.

—Sé que debo calmarme, pero nunca sentí tantos deseos de que acabe el verano.

Gillou iba a preguntar la razón. Emma no le había dicho a nadie que planeaban mudarse juntos, ni siquiera se lo había dicho a Jane. Pero el celular de ella los interrumpió con el tono de mensajes. Gillou hizo un comentario bobo sobre la insistencia de su gran amigo Colin, cabe resaltar que lo llamaba su gran amigo porque en realidad lo respetaba, para no decir que le temía, y Emma entendía su sarcasmo. Sin embargo, no se trataba del gran amigo de Gillou, sino de la gran amiga de Emma. La mirada de ella se quebró frente a la pantalla del celular y su corazón obedeció inmediatamente a su ansiedad.

⠀⠀

Vi: No quiero perderte.

Vi: Mi vida es una mierda, y tú eres la única capaz de hacerla más llevadera.

Vi: Estoy preparada para hablar con sinceridad. Sigo en la ciudad. Y te necesito.

Vi: Necesito que me escuches.

Vi: No merezco una oportunidad?

⠀⠀

Emma se tomó del cuello, mientras releía una y otra vez. Tanto Gillou como Gael se preocuparon con la misma fuerza. Parecía que acababa de recibir una mala noticia. Ellos solo pudieron pensar en Jamie.

—¿Qué sucede? —preguntó Gillou.

Emma se descongeló cuando por arriba se deslizó un mensaje de Esmeralda. El universo le estaba gritando, y ella lo estaba escuchando. No podía suturar su amistad quebrada. En primer lugar, porque Colin estaba primero. Y ella solo la hacía sentir como una tonta. Llevaba una semana hablando con Esmeralda, y ésta le había demostrado lo desorientada que siempre estuvo con respecto al significado real de la palabra amiga. Esmeralda la escuchaba y se reía con ella, no de ella. Le había contado sobre Vivian, y lo único que Esmeralda le dijo al respecto fue que Vivian no sonaba como una buena amiga. Todos le decían lo mismo.

—Es Vi.

—Pensé que habías bloqueado a esa mujer. Espera. Eso es lo que yo haría. —Gillou suspiró. No dejaba que una mala noticia le borrara la sonrisa, pero había escuchado lo bruta que había sido Vivian con Emma, y aquellos mensajes le bastaron para dar un suspiro de rabia—. Nos conocemos hace poco tiempo, pero sé que eres tan buena que ahora mismo estás considerando lo que sea que esa señorita te escribió.

Gael no entendía nada, pero tenía las orejas bien arriba.

—Mira. —Emma le pasó su celular.

Gillou leyó los mensajes en voz alta.

—Bloquéala —concluyó—. Está jugando a ser la víctima de una sociedad que no la comprende.

—Dice que está preparada para hablar con sinceridad —miró el celular cuando Gillou se lo regresó.

—Escúchala. —Gael habló de pronto. Ambos lo miraron con sorpresa, ya hasta se habían olvidado de que estaba presente, con todo el drama que surgió en un minuto—. Eso no quiere decir que le perdones. No sé qué habrá pasado, pero se nota que debió haber sido algo malo. No es bueno quedarse con la duda.

Gillou se quedó boquiabierto antes de decir:

—Es cierto, Gael. El problema es que no puedo confiar en esta mujercita.

—¿En mí? —Emma tenía una cara de melancólica. Ahora arrugó su entrecejo, pero sin cambiar el contenido de su expresión. Le dolía todo. Y demonios, mil veces demonios, Gael tenía razón al decir que no sería bueno que se quedara con la duda. Pero aún tenía en su mente las lágrimas de Colin que había secado en la penumbra de la habitación del hotel. Vivian lastimó al amor de su vida, y eso no tenía perdón.

—Claro. Eres demasiado buena para el mundo, Emma. Y esa mujerzuela... —De mujer pasó a señorita, y ahora a mujerzuela. El corazón de Gillou se puso duro. No tenía hermanos, y acababa de darse cuenta de que había adoptado a Emma como una— te dirá de todo con tal de que la perdones.

—Pero no la voy a perdonar, Gi. Se metió con el amor de mi vida. Lo golpeó.

Gael tenía una cara seria, pero en el fondo estaba sorprendido por todo lo que estaba escuchando. En cambio, ahora Gillou sonrió de nuevo.

—¿También lo tienes agendado en tu teléfono como amor de mi vida?

—Gillou. —Emma cubrió su rostro con sus manos. No era normal que de ansiedad pasara a sentir mariposas blancas en su estómago. Le apretaba el pecho, pero al mismo tiempo se sentía increíblemente dichosa—. Dios. Promete que no abrirás tu hermosa boca. Y tú también, Gael —bajó sus manos y los miró.

