Capítulo 41

Tantas señales y las ignoré, tantas oportunidades de volver sobre nuestros pasos (o al menos sobre los míos) y no las aproveché...

*Recuerdo*

*Llamada*

—¿Hola?

—Buenos días, ¿Con la señorita Estefanía?

—Si, ella habla.

—Nos comunicamos desde la boutique.

—Dígame.

—Eehh... ¿Podría acercarse a la boutique ahora?

—¿Ya? ¿En estos momentos? No puedo, me encuentro en la peluquería en medio de un proceso, ¿Pasó algo?

—Disculpe señorita, lo sentimos realmente. Pasa que... por error una de nuestras empleadas, entregó su vestido a otra cliente.

—¿Qué?

—Lo sentimos mucho, pero no se preocupe. Tenemos modelos similares al suyo, solo... tendría que venir ahora por si hay que realizar algunos ajustes.

—Apenas me desocupe, pasaré.

—Lo sient...

*Fin de la llamada*

Llena de rabia salí de la peluquería dejando a mitad de camino todo lo pensado hacer en mi cabello, nada más al verme me pidieron miles de veces perdón por el error. No sé qué extraño ser se apoderó de mí, que actúe groseramente con las empleadas involucradas, hasta que caí en cuenta de mi mal accionar recordando las veces que injustamente fui maltratada por personas en el negocio.

—Me probaré algún vestido similar.

—Podemos ofrecerle el vestido de la cliente que llevó el suyo.

—No, está bien. Quisiera por favor algo similar.

Me mostraron decenas de vestidos los cuales ninguno me gustaban, y el único que me interesaba llevaría varios arreglos y en dos horas, máximo tres, no alcanzaría para quedar para mí. Algo resignada tomé el celular decidida a cancelar mi compañía a la fiesta, a mis espaldas oigo que ingresa alguien y luego del saludo dice:

—Disculpen, hubo un error en la entrega. Este no es el vestido que había comprado, —giré y la muchacha abrió la caja y era mi vestido —es bellísimo y no tendría ninguna oposición en quedarmelo, pero... no es mi talla.

*fin del recuerdo*

A ese error en el vestido hay que sumarle la cantidad de veces que KiHyun camino a la fiesta me propuso no ir, me preguntó si quería cancelar... a ninguna señal hice caso.

«Que idiota fui al no verlas.»

***************

—Por cierto KiHyun, no vayas para aquel lado y menos con esta hermosa dama. —De pronto le advierte HoSeok.

—¿Por qué?

—Está el séquito de idiotas; Jae Min, Hyuk y el gran y respetado arquitecto... —hizo una pausa —Min YoonGi.

Cuando el chico se hizo a un lado para mostrarle a KiHyun dónde estaban, también me abrió la posibilidad de ver. A pesar de haber escuchado a la perfección el nombre me costaba creer que se trataba de él y la negación no terminaba aún viéndolo.

Tenía una invasión de abejas asesinas en el estómago, muchas emociones se me habían juntado. Por un lado tenía miedo porque no sabía cómo reaccionaría al verme y mucho más al verme con un hombre cuando me había repetido varias veces que yo era solamente de él y por otro lado sentía enojo, quizás... ¿Celos? Al verlo con una mujer colgando de su brazo muy relajado sin poner resistencia u oposición a lo que hacía aquella tipa.

«No tiene porque reclamarte nada, él está con otra también.»

—¿Estefanía, estás bien? —al oído me pregunta KiHyun.

—¿Qué? —lo miro confundida —S... Si, estoy bien.

—¿Quieres que vayamos un momento al parque?

—Por favor.

—Disculpa HoSeok, vamos a salir un momento. Debe realizar una llamada y no quiere ir sola al parque. —ríe para tapar la mentira.

—Está bien, vayan. Por lo visto falta para la cena.

En silencio salimos al parque, no sabía que hacer, que excusa poner para salir de aquel lugar sin que KiHyun me interrogara. Aunque era algo inevitable que no lo hiciese, me encontraba bien y de pronto mí expresión cambió, no había mucho margen para que no pregunte mínimo, como me sentía

—No quiero ser entrometido, pero no puedo no preguntar si viste a alguien que te haya puesto mal. ¿Conoces a alguno de los que nombró HoSeok?

