Única parte.


El bello pueblo de Lilium era uno de los más bellos en todo el país de EXOrdium. Dicho país era el más grande y su capital, Yehet, era la envidia de los otros países.

En Lilium podías encontrar flores de miles de colores, ríos cristalinos, el mejor clima y la comida más rica de la región. Los pueblerinos estaban muy orgullosos de vivir ahí y alardeaban de su buena suerte, resultando algo molestos para los visitantes.

Fue durante una mañana cuando el horror y la desgracia azoto el pueblo, traído por cientos de cuatro patas, colas pelonas y largas y chillidos agudos. Ratas, en su peludo y repugnante esplendor.

Los hombres gritaban más que las mujeres, intentando ahuyentarlas hasta que se vieron superados con creces. Las mujeres corrían a todos lados en un intento por que las pequeñas bestias no mordieran sus vestidos o zapatos. Mientras los niños, abrumados por los continuos chillidos y las persecuciones de los animales, se refugiaban en sus casas.

Los cultivos, las deliciosas comidas, las orgullosas ropas, el paisaje y las artesanías, pronto se vieron roídas y comidas por la gran tropa de ratas. Incluso los animales temían a los roedores; los perros eran superados y los gatos perseguidos.

Los habitantes no sabían que hacer. Intentaron ahuyentarlas con agua pero estas solo chillaban y se movían más rápido, escapando de su alcance y burlándose de su desesperación.

Llegaron al punto en plantear irse del pueblo pero era demasiado bello y bien localizado, que fueron obstinados y desecharon la idea. Cuando las ratas mordieron a los niños, los aldeanos se plantaron en la alcaldía, alborotando sus brazos y piernas.

— ¡tiene que hacer algo! — gritaban unos.

— ¡nos va a arruinar la vida! — gritaban otros.

— ¡abajo el alcalde!

El alcalde, un hombre de cabello oscuro y músculos marcados, sobo su barbilla antes de hablar. —me temo que no se me ocurre que hacer sin dañar nuestro pueblo. Las malditas ratas cada vez son más.

— ¿espera que destruyan nuestras casas? — exclamo con indignación una mujer.

— ¿Qué pasara cuando muerdan a su hijo? — gruño un hombre de fuerte musculatura. — ¿solo así hará algo?

Los ojos del alcalde brillaron de indignación. —mi hijo no tiene nada que ver.

— ¿por eso le ha prohibido salir? ¿Para qué no lo muerdan? —respondió otro hombre.

— ¡basta! —exclamo el alcalde. —encontraremos una solución.

En ese momento, un hombre muy alto de cabello rubio y vestido con ropa de colores vivos, entro con una sonrisa pequeña.

—perdonaran mi intromisión pero he escuchado su pena y creo tener la solución. — anuncio inclinando un poco su cabeza. —mi nombre es Kris y soy un viajero que posee el poder de atraer, mediante un encanto secreto, a todo ser vivo que viva bajo el sol; sin importar si corre, se arrastra por el suelo o nada en el agua. Uso mi poder para ahuyentar a aquellos animales que hacen daño. Me conocen como el flautista mágico. — explico mientras sus dedos se movía como si tocara la flauta que pendía de la corbata en su cuello.

Los habitantes lo miraban entre incrédulos, curiosos y asombrados. Sus vestiduras eran extrañas y el color tan llamativo de sus ojos lo hacía aún más interesante: azul verdoso.

—tengan en cuenta que soy un hombre pobre, por lo tanto, cobro por mis servicios. — inclino de nuevo su cabeza, sin borrar su sonrisa. —suelo cobrar un millar de florines, sin embargo, puedo hacer excepciones dependiendo del lugar. Si aceptan, puedo deshacérseme de los roedores en el acto.

— ¡incluso te daremos 50 millares! — exclamaron los miembros del consejo junto al alcalde.

— ¡Vamos, muchacho! Deshazte de las inmundas ratas. — el alcalde le dio palmaditas en el hombro y lo empujo fuera de la alcaldía.

Kris tintineo los dedos sobre la flauta y camino a paso alegre hasta la calle principal del pueblo. Los pueblerinos se quedaron fuera de la alcaldía, juntándose para mirar desde lejos.

El extraño hombre siguió caminando y se detuvo en la fuente que adornaba el centro. Admirando la belleza de las flores, el agua cristalina y los rayos del sol sobre los ángeles de mármol y cerámica que volaban en la fuente. Sobre todo el de cabello oscuro que recogía flores y refrescaba su rostro con el agua, si, el ángel de ojos azules....