Gael sonrió, pero Gillou no dejó que le dijera a Emma que podía confiar.

—Emmy, tú eres mi segunda terapeuta.

Emma mordió su labio con fuerza.

—Me mudaré con Cole al final del verano.

—¿Tú papá ya lo sabe?

—Tenías que hacer esa pregunta —cubrió su cara otra vez—. Por supuesto que no lo sabe, Gillou, por eso les pedí que no abrieran sus bocas. No puedo gestionar lo increíblemente ilusionada que me siento.

—En ese caso, no puedo gestionar lo increíblemente emocionado que me siento por ti —la agarró de la mano, pero en su mente no dejaba de preguntarse cómo ella le iba a hacer para contárselo a su padre medio sobreprotector, aunque parecía que solo estaba parcialmente preocupada por eso.

—Es un paso enorme.

—Lo es. ¿Quién de los dos lo propuso?

—Él.

—Me alegro mucho por ti. En serio.

Emma sonrió. Contárselo a alguien le ilusionó aún más. Pero inmediatamente el presente la golpeó con otro mensaje de Vivian, quien ahora le decía que su amistad le hacía bien. Emma suspiró, agarrándose de la cabeza. De nuevo se sentía aturdida. Pensó que había vivido tantas cosas con ella. La quiso mucho.

—Si accedo a verme con Vivian, se lo contaré a Cole después de hablar con ella, o se preocupará demasiado. Sé que esta noche se irá a un bar en el centro. Yo rechacé la invitación de Eugene. Estará lo suficientemente lejos para no descubrir que Vi vendrá a mi ático. Pero no estaré sola, le pediré a Esmeralda que venga, eso es lo que Cole me sugeriría.

—Está bien que alguien te acompañe. —Gael deseaba hablar. Emma había aflojado demasiado, eso lo llenaba de calma, su mamá jamás se lo creería. Entonces, Emma lo miró directamente, y eso le puso la cara caliente. Pero Emma no estaba pensando en nada malo, solo en que su papá estaría feliz de verlos hablar—. Ehm... Me tengo que ir. —Se levantó. Había sido un gran extra en la escena—. Emma..., gracias por... las galletas. Aquí le dejo su computadora a J.J. —apuntó la portátil, encima de la mesa de centro.

Pero Gillou fue el único en decirle hasta pronto. Emma no se despidió, solo lo observó marcharse.

—Buena charla —dijo Gillou cuando Gael se fue del ático.

—Ahora te quiero menos. —Emma lo miró con una cara seria.

Gillou soltó una carcajada, diciendo:

—Necesitaban que alguien los pusiera cara a cara.

—Tiene mucha vergüenza.

—Es evidente, Emmy.

—¿Te cayó bien?

—Sí, es que no le hace daño a nadie —se encogió de hombros. A decir verdad, ese chico no podía hacerle daño ni a una mosca. No entró a sus vidas por dinero, se le notaba—. Hasta tengo miedo de que en unos meses me desplaces por alguien de tu misma sangre. Me acostaré a releer el primer mensaje que me mandaste, mientras lloro y recuerdo cómo nos echaron de un restaurante de por vida.

Emma sacudió su cabeza en medio de una sonrisa.

—Es de las cosas buenas que Vivian ha hecho por mí.

—Sigue sin agradarme.

—Ya sé. Sus esporádicos actos buenos no cambian cuánto nos hirió.

⠀⠀

Cuando Esmeralda llegó, se saludaron con un abrazo. Emma estaba agonizando de nervios. Había quedado en verse con Vivian a las 7:00 p.m. en su ático, pero los minutos pasaron y su refuerzo emocional (Esmeralda) no llegaba, por lo que sintió un fuerte, aunque parcial, alivio cuando la vio llegar, con ese maxi vestido. Hace unos días Emma se había dado cuenta que lo de Esmeralda era esa clase de vestidos largos. Le encanta el estilo de su nueva amiga, le transmitía energía del mar caribe. Habían pasado mucho tiempo juntas desde la semana pasada. Esmeralda le había escrito el martes, y Emma se disculpó por no haberla saludado en la boda, ni cuando compartieron ruta en la misma camioneta durante más de tres horas. Se habían reunido ese mismo martes, en la terraza del ático de ella, y hablaron demasiado. Emma le había explicado porqué reaccionó bruscamente en la camioneta, incluso le dio vergüenza, pero, en lugar de decir algo, Esmeralda le dio un abrazo. Emma lloró un poco, y Esmeralda le secó las lágrimas, como si la segunda fuese la hermana mayor protectora. Es que Esmeralda era muy madura para su edad, que Emma seguía preguntándose cómo fue que se enamoró de su primo, el demasiado inmaduro para su edad. Quería a Sid, pero, cielos, sus actitudes, como las de la camioneta, a veces la sacaban de sus frágiles casillas nerviosas.

