Capítulo Veintisiete



Capítulo Veintisiete

21 de diciembre, 2012.

Termino de delinear mis parpados con creyón negro para luego aplicar sombra color gris alrededor de este. Unto mis labios de pintura labial roja y cuando termino me veo totalmente sorprendida y a gusto con los resultados.

Siendo alguien que se maquilla solo en ciertas ocasiones y de una manera sencilla, estoy impresionada del aspecto de mi rostro. El maquillaje oscuro y elegante hace que las facciones de mi rostro se vean más finas y sensuales. Mis labios lucen incluso más llenos estando de color rojo mientras que mis ojos lucen impresionante, se ven grandes y realmente no se define sin son verdes o azules.

Doy un paso a otras, llevo un vestido negro que se ajusta hasta mis caderas, luego cae suelto hasta un poco más debajo de mis muslos, en donde se ajusta el vestido, es decir la cintura, lleva una cinta gruesa color roja y sus mangas largas son de encaje. No tiene escote, de hecho el cuello es en forma de U clásico, pero es lo ajustado en el pecho y la poca longitud lo que hace que me sienta increíblemente sexy, además el hecho de usar zapatos de tacón rojo hace que mis piernas luzcan muy largas.

Termino de ubicar las orquídeas plateadas que sostienen mi cabello en alto con algunos mechones cayendo libremente, eso da la oportunidad de que mi cuello se observe. Doy una vuelta sonriendo muy complacida.

Ni siquiera quiero dejar de verme del espejo porque estoy demasiado enganchada con la manera en la que me veo.

—Oye, Ashton y yo vamos de salida quizás...¡Vaya! —dice Katherine deteniendo en la puerta de la habitación—. Qué hermosa.

—¿Te parece? —pregunto con una sonrisa.

—Estás impresionante, solo... vaya, te ves increíblemente bella y despampanante.

No puedo evitar reír mientras voy por mis aretes y un poco de perfume, todo bajo la atenta mirada de Katherine.

Hoy es el evento en la galería, el que patrocinan los alemanes. Es elegante y estoy muy feliz de que Doug aceptara ser mi acompañante, excepto que esta mañana escribió para decirme que tardaría un poco en llegar.

—Lo que iba a decirte es que Ashton y yo vamos a ir a comer y que si querías podríamos dejarte en la galería, así puedes regresar luego en el auto de Doug.

—Oh, eso sería fantástico —Tomo mi pequeño bolso rojo.

—¿No tienes que llevar algo para tomar nota?

—No, solo tengo que observar y luego dar un informe a Claudia —digo tomando mi celular y guardándolo en el bolso.

—De acuerdo —dice extendiéndome el abrigo rojo, lo tomo con una sonrisa—. De verdad luces impresionante.

—Gracias, cielo —digo de manera dulzona haciéndola rodar los ojos.

Cuando salimos hasta la sala, Asthon abre sus ojos con sorpresa y luego sonríe, toma la mano de Katherine y no me pierdo que entrelazan sus dedos.

—Vaya, Hilary, creo que hoy tendrás una larga fila de admiradores —dice sin perder la sonrisa—; pobre Doug, sé lo molesto que es que otros estén alrededor de tu chica.

Katherine chasquea la lengua y él me guiña un ojo mientras salimos del apartamento. Luce como que esta puede ser una gran noche.

***

Niego con mi cabeza cuando un camarero me ofrece una copa de vino, no necesito que Claudia luego me llame alcohólica, además ella dejó en claro que no debía ingerir licor. Suficiente tuve con la mirada de querer acabar con mi vida que me dio en el momento en el que me vio, por un momento temí que fuera a destruir mi vestido o quemarme viva.

Los alemanes junto a todas las personas que asisten al evento están por toda la galería conversando y apreciando el arte que se está exhibiendo. Tuve la oportunidad de conversar con alguno de los artistas y alemanes, por lo que mi mente está reteniendo tanto como pueda para el momento en el que redacte el informe, no es difícil, es como asistir a un simposio o ponencia, donde tras escuchar debes redactar todo el conocimiento y aquello que hayas podido retener.

—Te ves increíble, pareces como la dueña de este lugar —dice la voz de Naomi detrás de mí, me giro con una sonrisa—, solo mírate, eres preciosa.

Rio mientras nos saludamos a la vez que señalo también cuán increíble luce ella en un vestido ajustado color azul claro con escote en V.

—Me encanta como te ves —Le digo con sinceridad.

—Gracias, ha valido la pena que Claudia negara con su cabeza en cuanto me vio, creo que ella esperaba que todas las mujeres vistiéramos un costal de papas.