El extranjero se quedó de piedra al ver el ángel que jugaba entre las flores y las dulces caricias del sol, en realidad no estaba hecho de cerámica. El chico más hermoso que había visto en sus 22 años de vida. Vaya que era hermoso, bellísimo, precioso...

—un ángel...— soltó en voz alta, llamando la atención del chico de piel pálida.

El muchacho, notoriamente más joven y delicado, levanto la cabeza y se llevó las flores al pecho. —aiyoo, ¿eres extranjero? — pregunto con curiosidad y vergüenza.

Kris asintió, detallando el hoyuelo de azúcar que se le formo al muchacho en una de sus mejillas. —vine a deshacerme de la plaga de ratas.

El más bajo asintió con otra sonrisa. —son un problema cuando muerden a los niños y se comen toda nuestra comida. ¿De dónde vienes?

El cambio de tema lo hizo reír. —mi lugar de origen está al otro lado del mundo. Soy un viajero.

El azabache salto y se acercó al alto rubio. — ¿conoces muchos lugares? ¿Has visto la nieve? ¿Conoces el mar?

—lo conozco. — no había visto tanto entusiasmo en una persona. Bueno, tampoco era como si hubiera hablado con una por más de unos minutos. —de donde vengo hay un hermoso mar.

Los ojos azules brillaron y le recordaron al flautista el resplandor del mar y de cielo estrellado. —es tan afortunado de tener un lugar tan bello donde regresar.

El flautista se vio muy tentado a acariciar las mejillas del joven.

—me llamo YiXing, Zhang YiXing. — pronuncio el joven mostrándole su hoyuelo.

—Kris. — se vio sonriendo con un leve rubor. El muchacho era realmente bello. —espera, ¿eres el hijo del alcalde?

El azabache sonrió apenado. —me temo que sí.

—oh, vaya. No se parecen.

YiXing empezó a reírse de forma pausada y muy graciosa. —lo sé, salí a mi madre. Tus ojos son muy lindos.

Kris volvió a reírse bajo. Al parecer el menor era propenso a cambiar el tema de conversación de esa manera. —fueron un regalo de mi padre.

—esa flauta en tu cuello ¿eres músico?

—si pero es también mi instrumento de trabajo. — el rubio tomo la flauta y la bailo entre sus dedos.

— ¿con eso nos libraras de la plaga? — el jovencito se acercó y se levantó en sus puntas para mirar.

—exacto. Ahora, por favor quédate cerca. —tomo aire y empezó a entonar una melodía dulce.

YiXing miro maravillado y escucho con suma atención. Pronto se vio acompañado por chillidos y presurosos pasos que parecían ir en su dirección; los aldeanos también se vieron rodeados por filas y filas de ratas que corrían hasta posarse a los pies de YiFan, meneando las colas al compás de la melodía.

—wow...— el ojiazul se apegó al brazo del flautista, impresionado y cohibido por tantos roedores a su alrededor.

El rubio sonrió complacido y avergonzado por el contacto íntimo con YiXing. Lo acerco a su cuerpo con un ligero movimiento y le indico con la mirada que lo siguiera.

El alcalde de inmediato torció los labios con evidente molestia en cuanto vio a su hijo mirando con asombro al extranjero que se le hacía demasiado familiar. Su pequeño hijo no debía tener ese tipo de contacto con ningún otro hombre.

El musculoso hombre tuvo que dejar sus muecas de desagrado en cuanto los chillidos de las mujeres se mezclaron con los más agudos de las ratas, que seguían al rubio y a YiXing entre saltos y meneos de colas.

Los siguieron hasta el rio y asombrados, miraron como Kris seguía tocando mientras las ratas lo pasaban de largo y subían la pequeñísima colina hasta adentrarse al rio una a una. Ahogándose en cuestión de minutos.

La gente estallo en júbilo mientras YiXing seguía aferrado al brazo de Kris. El flautista se detuvo hasta que dejaron de escucharse chillidos y la plaga fue eliminada.

— ¡rápido! ¡Sellen las ratoneras y préndales fuego! —exclamo ZhouMi, el alcalde. — ¡llamen a todos los carpinteros y terminemos con esto! ¡Esto merece una fiesta!

Los pueblerinos volvieron a emocionarse y correr a sus casas para empezar los preparativos para la fiesta.

Kris sintió un apretón leve en su brazo y recordó que YiXing seguía prendado de él. — ¿Qué sucede?

El ojiazul lo miro con las mejillas sonrosadas. —te quedaras a la fiesta ¿verdad?

— ¿quieres que me quede?

—si quiero pero no se bailar.

—entonces, ¿me dejaras ser tu primer baile? — el rubio le extendió una mano, sonriendo.

YiXing asintió, tomando su mano y permitiendo que el mayor lo escoltara hasta su casa, ajeno a la mala mirada de su padre hacia ellos.