—No, no conozco a ninguno. —contesté lo más relajada y despreocupada posible —Solo conozco de vista al idiota que fue al negocio.

—Ese idiota se llama Yoo JaeMin, Hyuk es el hermano menor, pero es igual de idiota. Él otro... —se detuvo.

—¿Él otro... que? —quería saber qué cuernos hacía YoonGi allí.

—El otro es amigo íntimo de JaeMin, es igual de idiota y arrogante, Min YoonGi se llama. Lo conozco de otro lado, luego la vida me lo volvió a poner en el camino trabajando con la familia del pobre señor Yoo.

—Según lo que escuché del muchacho que estaba junto a nosotros es arquitecto, ¿verdad?

—Si, arquitecto y diseñador. Es muy conocido en el ambiente de la construcción por sus trabajos y por lo reservado que es, no se sabe casi nada de su vida, solo que vive en un piso de lujo en el edificio Seúl sky.

Sin querer KiHyun me había dado un dato importante, el lugar donde tenemos nuestros encuentros es de él. Entonces... ¿Qué hace viviendo en el edificio en donde vivo?

—Dijiste que lo conocías de antes de trabajar en el local. —continué buscando información.

—S... si, eso no importa ahora. Ah, no te dije, —cambió enseguida de tema —fue y es el encargado del diseño de todos los locales, todo lo ubicado en el local está pensado por él. —tragué saliva —Nada se puede cambiar de lugar sin su permiso, si llega a ver el cambio en nuestro lugar de trabajo, se desmaya. —Rió y su risa me contagió.

—Osea que conoce todos los locales... —no sé si lo dije en voz alta o lo pensé.

—Exacto. —lo había dicho en voz alta.

—¡Chicos! —nos llama HoSeok a los gritos —hay que pasar al comedor.

—¡Gracias, ahí vamos! —contesta del mismo modo KiHyun. No sé qué cara habré puesto —Vámonos, vamos a cenar a un restaurante lejos de aquí, desde un principio fue un error venir. No debí arrastrarte conmigo a este lugar y hacerte sentir mal.

«Es lo que más deseaba escuchar.»

—No, —contesto por obligación para no delatarme —no te preocupes por mí, vamos a cenar como corresponde y cumplir con tu... con nuestro jefe, —me corrijo de inmediato porque el señor Yoo también es mi jefe —no quiero dejarte mal delante del señor Yoo.

—Estefanía —se acercó a mí tomándome de las manos —lo menos importante en este momento es cumplir con el señor Yoo y mucho menos yo, lo importante aquí —se acercó más a mí —eres tú.

—¿Estás seguro? De verdad no quiero dejarte mal o que esos idiotas se salgan con la suya.

—Completamente seguro, solo me importas tú. Es más, —acercó su boca a la mía —vamos ahora que están todos ocupados comiendo. —me da un beso y me guiña el ojo. Asiento.

Si o si debíamos ingresar a aquella casona para salir, no se veía un alma en el salón en el que habíamos estado. Se escuchaba una suave música proveniente de otro salón, era el momento perfecto para irnos, nadie lo notaría.

—¿Sabes dónde queda el sanitario?

—La verdad que no.

En ese instante pasaba una muchacha que muy amable me acompañó hasta el lugar, habíamos quedado con KiHyun que me esperaría en la entrada. Estaba terminando de lavarme las manos cuándo golpean la puerta.

—Un momento, —contesto mientras cierro el grifo y vuelven a insistir —¿KiHyun eres tú? —el golpe fue aún más fuerte —¿Quien demonio...?

Abro la puerta y no puedo terminar la pregunta, porque a quien tenía enfrente de mi era al demonio de todos los demonios: YoonGi. Sin decir palabra ingresa y me aprisiona sobre una de las paredes, obviamente no tenía cara de buenos amigos y aquellos ojos negros, oscuros como la noche se clavan en los míos y el miedo es mil veces mayor que cuando lo vi.

—¿Qué haces aquí? ¿Y por qué estás con ese tipo? —preguntó apretando los dientes, lleno de furia sin siquiera saludar.

—Hola, arquitecto Min. —A pesar del miedo que sentía lo desafié, provocando más enojo.

—Te hice una pregunta. ¿Sabes que clase de tipo es el que está contigo? —me aprisiona más y lleva su mano a mi cuello —Eres MI sumisa, solo mía, te lo recuerdo.