No puedo evitar reír mientras le comento que de hecho ella parecía molesta por la manera en la que luzco.

—Solo déjala que se retuerza en envidia, hoy ella no será el centro de atención, debe acostumbrarse a que las mujeres bellas como nosotras y jóvenes resultemos más interesantes.

—Vaya, sonaste justo como lo haría mi cuñada —señalo.

—Es algo en lo que estoy trabajando, en decirme todos los días cuán fabulosa, hermosa y gran mujer soy, es lo que merezco tras haber estado escuchando lo contrario por tanto tiempo.

Le sonrío con simpatía negando una vez más con mi cabeza cuando otro camarero me ofrece una copa, Naomi sí la acepta y da un pequeño sorbo, justo entonces un compañero de restauración se acerca un momento.

—Ve un momento, Naomi, quiero mostrarte algo.

—Nos vemos luego, Hilary —Aprieta mi hombro y se va.

Miro con impaciencia la hora en uno de los grandes relojes, ya han pasado tres horas desde que comenzó el evento y Doug aun no llega. Saco mi celular y le escribo rápidamente, pero no recibo respuesta.

Camino hacia una de las exhibiciones, deteniéndome en la escultura en arcilla de una mujer desnuda, pero desproporcionada, con un pecho más grande que el otro y unas caderas estrechas, pero muslos gruesos. Desde mi punto de vista me parece increíble, demuestra como aun con imperfecciones físicas alguien puede resultar hermoso.

Siento que deja un buen mensaje.

—Todo lo que he podido ver esta noche has sido tu —escucho una voz que me sobresalta, me giro observando a Robert, no digo nada, vuelvo mi atención a la escultura—. Eres toda una diosa, creo que sabes que ibas a causar esta reacción en mí.

—No me vestí para ti, de hecho ni recordaba tu existencia —murmuro, él extiende una copa hacia mí, claro, porque yo sería lo suficiente estúpida para tomar algo que viene de él, no puede creer que yo sea tan ingenua—. Puedes tomarte tu copa.

—¿No puedes aceptar tan siquiera una copa?

—No quiero ni deseo aceptar nada que venga de ti.

—Eres pretenciosa y por alguna razón eso me excita —dice con voz ronca, hago realmente una mueca.

—Eres un enfermo.

No puedo evitar que agarre mi brazo, y aun cuando está sobre la tela de mi vestido, siento desagrado hacia su tacto. Intento zafarme pero su agarre solo se hace más firme mientras acerca su rostro.

—Ya te dije que no me gusta cuando eres hosca conmigo, puedo aceptar que seas luchadora, pero no grosera mira que conozco algo que dentro de tu boca podría callarte y darme placer.

—Ya basta —murmuro por lo bajo sin querer armar un escándalo, en cierta manera aunque nadie lo esté escuchando siento que sus palabras son una humillación, una hacia mi persona, hacia mí como mujer—; eres un cerdo.

—Mira, chiquita...

—Bueno, espero y en tres segundos tú liberes tus manos de mi novia —escucho la voz de Doug y respiro hondo.

Doug quien al parecer está detrás de mí, enreda un brazo en mi cintura y tira de mi cuerpo hacia el suyo, haciendo que el agarre de Robert se libere. No puedo evitar sonreír.

—No sé quién eres, no sé tu nombre, pero definitivamente esa no es la forma correcta para tocar a mi novia, digo ¿No te gustaría que agarrara de esa forma a tu novia, verdad? —indica Doug, con voz seria—. Así que agradecería que mantengas tus manos para ti.

—¿Quién eres?

—Ya he dicho que soy su novio —Deja un beso detrás de mí oreja—, pero si lo que quieres es saber mi nombre, soy Nicholas.

Sonrío ante el hecho de que está dando su segundo nombre, Robert estrecha su mano y se presenta, me ve con fijeza y yo hago una mueca de molestia.

—Si eres tan amable de irte y dejarme con mi novio.

—Que no se te olvide que estás en horario de trabajo, Hilary —indica entre dientes.

—Que no se te olvide que Claudia me dejó invitar a alguien, puedo hacer muy bien mi trabajo en compañía de mi novio.

Puesto que Robert no hace ningún movimiento para marcharse, tomo la mano de Doug y nos guío hacia uno de los pasillos, dejando a Robert plantado y solo. Que hombre más desagradable.

Nos detenemos frente a uno de los cuadros, libero su mano y me giro hacia él. Doug está viendo el pasillo por donde vinimos con el ceño fruncido, como si él aun pudiera observar a Robert. Aclaro mi garganta para llamar su atención y cuando él me observa jadea claramente sorprendido.

