O.V.A. [4] (La Rutina de una Diablesa en el Cielo).
Flashback: Momentos después de la Batalla de Menfis.
P.O.V. Ravel Phoenix.
No me lo podía creer. Yo, Ravel Phoenix, diablesa y hermana del Marqués Phoenix, que he dedicado toda mi vida a estudiar a los mayores estrategas del Mundo Humano, Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Belisario, Genghis Khan, Yu Fei, Cao Cao, y muchísimos otros más, he perdido contra los dioses egipcios y sus tropas. Al principio la victoria estaba en mi bolsillo, las tropas humanas que el dios Anubis había invocado eran aplastadas sin piedad por las legiones del Marquesado Phoenix y las tropas auxiliares del Ducado Gremory y del Principado Sitri.
Pero ocurrió algo que ni me esperaba ni me perdonaré por dejar que ocurriera: escuché un rugido, como si de un dragón se tratase, a unos kilómetros de donde las tropas estaban combatiendo. Giré mi cabeza para ver qué era ese ruido y cuando vi lo que era no pude soportarlo, caí de rodillas al duro suelo del desierto y comencé a llorar desconsoladamente: el humano que estaba junto con los dioses egipcios, y era descendiente de los bárbaros de Earthland, sujetaba la cabeza decapitada de mi hermano Raiser mientras rugía y exclamaba a todo pulmón "¡El Demonio ha muerto, larga vida al Faraón del Khêmi!".
Al escuchar su grito de guerra supe que mi hermano ya estaba muerto, junto a todo su séquito que se había traído a esta misión. Sólo me reconforta el saber que él y mi hermano mayor Ruval ya estarán juntos en el Regazo de Satán. Espero que se encuentre allí también con su amor eterno, Yubelluna, que Satán la acepte en su Regazo.
Estaba llorando por los mártires de mi familia cuando vi algo que jamás me habría imaginado que me pasaría: las tropas del Marquesado Phoenix estaban huyendo con las cabezas gachas y las armas tiradas por los suelos; las del Ducado Gremory y las del Principado Sitri, en vez de huir, se entregaron y fueron ejecutadas en el acto, cortándoles los egipcios las manos, penes y cabezas, a modo de trofeo.
Ante tal situación, decidí rendirme y entregarme. No porque fuera una cobarde que a la mínima se achanta, sino porque recordé en ese instante algo vital en mi familia. En el clan Phoenix, por una tradición de origen ciertamente desconocido en la familia, un miembro del Marquesado Phoenix regresa al Cielo cada 1200 años para entrevistarse con Elohim. No se sabe que pasaría si aprobamos la entrevista, pero sí sabemos que pasa cuando no: regresamos al Inframundo para seguir con nuestras vidas. Así que me refugié en esa tradición cuando el general que me había derrotado, Ramsés II, vino a donde yo estaba.
Él vino a mí con sus tropas detrás suyas y el asesino de mi hermano a su lado. Yo entregué mis manos para que me las atasen y me llevasen ante los demás dioses egipcios. Ramsés II me ató las manos y me llevó a empujones varios kilómetros. El humano, de nombre Sayf Al-tiniyn, marchaba a su lado insultándome sin parar y mancillando mi orgullo. Detrás suya estaban los demás dioses egipcios escoltando a las pocas tropas egipcias que quedaban, no más de 1000. Aguanté como diablesa de alta cuna que soy a los insultos y vejaciones que el descendiente de Salamander hasta que, tras casi 1 hora, al fin me llevaron ante Ra y los Cadres y Arcángeles.
Ante los Cadres y Arcángeles, Ramsés II me tiró al suelo, me puso su pie en la espalda e informó a los presentes cómo me habían capturado y que yo era "distinta a los demás" y "pacífica". Fue en ese momento cuando, con la pocas fuerzas que me quedaba, subí mi cabeza para mirar a la cara a los Arcángeles. Entonces fue cuando dije en voz baja temblorosa y baja "Quiero ver a Yeshua Ibn Mariy". Nadie se lo creía, pero pude ver en el rostro de Miguel Arcángel que sí creía en lo que estaba diciendo.
Tras una pequeña charla entre ellos, ordenó a Rafael Arcángel y Uriel Arcángel que me llevasen al Cielo. Me esposaron con esposas de luz, las cuales me hiriendo gravemente*.
*La luz, en sus distintas formas físicas, son letales para los demonios. Con el sólo roce de ésta, puede causar quemaduras de 1er grado en la piel.*
Tras apresarme, los Arcángeles me agarraron de los brazos con sus manos y me llevaron varios kilómetros andando, no sé cuántos, hasta que llegamos a las murallas de una ciudad. Entramos a la ciudad y nos dirigimos a lo que parecía el templo principal de la dicha ciudad. Entramos, me colocaron en medio de un círculo mágico azul con una cruz dorada con dos letras griegas colgando, y los dos Arcángeles recitaron un hechizo en lo que parecía latín. De un segundo a otro, fuimos teletransportados a donde estamos ahora, en las puertas del Cielo.