—creo que ya he visto a ese mocoso...


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Al cabo de unas horas, las luces de las lámparas de colores inundaron el pueblo y la música de los tambores y violines baño al ambiente. No habían tenido una fiesta en mucho tiempo y la liberación de las ratas era como celebrar un nuevo año.

ZhouMi parloteaba con los miembros del consejo y algunos pueblerinos. Presumiendo que ahora que las ratas eran un chiste, podían volver a recibir a los viajeros y alardear de la belleza de su pueblo.

Cuando el baile empezó, las jóvenes y chicos de rostros joviales formaron parejas y danzaron alrededor de la fuente, que había sido adornada con coronas de flores y lazos blancos por el mismo YiXing.

El adorado hijo de ZhouMi apareció vestido de blanco con adornos del color de sus ojos, luciendo como un hermoso ángel. El hombre se regocijo de la belleza de su primogénito y se inflo de orgullo al ver la cara de los hijos de familias con más dinero en el pueblo, se notaban hipnotizados por su hijo.

YiXing era hermoso y un talentoso cantante, era obvio que atraería miradas y muy buenos candidatos a esposo. Pero según su padre, el joven debía dejarle esa decisión a él.

El alcalde volvió a oscurecer su mirada cuando noto como su único hijo rechazaba la invitación de Yesung, el hijo del juez. Aquel chico era mayor que YiXing por tres años y con 17, su hijo ya estaba en edad de casarse.

Iba a ir a regañarlo y obligarlo a bailar con Yesung cuando su hijo hizo una reverencia hacia el mayor y corrió a encontrarse a con el rubio de ojos verdosos. ZhouMi apretó los puños al verlo.

—te ves hermoso, YiXing. — alago YiFan tomando las manos de YiXing y dejando un beso sobre el dorso de las mismas. —me siento muy simple ahora.

El ojiazul negó con las mejillas rojas. —eres el chico más guapo que hay.

—entonces, ¿bailarías con este flautista mágico? — se inclinó igual que un caballero de la corte ante un príncipe y espero la respuesta con una sonrisa.

—con mucho gusto. — YiXing se inclinó siguiéndole el juego, jalando su ropa igual que una princesa.

No pasaron desapercibidos para el resto del pueblo, ¿Cómo hacerlo? El flautista mágico y el hermoso hijo del alcalde, estaban bailando ajenos a todos y mirándose de una manera tan mágica e íntima, como si ya se conocieran.

Kris y YiXing siguieron bailando como si fueran los únicos en el mundo. Sin dejar de mirarse, sonreírse o comunicarse con la mirada algo más allá del entendimiento ajeno.

Incluso después del baile, permanecieron juntos. Ocultándose de los demás y tomándose de las manos.

—volviste por mí. — susurro YiXing contra el pecho del mayor. —FanFan.

—siempre volveré por ti, Lay. — Kris separo al ojiazul y tomo sus mejillas, acariciándolas con ternura. —mi Lay. — sonriendo ante la sonrisa y el sonrojo del menor, se acercó a besarle, siendo correspondido.

Kris, cuyo nombre real era Wu YiFan, había vivido en Lilium por dos años cuando tenía diez y en ese tiempo conoció a un YiXing de cinco años. Los chiquillos se hicieron amigos rápidamente y acostumbraban tomarse de las manos. YiXing lo llamaba FanFan mientras el niño de ojos verdosos le había apodado Lay, como un adorado secreto con el que habían prometido casarse cuando fueran mayores. Fue un verdadero día de llanto cuando el padre de YiFan murió y él y su madre tuvieron que regresar con sus abuelos.

—volveré por ti y nos casaremos ¡lo prometo!

—y yo te esperare, FanFan. ¡Es una promesa!

Una promesa que volverían realidad pues YiFan ya sabía que iba a pedir en vez de dinero y YiXing estaba dispuesto a él. Esa misma noche, el apuesto flautista le pidió a ZhouMi la mano de YiXing en matrimonio, acompañado del joven.

El alcalde se tragó su cólera al ver el anhelo en la mirada de su hijo y la forma tan cariñosa con la que se aferraba al brazo del ojiverde; mas sin embargo, termino aceptando con un simple asentimiento.


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Justo al día siguiente, YiFan preparo sus cosas para marcharse y se plantó en la alcaldía, como estaba dicho. Al cabo del medio día, YiXing lo esperaría en la fuente para irse juntos.

—buen día, señores. He cumplido con mi trabajo y he venido a despedirme para para poder seguir mi camino. — anuncio inclinando con respeto su cabeza.

—mil florines ¿verdad? — el mayor lo miro fingiendo desinterés.