—Mierda, simplemente... vaya... te ves como el cielo, como creo que luce el paraíso —murmura admirándome con sus ojos, repasándome.

—Tú luces increíble —digo cautivada por la manera en la que está vistiendo un pantalón negro liso y ajustado, una camisa negra de botones y mangas largas formal cubierta por un chaleco de vestir negro. Va de negro y se ve increíble, además de que por primera vez en mi vida estoy viendo el cabello de Doug peinado, lleva hacia atrás y debido a que usa gel éste luce más oscuro.

Ya veo porque no lo asocian inmediatamente con Doug McQueen, ahora entiendo por qué se ha presentado con su segundo nombre.

—Nunca había visto a una mujer más hermosa que tú —murmura con admiración—, incluso tengo miedo de tocarte y joder todo, pareces como un sueño.

—Eres dulce —digo dando pasos hacia él.

Es cierto que tengo zapatos de tacón pero aún me alzo un poco para poder presionar mis labios sobre los suyos, solo una presión porque no quiero dejarlo hecho un desastre con mi pintura labial roja.

Me alejo y él me da una sonrisa, con sus dedos acaricia mi rostro, sin dejar de verme fijamente a los ojos.

—Lamento haber tardado en llegar, princesa, pero el ensayo termino algo tarde, luego fuimos a una entrevista —presiona brevemente sus labios sobre los míos, luego frunce el ceño—. Ahora dime quién era ese maldito bastardo que te tocaba de esa manera.

—Es el jefe de recursos humanos.

—Será mejor que se guarde sus manos para sí, si no quiere que estas terminen dentro de su culo junto a la cara hecha mierda donde intente pasarse de listillo o ser brusco contigo —Bajo la mirada—. ¿Te ha hecho algo ese bastardo, princesa? Se sincera.

—Él ha estado haciendo comentarios...

—¿Qué tipo de comentarios?

—Acerca de mi cuerpo y que... uhm... ya sabes, despierto cosas sexuales en él.

—Hijo de perra, ya voy a tener unas palabras con él.

—No, espera, espera. Lo he puesto en su sitio, y ahora él te ha visto.

Él aprieta sus manos en puños, mira detrás de mi evaluando cuánto le tomaría llegar hasta Robert y golpearlo. Tomo su rostro en mis manos para que me observe.

—Si él hace algún movimiento que vaya más allá de las palabras prometo decírtelo, pero por ahora, por favor, no hagamos un escándalo, es mi primer evento en la galería, por favor.

Él respira hondo y yo presiono mis labios sobre los suyos, cierra los ojos y los abre de nuevo mientras asiente.

—De acuerdo, pero un solo paso en falso y me dices, no voy a dejar que nadie te lastime, ¿De acuerdo?

—Te quiero —digo enredando mis manos alrededor de su cuello.

—Es bueno saberlo, princesa, porque yo también te quiero.

—Ven, déjame y te muestro la exposición.

Él sonríe ante mi entusiasmo y me deja guiarlo por toda la sección de cuadros, escuchando mis explicaciones y cuanto me gustan algunos, todo de manera paciente y él de verdad presta atención a lo que digo, incluso hace uno que otro comentario, claro que alguno de los comentarios son al estilo Doug que consigue que me sonroje un poco.

Más de una vez me dice que me veo como su sueño lo cual logra dibujar en mi rostro una tonta sonrisa acompañada de lo que seguro luce como una mirada soñadora.

Nos detenemos frente a un cuadro que consiste únicamente en franjas muy finas de colores así como puntos, de cierta forma transmite alegría y energía. Él se ubica detrás de mí con sus brazos enredados en mi cintura, cubro con mis manos la suya mientras observamos el cuadro.

—Te apasiona el arte —murmura en mi oído—, es increíble la manera en la que describe todo.

—Realmente me gusta esto, es mi elemento —musito viendo el cuadro—; supongo que es como tu pasión por la música.

—También me apasionas tú —murmura de nuevo en mi oído, sonrío.

—Tú también me apasionas.

Él ríe y deja un beso en el lóbulo de mi oreja que me hace suspirar y sentir ese cosquilleo en mi piel junto al repentino calor que me invade ante las ganas de querer ir por más.

—Hilary, espero y estés tomando notas de... —volteo para ver cómo Claudia se calla de manera abrupta viendo a Doug.

Veo el cambio de Claudia pasar de manera lenta. La manera en la que endereza sus hombros, saca su pecho y su mueca de desagrado hacia mi pasa a una sonrisa coqueta dirigida a él, me tenso.

Doug deja de abrazarme para tomar mi mano mientras espera a que mi jefa continúe lo que sea que iba a decirme.