Fin del del Flashback.
Fin del P.O.V. Ravel Phoenix.
Ante las puertas del Cielo, los Arcángeles Rafael y Uriel dejaron a la demonio Phoenix de rodillas para avanzar unos paso y avisar a un señor mayor, vestido con una simple túnica y unas sandalias simples. El hombre estaba sentado en lo que parecía una garita de conserje, sentado con las piernas sobre una mesita y sus manos actuando como respaldo para su cabeza. Estaba tarareando una canción cuando se dió cuenta de la presencia de los Arcángeles, se apresuró para acomodarse y salió de la garita para recibirlos.
-¿Oh, Rafael Arcángel, Uriel Arcángel, tan rápido por aquí? -dijo el hombre saliendo de la garita con un tono de claro nerviosismo.
-Sí. Traemos al demonio Phoenix. -declaró seriamente Uriel Arcángel señalando a Ravel, la cual se encontraba lejos, a unos metros.
-¿Al demonio Phoenix? -preguntó el hombre al escuchar al Arcángel. -¿Ya han pasado 1200 años del último? -cuestionó el portero rascándose la cabeza sonriendo para sí. -Bueno, pasad, decidle a Rabí que traéis al Demonio Phoenix. -dijo el hombre, quien resultaba ser San Pedro, el Portero del Cielo y Primer Papa de la Iglesia Cristiana.
San Pedro abrió las Puerta del Cielo, dejando pasar los Arcángeles y a Ravel al Primer Cielo. Éste era una gran ciudad, con edificios, casas, comercios e Iglesias, sinagogas y mezquitas. Los ángeles puros iban caminando por las calles, compraban productos básicos en los comercios (todos éstos eran pequeños, especializados en ciertos productos, tales como carne, verduras, pan y derivados, adornos de hogar, etc.), y salían o entraban de los servicios espirituales de los distintos templos. La ciudad en sí tendría casi la población de un país medio grande, como Alemania o Francia.
En el medio de la ciudad había una especie de ascensor, que teletransportaba a los ángeles que lo deseasen a los pisos superiores, así como a los pisos inferiores. En esta especie de ascensor había un panel con los números de los Cielos. El arcángel Rafael pulsó el número 7 y, tras una tensa e incómoda espera de casi 5 minutos, los Arcángeles y la diablesa Phoenix llegaron al séptimo Cielo al Séptimo Cielo, donde Yeshua Ibn Mariy estaba sentado en su Trono. Cabe destacar que entraron a éste a través de una especie de portón de fina madera, el cual estaba decorado con retratos de ángeles cantando alabanzas a Dios, el cual está también retratado sentado en su trono.
En cuanto al Séptimo Cielo en sí, éste era como una corte real al estilo europeo medieval, la cual estaba hecha de mármol blanco pintado el techo de azul celeste y el suelo estaba decorado con un motivo geométrico, parecido a un tablero ajedrez. Por su parte, el rey (Elohim o Yeshua) se sentaba en el Trono, de oro y gemas preciosas, el cual medía casi 2 metros de alto; los ángeles se sentaban alrededor cuando Elohim, o Yeshua, les convocaba. Como no cabian todos obviamente, los discursos de Elohim, o Yeshua, se retrasmitían en círculos mágicos a modo de hologramas a todos los ángeles y sólo asistían los Arcángeles, los cuales vivían en el Sexto Cielo.
Cuando los Arcángeles y la diablesa Phoenix llegaron a la Sala del Trono, Yeshua se encontraba sentado en su trono, relajado, con una mano en su mejilla y la otra apoyada en su regazo. Rafael Arcángel y Uriel Arcángel arrodilllaron a la fuerza a Ravel, la cual no levantaba la mirada del suelo. Una vez mostraron los respetos los Arcángeles, Yeshua habló con ellos.
-Shalom, Rafael-aj, Uriel-aj. ¿Qué buenas nuevas traéis ante mí? -dijo el hijo de Elohim con su típica voz, calmada y suave.
-Verás, Yeshua-aj, cuando estábamos en Egipto, fuimos atacados por el dios Seth. -informó Rafael Arcángel, a lo que Yeshua asintió, él mismo había visto a Seth.
-Mientras tanto, Egipto fue atacado por los demonios: mandaron al Marqués Phoenix con sus legiones, así como dos legiones auxiliares de Gremory y Sitri. -continuó hablando Uriel Arcángel contándole sobre la Batalla de Menfis de la cual salieron victoriosos los egipcios. -Al final la batalla fue ganada gracias a la intervención del dios Anubis y de la actuación de Sayf Al-tiniyn, guardaespaldas de Ra. -terminó Uriel Arcángel de informar lo que había pasado en Egipto.
