Capítulo XXIV: Sendero al conocimiento
Cuando nos retiramos de Zeon, Gorith nos explicó que primero teníamos que pasar por Hesso para conseguir un poco de información con un conocido suyo en la ciudad. Alguien que se mantenía muy informado sobre lo que ocurre en diversas partes de Fess. Algo así como una persona influyente dentro de su círculo de allegados. Mínimo espero y pueda sacarle provecho en un futuro ya cuando todo esto se calme y podamos seguir con las misiones normales.
Durante el trayecto, Aria y yo nos quedamos un poco atrás mientras mirábamos a Ahn platicando con Gorith, ambos estaban contentos, pues al parecer haberse quedado juntos en la posada en Zeon les sentó demasiado bien para que ambos pudieran conocerse. Las risas contenidas de nuestra amiga, al igual que la sonrisa taimada y amigable de nuestro anterior instructor fueron algo extraño pero fascinante de ver, ya que nos sentíamos algo aliviados de que pudieran llevarse bien. Pero a Aria le inquietaba un poco algo en eso, yo solo seguí contemplando y platicando con ella.
–Espero y no tardemos mucho en Hesso –comentó Aria.
–Yo igual, pues solo quiero continuar con nuestra misión y regresar a Hoss –dije.
–Pero hay algo que me inquieta un poco.
–¿Qué? –Solo la miré levantando un poco la ceja.
–Quién será esa persona a quien vamos a visitar.
–Bueno... Me imagino que será alguien que conoció cuando era soldado –realmente no tenía tanto interés en eso, pues solo quería saber cómo tratarlo para que también pueda serme útil.
–... ¿Y si es alguien peligroso? –No sabía si lo estaba diciendo de forma seria o en broma–. Bueno, aun creo que Gorith no nos pondría en peligro. –Eso era cierto.
–De todas formas, solo hay que disfrutar del viaje, pues nos queda un largo recorrido antes de llegar.
–Y hablando un poquito de Gorith... ¿No crees que hay algo raro con esos dos? –Apuntó con la cara a nuestros compañeros, que seguían concentrados platicando.
–Yo igual lo creo.
–¿Y si les preguntamos? –Su sonrisa fue un poco maliciosa.
–¿Estás segura de hacer eso?
–Eso puede ser un poco problemático –dijo–, pues si no hay nada entre los dos, pero ella o él quieren algo, será difícil tomar esa plática, incluso más incómodo de lo normal –mi expresión indicaba lo que esa palabrería quiso decir, pues no encontraba sentido lógico a lo que explicó–. Cosas de chicas –como si eso fuese a quitar el mareo de mi cabeza por tal discurso.
Seguimos andando por el sendero mientras mirábamos como Hesso se asomaba por el camino, señal de que nuestro andar estaba en su punto intermedio. Caminar de nuevo entre sus calles nos trajo diversos recuerdos de cuando aun estábamos en la Academia de Magia, en los momentos que aun creía que todo esto era un absurdo sueño, cuando apenas conocía a Aria. Cuando todo apenas iniciaba.
Si bien la vista no ha cambiado mucho, en las calles se notaba que algo no estaba bien, como si el miedo se encontrara libre por todos lados; al parecer la gente se encontraba enterado de lo que pasó en Root, y todo el mundo esperaba y aquello no se repitiera en Hesso. Una señora estaba tratando, muy preocupada y asustada, de que su hijo le siguiera el paso; varios militares patrullaban las calles, estando alertas por si llegara a ocurrir algo en los próximos instantes.
Pareciera como si nosotros no estuviéramos ahí, pues los ojos de laspersonas no se enfocaban en nosotros, como en otras ciudades, su vista parciaenfocada en los siguientes pasos que fueran a dar, para no estar más tiempoafuera. Como si estar en sus casas encerrados los fuera a proteger del peligroque azotó a Root. Se notaba que no comprendieron la magnitud de los daños en lazona vecina.
En cuestión de minutos, nos encontramos frente a una puerta de madera oscura, las paredes eran de una piedra negra y tenía varias ventanas. Sus dos pisos parecían elevarse sobre todos los edificios a su alrededor.
–Bueno chicos, hemos llegado –dijo Gorith.
Usando sus nudillos, golpeo la puerta como cuatro veces para llamar a quien se encontrara dentro, del interior de la casa solo se escucharon el sonido de varios pasos.
–¿Quién es? –Una voz femenina salió del interior de la casa.
–Soy Gorith.
–Puedes pasar –volvió a decir tras unos pocos minutos.
Al abrir la puerta notamos dos cosas muy evidentes: La primera es que la cantidad de libros puestos en diversas estanterías era enorme, contamos decenas de ellos, una colección de libros que, si me lo preguntaran, sería imposible leer en una vida; lo segundo era que la casa tenía un toque de elegancia, para nada algo ostentoso ni muy llamativo, pero si pulcro, como de alguien que sabía darse la buena vida. Mientras Aria, Ahn y yo nos quedamos viendo asombrados algunos libros, para hojearlos, Gorith se dispuso a sentarse en el sillón de la sala principal que le daba la espalda. Mientras nuestros ojos estaban revisando los libros, el sonido de una puerta abriéndose hizo que se desviara nuestra atención.
