20: La familia Oschner

Bradley se metió al ático con un maletín negro en su mano.

—¿Tu mamá? Salí temprano solamente por la graduación de las niñas.

Dejó la llave de su camioneta sobre una repisa. Entonces, miró hacia el sofá con su mirada entrecerrada y su entrecejo arrugado. ¿Acaso le estaba hablando a la puta pared? ¿Dónde quedó el maldito respeto?

Se acercó a pasos duros y, desde atrás, golpeó la cabeza de Colin usando su maletín como herramienta.

Colin lanzó su tableta electrónica hasta la alfombra y se quitó sus auriculares inalámbricos.

—¿Auch? —se levantó del sofá.

Metafóricamente, casi se mea encima al descubrir de quien se trataba.

—Te hablé, maldito inútil —dijo Bradley.

¿Le habló? ¿No podía volver a hacer como que desconocía su existencia?

—Disculpa. Tenía auriculares, estaba estudiando. ¿Qué necesitas? —se agachó a recoger lo que lanzó del susto. No podía mirarlo directamente, temía de manera consciente como inconsciente.

—¿Estudiando qué? ¿Tu mierda de física? —dejó su maletín en el suelo.

—No. Psicología evolutiva —bloqueó el aparato.

—Otra de tus mierdas —golpeó el borde del respaldo—. ¿Qué haces vestido así? ¿No irás a la graduación de tus hermanas? ¿Ahora también te importa una mierda el resto de tu familia? ¿De eso se trata?

Eran las 4:20 p.m., la graduación comenzaba las 5:00 p.m.

Colin seguía en short y sudadera, ni siquiera estaba usando zapatos.

—Estaba por ir a cambiarme. Y mi familia me importa muchísimo.

—Se nota. ¿Sabes qué? Quédate ahí —lo apuntó, se alejó unos pasos hasta un mueble.

Colin abrazó su tableta, no entendía lo que estaba pasando. Tampoco pudo distinguir lo que su padre sacó del cajón. Consideraba que casi siempre podía predecir las acciones de su padre. Inútil, mierda, maldito, encabezaban su listado de palabras. Los golpes a objetos, como mesa y sofá, también formaban parte de sus acciones cotidianas cuando alguien, es decir, él, lo sacaba de quicio sin querer. Era brusco, poco gentil cuando estaban en la intimidad del ático. Le gustaba lanzarle cosas cuando lo enrabiaba.

Bradley era predecible.

O quizás no tanto.

—Siéntate —apuntó el sofá.

Colin frunció su ceño, sentándose.

¿Quería hablar?

¿Quería destrozarle su autoestima? Porque anoche hicieron suficiente.

Entonces, Bradley se colocó a un costado y le cortó el cabello con unas tijeras de papel.

Colin escuchó el sonido e inmediatamente se levantó.

—¿Qué te ocurre? —habló sin medirlo.

—Ya no lo soporto, eso me ocurre —agarró otro mechón y se lo cortó.

—¡Ya basta! —alzó la voz.

Bradley se empezó a reír.

—Por eso soy abogado y no peluquero.

No le dio importancia al tono de voz de Colin porque ese corte de cabello lo había superado. No podía parar de reír. Esa escena fue todo lo que su alma necesitaba en ese momento, en el que había salido del trabajo temprano, no le gustaba interrumpir su día en la oficina. Cortarle el cabello a Colin lo había puesto de bien.

Colin se fue.

Se fue a su recámara, donde trancó la puerta.

Encendió la luz del baño y se miró al espejo.

Agarró una botella de cristal con perfume y la lanzó contra la pared de la ducha.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Emma abrió la puerta del auditorio y caminó tímidamente en el pasillo entre los asientos. Estaba usando un vestido negro con motas blancas, el largor iba hasta sus tobillos, pintó sus labios en rojo, y colocó un listón del mismo color en su media cola de caballo. Le llevó horas lucir de esa manera, por eso llegó tarde a la ceremonia, no dividió correctamente su tiempo. Estaba avergonzada, y también enfadada consigo misma.

Sosteniendo la correa de su pequeño bolso cuadrado, sus taconcitos frenaron junto a la hilera donde la familia Oschner estaba sentada. Había dos asientos libres junto a Thomas, y toda la familia se encontraba observando el escenario. El maestro de ceremonia estaba llamando a cada estudiante para que recogiera su diploma, había aplausos entre cada nombre.

Emma miró alrededor y se sentó al lado de Thomas.