-Tras la batalla, no todos los demonios huyeron o fueron ejecutados. Aquí tiene la prueba: la hermana del Marqués Phoenix, Ravel Phoenix. -declaró solemnemente Rafael Arcángel señalando con sus manos a Ravel.
-¿Ah, así que una Phoenix, eh? -dijo Yeshua aparentemente excitado y, en cierta manera, emocionado. -Dejadnos solos, tengo que hablar con ella. -ordenó Yeshua a sus hermanos Arcángeles, los cuales le miraron atónitos.
-¡Pero Señor, es una diablesa! -exclamó el Arcángel Uriel con preocupación de lo que esa diablesa podría hacerle a su Melekh.
-¿Y? ¿Acaso no puedo hablar a solas con una descendiente de nuestro hermano Phoenix? -preguntó retóricamente el hijo de Elohim a los Arcángeles presentes.
-Claro que no, Señor. Además, ella misma nos dijo que quería hablar con Usted. -contó el Arcángel Rafael retirándose de donde estaba, dirigiéndose hacia el ascensor de nuevo para marcharse al Sexto Cielo.
Entonces los dos Arcángeles se retiraron hacia el Sexto Cielo, el lugar donde los Arcángeles vivían. Por su parte, Ravel Phoenix se quedó a solas con Yeshua Ibn Mariy, quien en un ligero movimiento de su mano derecha, deshizo las cadenas de luz que tenían a Ravel maniatada. Ésta se sorprendió por el generoso gesto del hijo de Elohim con ella.
Entonces, Yeshua le habló en un tono entre serio, agitado y preocupado. Al parecer tenían problemas internos en el Cielo, o en Grigory, acerca de una tal Asia Argento, la cual había usado la Verdadera Forma de los Ángeles, y había caído en la denominada "Maldición de los Mensajeros".
La diablesa rubia de la casa Phoenix, sin saber exactamente el motivo del porqué, le propuso una solución al estado comatoso de la joven humana reencarnada en ángel caída. En la mansión de su familia por parte del ángel Phoenix, en el Gran Marquesado Phoenix, en la inmensa biblioteca en concreto, había un viejo libro que era de Elohim. Su padre, Lord Phoenix, lo había "tomado prestado" cuando éste estuvo en el Cielo hace 1200 años, allá por inicios del siglo IX después del nacimiento de Yeshua. Este manuscrito era, en pocas palabras, una especie de libro acerca de la anatomía, fisiología, comportamiento y psicología de los ángeles. Recordó que, en los pocos ratos libres que ella tenía, a veces ojeaba dicho libro, a escondidas de su padre, Satán lo tenga en su Regazo.
Ravel le contó al hijo de Elohim que, a grosso modo, la denominada "Maldición de los Mensajeros" se podía sanar, pero necesitaba varios ingredientes, principalmente las Manzanas Doradas del Jardín de las Hespérides. Yeshua sonrió levemente con confianza, los Arcángeles, junto con los Cadres y el Sekiryūtei se dirigían a Grecia ahora mismo, seguramente Zeus les dejaría ir al Jardín de las Hespérides, pero para asegurarse, decidió mandar al Equipo de Élite del Cielo, los exorcistas cristianos de Italia, Gran Bretaña y Ucrania.
-Muchas gracias, Phoenix. Puedes alojarte en el Primer Cielo mientras Asia no es sanada. -agradeció Yeshua a la rubia diablesa Phoenix la cual, en señal de respeto, no sólo se arrodilló, sino que se inclinó de tal modo, que su frente y labios tocaban el limpísimo suelo de mármol de la Sala del Trono.
En ese momento, en cuanto Yeshua contempló a la diablesa Phoenix postrarse ante él, supo que ésta era distinta a su padre. Ravel era, definitivamente y sin lugar a dudas, distinta a los demás demonios, sin tener en cuenta la tradición de la familia Phoenix de regresar al Cielo cada 1200 años para entrevistarse con Elohim. Una vez la muestra de respeto de la diablesa Phoenix terminó, los Arcángeles Rafael y Uriel se la llevaron esposada con esposas de luz a su apartamento en el Primer Cielo.
Éste era una casa unifamiliar de dos plantas, hecha, como casi todos los edificios del Primer Cielo, de mármol purismo. Tenía también un pequeño jardín, un balancín, una mesita para merendar y un toldo que cubría de la luz, que venía de un sol artificial que cada 12 horas se cambiaba por una luna artificial. Dentro, la casa estaba distribuida en dos plantas: en la de abajo, la cocina, el salón, un cuarto de baño y una pequeña biblioteca. En la planta superior, la habitación de Ravel, un baño con ducha y una sala de estudio.
