Capitulo 9 Oh, no.

—Lista —escuché que decía Gin detrás de mi.

Yo solo asentí sin mirarla, estaba enfocada en mi teléfono, en los mensajes de Allen ¿Quien se creía para prohibirme algo? Tan bien que habíamos empezado nuestra amistad y ahora me parecía una persona muy irritante.

—Allen no saldrá de tu teléfono por más que lo mires —volvió a murmurar Gin parándose frente a mí.

Gin se había puesto muy linda, llevaba unos jenas cortos negros, unas botas y una chompa gris muy bonita.

Rodé los ojos.

—A mi que me importa ese. Estaba... viendo si, si... Jackson ya venía en camino.

—Si eso fuera verdad, tú ya te hubieras cambiando —apuntó mi ropa—. Vas en pijama.

—Es por si vomito. Es más práctico.

En cuanto me puso mala cara me paré para ir a terminar de cambiarme. Tomé mi ropa y como pude me arrastré hasta el baño.

Me puse unos jeans cortos, una blusa blanca, mi chaqueta de cuero y mis simples tenis blancos. No llevaba tanto maquillaje, pero si el suficiente para verme presentable.

—¿Te falta mucho? —preguntó Gin desde el otro lado de la puerta.

—¡Espera ya voy! —dije repasándome por última vez el labial.

Me miré por última vez en el espejo antes de salir. Esta muy bien... aunque me sentía algo insegura.

—¿Alice, te falta...

Abrí de golpe la puerta.

—Lista —sonreí—. Solo esperemos a Jackson.

—No hay que esperar nada, acaba de aparcar —apuntó a mi ventana.

Verifiqué por la ventana y si, estaba aparcado justo frente a la casa. En segundos mi teléfono se iluminó con un mensaje de él diciendo que bajará.

Me colgué el bolso y bajamos hacia el salón. Alex estaba sentado con el ceño fruncido mirado su teléfono.

—¿A donde van? —preguntó alzando la vista hacia nosotras—. ¿Y por qué yo no estoy invitado?

—Oh, solo vamos a... no es de tu maldita incumbencia —le contesté con una falsa sonrisa.

—Vamos con Jackson —le sonrió Gin amablemente—. ¿Quieres venir?

—¿Jackson las ha invitado a salir? —preguntó borrando su sonrisa.

—Vamos al famoso evento de hoy y luego por algo de beber —le expliqué impaciente.

Su ceño se volvió a fruncir.

—Ni hablar, no irán.

Otro que tenía que pedirle permiso.

—¿Alex en que momento te pedí permiso? —protesté cruzándome de brazos.

Él lo pensó por un momento.

—Está bien, pero iré con ustedes —dijo poniéndose de pie—. Solo iré por mi chaqueta.

Subió a toda prisa las escaleras.

—Gracias por invitarlo —le dije a Gin con reproche.

—No pensaba estar de mal tercio toda la noche. Además, confío más en Alex que en Jackson.

—Si... tal vez no sea mala idea —dije pensativa.

A los pocos minutos Alex regresó con una sonrisa en el rostro y su chaqueta color verde militar puesta.

—Listo. Vámonos.

Salimos y subimos los cuatro al auto de Jackson. Alex y Gin atrás y yo de copiloto.

—Vaya, invité a una y me gané a dos más —Jackson les sonreía por el retrovisor.

—Lo siento —me disculpé—. Creo que extendí la invitación sin preguntártelo.

—No te preocupes —me aseguró con una sonrisa antes de arrancar.

—Si quieres sacar a mi hermanita, también me tienes que sacar a mi —Alex se asomó entré los asientos.

—Y a mi —le siguió Gin.

—Ya, niños. Ya entendió —dije empujándolos hacia atrás.

—Vas muy guapa —me dijo Jackson ignorándolos.

—Gracias.

—Gracias por decirnos también a nosotros lo guapos que vamos —Alex volvió asomarse entre los asientos cruzado de brazos.