—Hola —saludó, inclinándose para verlos.

—Hola, Emma —saludaron todos.

Fijó su atención al escenario.

Mercy y Cathy lucían muy hermosas con sus togas oscuras. Ya tenían sus diplomas.

—¿Cole? —Emma le preguntó a Thomas.

—Todavía no llegó —contestó el jovencito.

—Pensé que vendrían juntos —dejó su bolso en el asiento de al lado.

—Les tomé fotos a Mer y Cate cuando las llamaron. ¿Quieres verlas? —encendió la cámara profesional que tenía entre sus manos.

—Me encantaría —sonrió.

Miró las fotografías, y luego sacó su celular para mandar un texto de emergencia.

Era una emergencia porque no sabía qué le había pasado a Colin.

Pero el desaparecido no respondió.

—Ahora, palabras de nuestra mejor graduada. Cathy Oschner —dijo el señor del micrófono.

Bradley y Theresa aplaudieron con entusiasmo.

Emma miró hacia atrás, hacia delante, a los costados.

Cathy se acercó al estrado.

—Buenas tardes a todos. Hace poco tiempo atrás, estábamos en la clase de gimnasia, y recuerdo que un grupo me pidió que hoy no diera un discurso increíblemente largo y aburrido. No lo haré, ni siquiera escribí uno —habló, mirando al frente.

Fue entonces que Emma sintió cómo Colin tomó su bolso para sentarse junto a ella.

Por el amor de Dios.

Tenía un nuevo corte de cabello.

Le habían rebajado en los costados, pero seguía teniendo volumen.

Estaba peinado hacia atrás. Vestía una camisa blanca, remangada hasta sus codos, con un pantalón negro.

Emma lo inspeccionó detenidamente, luego dirigió su mirada al frente. Estaba afligida. Se desconcentró del acto. Colin jamás llegaría tarde a la graduación de sus princesitas por un corte de cabello, ni por cualquier otra cosa que dependiera de sus manos. No entendía lo que estaba pasando.

—Pero no estaría aquí parada de no haber sido por mi hermano mayor.

Esas palabras de Cathy le dieron a Emma una cachetada de reacción.

Toda la familia miró a Colin, solo uno de ellos no estaba sonriéndole.

—Mi hermano mayor no es mi ejemplo a seguir ni mucho menos quiero ser como él. Colin, eres el hombre más brillante que conozco, pero quiero ser más que tú.

El auditorio soltó unas cuantas carcajadas.

Colin esbozó una sonrisa y echó una lágrima que pronto se multiplicó.

—Esta no es la primera distinción que recibo, ni mucho menos será la última, pero ésta quiero dedicársela exclusivamente a mi hermano Colin. Gracias por responder todas mis llamadas de emergencia académica a cualquier hora, Cole. Gracias por siempre encontrar tiempo para enseñarme cosas. Gracias por todas las listas de lecturas interminables, por brindarme tanta atención. —Su mirada se llenó de lágrimas que aún se estaba aguantando para no soltar—. Gracias por mandarme mensajes antes de cada prueba importante que tengo. Tengo mil razones para darte las gracias. Quiero que sepas que cuando reciba una carta con la que pueda decir que lo logré, tú eres el primero a quien pienso llamar. Si hoy soy la mejor graduada de mi clase, es gracias a ti, porque muchas veces no basta con tener el material, necesitas recibir el apoyo de tus seres queridos para poder ejecutar.

Emma tomó la mano de Colin, y se miraron.

Algo estaba pasando. No estaba llorando solamente por eso.

Emma sacó un pañuelo desechable de su bolso y se lo dio.

Cuando Cathy acabó su discurso, Bradley se puso de pie para aplaudirla, pues se trataba de su hija.

La ceremonia no duró mucho más. Y la familia Oschner se acercó para felicitar a las recién graduadas.

—¡Ese corte nuevo! —gritaron las gemelas como si sus cerebros se hubiesen conectado por un momento.

Colin abrazó a Cathy, elevándola del suelo.

—Te quiero mucho —le dijo.

—¿Lloraste por mi discurso? —alzó una carcajada.

—No es justo que me tomes desprevenido —la bajó para darle un beso en la mejilla.

Mercy tosió en su puño.

—¡Y aquí está la graduada más hermosa! —Colin la atrapó entre sus brazos, el birrete oscuro cayó al suelo, y Emma se agachó para recogerlo—. A ti también te quiero ¡mucho! No se lo digas a Cate, pero quizás me enorgulleces más que ella.