—Gracias por llegar a tiempo —suspiró con algo de consuelo. Caminaron juntas hacia la sala. El ático se encontraba a solas porque su papá estaba en Arizona, y J.J. como siempre con Olimpia—. Quería ordenar nuestra cena, pero preferí esperarte para que la decidiéramos juntas.

—Emmy, sabes que no tendría problemas con la comida que tú decidas. Cenemos lo que quieras —dejó sobre el sofá la gastada bandolera marrón que trajo sobre su hombro.

—¿Como comida mexicana? —se recostó contra la parte trasera del sofá.

—Me gusta —sonrió al asentir con su cabeza.

—O podemos comer pizza. Disculpa. Debe ser una de mis comidas preferidas —rodeó el sofá para recoger su celular de la mesa de centro, donde aún se encontraba la computadora que Gael le había dejado.

—Comamos lo que quieras. Hasta me parece que tenemos los mismos gustos. —Le impresionaba la cantidad exagerada en la que los neoyorquinos comían pizza a la semana. Sid la llevó a comer pizza en su primera cita, en plena Inglaterra. No conocía a otras personas que comieran tanta pizza como esa familia.

—¿Te gusta la pizza con piña? —la apuntó con su dedo.

—Mmm... No sinceramente —torció sus labios.

—Entonces, sí tenemos los mismos gustos —soltó una carcajada divertida y se acostó en el diván para ordenarla—. La pizza con piña es de las peores cosas que pudo haberle pasado al mundo.

Esmeralda sonrió, diciendo:

—¿Qué me dices de la pizza con chocolate?

—Una combinación totalmente innecesaria —la apuntó de nuevo—. La pizza debe contener salsa, queso y pepperoni. ¿Qué diantres son las anchoas? —Ahora se puso a reír, tirando su cabeza hacia atrás. Esmeralda agrandó su sonrisa, esperando escuchar lo que Emma acababa de recordar—. Era diciembre, llevábamos poco más de un mes saliendo, cuando Colin pisó mi recámara con una pizza de ¡espárragos!

Esmeralda rio también.

—¿Fingiste que era la mejor pizza del mundo?

—No. Le saqué los espárragos de arriba como una niña saca los vegetales de su comida, y él se los comió todos. No entiendo por qué le encantan los espárragos. ¿A qué saben los espárragos? —alzó sus brazos, mirando al techo, buscando una respuesta en el cielo.

Esmeralda continuó riéndose. Emma le parecía en extremo divertida, desde la noche en la que la conoció realmente en la despedida. Nunca había juzgado tan mal a alguien, ni siquiera a Sídney cuando lo pusieron en su misma clase. Emma se encontraba alegre porque Esmeralda la ponía en ese estado, hasta se le había olvidado que esperaba a su antigua mejor amiga. Hablar sobre lo enamorada que estaba de Colin, sin escuchar penecito; el imbécil; o cualquier apodo denigrante hacia él, le provocaba felicidad. No sentirse juzgada la desinhibía completamente. Le pasaba con Gillou, ahora con Esmeralda. Ni siquiera llevaban un mes siendo amigos, pero quería emborracharse para abrazarlos y decirles cuánto los quería, mientras lloraba, con una canción sobre la amistad de fondo.

—Hoy Gillou me puso cara a cara frente a Gael.

—¡No puede ser! —se sentó sobre el reposabrazos del sofá.

—Y Gael hasta me dio su consejo de qué hacer con respecto a Vivian.

—Ajá. ¿Qué consejo?

—Pues, me encuentro siguiéndolo... —mordió su labio inferior al mismo tiempo en que enarcó una ceja. Se recostó sobre sus codos—. Me dijo que no es bueno quedarse con la duda, y bueno, le di la razón. A Gillou le parece buena persona, y yo creo que... —tomó aire y se acostó de nuevo— lo juzgué mal, Esme.

Dios, cómo le dolió admitirlo, porque juzgar iba en contra de todos sus ideales como persona, y no solo lo juzgó, también lo juzgó mal. Realmente no lo conocía de nada, pero no podía imaginar a ese chico tímido tratando de robarles algo, hasta estaba buscando trabajo. Un vividor se hubiese cruzado los brazos, esperando un cheque mensual. Cielos. No había despertado. Gael no era un mal sueño, necesitaba dejar de actuar como si se tratara de uno. Gael era su realidad, y necesitaba comenzar a vivirla, a aceptarla.