Realmente no supe que fue lo que llamó más mi atención, pero lo que mis ojos vieron fue la representación física de la sensualidad. Una bata rosada que apenas y lograba cubrir sus piernas, así como dejar pronunciado y levemente expuesto su busto, una coleta algo improvisada que sujetaba su cabello fueron los indicios de algo que, ni siquiera en mis sueños, podre olvidar. No era nadie más que la profesora Donna con aquel cuerpo que, como negarlo, se llevó parte de mi tiempo en las noches antes de tener a Aria como mi pareja.
Era claro que, tras la primera impresión, nosotros tres, dejando de lado a Gorith quien solo la miraba a los ojos con su semblante serio, nos quedamos sin lugar a donde mirar tras su atrevía entrada. Aria desvió de forma poco natural su vista al techo, Ahn cubrió su rostro con el libro que tenía en sus manos. Por desgracia, yo solo me quede en blanco, con la noción de que mi mandíbula estaba tocando el suelo en ese momento; mis ojos estaban buscando en que estar fijos para no hacer sentir incómoda a la profesora, pero como si mis pensamientos fueran leídos por ella, se aventuró a hablar.
–No te preocupes Albert. Puedes mirar cuanto gustes. He llegado al punto en que no me importa que los hombres me vean, tanto tú como el tipo que está ahí sentado –refiriéndose a Gorith–, haciendo como si no me viera.
Como si fuera un reflejo por lo que ella dijo, volteé a ver a la persona sentada frente a mí, y solo notaba como estaba intentando no ver a la profesora Donna. Pero tenía cuidado de donde posaba mis ojos, pues sentía como la mirada furiosa de Aria estaba sobre mí, esperando a que cometiera alguna estupidez. Por suerte fui muy precavido en lo que hacía.
–Y bien. ¿Qué es lo que los trae a mi hogar? –Preguntaba mientras se sentaba en el sillón individual que se encontraba frente a nosotros. Cruzando su pierna sobre la rodilla derecha, dejando ver una parte de sus muslos.
–En primer lugar, ¿podrías ponerte algo de ropa? –Gorith, estaba siendo lo más serio que podía, lanzándole una mirada seca a los ojos de la profesora–. Y a lo que venimos es algo serio. Pero creo que ya has de saber de lo que va.
La leve sonrisa que mostró Donna indicaba que sabía perfectamente lo que buscábamos. Colocó su hombro en el descansabrazo y posó su mentón en su puño.
–Y exactamente, ¿qué es lo que buscas? –Su tono de voz era serio, pero aun con ese toque que su belleza logra dar. Como si estuviera incitando a Gorith a que la viera como lo que es, una oda a la sensualidad.
–No intentes jugar conmigo Donna. –Al parecer, la actitud un tanto despreocupada de ella lo estaba molestando.
–Ya no eres tan divertido como antes, Gorith. Pero bueno, tienes razón en que se lo que está pasando. La pregunta es, ¿qué tanto estas dispuesto a pagar por que te diga todo lo que yo sé? –Con su mirada y colocando su postura un poco más al frente, se notaba que ya estaba tomando el asunto con más seriedad. O siempre lo trató así, pero no quiso demostrarlo. –Sabes que mi información no es gratis. Ni siquiera barata. Ya que todo tiene un precio. ¿No es así? –Su sonrisa no me tranquilizó, parecía que estaba tramando algo.
Cuando hizo un movimiento para cambiar de lugar sus piernas, dejo entrever algo que, por más que lo intente o me exijan olvidarlo, para nada saldrá de mi memoria. El puñetazo que me dio Aria solo hizo que regresara en mí, su expresión me lo decía todo.
–Descuida Aria –comentó Donna–, no pienso quitártelo. No al menos que él quiera. –Su comentario, junto a la pequeña risa que dio, nos hizo desviar nuestras miradas.
–Entonces... ¿De cuánto estaremos hablando? –Fue Gorith quien regreso todo a como estaba.
Ella solo se quedó pensando un momento, con los ojos cerrados y tarareando una pequeña melodía.
–Revivir aquel momento que no terminamos.
Ninguno de los tres supo que decir ante eso. Pues poco o nada sabíamos de la relación de ellos. Pero lo que si logramos entender fue cuando un golpe seco que desvió nuestra mirada al suelo. Era el libro que tenía Ahn, cuando la vimos, era claro que eso le afectó de alguna manera. Yo no quise decir nada, más por un poco de pudor que otra cosa, quien si la intentó consolar fue Aria.
–¿Te encuentras bien? –le preguntó Aria.
Ella titubeo un poco
–¿¡Eh!?... Sí, estoy bien. Perdón. Creo que iré al baño un momento. –Se fue cabizbaja.
El silencio duro casi una eternidad, o al menos así lo sentí, pero no fue sino hasta que Gorith habló que toda la tensión se calmó.
–De acuerdo; lo haré. Ahora bien, dinos lo que sabes.
Donna se levantó y fue directo a uno de los varios estantes de libros, tomando uno de cubierta roja. Regresó a su asiento y, tranquilamente, lo hojeaba en busca de algo específico.
–Bueno... esto es lo que pasa.
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