Cathy le golpeó la espalda con su diploma enrollado.

—Te adoro —dijo Mercy.

—Y les traje a Emma. —Colin la soltó para poner a Emma en frente de él.

Las gemelas la abrazaron al mismo tiempo.

¿Bueno...? Emma no sabía que podía hacerse querer sin decir ni mu, pero recordó lo que Colin le había dicho poco tiempo atrás, las gemelas la querían porque trataba bien al tan atesorado hermano mayor.

—¡Felicidades a las dos! Y Cate, no me cabe duda de que serás más que Cole —bromeó, retrocedió para abrazar a Colin de costado.

Colin sonrió arrugando su nariz.

—Oigan, ¿nos vamos? —Una adolescente de cabello rizado se acercó a las gemelas. Sucede que pelearon por quien de las adolescentes se acercaba a Mercy y Cathy para preguntarles tal cosa, pues ¡estaba Colin!

Cathy abrazó a su madre de costado, y respondió para su amiga:

—No. Iniciaremos la prepa. Tendremos suficiente tiempo para estar fuera.

—No me gusta cómo suena eso —dijo Bradley.

—Disfrútalas ahora, Brad —respondió Theresa.

La adolescente se fue sin decir nada, al menos logró acercarse a Colin.

—Imagino que Emma cenará con nosotros —habló Mercy.

Emma. Ella solo quería hablar con Colin en privado.

—Eh, claro —contestó.

—Pediremos un auto —dijo Colin.

Por fin, hora de hablar.

—No hace falta. —Shizu se metió, lucía tan esplendida como la misma Theresa—. Con Di iremos a retirar el postre; el repartidor de la pastelería tuvo problema. Una vergüenza de servicio. Tienen suficiente espacio en la camioneta sin nosotras dos, Colin.

Demonios.

Emma juntó sus manos, dibujando la más falsa de sus sonrisas.

Mercy, Thomas y Cathy subieron a la misma hilera, dejándolos en la última fila de asientos de la camioneta. Los de adelante iniciaron conversación entre sí, hablaban fuerte, el tema era la graduación.

Emma colocó sus manos sobre sus piernas, observó cómo salían lentamente del aparcamiento, deseó tener el poder de leerle la mente. No logró retener su preocupación, estaba invadiendo cada zona de su cerebro. Al lado, Colin estaba mirando en sentido contrario a ella, su tobillo derecho estaba recostado sobre su rodilla izquierda. Y no había forma de engañarse, no podía quitarse la imagen de su padre cortándole el cabello.

Creía recordar todas las veces en las que se había sentido humillado por él, estaban grabadas en su mente como huella permanente, sin embargo, esa acción se sintió diferente. Estaba sensible. Estaba arrastrando situaciones dramáticas desde la semana anterior que no había sido sencilla de lidiar. No llegó tarde porque fue a cortarse el cabello como persona decente, llegó tarde porque había tenido una crisis de ansiedad en su baño, en la que llamó a Amber porque sintió que se iba a desbordar. Las carcajadas de su padre sonaban en su cabeza de forma psicótica. Fue la tarde en la que descubrió que su padre sentía placer al verlo sufrir.

—Cole —susurró Emma por segunda vez.

Colin giró su cabeza para verla.

—No nos saludamos. Hola —respondió éste.

—¿Necesitas hablar conmigo? —Emma se dobló para tocarle el hombro.

—Luego —le dio un beso en la mejilla.

Bradley los miró a través del retrovisor.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Thomas colocó jazz en el estéreo.

Y se sentaron a cenar salmón con ensalada, claro que no omitieron la oración antes de empezar a comer. Le dieron a Heidi la responsabilidad de la palabra. La niña se achicó al hablar frente a su cuñada, si tan solo supiera que Emma era la más penosa en esa mesa, que ni siquiera prestó atención a los detalles de la oración porque se estaba preguntando cuál era la posición correcta para un momento como ése, aún no se acostumbraba.

—Colin, la ensalada. —Mercy pidió en un momento, mas se puso de pie para acortarle el trabajo—. Gracias. Quiero saber qué bicho te picó para cortarte el cabello después de tantos meses sin tocarlo. Claro que eres guapo en todas tus presentaciones.

—Pero ahora está más guapo. —Theresa se metió. No iba a desaprovechar la oportunidad de decir lo siguiente—: Me alegra que me hayas hecho caso porque ese cabello te hacía ver algo descuidado, cariño.