—Está bien, Emmy. ¿Crees que a mí no me juzgan por estar con Sid? Realmente existen personas que me creen una cazafortunas. Duele, pero lo entiendo. Existe gente que hace lo que sea con tal de vivir cómodamente. Estoy segurísima de que Gael lo entiende también. Cuidas de tu familia, por eso estás alerta.

—Pero no debería ser así —se acostó de lado, colocando su mano debajo de una almohada—. Mi abuela era mucama. Amó a mi abuelo con todas sus fuerzas. Era pobre cuando lo conoció, y lo primero que hice al conocer a Gael fue juzgarlo por eso, ni siquiera se me ocurrió que pudiera tener buenas intenciones.

—Es que no todas las personas son buenas, Emma. No todas las personas son como tu abuela. No se puede confiar en todo el mundo, lastimosamente no. Pero, oye —se acercó para golpearle la pierna amistosamente, de una manera despreocupada—, busca un momento para conocer a Gael. Lo necesitan.

Emma quiso responder, pero se quedó boquiabierta. El timbre del ascensor sonó en la sala. Cielos. Eran las 7:00 p.m. exactamente. Se levantó inmediatamente y se arregló la falda de su corto vestido blanco.

Vivian tenía un rostro impresionado. Había extrañado esos cachetes y el vestido muy al estilo ella. Puso una cara de borrega temerosa, pero cambió cuando notó la presencia de Esmeralda. Frunció su ceño. Las heridas seguían agrandándose. Ni siquiera podían hablar en privado. Claro que reconocía a Esmeralda, por la foto que Emma publicó en su historia aquel sábado, era su reemplazo. Los ricos no solo cambian de autos cuando pasan los meses, también lo hacen con las personas.

—Al menos podemos hablar en privado, ¿no?

Esmeralda se incomodó. En realidad, todo en Vivian la incomodaba. Olía a marihuana, y quizás a otras cosas más que no lograba descifrar, también puso una cara de asesina serial cuando la vio. Esmeralda buscó en su razón. Estaba ahí para apoyar a Emma, así que la marihuanera podía irse a la mierda. Emma abrió su boca, y se aireó, parecía que algún conducto respiratorio se le cerró.

—Esme, ordena la pizza. No lo hice.

—Estaré en la cocina, Emmy —agarró su bandolera y se retiró.

Vivian observó cómo Esmeralda se marchó, y después dijo:

—Que sean dos pizzas, mejor.

—¿Qué quieres decirme exactamente? —dudó en tomar asiento, pero al final lo hizo en el diván. Y Vivian se sentó a su lado, agarrándola de las manos, como una pecadora rogando perdón. Emma sintió la presión del agarre, no lograría apartarla fácilmente, la estaba agarrando como a una prisionera—. Vivian.

—Esa no era yo. Y probablemente esta tampoco soy yo —se acercó más—. Nunca te he hablado con la misma sinceridad que tú hacia mí con respecto a tu doloroso pasado, pero esta noche quiero contarte algo que nadie más sabe. Mis padres se ahogaron en aquel lago...

—Suéltame. Por favor —miró hacia el ventanal, queriendo hallarlo entre las torres. Le apretaba el pecho. Nunca imaginó cuán duro sería el momento. La liberó, y Emma se hizo al costado, distanciándose.

—Linda barrera invisible —sacudió su cabeza.

—Me estabas contando algo.

—Ni siquiera te importa escucharlo.

—Me importa, por eso estás aquí. —Estaba erguida en su lugar, con las manos sobre sus muslos. Apenas había empezado, y solo quería que acabara. No soportaba ese ambiente, normalmente lo evitaba.

—Se ahogaron en aquel lago —abrió sus piernas y colocó sus codos sobre ambas, miró el suelo—, sabes eso, pero solo sabes eso. Una adolescente huérfana de catorce años jamás aceptaría mudarse de pueblo para irse a vivir con la única familia viva que tiene, una anciana decrépita. Por eso el mejor amigo de mi papá me adoptó con su linda y estúpida esposa. Espera. Eso también lo sabes —rio, sin apartar su vista del suelo. Emma estaba callada, escuchándola mientras miraba la ciudad—. Tenía quince, y estaba haciendo mi tarea en el comedor, ella estaba en una reunión de su iglesia, cuando él me propuso hacer el amor. Qué estúpida expresión, ¿no? Lo hicimos, y no acabó como se suponía que debía acabar, y no se sintió como se suponía que debía sentir. Era demasiado boba como para darme cuenta que abusó de mí.