Pasamos al menos media hora de camino.

Llegamos a un gran edificio. Todo estaba muy oscuro, la única luz que había, era la que se divisaba en los últimos pisos del edificio.

Jackson aparco justo en la entrada, bajo y lo seguimos. Había un tipo trajeado al que le entrego sus llaves y subió a su auto llevándoselo.

—Esta es la empresa de mis padres —murmuró Jackson cuando nos adentramos— Arriba esta la gente.

Subimos por el elevador y llegamos al penúltimo piso. Había cientos de chicos con licor y cigarrillos en sus manos. Hablaban, reían, se besaban con descaro o simplemente se movían al ritmo de la fuerte musica. En el centro había una larga mesa, era en la que usaban para esas juntas importantes. Habían unos chicos sentados jugando al póker.

—Es mejor que no nos quedemos —murmuró Alex cuando vimos a un par de chicas semi desnudas al otro extremo, bailándoles a unos chicos, los cuales ponían montones de dinero sobre la mesa.

—También creo que lo mismo —le cedió Gin.

—Solo tengo que entregar un encargo y nos vamos —dijo Jackson tratando de sonar tranquilo.

No avanzamos ni diez pasos cuando un par de chicos comenzaron empujarse violentamente frente a nosotros. Alex rápidamente nos apartó y nos alejó lo más que pudo de ahí.

Mi corazón comenzó a latir fuertemente.

Perdimos de vista a Jackson.

—Será mejor que regresemos al auto —propuso Alex.

Ambas asentimos de inmediato y tratamos de caminar entre la multitud.

Casi llegábamos al elevador cuando un par de tipos se detuvieron frente a nosotros impidiéndonos el paso. El alma se me fue a los pies al verles la cara. Eran más grandes y fuertes que Alex, tenían tatuajes por todos lados y una pinta de matones.

—Mira a quien tenemos por aquí —dijo uno con tono escalofriante—. Al pequeño Alex.

—No estoy aquí para sus apuestas, así que, quita tu fea cara de mi vista —le escupió Alex.

¡¿Pero que hace?!

Gin lo tomó del brazo asustada.

—Y has traído a dos preciosuras —comentó otro de ellos mirándonos asquerosamente—. ¿O son de las que cobran?

—¡Cobramos como tú madre! —solté sin pensarlo, fulminado al tipo que había dicho eso.

Él tipo fijo su mirada hacia mi y camino dos pasos para intimidarme. Lo cual no le di el gusto, me mantuve firme aguantándole la mirada: no pensaba dejar que viera lo mucho que me aterrorizaba.

—¿Que has dicho, pequeña zorrita?

—¿Estas sordo o que te pasa? He dicho que cobramos como tú madre —le repetí lentamente.

—¿Que tal si en lugar de usar tu boca para hablar mal de mi madre, la usas para otras cosas?

Todos comenzaron a reírse. Alex apretó la mandíbula y los puños. Yo me cegué y no aguanté más. Di un paso hacia atrás, cerré fuertemente el puño derecho y sin pensarlo dos veces use todo mi peso para lanzarme hacía él y soltarle un buen golpe que hizo que casi se cayera y le sangrara la nariz.

Y de ahí todo empeoró. El otro tipo rápidamente me lanzó con demasiada fuerza al suelo y Alex se lanzó contra él golpeándolo con demasiada rabia. Gin no paraba de gritar por ayuda, pero la gente solo se comenzó a juntar a nuestro alrededor haciendo un círculo y gritando eufóricos.

—¡Que les pasa! ¡Sepárenlos! —gritaba Gin con desesperación.

El tipo de la nariz rota se incorporó y me tomó de la muñeca con brusquedad tratando de llevarme con él.

—¡Suéltame! ¡NO ME TOQUES! —lo golpeaba con toda la fuerza que tenía, pero mis intentos no servían.

—¡Esto que me hiciste te lo voy a cobrar, maldita zorra! —decía apuntando su asquerosa nariz.

Comenzó a arrastrarme fuera del círculo hacia donde no había gente.

—¡QUE ME SUELTES!

—¡Alice! —oía como gritaba en desesperación Alex—. ¡DÉJELA! ¡ALICE!

Y entonces el tipo se paró en seco.

—¡¿Que mierda haces?!

Reconocí esa voz al instante.

Mis ojos se iluminaron al ver a Allen parado frente a nosotros.

—No te metas Blythe —le dijo el tipo con la voz baja.

Le temía. Lo pude ver. Tragaba duro y esquivaba la mirada de Allen, pero aún así no me soltaba.

—Suéltala —le dijo Allen con calma.

El tipo vaciló por un instante, pero al final asintió y me soltó. Mi muñeca me ardía, estaba colorándose por el forcejeo.

Apenas di un paso hacia atrás y Allen ya le había dado un puñetazo en el estómago provocando que el tipo se encorvara del dolor.

Me quedé en shock, quería salir corriendo de ahí pero mis pies no me respondían.

—Voy a destrozar todo lo que conoces por haberla tocado —le divirtió Allen con voz pausada.

Por un breve instante temí por él.

—¡¿Entendido?!

El tipo como podía asentía.

—L-lo siento Blythe.

Después de soltarlo, se volvió hacia mi tomándome del brazo para llevarme lejos.

Estaba tan asustada que no podía siquiera protestar. Salimos por una puerta, la cual nos llevo a unas interminables escaleras. Bajamos un piso y afortunadamente estaba despejado, lo cual nos sirvió para tomar el ascensor. Al salir pude respirar con mas tranquilidad.

—Alex —recordé—. T-tenemos que regresar por él. Y Gin.

—Ni hablar. Tú no vuelves ahí.

—¡¿Es que no me has oído?! —la adrenalina se había apoderado de mi cuerpo —¡Gin y Alex están allá! ¡No dejaré a mi hermano y a mi amiga solos!

—Espérame aquí —ordenó seriamente, tomándome del brazo para llevarme a su auto—. Iré por ellos, pero tú esperaras en mi auto.

No me quedaba de otra que obedecerlo.

Me abrió la puerta para entrar y así lo hice.

Vi como se alejaba de regreso al caos. No podía quedarme ahí. Tenía que ir ayudarlo, aunque prácticamente mi ayuda no serviría de mucho, pero era mi hermano y mi amiga los que estaban en peligro.

Tenía que ir con Allen.

Intenté abrí la puerta, pero el muy listillo me había dejado encerrada.

¡Mierda!

Pasaron por lo menos veinte minutos, lo que se sintieron como veinte horas cuando a lo lejos vi sus tres siluetas. Alex apenas y podía caminar, llevaba un brazo encima de los hombros de Gin y la otra mano en el estómago, tenía sangre en la boca y su pómulo estaba comenzando a hincharse.

¡Dios! ¡¿Que le han hecho?!

En cuanto llegaron al auto y Allen abrió las puestas, salí corriendo y me abracé a Alex.

—Alex —sonreí aliviada rodeándolo con mis brazos—. Estás bien.

Él también me devolvió el abrazo.

En ese momento no me importaba nada. Era mi hermano y punto. Lo habían lastimado por mi culpa, por golpear aquel tipo que me insulto.

—¡Auch! Ya se porque dicen que el amor duele —dijo quejándose, pero sin soltarme.

—Lo siento —me disculpe soltándolo con cuidado.

—Ya sabia que me amabas. Soy el mejor hermano que pudiste tener.

Sonreí negando con la cabeza. Me limpié una lagrima que se me había escapado y fije mi vista en Gin.

—¿Estas bien?

—Si, no te preocupes —dijo calmada—. Alex fue el que recibió todos los golpes.

—Ya, no te preocupes hermanita. Menos mal que el imbecil de tu amigo nos hecho una mano —dijo mirando de reojo a Allen.

—Mejor nos vamos antes de que regresen y quieran regresar a terminar lo que empezaron —Allen nos abrió la puerta.

Entre todos ayudamos a Alex a subir en los asientos traseros. Estaba realmente lastimado. Gin subió con él y sostuvo su cabeza entre sus piernas mientras él como pudo se recostaba.

—Tenemos que llevarlo a un hospital —le dije a Allen mientras encendía el motor y arrancaba.

—Ni hablar —protestó Alex—. ¡Estoy bien!

—No, no lo estás —lo callé centrándome en Allen —¿Puedes llevarlo?

Allen solo asintió y condujo hasta el hospital. Ninguno de los tres dijo nada en todo el camino, solo se oían los quejidos de dolor de Alex.

Allen se veía molesto. Tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada. Necesitaba disculparme. De haberle hecho caso, Alex no estaría tan lastimado. Todo era culpa mía.

¡Dios!

Tenía que avisarle a Julie y Henry.

Al llegar, las enfermeras nos ayudaron a sacarlo del auto y se lo llevaron a la sala de urgencias. Gin lo acompaño, mientras que yo llenaba un formato y esperaba junto a Allen en la sala de espera.

Como era casi media noche, no había una alma rondando por ahí. Solo estábamos sentados Allen y yo.

—¿Necesitas algo? —preguntó Allen viendo mi mano temblorosa.

—Estoy bien —respiré hondo y traté de tranquilizarme.

—Es mejor que te vea también un doctor —hizo un ademán por pararse pero lo detuve.

—Estoy bien.

Él me miró por un momento, pensativo.

—No fue tu culpa —dijo tras un momento.

—Claro que lo fue. De no haber ido, Alex...

—Basta, no te culpes más —me interrumpió.

Hubo un momento de silencio.

—Gracias por ayudarnos —dije cuando pude respirar con más tranquilidad.

—No sería capaz de dejarte sola en un lugar como ese —suspiró.

Mi ceño se frunció y lo miré fijamente.

—¿Por qué soy tu única amiga?

—Porque me importas mucho, Alice.

Mi corazón comenzó a bombear sangre a toda velocidad. Ese susurro me había llegado hasta lo más profundo. ¿Por qué seguida diciéndome cosas como esas? ¿Y por qué mi cuerpo reaccionaba de esa manera ante sus palabras?

Abrí la boca para decir algo, pero la volví a cerrar cuando su teléfono comenzó a sonar. Lo saco de su bolsillo y el nombre de Charlotte iluminó la pantalla.

Él se paró en seguida y contestó al tercer timbre.

—Hola... si, aún estoy aquí... lo siento —decía—. ¡¿Que?!... ¡¿Donde?!... ¡¿Aquí y ahora?!... Voy a encontrarte.

Espera ¡¿Que?! ¿Ella estaba aquí? ¿Su Charlotte? Esa novia o amiga con derecho estaba aquí ¿Y yo estaba a punto de conocerla?

Conocer al rival.

Ahora vuelvo —me dijo seriamente colgando el teléfono y saliendo a toda prisa de mi vista.

No tuve tiempo ni de protestar.

Me abracé a mi misma. Mirando a mi alrededor. El lugar era escalofriante, y más estado sola.

Necesita pensar en otra cosa.

Al fin iba a conocer a Charlotte.

¿Como seria? Supongo que era una de esas chicas que aunque se acabaran de levantar se veían muy hermosas. Sería alta de ojos azules. Sin darme cuenta me había puesto muy nerviosa.

—Hola —una señora me sonrió apuntando el asiento libre de mi lado—. ¿Está ocupado?

Miré a los lados y no había señal de Allen.

—No. Está libre —le aseguré.

Ella se sentó a mi lado y puso su bolso entre sus piernas, esperando pacientemente. Encendí mi teléfono esperando tener algún mensaje para distraerme, pero no tenía ninguno. Necesitaba distraerme con cualquier cosa.

—¿Estas bien, cariño? —me preguntó la señora al ver que no paraba de acomodarme.

Hablar con una extraña tal vez me ayudaría.

Solo esperaba que no fuera un fantasma.

—Eh..., si. Bueno solo un poco nerviosa, pero estoy bien.

—¿Esperas informes de algún paciente? —preguntó, parecía intrigada.

—Si..., mi hermano tuvo una pelea y ahora está en urgencias.

—Las peleas de los jóvenes nunca terminan bien —comentó, negando con la cabeza—. Si lo sabré yo. Mi hermano cuando era joven, se metía en muchísimas peleas y ahora su hijo va por el mismo camino. Ya son muchos años de cuidar a los hombres de mi familia.

—¿Su hermano también está en urgencias? —me atreví a preguntar.

—Oh, no. Es mi testarudo sobrino. Si yo no me preocupo por él, nadie más lo hará.

—Debe ser muy difícil.

—Si que lo es —me aseguró—. Pero son mi familia y los amo. Jamás los dejaría solos.

—Ya veo —comente, pensativa.

—Así como tú, por lo que veo —dijo mirando a los lados—. Eres la única persona aquí esperando a tu hermano. También debes amarlo mucho.

¿Amarlo? ¿Yo?

—También está mi amiga Gin, ella está adentro con mi hermano y... mi..., bueno... un amigo.

—¿Un amigo complicado? —preguntó, divertida.

—Es que a veces me dice cosas que...., y se acerca de una manera que... —mis mejillas se encendieron de inmediato al darme cuenta que había hablado sin pensarlo—. Usted entiende.

Ella me miró sorprendida.

Bravo, ya la había asustado.

—¿Y que es lo complicado? —preguntó, analizando la situación.

—Que...bueno él —la miré avergonzada—. Al parecer tiene novia.

—¿Al parecer? —repitió con el ceño fruncido— ¿Es que no estás segura de que la tenga?

—Bueno en realidad no..., pero se qué hay alguien. Lo llama constantemente, le manda mensajes diciendo que lo quiere y cuando se lo pregunté  directamente no lo negó.

Y ahí estaba, contándole mis asuntos amorosos a una extraña en un hospital a mitad de la noche.

—¿Y es guapo?

—¿Cómo?

—¿Es guapo o no?

—Es, es un gran chico... y muy... —tartamudeé, dudando.

Ella seguía mirándome esperado mi respuesta.

Ay, no tenía sentido negado. No la conocía y no podía juzgarme.

—Es demasiado guapo. Sus ojos me hipnotizan. ¡Dios! y su espalda y abdomen son tan... y ni hablar de sus manos...

Ella se rió abiertamente interrumpiéndome.

—Bueno, bueno. ¿Quieres tiempo a solas?

—Lo siento —me disculpé, avergonzada.

—No te disculpes, yo también tuve tu edad —me aseguró—, Pero oye, te diré una cosa. Si ese chico se acerca a ti y está aquí contigo esperando a tu hermano a mitad de la noche, mientras su novia está esperándolo, no creo que su novia le importe más que tú. Pero necesitas hablarlo con él. Tampoco está bien que juegue con dos chicas y menos si una de ellas es tan hermosa como tú. Si es así y no sabe lo que quiere, no vale la pena y es mejor alejarte. Eres joven y muy hermosa, ya encontrarás otros ojos que te hipnoticen.

Iba a agradecerle su consejo, pero en ese momento Allen apareció en nuestro campo de visión, se quedó mirándome.

Yo miré a los lados y no había ninguna chica a su lado.

¿Es que no quería presentarla?

—He dado dos vueltas al hospital buscándote —reprochó y supe que no se dirigía a mí.

—Hola, cariño —le dijo la señora a mi lado.

Me quedé helada, mirándolos.

Oh, no.

No, no, no.

Él era s-su sobrino.

Acababa de decirle todas esas cosas a la tía de Allen...

No. Puede. Ser.

Ella era Charlotte.

—¿Se puede saber cómo diablos te enteraste? —le volvió a reprochar molesto.

—Eso no importa. Estoy aquí asegurándome que mi único sobrino está sano y salvo —se puso de pie alisándose el saco—. Y mira, te presento a mi nueva amiguita.

Se giró mirándome con una sonrisa.

—Lo siento, nunca pregunté tu nombre.

Abrí la boca para decirle, pero para mi desgracia y bochorno en ese momento Allen se me adelantó.

—Ella es Alice, Charlotte. Alice, ella es mi tía —nos presentó.

¡Trágame tierra y escúpeme en un lugar bonito!

Charlotte se quedó sorprendida unos instantes morándonos a ambos. Después sonrió divertida.

—Olvida todo lo que te he dicho, Alice. Si que vale la pena esos hipnotizantes ojos —me aseguró guiñándome un ojo.

—¿Que? —Allen frunció el ceño.

—Cosas de chicas, cariño —le dijo tocándole el hombro—. Y bueno, mejor los dejo para que hablen. Yo ya me aseguré de que estás vivo y puedo irme a descansar.

—¿No quieres que te lleve? —le preguntó Allen.

—No te preocupes, mi cielo. Traje mi auto —puso su vista sobre mí—. Alice, fue un gusto conocerte.

—Igualmente —le sonreí avergonzada.

Charlotte caminó a la salida y desapareció de nuestra vista.

—Espero que no te haya desesperado demasiado —comentó Allen al final.

Me quedé un momento pensado y entonces le di un golpe en el brazo.

—¡Oye! —protestó— ¿Ahora que hice?

—¡¿Por qué no me dijiste que Charlotte era tu tía?!

—Nunca lo preguntaste.

No me lo podía creer.

—¡Te lo pregunté!... ¡bueno no, pero te insinué que tenías novia y no lo negaste! —estaba muy enfadada con él.

Él me miro confuso.

—Te dije que solo me importabas tú. ¿Es que eso no es claro?

¡TENÍA QUE SER HOMBRE!

—¡No! —volví a golpearlo en el brazo—. ¡Se dice "Alice yo NO TENGO NOVIA"!

Se quedó callado por un momento. Suspiró con el ceño fruncido y me sonrió tomándome las manos, haciéndome centrarme en él.

—Primero, deja de golpearme —sus ojos ya me habían hipnotizado, solo eso me calmaba—. Segundo, Alice yo NO tengo novia. No me interesa nadie más que tú.

Quería creerle, pero era incapaz de hacerlo.

—No es verdad.

—No te estoy mintiendo.

—Claro que lo haces.

—¿Por qué no me crees? No he hecho otra cosa que demostrar mi interés por ti.

Aparté la mirada y él giró mi cara en su dirección con una mano en mi barbilla.

—¿Que más tengo que hacer para que creas que me importas?

Me mordí el labio inferior, pensativa. No tenía porque demostrarme nada. Solo era mi amigo. Aunque no me gustaba lo que sentía por mi amigo.

—No me gusta importarte tanto —confesé—. Cuando dejes de hacerlo, me quedare con un hueco en mi corazón.

—No creó que dejes de importarme nunca.

—Eso dímelo cuando conozcas a alguien que te guste mucho.

Sonrió y negó con la cabeza.

—¿Que hay de ti? ¿También tengo que sentir miedo de que conozcas a alguien mejor que yo y que me ignores?

—¿Alguien mejor que tú? —repetí, incrédula—. ¿Crees qué hay alguien mejor que tú? Mírate.

—¿Insinúas que no hay mejor candidato que yo? —enarcó una ceja con diversión.

Me quedé callada un momento, mirándolo, volví a sentir aquel revoloteo en mi estomago. Tragué saliva pensado seriamente en esa pregunta, ¿Lo habría? ¿De verdad habría algún otro chico mejor que Allen? ¿Habrían otros ojos tan hermosos como esos?

Él sonrió de lado.

—Yo tampoco creo que haya alguien mejor que tú —murmuró.

—No he dicho nada.

–No hace falta —me aseguró—. Tu mirada me lo dice todo.

—¿Te está diciendo también que creo que eres un idiota? porque si es así, estás en lo correcto...

—Si también dice eso —sonrió, divertido—. ¿Quieres saber que dice mi mirada?

—Ilústrame —le dediqué una media sonrisa.

—Que a pesar de que seas una rebelde, que se pone en peligro solo para llevar la contraria y que a veces me saques de quicio... Me gusta que estés en mi vida.

Esas simples palabras me tocaron en lo profundo del corazón. Bajé la mirada a sus labios y noté que él miraba los míos. Cada parte de mi cuerpo se tensó al notar como su mano subía por mi brazo hasta mi cuello.

Y entonces, sin saberlo me moví primero. No supe lo que pasaba hasta que mi cuerpo se tensó aún más al notar sus labios sobre los míos. Al fin lo besaba. Sus labios eran cálidos, mejor de lo que alguna vez imaginé. Pude notar que su piel ardía a través de su ropa al igual que la mía.

Entonces, me separé para mirarlo —entre asustada y emocionada— sentía que había cometido error. Era mi amigo.

—Allen —empecé, avergonzada—. No...

Me interrumpió poniendo una de sus manos en mi nuca y volviéndome a besar con suavidad.

En ese instante, ambos perdimos el autocontrol. Nuestros pechos se apretaban mutuamente. Abrió la boca sobre la mía y yo me olvidé de todos y de donde estábamos. No me importaba nada. Solo que al fin sus labios besaban los míos.

Nos besábamos como si fuera indispensable para vivir. Mi corazón no paraba de latir cada vez más fuerte y mis piernas temblaban cada vez que se inclinaba hacia adelante mientras yo tiraba de él hacia mí, instándolo.

No sabia cuanto había deseado sentir sus labios hasta que los sentí.

Y entonces, un carraspeó provocó que me separara de él asustada, respirando con dificultad.

No puede ser.

Lo había besado.

Y que beso.

Era Gin. Nos miraba atónita.

—Solo... q-quería decirles que... ya le hicieron las curaciones a Alex —se aclaró la garganta sonrojada —. Y que... Emm... lo darán de alta.

Dicho eso salió volviendo a dejarnos solos.

Me arreglé un poco el pelo en silencio, esquivando la mirada de Allen clavada en mi perfil.

—Por favor dime que no te arrepientes —murmuró tras un momento.

Tragué duro y me obligué a mirarlo de nuevo.

—Allen... yo...

—¡Alice!

Ambos nos giramos para encontrarnos con Julie y Henry con expresión de preocupación parados detrás de nosotros.

—¿Estás bien? —Julie me tomó de los hombros mirando que estuviera completa —Nos hemos enterado que estaban aquí y hemos venido en seguida.

Parecía verdaderamente preocupada.

—Eh, si estoy bien —le aseguré—. Y a Alex ya le darán el alta. No se preocupen.

—¡¿El que?! —repitió horroriza con una mano en el corazón—. ¡¿Que le ha pasado a mi hijo?!

No entendía nada.

La miré extrañada.

—La pelea. Golpearon a Alex, pero ya está bien... lo darán de alta —dije confundida— ¿Que pensaban?

Julie, me soltó, miró a Henry y él tensó su mandíbula y me miró tristemente antes de empezar hablar.

—Hemos venido por qué Alex le escribió a Julie diciendo que tardarían en llegar, por que estaban en el hospital y que no nos preocupáramos, que estaban bien —se aclaró la garganta y esquivó mi mirada—. Pensamos que... que te había pasado algo por lo de... por la recaída de tu madre.

Y ahí, mi mundo se detuvo...

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