Emma clavó su tenedor en el salmón. Pensó que lo único que los padres de Colin sabían hacer era criticarlo.

Y Colin no respondió, demasiado ocupado fingiendo que estaba comiendo.

—Emma también se cortó el cabello —señaló Thomas como buen observador.

—Ay, se pusieron de acuerdo. —Mercy habló en tono burlón.

—Yo pienso que Emma se ve preciosa —dijo Shizu.

—Nadie dijo lo contrario, Shizu —contestó Mercy.

—Emma, una amiga es abogada de tu mamá. Tus padres se están divorciando, escuché —habló Bradley.

—Dios mío. ¿Es cierto? —preguntó Theresa en tono preocupado.

Emma alzó su mirada.

—S-sí —contestó—, pero es algo de lo que ya veníamos preparándonos hace tiempo. Mi papá está mucho mejor sin ella. En realidad, con mi hermano estamos felices por la decisión que tomaron. Lamentamos que su matrimonio no prosperara, pero sabemos que esas cosas pasan.

—Todo el tiempo. Los divorcios de la gente pagan mis impuestos. —Bradley se mofó.

—Qué mal chiste, Brad —mencionó Shizu.

—Es gracioso porque es verdad, Shizu. —Bradley la apuntó con su tenedor.

Emma miró de reojo al plato lleno de Colin.

Y se asustó cuando Bradley bajó su vaso sobre la mesa de forma brusca, diciendo:

—Muchas relaciones no prosperan. La gente inteligente no quiere un problema a su lado. No hablo de tus padres, Emma, hablo en general. Así como uno ama, uno se harta. Por eso los jóvenes no quieren casarse. Imagínate casarte con un desorden, Emma. Bien por tus padres por tomar esa decisión. Muy acertada —alzó su copa de vino en señal de brindis, luego bebió y limpió sus labios con una servilleta de tela blanca.

Colin bajó sus cubiertos a un lado del plato, y tosió una vez.

—Voy por agua tónica. ¿Quieren algo? —preguntó.

—Necesito más queso, Cole —pidió Thomas.

—Te ayudo. —Emma se puso de pie antes que cualquiera pudiera decirle que Colin no requería otra mano para traer un par de cosas. Lo persiguió. Necesitaba llegar al fondo del asunto de inmediato. Ya no podía con los silencios de Colin, con la ansiedad que se hacía clara porque no había tocado su bendecido plato.

Colin abrió la nevera y Emma se la cerró.

—No soporto más —le dijo.

Colin se limitó a mirarla.

—No pienso sentarme en esa mesa a fingir sonrisas mientras tú estás dolido por algo.

—¿De dónde sacas que estoy dolido por algo?

Emma cubrió su rostro con sus manos.

—Dios mío. Quiero gritar de rabia —bajó sus manos, las colocó en su cintura.

—Lo mismo de siempre —soltó, abrió el refri.

Y Emma lo cerró por segunda vez.

—Dime qué demonios te dijo tu papá.

—Nada que necesite repetir.

—¡Colin! —llamó Thomas.

—Es un... malnacido. —Emma habló con rabia, sintió un acaloramiento subir a su cabeza.

—No necesitas preocuparte por eso —abrió el refri.

Colin agarró un tazón con quesos en cubos junto con la botella de agua, y caminó de regreso al comedor.

Emma se tomó de su frente por un segundo, inhaló profundo antes de continuar con la actuación. Deseaba tener las agallas y la despreocupación suficiente para decirle a su suegro que era un maldito engendro del demonio, que no merecía a un ángel como Colin, deseaba mandarlo de vuelta al mismo infierno de donde se había escapado. Estaba odiándose por haber predicho la tormenta de la semana al haber asumido el tono gris luego de que la camiseta de Colin se empapara. Pero lo que aún no terminaba de entender era cómo le hacía Colin para seguir de pie con un padre tan enfermo, se preguntó si es que a ella solo le faltaba acostumbrarse a su suegro, si al final del verano iba a terminar tan acostumbrada como Colin.

No podía aceptar que su bebé estaba acostumbrado a ese loco.

No podía creer que alguien pudiera acostumbrarse a eso.

—Cate acaba de anunciar que planea estudiar medicina —comentó Thomas cuando ellos regresaron.

Colin no dijo nada al respecto.

—Ya taché a dos, me queda la otra mitad —dijo Bradley.

—Brad, por favor. —Shizu se quejó mientras tomaba más quesos para su ensalada—. Tom y Di acaban de graduarse de la primaria, y tú esperas que piensen en tu negocio familiar. Deja que tus hijos sean niños, no los obligues a crecer rápido. Y tú, Cate, deja de pensar en la universidad, tendrás demasiado tiempo para fastidiarte con eso. Sean normales y disfruten del presente.

—Me gusta el concepto de disfrutar del presente —habló Theresa.

—Shizu, no espero que lo entiendas —continuó Bradley.

—No hay nada que entender, Brad. Todo es tan claro como el agua —replicó ésta.

—Aún estamos a tiempo de adoptar uno que se interese, Tess. A los padres de Emma les funcionó, ¿o no? —miró a Emma desde su lugar en la cabecera.

—¿Perdón? —Emma se perdió hace rato. Tenía a su mente dividida entre Colin y su todavía plato lleno, y Colin y su ambiente familiar insano. Ambos temas le estaban dando vuelta como un carrusel descontrolado.

—Por favor, no hables de lo que no sabes. —Colin miró a su papá. Quizás se estaba ganando otra paliza con el maletín, pero no iba a dejar que se refiera al hermano de Emma como el adoptado.

—Siempre tan susceptible —habló Bradley en tono burlón—. No dije nada malo sobre el hermano de Emma.

—¿Mi hermano qué? —Emma se tensó en su asiento.

Bradley acababa de tocarle uno de sus puntos débiles.

—Tu hermano nada, Emma. Digo que quizás deba adoptar a alguien que se interese en mi firma.

—No nos referirnos a J.J. como el adoptado, a menos que se traten de bromas bien hechas por él mismo.

Colin no contuvo su suspiro.

—Disculpa —habló Bradley. Nada sincero.

—¿Qué trajeron de postre? —preguntó Thomas.

—Es una sorpresa —susurró Heidi.

Y qué sorpresa. Era pastel de chocolate sin gluten.

Emma pensaba que la familia Oschner se caracterizaba por una comunicación familiar en la que no decían nada. Cada noche se sentaban alrededor de una mesa larga para cenar comida cara y saludable, hablaban mucho, pero no se decían nada.

Hablaban sobre la escuela de los cuatro adolescentes; Bradley contaba sus tan brillantes anécdotas del día ocurridas en su oficina; Theresa siempre andaba preocupada por verse bien frente a los medios, y verse bien también implicaba que sus hijos dieran buena imagen. La familia Oschner hablaba mucho sobre el desempeño de los cuatro hijos en los deportes que practicaban fuera de la escuela. A la familia Oschner le gustaba las medallas de oro en cada ámbito de la vida. Tocaban con frecuencia el tema de sobresalientes.

Hablaban mucho, pero no se decían nada.

Ignoraban los sentimientos, no condimentaban sus platillos con emociones. A nadie se le ocurría preguntar cómo se sintió otro después de haber aprobado un examen con sobresaliente o cómo todos lidiaron con su día. ¿Les fue bien? Pero emocionalmente hablando. Todos en la mesa parecían muñecos.

Colin no cenó, tampoco tocó el postre. Y ninguno se percató.

O quizás no debamos generalizar.

—¿Tampoco el menú de hoy? —Shizu preguntó cuando recogió el plato lleno, le estaba dando una mano a la mucama por mero aburrimiento.

Colin terminó de beber agua de un vaso y se levantó sin decir nada. Cathy era la única que seguía en la mesa, aparte de ellos dos, pues estaba entretenida mirando las fotos de la ceremonia. Emma tomó su bolso y lo siguió hasta el balcón, cerró la puerta, dejándose mover por la fina brisa. Parecía que la ciudad estaba preparada para recibir la nueva temporada esa semana. Por encima de las luces había un cielo nocturno artístico que cambiaba sobre Golden Hill. Había una nube sobre Golden Hill, Emma la miró con curiosidad.

Colin se acercó al muro y recostó sus brazos, mirando al frente.

—Voy a comer más tarde —dijo.

Emma se acercó y recostó sus brazos junto a los de Colin.

—¿Qué pasa hoy? —se oyó como si su corazón le doliera al hablar.

—Todo es gris —respondió sin apartar su mirada de enfrente.

Emma hizo girar a Colin para tomarlo del mentón.

—Entonces, deja que lo pinte en colores para ti.