—Vivian —se sobresaltó, mirándola.

—Viví con él hasta que me gradué, eso lo sabes. No lo hizo más, tampoco se preocupó por decirme que no se lo dijera a su esposa, porque yo tenía más miedo de que la estúpida me echara que de otra cosa. Qué mala suerte tenemos algunos, ¿no? Pero encontrarte fue una fortuna. Jamás nadie me ha querido de la manera en la que tú lo haces. Te diría que mis pobres padres lo hicieron, pero con el tiempo me encargué de sacarme esos recuerdos de encima. Quiero pedirte disculpas por no haber sido la mejor amiga —la miró, otra vez la agarró de una mano, pero ahora lo hizo con delicadeza.

—Mi corazón llora y lamenta que hayas tenido que pasar por eso, Vi.

—Está bien. Quería que lo supieras porque eres mi mejor amiga.

Emma abrió su boca, apartando su mano lentamente.

—Pero no podemos seguir siendo amigas. Escucha... —tomó aire. El dolor en su pecho se estaba poniendo insoportable—. Entiendo que el pasado formó tu carácter. Vivian, me duele que hayas tenido que pasar por eso, pero lo que pasó entre nosotras no tiene que ver con eso. Tienes suficiente consciencia para saber que tus actos conmigo no son los correctos. Me cansé de ser el trapo que usas, ensucias y desgastas.

—Cambiaré por ti. —Su mirada se colmó de lágrimas en un segundo.

—Cambiar. Siempre prometes que cambiarás —frunció su ceño.

—Tú... —echó una lágrima— tú no me rechazas porque quieres. Tú me rechazas porque eso es lo que él quiere. Estás haciendo lo que él te pidió que hicieras. ¿Está en este ático? ¿En la terraza? —miró hacia la puerta de cristal. Se aceleró, le dio una especie de crisis nerviosa.

Emma negó con su cabeza, en medio de una mirada vidriosa. Todo era más de lo que su mente y su corazón podían procesar. Cuando leía noticias sobre asaltos sexuales, trataba de imaginar el sufrimiento de la víctima, pero le era imposible dimensionarlo. Cuando Brandon la tocó, cuando trató de abusarla más allá del manoseo, pasó demasiado tiempo antes de que pudiera curarse del insomnio. La situación le había hecho odiarse más por haber sido tan estúpida al provocarlo. No se lo había contado a Jane, mucho menos a Colin. Era su secreto, y de esa manera permanecería. Pero ahora su corazón sangraba por Vivian.

—Él ni siquiera sabe que hablaría contigo.

—Lo estás prefiriendo. De nuevo —se agarró de su cabello enredado. Parecía que se encontraba a punto de estallar de rabia. Las lágrimas que echaba hasta podían convertirse en agua hirviendo.

—Es el amor de mi vida. Y tú no estás de acuerdo con eso —se secó unas lágrimas que cayeron inadvertidas—. No solo me haces sentir como una buena para nada, también lo odias. Odias al amor de mi vida. Siempre lo odiaste. Ni siquiera te ha importado disimularlo todo este tiempo. Aquella noche esperabas que rompiéramos, por eso soltaste lo del secreto.

—Porque él no te merece, Emma. Eres un ser lleno de luz, y él es la maldita oscuridad en persona.

Emma comenzó a sudar de la manera en que lo hacía cuando hervía. Es que no la entendía. Había ido en busca de su perdón, pero estaba tomando la vía equivocada para conseguirlo, y Vivian debía saberlo, que al destrozar a Colin lo único que hacía era distanciarla más.

—El mundo no lo merece a él. —Sus ojos titilaron al pronunciarlo. No se sentía capaz de seguir.

—Estás completamente cegada —bufó.

—No puedo aceptar tus disculpas. Necesito que te vayas ahora, Vivian —pidió pacíficamente. Estaba gestionándose para no sonar hiriente. Creía haber encontrado las palabras adecuadas, y se sentía más o menos orgullosa por no haberse desbordado desde que la otra comenzó a hablar.

—Le diste una oportunidad a alguien que no lo merece —levantó su tono de voz. Seguía llorando, pero ahora se notaba más bien enojada—. ¿Por qué no puedes hacer lo mismo conmigo? ¿Por qué? ¿Eh?

—Porque no —sintió cómo poco a poco una energía emocional empezó a subir desde su abdomen hasta su cuello.

—Esa ni siquiera es una respuesta válida. Dime porqué valgo menos que él —la apuntó con su barbilla—. Dime porqué no puedes perdonar a alguien que te ha dado su apoyo en todo este tiempo. Dime porqué no merezco una segunda oportunidad. Dime porqué no crees que pueda cambiar. Dímelo, Emma.