Cuando Ravel entró en el apartamento, los Arcángeles procedieron ha explicarle qué tendría que hacer durante su estancia en el Cielo. La guiaron por la que sería su casa durante su estancia, enseñándole todas las habitaciones, y lo que haría en cada una de ellas. Especialmente importantes serían la biblioteca y la sala de estudios. Donde se encargará, por la tarde, de estudiar un libro que, increíblemente, fue escrito por Elohim en persona, con un prólogo de Miguel Arcángel e ilustrado por Gabriel Arcángel. El libro, más o menos, se traduciría como "El Camino de la Redención".
Por su parte, por las mañanas, tendría que trabajar en el Segundo Cielo, ya sea como granjera, agricultora, artesana, o, el más importante de todos los trabajos so cabe, como "asistente" en las oraciones de los creyentes abrahámicos, judíos, cristianos y musulmanes.
Y así fue como empezó la primera semana de Ravel en el Cielo.
Primer Día. (Introducción)
El primer día para Ravel comenzó cuando, según lo acordado por Rafael Arcángel, ésta se levantó a la hora prima*, se duchó con agua caliente, se vistió con la ropa que le dieron (una túnica beige -para representar que no era una ángel- y unas sandalias), desayunó algo ligero, y se fue al Segundo Cielo a trabajar. El día primero tocaba ser granjera, siendo la que se encargaría de limpiar los cercados de las vacas y de los cerdos. También daría de comer a las gallinas y caballos, así como dar una calada de pintura
al granero.
*En el sistema de horas canónicas, el día se divide en 6 horas que reciben un nombre en latín. Este sistema se usó, principalmente, durante la Edad Media europea. Las horas, y sus correspondientes horas actuales son: las Maitines (3 a.m), la Primas (6 a.m.), las Tercias (9 a.m), las Sextas (12 a.m), las Nonas (15 p.m.) y las Vísperas (18 p.m) Más allá de las Primas, casi siempre se dice "al anochecer"*
Por la tarde, de vuelta a su casa, le tocaría estudiar el libro que le dió el Arcángel Rafael. Hoy leería el prólogo y el índice que se había encargado de escribir Miguel Arcángel. En resumen, el prólogo era una introducción al libro, en qué consistía (una guía de cómo un demonio, si es que eso es posible, podría ser perdonado y ser "ascendido" al Cielo) Para este objetivo, el demonio debía, no solo memorizar las enseñanzas que éste contenía, sino entenderlas, y ponerlas en práctica. Una vez leyó la introducción, le echó un vistazo al índice, el cual tenía 7 puntos. "Bien, uno por día" pensó Ravel echándose a dormir.
Segundo Día.
El Segundo Día para Ravel en el Cielo comenzó de la misma manera que el primero: se levantó a la hora prima, realizó su rutina matutina y se dirigió al Segundo Cielo a trabajar otro día. Hoy le tocaba ser agricultora: irrigaría los campos, segaría las espigas de trigo, los molería en el torno y los acabaría dando forma para, al final, hacer el pan que terminaría siendo vendido en el Primer Cielo. Aparte de eso, también cultivaría algún que otro producto más y volvería a casa.
Tras una dura jornada laboral, en la que Ravel entendió lo que sentían los demonios de clase baja y los reencarnados: éstos trabajaban en los campos de los aristócratas, cultivando y criando animales que, posteriormente, tenían que sacrificar para entregar un 30% al demonio de clase alta correspondiente, ya sea la Duquesa Gremory, la Princesa Sitri, o el Elector Glasya-Labolas; el 20% de los productos iría a parar a manos del clero satánico, el cual siempre ofrece ritos y misas satánicas en los pueblos pequeños, los cuales están bajo la administración del aristócrata de turno. Al final del día, el pobre demonio, nunca antes mejor dicho, solo tenía la mitad de lo que producía, casi siempre comida miserable y poco nutritiva, pues la más sabrosa y de calidad era entregada a las élites. Así había sido desde siempre, por mucho que los nuevos Melekh-aljahim pregonen a los cuatro vientos que la situación de los demonios humildes había mejorado.
Una vez terminado el trabajo, Ravel se dirigió a su habitación, en el Primer Cielo. Durante su camino se sintió aislada, los ángeles del Cielo se alejaban de ella susurrando cosas como "¿Qué hace una diablesa aquí?" o "Aléjate de ella, que te tentará a pecar". Ravel se entristeció de que los ángeles más puros, aquellos que tenían una mentalidad de niños pequeños fuesen tan racistas, por decirlo así, con los demonios. Es obvio en parte, pues han tenido incontables guerras y batallas, pero al menos podrían comprender que los demonios antes eran como ellos, eran ángeles puros.
Iba meditando, hablando consigo misma por las calles del Primer Cielo cuando al fin llegó a su apartamento, tras una caminata de una media hora.