Su boca, sus ojos, su rostro entero demostraban cuánto le dolía el sufrimiento de él.

Colin miró hacia abajo. No quería mirarla, no podía.

—Sé que harta...

—Nunca hartas —interrumpió—. No me harta escuchar lo mismo de siempre, me harta que tengas que vivir lo mismo de siempre. No sé qué carajos te dijo ese sujeto, pero no necesito saberlo para decirte que todo lo que sale de su boca sobre ti es pura mentira —lo soltó para airearse—. Confirmé que ese hombre te odia porque eres más que él. Cate lo dijo: eres el hombre más brillante. Y tu padre no puede tolerarlo.

Colin se recostó mirando la ciudad otra vez.

—No me importa saber la razón.

—¿Te cortaste el cabello porque él te lo ordenó? —colocó una mano sobre el hombro de él.

—Sí.

—No debiste hacerlo por eso.

Colin apartó la mano y se alejó del muro.

—Tú no sabes cómo funcionan las cosas, Emma. Debo seguir sus órdenes para sobrevivir. Transcurro todos los malditos días tratando de pasar desapercibido, hago todo lo que me ordena, y mucho más, para evitar que estalle, y rompa todo a su alrededor.

Tal vez necesitaba ser más cuidadosa al hablar, incluso con sus buenas intenciones.

—¿H-hay algo que pueda hacer por ti? —giró a verlo.

—No.

—Quizás sí debas regresar con Cohen en julio.

—Huir no es la solución. Sabes cómo pienso.

—¿Y quedarte en un ambiente tóxico sí lo es?

—Quiero un verano entero a tu lado.

—Mi sueño de verano perdió sentido cuando me di cuenta que tu salud está en riesgo.

—¿Quieres que me vaya de Nueva York? —movió su brazo con nervios, apuntando con su índice a la nada. Tenía un ceño fruncido y una mirada llena de lágrimas—. No, Emma. No pienso dejar que gane. Y me pasé los últimos meses soñando con mi graduación para finalmente poder estar contigo como una pareja normal. Esto no es un capricho, Emma, esto es por nuestra relación. Cohen no me permite respirar, por eso le anticipé que iba a tomarme unas largas vacaciones, incluso le dije que puede excluirme del resto de la investigación si quiere, pero no pienso regresar antes. Tengo que seguir haciendo lo de siempre con respecto a mi padre, y todo saldrá bien. Todos cargan una nube negra, no espero que mi vida sea perfecta.

—Ni siquiera puedes comer por su culpa —negó con su cabeza.

—Lo hago, Emma. Por eso sigo aquí —tocó su pecho, apuntándose.

—No quiero que cargues una nube negra, mucho menos por él —se acercó, capturó entre sus manos a la izquierda de Colin, dirigiéndola a su pecho, en el lado de su corazón—. Te prometo que todo va a mejorar en algún momento. Va a dejar de llover alguna vez y esa nube va a desaparecer, pero, mientras la tormenta siga, mientras esperas que aparezca el arcoíris en tu vida, estaré cada día llenándote de colores, aunque sean témperas solubles, pienso pintarte el sol y el cielo más azul todos los días. Mi amor no puede impedir que sufras, pero puede acompañarte en tu dolor.

—Emma..., tú eres el amarillo de mi vida —se agachó para adherir su frente a la de ella, y cerró sus ojos.

—Ayer me dije que esta semana va a ser gris, lo sentí después del incidente con la gaseosa, pero rechazo mi profecía autocumplida. Mañana —lo tomó del mentón, y sonrió, mordiéndose el labio inferior—, mañana será un día hermoso. T-tú vas a despertar bien tarde, vas a descansar todo el día, vas a tirarte en tu cama a mirar La Teoría del Big Bang sin preocupaciones, y en la noche vas a ser todo mío.

Colin sonrió un poquito de costado.

—¿Qué vas a hacerme? —preguntó.

—¡Voy a llenar tu noche de colores! —gritó con entusiasmo y lo abrazó.

Uff. La familia Oschner.

Considero que he narrado muchos momentos fuertes con Bradley, pero esta vez pude sentir la humillación que sintió Colin en ese momento. ¿Les pasó lo mismo leyéndolo? ¡Cuéntenme!

Pero, wow, no tienen idea de lo que se viene en el próximo capítulo. ¡Amo cada palabra de esta historia!, pero pondría al capítulo 21 entre mis favoritos por siempre.

Bueno. ¡Nos leemos pronto!

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