—¡Porque me golpeaste! —gritó.

La energía emocional conoció la luz. Llevó una mano a su mejilla, en medio de una mirada rota e impresionada. Estaba aturdida, hasta se sintió perdida y desorientada por medio segundo. No parpadeó en ningún momento. Le dolió la mejilla, como si acabaran de golpearla, sintió cómo le hirvió la piel por tan solo un instante, pero que bastó para asustarla demasiado. Vivian la observó impactada. Jamás la había tocado. Pensó en que oficialmente Emma se había vuelto loca. Había estado drogada, pero recordaría haberla golpeado, porque simplemente era algo que no hubiese hecho. No tenía idea de que el cuerpo y el alma de Emma se encontraban tan fundidos en el cuerpo y el alma de él, que su cerebro no supo diferenciar a quien realmente había golpeado. Emma parpadeó, despertando del medio trace, y sujetó su corazón con su mano, inclinándose hacia delante. Recordó que la bofetada en realidad había caído en la cara de él. Otra energía surgió en medio de su pecho, y le presionaba con fuerza, como queriendo confirmarle de manera oficial que habían encontrado a la extensión de su alma, y que necesitaba protegerla con cada célula de su cuerpo.

—Emma —dijo Vivian.

—Acaba de pedirte que te vayas —habló Esmeralda. No se sentía culpable por haberlo escuchado todo. Es que no lo hizo por chismosa, sino porque Emma era demasiado humana para dejarla a solas con esa mala persona. Vivian se puso de pie, apuntándola con su índice, pero Esmeralda no se dejó pisotear. Era callada y tímida, pero, en ese momento, se le había olvidado por completo—. Si buscas una respuesta a todas tus preguntas: Emma no te quiere en su vida porque no eres buena para ella, ni para su relación.

—Llamaré a seguridad si no te vas ahora —decretó Emma, quien ahora estaba parada—. Quiero que te largues y que te olvides de todo. Si intentas meterte con Colin de nuevo, que Dios se apiade de ti.

Vivian se quedó congelada, mirando por última vez a Emma, antes de irse para siempre.

Emma oyó cómo el ascensor se cerró y se tumbó en el diván. Estaba cansada. Sentir demasiado siempre la agotaba. Respiró profundamente y cerró sus ojos. Comenzó a temblar. Acababa de experimentar la sensación más extraña que le había tocado vivir, y no pensaba contárselo a nadie, ni siquiera al mismo Colin. Miró el techo, esbozando una media sonrisa, en medio de su entrecejo arrugado de dolor. Cubrió su rostro con sus manos, poniéndose a llorar por lo raramente llena que se sentía de espíritu. Pero Esmeralda no sabía del contenido de llanto, por lo que pensó que lo de Vivian le había dolido demasiado.

—Si justificáramos a todos por su pasado, este mundo estaría peor de lo que ya está. Espero que lo sepas, Emmy, que no tienes el deber de reparar a nadie, ni con tu cariño, ni con tu amistad. Eres tú antes que nadie, y eso no es ser egoísta, es amor propio.

Emma bajó sus manos para verla.

—¿Ordenaste la pizza?

—Sin piñas, anchoas o espárragos —sonrió.

—Gracias por acompañarme.

—Jamás tienes que agradecerme nada, Emmy.

⠀⠀

La última vez que había verificado la hora eran las 2:24 a.m., no sabía que se encontraba rozando las tres, pero tampoco le interesaba saberlo. Encendió un cigarrillo en su boca, y aventó el encendedor sobre la mesa circular de metal. Rio al escuchar el cuento de Jordan, a continuación, alzó su botella vacía a mirada de un camarero, quien levantó su pulgar y regresó segundos después con una llena. Agradeció antes de comenzar a beber su cuarta botella en lo que iba de la madrugada. Dio una bocanada hacia abajo y el humo se expandió por la mesa. Jordan cortó la anécdota que estaba contando, y lo apuntó con su barbilla. Colin le leyó la mirada, y observó por encima de su hombro. Había tres mujeres en la mesa ubicada a sus espaldas, a dos les gustó lo que estaban viendo, pero todas se encontraban mirando hacia ellos.

—¿Qué? —regresó a mirar a Jordan.

—Están hablando de ti.

—Gracias por decirnos que no somos lo suficientemente atractivos para que hablen de nosotros también. —Alan habló con el pico de la botella frente a su boca, después le dio un sorbo.

—Tranquilo, Al. También es consciente de que nunca hablarían sobre él —dijo Eugene.

Jordan colocó sus manos sobre la mesa.

—Soy realista con respecto a nuestra situación cada vez que salimos con Colin. No es que seamos menos atractivos...

—Es que no usamos diez productos para el cabello —se metió Alan—. Bueno. Tú ni cabello tienes, eso te quita más puntos. Entendí tu punto. Necesitamos hacernos un tratamiento capilar.

Eugene soltó una carcajada y agarró su botella en tono relajado. Sin embargo, a Jordan le ponía furioso cuando Alan lo interrumpía para decir cosas que en realidad no aportaban nada, suspiró y continuó:

—Como estaba diciendo. No es que seamos menos atractivos, es que Colin tiene millones de seguidoras en Instagram... Y sí, probablemente su cabello influye —torció sus labios a un costado, estaba siendo sarcástico—. ¿Alguna vez notaron cómo Emma se lo toca sin razón? Parece que la excita.

Colin no se aguantó la sonrisita, trató de disimularlo bebiendo su cerveza.

—Decidido. Visitaré el salón de belleza del hotel —declaró Alan.

—Colin, necesito que tú y tu cabello me den una mano en este momento. —Jordan cambió su tono a uno muy sarcásticamente serio—. Saluda a esas gatitas por mí. Yo soy el pescador y tú eres la carnada.

—Si las saluda, vendrán, pero para tocar su cabello —señaló Eugene.

—Lo sé, Eugene. Vendrán por él, pero escupirán una bola de pelos apenas Colin abra su boca. Todo está perfectamente calculado. Yo no tengo cabello —frunció su ceño cuando Alan le dio caricias en su rapado—, pero soy mucho más agradable que Colin.

—Ojalá tuvieses el pene tan largo como tu interminable ego —le dijo Alan, todavía acariciándolo. Recibió un empujón de parte de Jordan, y se cayó de su butaca alta. Unas personas giraron para verlo en el suelo. Eugene alzó su barbilla para mirarlo—. Estoy bien. Siempre lo estoy —se levantó todo adolorido.

—Colin —habló Jordan entre dientes.

Colin expulsó humor, arrugando su frente.

—No puedo ni quiero hacer eso.

—¿Alguien vio a Emma? ¿No verdad? Porque está durmiendo en su dormitorio de reina. Además, no te pido que las cojas, eso lo haré yo más tarde. Solo un saludo. Vamos —movió el cenicero de la mesa.

—No. Búscate otra táctica —contestó.

—O déjate crecer el cabello —añadió Alan.

—Que conste que yo sí lo haría por ti, Cole. —Jordan lo apuntó. Creía que haría cualquier cosa por darle una mano a sus amigos, pero ellos sabían perfectamente que no era así. Agarró su botella y bebió un gran trago—. Me he acostado con una sola desde que llegué.

—Por eso estás débil. Tuve que echarme de la silla para no desinflar tu orgullo. —Alan les dio una risita antes de sacar, con actitud secreta, un porro del bolsillo de su vaquero negro—. Lo compré en el baño.

—¿En qué momento? —Eugene frunció su ceño. Recordaba que fueron juntos, pero no recordaba a Alan negociando con un traficante.

—Cuando le estabas mirando el pene al de al lado, dah —golpeó la mesa por lo gracioso que se creía que era—. Colin, saca esa porquería de tu boca, y enciende esto.

—No. Estoy bien destruyéndome a mi manera. Todavía recuerdo lo mal que la pasé. A diferencia de ti, prefiero evitar situaciones desagradables, Al.

Para nunca olvidarlo. Poco tiempo después de conocer a quienes ahora lo acompañaban como sus grandes amigos, probó su primer porro (también financiado por Alan), y terminó mal.

—No terminaste con un ataque de ansiedad porque fumaste un porro, terminaste con un ataque de ansiedad porque después de fumar llamaste a Rebecca la malparida. Son cosas distintas —habló Alan—. Tú y Emma les tienen un miedo irracional a las drogas. Mírame. A veces me fumo a Mary Jane, y estoy en perfecto estado —se apuntó a sí mismo.

—Cada día te pones más inteligente, de hecho. —Eugene alzó sus cejas antes de dar un sorbo—. Colin no les tiene un miedo irracional a las drogas —le sacó el cigarrillo y lo aplastó contra el cenicero—. Emma sí. Escucha nicotina y se hace la muerta como zarigüeya.

Colin encendió otro cigarrillo, y después les contó:

—Ya sabe que fumo.

—¡Qué! —exclamaron al mismo tiempo.