—¿Y eso te da el derecho a que me trates así? —contesto sin importar si en ese momento debía tratarlo como mí amo o no —Estoy aquí por trabajo. —miento —¿Y tú qué haces aquí?

—No mientas, —cierra su mano y estúpidamente me estremezco —¿Acaso ves a alguien con su empleado? solo hay gente de la pirámide jerarquía alta.

—¿Qué haces con esa tipa muy sonriente de tu brazo?

«Lo siento, pero los celos pudieron más.»

—No es tu problema, que hago...

—Entonces tampoco es el tuyo lo que yo hago aquí. —lo interrumpo e intento moverme.

—No me contestes así, —vuelve a hacer presión con su mano levemente y aunque esté teniendo miedo, no aparto mi mirada de él —soy TU amo, —acerca su boca a la mía —¿Qué haces aquí? —sus labios chocan con los míos con cada palabra, provocando que desee besarlo.

—Estoy aquí por trabajo, ya lo dije. —lleva su mano desocupada debajo del largo vestido a mi entrepierna —Vine con el señor Yoo KiHyun solo por trabajo.

—El señor Yoo, —repitió con burla —ese imbécil no es ningún señor y mucho menos para ti.

—Es señor, porque es mi superior en mi trabajo. No soy la acompañante paga de nadie, como la que está contigo.

—¿Estefanía, estás bien? —KiHyun golpeó la puerta. YoonGi miró hacia la puerta con intención de abrir.

—Estoy bien, ya salgo... señor. —contesté despreocupada, sin apartar la mirada de YoonGi. Haciendo que ahora mis labios choquen con los suyos.

—Aquí estás KiHyun, —escuchamos la voz de un hombre —¿Podríamos hablar un momento?

—Si, enseguida. Disculpe, la espero dónde acordamos señorita Estefanía.

—Muy bien, señor. —me sonrío con algo de malicia al volver a decir la palabra "señor".

Por unos cuantos segundos el silencio reinó en el lugar sin dejar de mirarnos a los ojos. Moría por besarlo, por borrarle aquella mortal mirada, quería que me arranque la braga y me coja fuerte como solo él lo sabe hacer para disipar aquella pesada atmósfera.

—Te mereces un castigo que no te imaginas. —rompió el silencio, mientras escabulló más entre mis piernas, casi llegando a mi intimidad.

—¿Que me va a hacer señor? ¿Me va a castigar cogiéndome duro sobre el lavabo? No sabe cuánto lo estoy deseando en este momento. —miro hacía el costado —¿O... —llevo mí mano hacia su miembro —me va a tocar y me va a dejar con las ganas? Es parte de sus métodos para castigarme —abrió grandes los ojos y sacó su mano de mí entrepierna.

—No juegues con fuego, —cerró un poco más la mano que se encontraba en mi cuello, provocando que cierre los ojos y tire levemente la cabeza hacia atrás —puedes salir lastimada. Puedes quedar sin amo.

En ese instante sentí caer mi mundo, nunca antes había experimentado el miedo que sentía en ese momento.

«Cualquier castigo sería aceptado, menos quedarme sin él.»

Sin decir ni una palabra más, me soltó y sin fijarse si había alguien afuera, salió del cuarto de baño. De inmediato salí detrás de él, para que se retracte de lo último que había dicho.

—Min, —lo llamaba, pero él continuaba caminando —Min, por favor espera. Señor Min. —Detuvo sus pasos, sin mirarme.

Caminé lo más rápido que me permitieron los tacones para alcanzarlo, cuando estaba a escasos centímetros de él, la mujer con la cual estaba cuando llegamos, apareció.

—Min, aquí estabas. —apartó la mirada de él un momento para mirarme de pies a cabeza. Lejos de intimidarme con aquella acción, más la bronca que llevaba primero por verla colgada del brazo de mí amo, le devolví la misma mirada.

«No tienes que preocuparte Estefanía, la perra es fea. Pasemos con la frente en alto y con elegancia.»

Haciendo caso a mi conciencia, levanté la cabeza como si nada y justo cuando pasé por su lado, con una leve sonrisa y una reverencia los saludé. No sé qué consecuencia acarrearía hacer aquel acto, solo sé que el miedo y los celos se habían apoderado de mí.

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