Kris frunció el entrecejo. — ¿perdón?

—mil florines fue lo acordado.

—no quiera burlarse de mí. Me prometió la mano de su hijo en matrimonio. — YiFan se enderezo en todo sus casi dos metros de altura y señalo al alcalde con indignación.

— ¿Cómo crees que te daría a mi preciado hijo? — se mofo el mayor. —no tienes nada que ofrecerle a mi hijo, jamás dejaría que se casara con un plebeyo sin oficio.

— ¡usted lo prometió! — exclamo con molestia. — ¡cumpla su promesa!

—márchate con tu dinero, muchacho. No seas necio. — tercio un miembro del consejo.

—exacto, estamos siendo considerados. — hablo otro de barba blanca.

— ¡YiFan! — exclamo YiXing desde su habitación, pues era custodiado por su hermano mayor. — ¡déjame ir, Ren!

— ¡es un don nadie! ¡Yesung es el mejor hombre que encontraras! — ladrada el rubio con el entrecejo fruncido.

— ¡pero yo no lo quiero a él! ¡Amo a Kris!

YiFan se coloro de ira mientras apretaba los puños. — ¡pagaran caro esta traición! —exclamo dándose la vuelta y caminando a paso rudo hasta la casa del alcalde.

En cuanto vio a su adorado Lay forcejear con su hermano en el balcón de su habitación, la ira volvió a nacer en él. El ojiazul se percató de su presencia y empezó a gritar.

— ¡Kris, usa tu flauta!

El rubio asintió y tomo una gran respiración para empezar a tocar su flauta. Al cabo de unos instantes, algunas risas alegres y pasos apresurados se acercaron hasta él. Los adultos salieron después que los niños y miraban asombrados, sin poder moverse.

YiXing asintió con firmeza cuando los ojos verdosos de YiFan se cruzaron con los suyos, dándole animo a que continuara con su acto.

El flautista giro y camino, siendo seguido por todos los niños pequeños del pueblo, que reían y sonreían. Ningún adulto se movió y solo siguieron mirando hasta que se percataron del destino de todos sus hijos: el lago, igual que las ratas.

ZhouMi balbuceaba entre miradas de pánico e incredibilidad. ¿Acaso ese mocoso de verdad ahogaría a sus hijos como venganza?

No pensó más y comenzó a correr en dirección a la masa de infantes, siendo retenido cuando sus piernas no pudieron moverse.

— ¡no puedes hacer eso! — bramo agitando los brazos.

Los ojos verdes lo miraron con frialdad antes de posarse en YiXing, quien estaba pasando a su padre con una mochila con sus pertenencias y una pequeña canasta con comida.

— ¡tú te quedas aquí! —tomo al ojiazul del brazo e intento jalarlo hacia él. Para su sorpresa, el muchacho se soltó con brusquedad y lo miro con tristeza.

—jamás. Iré a donde sea que sea mientras pueda estar junto a YiFan. — Lay avanzo hasta abrazarse al pecho del rubio y ambos se sonrieron. —ahora debes disculparte con YiFan y dejarnos ir.

ZhouMi enrojeció de vergüenza. —ya sabía que se me hacía conocido, era el hijo de esos músicos.

— ¡ahora! — grito YiXing frunciendo el ceño.

El alcalde bajo la mirada, presionado al ver como sus niños se formaba para entrar al rio, cada vez más profundo. Los gritos de las madres taladraron sus oídos y lo hicieron morderse los labios.

— ¡rápido, discúlpese! — gritaban unas.

— ¡mi niño! ¡Alcalde, hágalo ya! —gritaban los padres.

El hombre gruño bajando la cabeza y lanzando una bolsa con mil florines. — ¡me disculpo y los dejo ir! Ahora devuélvenos a nuestros niños.

YiXing asintió complacido mientras YiFan tocaba otra melodía y los niños regresaban a sus casas, como si nada hubiera pasado. El flautista alzo de la cadera a su Lay y dio una vuelta con una enorme sonrisa en el rostro.

—gracias, padre. Espero verte de nuevo algún día. —ambos inclinaron su cabeza y tomándose de las manos, salieron del pueblo.

Los habitantes aprendieron a cumplir todas sus promesas al casi perder a sus niños en el rio. Aunque su arrogancia no bajo como se deseara, si cambiaron la forma en la que trataban a los extranjeros y empezaron a acostumbrar cumplir todas sus promesas después de romper la tonta regla de no tocar la flauta en la fuente del pueblo.

Mientras tanto, YiFan había llevado a YiXing hasta su pueblo natal cerca del mar y se casaron bajo las luces de las estrellas y el sonido de la flauta de Kris.


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