Tras acomodarse y almorzar, se puso a estudiar durante la tarde. Agarró el libro y comenzó a leer el primer capítulo, el cual trataba sobre qué debía hacer un ángel, ya sea puro o caído (la única diferencia es que los caídos tenían más libertad personal, pues podían tener sexo, beber alcohol o comer determinadas cosas que un ángel puro no podía). Ravel iba ojeando las paginas del primer capítulo, subrayando lo importante, anotando en los márgenes, haciendo pósit que pegaba en las páginas, así como intentando memorizar conceptos o frases que le llamasen la atención.
Tras terminar de estudiar en la sala de estudios, cenó algo sencillo, pues ella no sabía cocinar, y se volvió a acostar.
Tercer Día.
El tercer día en el Cielo comenzó para Ravel de la misma manera, monótona y sencilla, que los días anteriores. Se levantó de la cama a la misma hora, se duchó, desayunó algo sencillo, se vistió con esa vieja túnica beige, y se dirigió al trabajo que le tocaba el día de hoy. Éste consistía, en el Segundo Cielo, en cortar, montar, pulir, barnizar y transportar los muebles de madera desde el taller, en el dicho Segundo Cielo, hasta al Primer Cielo, en la principal tienda artesanal del Cielo. Éstos muebles acabarían teniendo dos destinos: los más normales y baratos iban para los ángeles puros de a pie; los más caros y lujosos, para los Arcángeles y a Yeshua. Cabe destacar que la madera de la que están hechos estos muebles eran de árboles de excelente calidad procedentes del Jardín del Edén.
Una vez recorrido el camino desde su apartamento hasta el taller, Ravel llegó a éste y comenzó a trabajar duramente. en el barnizado y pulido de las piezas de madera. Mesas, sillas, burós, cajones, cabeceros, éstos eran los únicos acompañantes de una solitaria Ravel. Ningún ángel puro quería trabajar con ella. Todos se quejaban de su olor, ese olor a alquitrán, azufre y huevos en descomposición no era una buena carta de presentación para la pobre diablesa Phoenix. Ese mismo olor, que a los demonios tanto les gusta en una buena diablesa o súcubo, ahora era una peste en el Cielo.
Cuando acabó con el pedido de hoy, un par de mesas, casi dos decenas de sillas, un buró y un cabecero; llevó las piezas a la sala de montacargas para que las bajasen a la tienda. La tienda y el taller estaban conectados mediante una especie de ascensor muy amplio, para poder albergar en él las piezas artesanales. Una vez bajadas, Ravel sería la encargada de recolocarlas en la tienda y ya mañana las vendería. Ahora le tocaba marcharse a almorzar y a estudiar a su apartamento, pues ya era la hora Nona, es decir, las tres de la tarde.
Una vez llegó al apartamento, Ravel almorzó y puso los platos en el lavavajillas. Una vez hecho, se dirigió a su habitación de estudios y comenzó a leer y a estudiar el segundo y tercer capítulo, pues estos eran muy similares en temática: qué cosas hacían caer a un ángel puro y lo convertía en ángel caído. Entre éstas, estaban la ira ciega, la lujuria, la gula, la soberbia, la vanidad, la avaricia, la envidia y la pereza. El segundo capítulo que leyó y estudió Ravel esa tarde fue la continuación del segundo capítulo, es decir, cómo evitar estos grandes pecados y seguir siendo puro de corazón y mente. Elohim da, para cada pecado, un método de autocontrol.
Por ejemplo, para la envidia, Elohim dice que hay que luchar para conseguir lo mismo que el otro, siempre en tu beneficio y en el de la comunidad de fieles. Otro ejemplo curioso es su método contra la lujuria: todo ángel que sintiera lujuria, debía respirar, contar hasta 100 mientras que, a la vez, debía rezar anulando sus sentidos, sobre todo la vista y el oído, para no ver ni escuchar a la fuente de nuestra lujuria.
Una vez estudió, subrayó conceptos, realizó unos cuantos pósits y colocó el marca-páginas a inicios del capítulo cuarto, dejó el libro en su mesita de noche, apagó las velas y se echó a dormir.
Cuarto Día.
El cuarto día llegó cuando la luz del sol artificial penetró suavemente las ventanas del apartamento de Ravel en el Primer Cielo. Ravel abrió los ojos perezosamente, se los talló con las manos y se levantó de la cama para empezar su día. Cabe decir que la habitación de donde dormía Ravel tenía un hermoso crucifijo sobre el cabecero, así como un icono de Cristo y otro de la Virgen María con el Niño Dios.
Ravel les echó un vistazo a los iconos y al crucifijo. Sintió algo en lo más profundo de su alma al ver a los ojos a Cristo Pantocrátor, pero en ese momento no le hizo mucho caso. También ser percató de que había una Menorá en una mesa al lado de la puerta y una alfombra con bellos motivos geométricos y colores oscuros colgada de la pared. Ravel tragó saliva al ver tanto objeto sacro* y se fue de su habitación para ducharse y desayunar para marchar a su trabajo.
*Para los demonios, los objetos santos tales como crucifijos, estampitas, iconos ortodoxos, menorás, ejemplares de la Biblia, el Corán y el Talmud o el simple hecho de estar cerca de uno de éstos, provoca en ellos un escalofrío, como si una señal de peligro se encendiera en sus mentes. Es por este motivo que un demonio nunca estará cerca de una iglesia, mezquita o sinagoga.*
El día de hoy, Ravel iría a la tienda donde ayer trasladó los muebles que preparó en el taller. Tras un paseo de una media hora por las calles del Primer Cielo, Ravel llegó a la tienda, donde el jefe, un ángel mayor, de aspecto de tener unos 60 años humanos, la recibió de manera muy distinta a cómo la trataban los demás ángeles. Este viejo ángel, de nombre Level (literalmente "Corazón de El"), la acogió amablemente, le explicó cómo debía tratar a los clientes y le reiteró de que podía regatear los precios todo lo que ella quisiese. Ravel asintió y se puso a trabajar.
El trabajo comenzó hacia la hora Tercia y Ravel fue despachando a los clientes que iban entrando en la tienda. Ángeles puros de todas las clases iban entrando por la puerta. Ravel les iba diciendo las ventajas del mueble que quisiesen, así como el precio de éstos, asunto en el que Ravel estaba, según ella, "abierta a negociar". Uno a uno los muebles se iban vendiendo y la caja de la tienda se iba llenando. Al final del día, incluso los muebles más inservibles fueron vendidos gracias a la increíble labia que parecía tener la diablesa.
Cuando la tienda fue a cerrar, el viejo ángel susurró para sí un "gracias" a lo cual Ravel no supo cómo reaccionar. Únicamente susurró un "de nada" y se dirigió a su casa.
Cuando llegó, tal y como había hecho estos días atrás, se preparó su almuerzo, comió y se dirigió nuevamente hacia su salón de estudios. Abrió el libro por donde había dejado el marca-páginas y leyó el título de este nuevo capítulo, el cuarto para ser precisos. Este capítulo estaba reservado para las obligaciones que un ángel puro debía hacer. Entre éstas estaban el ayuno en las festividades indicados, orar cada día varias veces al día (al despertar, al comer cualquier comida, al acostarse) ir a misa, cualquier tipo de misa (católica, protestante u ortodoxa) o, en su defecto, asistir a los rituales en las sinagogas o en las mezquitas, trabajar en el Cielo y, si la ssituación era favorable, servir en el Ejército Celestial un siglo y medio. Es en el Ejército Celestial donde el ángel puro desempeñaría la misión más importante para la que era concebido, y que Ravel vería en el capítulo quinto: la Guerra Santa.
Quinto Día.
Y como todos los días anteriores, el quinto día llegó. Ravel abrió los ojos, se levantó de la cama en un salto, se talló los ojos e hizo algo que ningún demonio se imaginaría hacer en su vida, ni siquiera a su padre se le ocurrió hacerlo: se acercó al icono de Cristo Pantocrátor e hizo una leve reverencia, en señal de respeto. Esa misma noche había soñado con esos penetrantes ojos que tenía el icono, y pensó que mostrándole respeto la pesadilla no se repetiría. Una vez mostrado los respetos necesarios, desayunó como todos los días y se dirigió al trabajo que le tocaba hoy.
El día de hoy el trabajo no sería manual como los días anteriores. Éste sería en el Segundo Cielo, claro está, pero no en la granja o en los campos o en los talleres. Hoy le tocaría estar en la Sala de Plegarias. Esta sala era un piso de oficinas, similar a los rascacielos humanos -de hecho es el único edificio al estilo humano moderno en el Segundo Cielo, todo lo demás son talleres, granjas y amplísimos campos de cultivo-. Ravel entró en el rascacielos, saludó al recepcionista, un ángel joven pero amable, quien le guió por el edificio hasta su lugar de trabajo.
El lugar donde trabajaría hoy y mañana, pues el séptimo día es de descanso para los ángeles, era una sala de oficinas donde los ángeles estaban sentados en cubículos frente a una pantalla de ordenador, con unos cascos con micrófonos y un teclado. El trabajo en sí era muy simple: el ángel en cuestión recibía a través de los cascos una oración de un fiel aleatorio, ya sea cristiano, judío o musulmán, mientras que en la pantalla salía lo que el fiel estaba diciendo pero traducido a uno de los cualesquiera idiomas abrahámicos que había (hebreo, arameo, latín, griego o árabe). El trabajo del ángel consistía en leer la plegaria, analizar el pasado y las condiciones del feligrés y aceptar o denegar la plegaria (por ejemplo, estaba terminantemente prohibido aceptar la plegaria de delincuentes, asesinos, violadores, terroristas y gente de esa calaña).
El ángel guió a Ravel hasta su cubículo, el 08, y le explicó detenidamente su trabajo. Ravel escuchaba atenta a las palabras del joven ángel puro, rubio de ojos azules, aro dorado en la cabeza y rostro infantiloide, como el de todos los ángeles puros. Una vez que Noarel, el ángel de la recepción, le explicó todo y le aconsejó que si tuviese dudas no vacilase en preguntar a alguien, Ravel se colocó los cascos, encendió la pantalla y comenzó su jornada laboral.
La primera plegaria no tardó en llegar, no más de 15 minutos. Ésta procedía de un pequeño pueblo en las montañas al norte de Irak, más concretamente de Mosul, una población kurda. La plegaria era de un chico kurdo, de unos 10 años de edad. Éste rogaba por auxilio pues su familia había sido asesinada a manos de unos combatientes del Daesh. Ravel leyó el contexto y el pasado del chico. Su corazón pálpito por primera vez, sintió empatía por vez primera. Nunca se había parado a pensar en que los demonios no eran los únicos en hacer barbaridades. No dudó mucho y pulsó el botón de "aceptar". Poco tiempo después, los combatientes del Daesh acabaron muriendo en un bombardeo a mano de la aviación iraquí.
La segunda plegaria tardó un poco más, no es exageración que tardó una hora. Ésta venía de no muy lejos de la anterior. En concreto venía del Banco Occidental, entre Israel y Palestina. El emisor era un hombre mayor judío, el cual rezaba con recibir pronto su casa, casa que era anteriormente de una familia pobre palestina. El hombre mayor, de casi 80 años, había sobrevivido al Holocausto y se marchó al recién nacido Estado de Israel en los años 50s. Por su parte, la familia palestina había huido del Banco Occidental debido a que la policía israelí los había coaccionado para desalojar su casa. Ravel estaba dudosa, muy dudosa. Ambos se merecían estar en esa casa, el hombre judío por haber vivido tanto horror en su infancia y los palestinos porque fueron expulsados de su casa. Ravel vaciló por unos instantes y decidió hacer una triquiñuela: le daría la casa al hombre mayor, pero la familia palestina, por azares del destino, acabarían trabajando en el local del viejo judío de origen polaco.
Y así Ravel fue atendiendo a las distintas plegarias de los fieles de las religiones abrahámicas, desde América hasta las comunidades cristianas de Japón. Ravel las iba solucionando, con bastante facilidad algunas y otras que la hacían pensar por unos buenos minutos. Una de esas fue la última que atendió antes de irse a su casa. Procedía de un pequeño pueblo del Medio Oeste Americano, más concretamente en el estado de Nebraska. El emisor era un cristiana protestante, una chica joven, que acababa de salir de la Universidad y estaba buscando trabajo para poder independizarse de sus padres. El quid de la plegaria era que la chica estaba embarazada debido a una estupidez que cometió con quien no debía y para poder ser aceptada en el trabajo no podía estar embarazada.
La solución era macabra y sencilla. Ravel no entendió cómo una joven humana con una carrera tan prometedora como lo era el Derecho podía estar rezando algo así. Ravel preguntó a sus compañeros ángeles de su planta, pero ninguno sabía qué hacer, era la primera vez que escuchaban una plegaria así. Ravel regresó a su cubículo y decidió rechazar la plegaria. Pensó que la chica podría encontrar otro trabajo una vez diera a luz.
Tras esa plegaria, Ravel dejó su puesto de trabajo y se dirigió a su apartamento. Cuando llegó eran casi las 16:00 Pm, por lo que se hizo una comida rápida y se puso a estudiar el libro por donde lo dejó ayer. Abdio el libro y leyó el título "Guerra Santa". Estuvo leyendo el capítulo sorprendida, pues en la religión satánica hay un concepto similar "Seyit'anawī T'orineti". Sin embargo, Elohim tenía un concepto de "Guerra Santa" muy distinta al que lo tenía Luzbel. El Dios abrahámico decía que la "Guerra Santa" no tenía porqué ser militar, sino también de comportamiento, de cambio de ideario, de, en definitiva, de luchar por lo que tú, como ángel, tanto puro como caído, considerabas lo correcto. A Ravel le llamó la atención eso último, ¿era guerra santa atender a las plegarias? Si era así, Ravel había luchado por lo que era correcto en todas las ocasiones.
Con muchísimas dudas y pensamientos en la cabeza, Ravel se echó a dormir para el último día de trabajo. El séptimo día no se trabaja, por decreto de Elohim.
Sexto Día.
El último día de trabajo para Ravel fue un día relativamente tranquilo. Se levantó a la misma hora, mostró sus respetos a los iconos e hizo algo nuevo: encendió las velas de la Menorá, pues en un sueño extraño que tuvo esa noche, 7 fuegos tomaron la forma de su hermano Raiser y de su amante Yubelluna, quienes le dijeron literalmente "Eres la esperanza de la familia Phoenix". Las únicas 7 luces que Ravel vio en su estancia era la Menorá, por lo que dedujo que tenía que encenderla.
Una vez desayunó y se vistió, salió de su apartamento y se dirigió al Sexto Cielo. El trabajo de hoy consistía en limpiar las lujosas Villae donde vivían los Arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel mientras éstos no estaban allí. (Miguel y Gabriel estaban en Grecia, Uriel y Rafael estaban en el Séptimo Cielo hablando de cosas vitales para la facción abrahámica junto a Yeshua Ibn Mariy. Una vez llegó al Sexto Cielo, Ravel se dirigió a la lujosa Villae del Arcángel Miguel. Ésta era como la típica casa de Patricio romano, sólo que estas no tenían función productiva, únicamente servían como viviendas para los Arcángeles.
Empezó por la del Arcángel Miguel, limpiando toda la Villa, desde los pasillos, la sala de entrenamiento, las habitaciones, los muebles lujosos, las paredes, los suelos, así como la pequeña capilla que tenía el Arcángel Miguel en su lujosa Villa. En la casa de Miguel Arcángel tardó, sin exagerar, 3 horas. "Aún me quedan 3 más" desesperó Ravel Phoenix al verse limpiando tres Villae en toda la mañana. Pero no se desanimó, y se dirigió a la de la Arcángel Gabriel.
La Villa de la Arcángel Gabriel era parecida a la de su hermano Miguel, salvo que ésta era más femenina: las paredes estaban pintadas de rosa, había peluches por todas partes, dibujos que ella misma pintaba y coloreaba estaban desperdigados por toda la lujosa mansión. Ravel los fue agarrando uno a uno para guardarlo en el escritorio de la Arcángel de los Niños. Cabe destacar que estos dibujos tenían todos la misma temática: religiosa y épica. Habia dibujos de su hermano luchando contra demonios, de ella entrenando con sus puños americanos, de ángeles puros y caídos dándose las manos con un "Hermamos para siempre" escrito encima y rodeados de corazones rosas. Una vez limpió toda la Villa de la Arcángel Gabriel, se dirigió a la de sus hermanos, Rafael y Uriel.
Las Villae de estos dos últimos eran la mitad de pequeñas que las anteriores y, en consecuencia, más fáciles de limpiar. Hizo el mismo recorrido que con las anteriores, limpiando pasillos, suelos, paredes, puertas, muebles, habitaciones, baños y cocinas. Tras casi 4 horas entre las dos casas, Ravel había terminado de limpiar. Justo a tiempo, pues los Arcángeles que la habían traído hasta aquí estaban llegando.
-Veo que ya has terminado de limpiar el Sexto Cielo. -anotó Rafael Arcángel a la diablesa, la cual asintió.
-Perfecto. Ahora puedes ir a tu apartamento y descansar. Mañana tómatelo libre, puedes pasearte por el Jardín del Edén si deseas. El Lunes continuas con tu rutina ¿entendiste? -dijo el Arcángel Uriel a Ravel, la cual se secó el sudor con su mano.
-Claro. Nos vemos el Lunes, Rafael Arcángel, Uriel Arcángel. Dadle saludos a Yeshua Ibn Mariy de mi parte. -dijo Ravel Phoenix dejando los utensilios de limpieza en una habitación especial a la entrada del Sexto Cielo.
Así fue como Ravel acabó su sexto día en el Cielo abrahámico. Cuando llegó a casa se puso a estudiar por un rato, no tanto como estos días. El tema que le tocó era sobre las relaciones carnales entre los ángeles puros. Elohim las tenía terminantemente prohibidas, pues temía que los ángeles puros cayeran por culpa de la lujuria. Él solamente permitía las relaciones carnales si ambos ángeles se querían y se amaban de antemano. Cuando el vivía, él mismo ofició muchísimas bodas entre ángeles puros, permitiendo enlaces entre ángeles mujeres con otras ángeles mujeres, así como entre ángeles hombres con otros ángeles hombres. Ravel se impactó con ese dato. Los demonios tenían prohibido la homosexualidad, siendo el caso de Rías y Sona único en su raza.
Y así fue como acabó la primera semana de Ravel en el Cielo. Las semanas que pasaron a esa fueron iguales: trabajando en el Segundo Cielo y estudiando en su apartamento.
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Palabras: 6216.
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