No podían creerlo. No podían creer que Emma no le había partido en dos con un hacha afilada con sus propios dientes de loba asesina. Dios mío. Alan y Eugene recapacitaron, ahora le debían cincuenta dólares a Jordan, quien había apostado a que Emma no reaccionaría mal, a pesar de sus dudas, su intuición le decía que iba a ganarse cien dólares, y los otros no se habían preocupado porque estaban segurísimos de que no tendrían nada que pagar, porque ellos mismos degollarían a Colin si estuviesen en el lugar de Emma. Pero se ahorraron el contarle a Colin sobre la apuesta que hicieron a costa de su sufrimiento.

—El miércoles, antes del cuatro de julio. Se lo dije.

—¿Y? —preguntó Eugene. Estaba un poco indignado por no haberse enterado antes que ese par.

—Me escuchó. No se enfadó en ningún momento.

—Final inesperado —pensó Alan.

—No tanto. Emma es un pan de Dios —contestó Jordan.

—¿Fumas delante de ella? —preguntó Eugene.

—No. La respeto —respondió.

—Respetas los pulmones de Emma, pero a la mierda los pulmones de nosotros tres, ¿verdad? —Alan negó con su cabeza en señal de desaprobación. Colin a veces se asemejaba a un tren a vapor.

—Queremos mudarnos juntos a finales de verano —anunció.

—¡Cole! —gritó Eugene. Ahora estaba indignado.

Colin sonrió un poco.

—No me la recuerden ebrio —colocó sus codos sobre la mesa y cubrió su rostro por un momento, después peinó su cabello hacia atrás con sus dedos—, que me dan ganas de llamarla.

—Cole. —Alan apuntó el celular de Colin, que estaba sobre la mesa, encendiéndose solo. Alan se puso serio, sintió una sacudida después de oír que Colin planeaba irse a vivir con su novia. Él sabía poco y nada sobre relaciones, pero sabía que ese paso era algo demasiado grande, así que la noticia lo sacudió.

—No. —Jordan detuvo el celular sobre la mesa.

Colin sonrió, enseñándole sus dientes, y cogió la llamada. Aplastó su cigarrillo.

—Amor —se bajó de la butaca y cruzó al costado de las tres mujeres, rumbo a la salida.

Emma miró a Esmeralda, quien estaba durmiendo a su lado en la cama, y se levantó despacio.

—¿Puedes hablar? —se encerró en el baño. Podía escuchar la música al otro lado. Miró el reloj del celular otra vez, era un poco más de las tres. Tomó asiento dentro de la bañera, mientras escuchaba la música, que parecía un rock.

Colin cruzó la puerta del bar y se paró a un costado, donde estaba el guardia.

—Ahora sí te escucho.

—Solo quería escuchar tu voz.

—Pues, a mí me falta una botella para cantarte —rio.

Emma sonrió, pero pronto se apagó.

—En realidad..., quería decirte que acabé mi amistad con ella. Quiero decir —sostuvo su frente con una mano—, la había acabado hace tiempo, pero aparentemente ella necesitaba que se lo oficializara de forma directa. Nos vimos en mi ático. Esmeralda estaba conmigo, bueno, está conmigo. No quiero arruinarte la noche, Colin, solo necesitaba contártelo.

—Eh —se tomó de su puente nasal—, bien.

No tenía nada qué decir.

—Te amo, Colin.

—Te amo demasiado.

—Sigue divirtiéndote.

Colin remojó sus labios, antes de decir:

—Te amo bien.

—Te amo bien.

Y Emma colgó.

¡Hola! Ya tenía muchas ganas de compartir este capítulo.

¡En 6.500 palabras ha pasado de todo! 

Desde los pequeños pasitos de Emma hacia Gael, hasta la gran amistad que está surgiendo entre Emma y Esmeralda, y finalmente la reaparición (y posterior despedida) de Vivian. 

Sé que muchos llevan tiempo queriendo saber sobre el pasado (y cómo se manifiesta en el presente) de Vivian, y yo lo había reservado con celos hasta este momento, esa una de las razones por las que me gusta este capítulo,  porque ahora pueden ir formando el rompecabezas de la personalidad Vivian. Ahora, ¿qué piensan después de haber leído la escena en el ático?

¿Cuál es tu momento favorito?  

Yo amo cada línea, pero me decidiré por dos momentos.  Amé demasiado el párrafo en el que Emma se da cuenta de cuán conectada está emocionalmente a Colin , hasta el punto de asustarse y no contárselo ni a él.  El segundo momento que disfruté escribir (Dios, lo amé y me reí) es toda la escena de Colin y los muchachos en el club, ellos juntos me rejuvenecen el alma.


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