—Hola, no te había visto en lo que va de la noche —murmura con voz seductora—, soy Claudia Renette.

—Nicholas —se presenta estrechando su mano—, novio de Hilary.

—Oh —dice con sorpresa viendo nuestras manos entrelazadas—, ella nunca mencionó que tuviera novio.

—Es porque mi vida personal es eso, personal —digo—. ¿Qué se te ofrecía?

—Solo quería cerciorarme de que estabas al pendiente de tomar nota de todo para el informe.

—Lo estoy haciendo.

—¿No está resultando tu novio una distracción? Porque si quieres yo podría entretenerlo mientras te enfocas en tu trabajo.

Quiero decirle que de ninguna manera dejaré a Doug cerca de una puma tan necesitada, pero entonces él habla primero.

—De hecho yo estoy ayudándola —dice—, mientras más rápido termine, más rápido podremos irnos a seguir con nuestros planes. ¿Cierto princesa?

—Cierto —sonrío viendo cómo besa nuestros dedos entrelazados.

—Dijiste que ibas a llevarme al área de esculturas en barro, ¿Vamos?

—Claro —digo con entusiasmo, comenzando a caminar con su mano en la mía.

—Hasta luego, señorita Renette.

—Puedes llamarme Claudia, Nicholas.

—En ese caso, hasta luego Claudia, que pases una excelente noche.

—Gracias —le da una sonrisa aún más coqueta—, espero y tú también.

—Créeme, con Hilary a mi lado ya tengo la noche más que perfecta.

Caminamos lejos de ella y respiro con alivio, lo escucho reír, me giro a observarlo.

—Ella es la imagen de una mujer necesitada, ya veo por qué la cabreas tanto —me informa—. Tú eres más bella que ella, además de que eres un encanto.

—Ven, quiero presentarte a Naomi.

—Lo que usted desee princesa—murmura en respuesta.

***

—¿Cuándo viajó Ethan a Bolton? —cuestiono cuando él cierra la puerta de su apartamento detrás nosotros, me quito mi abrigo rojo dejándolo sobre el sofá.

—Ayer, fue a visitar a su abuela Victoria que parece que está un poco enferma, creo que él está evitando visitar a April.

—¡Pero es su amiga! Su amiga embarazada.

—Sí, pero todo eso del vientre de ella creciendo, ella estando embarazada y demás, lo pone neurótico —se encoje de hombros—, no se siente cómodo y creo que cuando la ve, solo logra deprimirse.

—Creo que él está muy sometido a estrés —señalo aceptando el vaso de limonada que me tiende—, gracias.

—Todos creemos que a Ethan solo se le están sumando los problemas, él va explotar y como siempre nosotros estaremos para él en el momento en el que nos necesite.

Asiento bebiendo mi limonada mientras lo veo pasar las manos por su cabello, en una costumbre que acaba por desordenar su cabellera rubia. No puedo evitar sonreír.

—¿Qué? —cuestiona curioso de mi pregunta.

—Nada, sólo que con ese cabello ya vuelves a ser mi Doug.

Él ríe suavemente acercándose a mí, bajo mi mirada mientras bebo el resto de mi limonada, quita las orquídeas de mi cabello, haciendo que éste caiga libre y a su antojo. Desliza los dedos por las hebras oscuras.

—Y ahora tu vuelves a ser mi princesa.

—Cursi —lo acuso riendo dejando el vaso en la pequeña mesa frente al sofá.

—Tu empezaste diciendo que yo era tu Doug, lo cual no me molesta déjame decirte.

Ubico mis manos en mis caderas, luego grito cuando me toma por sorpresa, cargándome sobre su hombro. Estoy muy sorprendida y debido a la corta longitud de mi vestido, puedo sentir aire en mi trasero.

—¡Joder! Una jodida ropa interior diminuta, encaje y roja —sisea acariciando con una mano mi trasero desnudo, comenzando a caminar—. Vas a acabar conmigo, princesa.

—No seas tonto y bájame.

Para el momento en el que me baja, estamos en su habitación, me da una sonrisa pícara antes de sacar su chaleco y proceder a desabotonar su camisa, sacándosela y quedando con un torso desnudo que me distrae.

—¿Para qué te desviste? —cuestiono enarcando mi cejas viendo como baja la cremallera de su pantalón. Bueno, lleva un bóxer ajustado negro que no hace nada para ocultar su erección realmente.

—Creo que sabes para que me desvisto.

Cuando queda en tan solo su bóxer, me rodea y va hacia mi espalda, no lo detengo, de hecho estoy en expectativa. Siento sus dedos bajar la cremallera del vestido y luego lo escucho reír.

—Así que hoy estás en eso del negro y rojo. