Capítulo 9
Editado: 10 / 07/ 2021
Te conozco.
[Cercanías de la frontera con Konoha]
— ¡Apresuremos el paso! ¡La tormenta sigue avanzando!
— ¡Rápido!
Todos corrían con la desesperación en el rostro saltando de una rama a otra para escapar de la tormenta de arena que les seguía el paso dejando destrucción en su avance. Al por fin cruzar la frontera algunos Ninjas se aliviaban, pero otros seguían su huida con más fuerza, entre tanto ajetreo muchos heridos se despertaban abrumados por los gritos y jadeos cansados de quienes los llevaban; Matsuri despertó entre un profundo jadeo sintiendo como el dolor invadía todo su brazo, al percatarse del movimiento se afianzo al cuerpo del ninja que la transportaba y volvió la mirada con duda hacia aquel desastre que los perseguía.
— ¿Qué... qué pasa? —cuestionaba alterada — ¿Qué esta pasando capitán? ¿Qué es lo que ocurre? ¿A dónde vamos? Esa nube de arena ¿acaso es...?
— ¡Cierra la boca un momento Matsuri! —reprendía exhausto — ¡Sigan adelante, rápido! ¡Tenemos que llegar a la villa para sentirnos apenas un poco aliviados!
Aumentando su velocidad se veía dejando a los ninjas más exhaustos detrás, jadeantes y tomando breves descanso, algunos seguían con mas lentitud que otros quedando apartados del grupo; Matsuri miraba con terror como sus aliados se detenían exhaustos y al volver la vista al frente pudo notar la presencia de una amiga suya.
— ¡Ey! ¡Necesito información!
— ¿Ha? —volvía la mirada levemente sorprendida —Hay... hay una segunda nube de arena que es la que nos sigue ahora mismo, —vuelve la vista al frente —la primer tormenta se detuvo por un rato, pero una segunda ola nos atacó con prisa... —señala con la barbilla hacia el frente —Konoha logró llegar a tiempo para auxiliarnos, ahora mismo solo avanzamos los ninjas médicos, heridos por la primer ola y ninjas de rango medio y alto... Niños, ancianos y mujeres evacuaron con el termino de la primer ola, Uzumaki Naruto esta en camino hacia el Kazekage.
Cansada por explicarle todo aquello, la mujer detiene su andar tratando de controlar su respiración para volver a seguirles el paso; Matsuri apretó la dentadura y sin dar aviso al hombre que la llevaba en la espalda, regresó por la chica en busca de ayudarla causando que Kirigue cayera preso del cansancio y mal equilibrio. Recibiendo el impacto de caída en su espalda, Kirige siente el aire escapar de sus pulmones.
— ¡Agh! —enfadado se pone de pie — ¡Por dios Matsuri! —retrocede hasta tomarla del brazo — ¡Deja de estar tonteando! El Hokage esta enviando clones de sombras por los que se quedan atrás, nuestra prioridad es huir y llevar el informe al hokage con todo lo que tengamos en mano.
Aunque dudosa de aquellas palabras, la chica dio un último vistazo a su compañera que cargaba con el cuerpo de un herido y finalmente subió a la espalda del capitán mirando como su compañera le dedicaba una sonrisa llena de calma, al cabo de unos minutos la chica los seguía de cerca.
—Los malditos ancianos enviaron un grupo de Ninjas para matar al Kazekage... —informa la ninja que los sigue —de pronto la otra ola de arena lleno el desierto avanzando con prisa y destruyendo todo a su paso, apenas y logramos huir a tiempo... los ancianos se quedaron haya, y el séptimo se marchó en la búsqueda de Gaara sama...
—Ni siquiera me preocupe por pedirme información —informa el capitán que carga con ella —pero no creo que vaya a matarlo.
—Bien, —susurra —bien... eso significa que me desmaye por un buen rato.
—Así es, —contesta el capitán —por suerte seguías viva cuando salimos de los refugios, estábamos preocupados por los que no habían logrado entrar... —aprieta la dentadura con impotencia —había muchos heridos, estábamos a nada de quedarnos y firmar nuestra muerte en la arena, pero por suerte... —admira a los ninjas de primera fila —los refuerzos de Konoha llegaron para ayudar... —vuelve la mirada sobre su hombro —Matsuri... estoy tan preocupado como tú por nuestro Kazekage, no tengo idea de lo que esté pasando detrás de la tormenta, no sé quién llegara primero a él o lo que traten de hacer apenas lo tengan enfrente...
—Todo... debe estar bien capitán Kirige, —expresa con una leve sonrisa vacilante —Temari san y Kankuro san estaban dispuestos a ir a buscarlo, ellos fueron por los refuerzos de Konoha... —aferra su cuerpo al del capitán —puedo apostar por ello.
—Solo queda rezar porque sean ellos quienes lo encuentren... —musita con seriedad.
— ¡Falta poco para Konoha capitán Kirige! —anuncia con alivio un aliado de Suna.
— ¡Pero la arena sigue avanzando! —menciona un Ninja cercano.
Entre un andar veloz Shino se acerca desde la retaguardia para igualar la velocidad del capitán que dirige a los ninjas de Suna, cargando con una pequeña algo herida en su espalda, el Aburame da una leve reverencia a su lado.
—Shino Aburame, información desde la villa, —observa la afirmativa del capitán y prosigue con sus palabras —Konoha está evacuando a los túneles subterráneos, están llevando más comida de la que había, víveres para al menos unas semanas y la gente que sea posible... —busca la mirada del hombre —este es su momento de decidir capitán kirige, los líderes de su villa no se encuentran presentes y todos sus civiles parecen seguir sus órdenes... —vuelve la vista al frente — ¿Vendrán a Konoha... o intentarán buscar refugio en otra villa?
El hombre dirigía la mirada al frente admirando las heridas y el cansancio de su gente, gran parte de su poblado ya había llegado al refugio de Konoha, no tenían conocimiento del alcance o duración de aquella nube de arena que los hacia huir, y... sobre todo, ponía en duda la posibilidad de que alguna otra villa decidiera tenderles la mano en ayuda.
—Vamos a Konoha.
—Muy bien, —da un asentimiento —en este momento envió el mensaje directamente al séptimo, —susurra algo tras su ropa y los insectos se alejan — ¡Es hora de ir más rápido, falta poco, pongan toda su fuerza en esto!... —avanza bajando el tono de su voz —o está gente no volverá a ver la luz del sol...
[Desierto de Suna, cercanías del cañón]
—Lee... ¡Lee creó que hemos llegado!
—Sí, —sonríe aliviada —Ino tiene razón... —entrecierra los ojos —es poco visible, pero parece haber una roca grande delante de nosotros, debe ser el cañón del desierto.
Rendido al cansancio Lee jadea perdiendo la claridad de su vista, sin poder soportar la pesadez de su cuerpo se ve cayendo de rodillas a la arena, y al no percatarse ambas Kunohichis terminan heridas y cayendo por igual frente a él; el último tramo Ino había decidido cargar a su compañera, y por ir delante suyo, tanto la piel de su rostro como de su mano había sido gravemente herida.
Aun entre su dolor Sakura sacaba agua de su mochila para limpiar las heridas de Ino, la rubia hacia lo mismo tratando las de su compañera mientras dirigía la mirada hacia el chico detrás suyo que jadeaba y comenzaba a respirar con dificultad... Lee dejaba caer su rostro sobre la espalda de la rubia mientras sentía el sonido de las voces de sus amigas ser sustituido por el rezumbar de la arena.
— ¡Gaara! —gritaba dolido sujetando su cabeza — ¡Gaara! —eleva el rostro gritando lo más fuerte posible — ¡Gaara por favor! ¡Por favor detén esto! ¡Gaara!
Los fuertes gritos llenos de desesperación que emitía el Ninja de la hoja fluían entre las fibras de arena con dirección al gran cañón de Suna, en donde se encontraban con los gritos de dolor que emitía el kazekage; por las líneas azules marcadas en su cuerpo fluía la furia y enojo guardada durante años en el cuerpo del Jinchuriki y su Bijuu... encorvando su cuerpo el chico veía salir sus garras negras que causaban el sobresalir de los huesos de su mano, el cambio comenzaba a mostrarse en el rostro del joven que volvía a deformarse tomando la apariencia del Ichibi.
Entre la transformación la arena se mantuvo silenciosa, colándose entre los gritos de odio una voz conocida atraía la mente del Kazekage hacia la realidad; la tormenta ceso bajando su intensidad mientras aquel joven arrastraba su cuerpo, dolido, al borde del cañón notando como a los lejos... aquel chico exhausto y lastimado en el suelo se mantenía gritando su nombre.
— ¡Gaara, estoy aquí! —traga grueso para mantener húmeda su garganta — ¡Soy Lee... soy Lee! —agotado cerraba los ojos.
—Lo... lo veo, —mencionaba la rubia incorporándose entre su dolencia —arriba Lee, —toca el brazo de su amigo —en el borde del cañón Lee.
El joven frotaba sus ojos tratando de quitar lo nublado de la mirada, y saltando del herido rostro de su compañera dirigía la mirada a aquel lugar que su amiga señalaba... un aura azul rodeando un pequeño cuerpo que seguía deformándose por tanto poder... de un lado la oreja del Ichibi era clara.
—Gaara... —mencionaba preocupado —Chicas, —sujeta el hombro de ambas —chicas, necesito subir ahí ahora mismo... o... yo siento que algo malo podría pasarle... tengo que subir...
—Pero... —interrumpe con preocupación — ¿Cómo lo haremos? Ino está realmente herida...
—Ambas lo estamos, —señala con una leve sonrisa —Lee... —gira la mirada a su compañero —la arena nos matará apenas sigas avanzando... —suspira sujetando su muñeca con dolor —no debimos venir, pero ahora estamos aquí.
[Subconsciente de Gaara]
—Por favor Shukaku, déjalos entrar a los tres, ellas parecen heridas... —rogaba con voz apagada.
—Me niego, —suspira cruzándose de brazos —me dejaste liberar mi odio contenido por todo tu cuerpo, pediste que los matará a todos... y luego, —aparta las manos a su costado y con el simple mover de su mentón hizo aparecer una imagen de arena de Lee —me pediste que te dejará verlo, pero vienes y me dices que has cambiado de opinión y también quieres verlas a ellas, —suspira cerrando los ojos —con uno solo de ellos mi plan ya corre peligro, no pienso dejar que ellas entren.
— ¡Por favor! ¡Te lo ruego! —deja caer su frente contra el suelo —por favor Shukaku... déjalos, yo las conozco y sé muy bien que ellas no son malas.
—Justo por eso Gaara.
El gran monstruo se puso de pie avanzando detrás del Jinchuriki que elevaba la mirada a los cientos de escenarios que su Bijuu hacia aparecer delante suyo, en los escenarios se podía apreciar la avaricia y odio que los seres humanos llevaban en su interior; el chico miraba comprendiendo el dolor del Bijuu, pero a pesar de ese odio y de su propio odio... de recordar que toda su vida en aquella villa había sido una mentira, y recordar, revivir, en arena el escenario de si tío intentando arrebatarle la vida... aun así, aun con todo eso... Gaara no podía evitar seguir preocupado por aquel llamado que recorría la arena, aquellas suplicas.
—Shukaku... —vuelve la mirada atrás —te lo ruego... quiero tenerlo aquí, pero él no permitirá que ellas mueran... —sus lágrimas normales quitan los rastros de lágrimas negras —él no va querer verme si ellas mueren, él me odiará si ellas...
—Entonces le preocupan más ellas que tú.
Aunque aquel golpe era tan duro como una espada atravesando su pecho, Gaara trago grueso y cabizbajo devolvió la mirada hacia la imagen de arena que se dibujaba enfrente de él... delante suyo se encontraba un chico que rogaba con desespero por su comprensión. Frunciendo los labios sintió la furia volver a correr por sus venas, sus manos temblaban de inquietud al pensar que quizá ese chico preferiría quedarse con esas chicas y protegerlas... en lugar de ir por él.
Flamas azules comenzaron a fluir de su piel, la sangre escurría mientras sus ligamentos se volvían visibles... el dolor lo hacia encogerse sobre si mismo, pero la idea de la traición le destruía el pecho.
— ¡Mátalas!
[Cañón de Suna, cercanías]
"Mátalas" el susurro viajaba por la arena con dureza, y Lee sentía su piel helar; sin dudarlo el joven cubrió a sus amigas con su propio cuerpo, ambas estaban aterradas y el cansancio llenaba su cuerpo junto a las heridas recientes.
— ¡No lo hagas! —gritaba aterrado — ¡Gaara, no lo hagas! ¡Ya no eres así Gaara! ¡Tú ya no eres así! —eleva la mirada con dirección al cañón — ¡Trata de recordarlas, Ino y Sakura! ¡Ellas... ellas también se preocupan por ti!
Sin previo aviso un grito desgarrador causaba que el huracán de arena que rodeaba el cañón se deformara por un segundo; delante de los ninjas se aparecía una figura de arena muy conocida para todos, era... aquel joven chico que los miraba, su cuerpo comenzaba a desvanecerse entre las nuevas brisas, pero algo era claro... esa mirada en su rostro... era la de años atrás.
— ¿Cómo sabes que no he cambiado? —una voz de ultratumba llenaba el lugar — ¿¡Cómo sabes que he cambiado!?
— ¡Porqué te conozco! —Decía firmemente hacia el rostro de arena —El Gaara de la arena que conozco es... —sonríe levemente —una persona dulce, que se preocupa por su gente y sus amigos, a él le gusta ayudar a las personas aun cuando... —ríe levemente extendiendo su sonrisa y tendiendo su mano hacia la arena —le cuesta iniciar una conversación con alguien. —suavemente toca aquella mejilla de arena —sonríe pocas veces, pero, —niega con dulzura —cuando lo hace es sumamente... hermoso, tan hermoso que me hace pensar que nada esta mal en este mundo.
La arena cesó su ataque, poco a poco cada granode arena caía como si se tratará de una lluvia muy extensa que se incorporabaal desierto; al volver la mirada al cañón Lee podía percatarse de ladesaparición del fuego azul que antes rodeaba a aquel chico. Las llamascesaban, pero su piel no se reponía y su cuerpo no volvía a ser lo de antes, yaun así, estaba más calmado sintiendo como la tortura ardiente dejaba su cuerpoen paz.
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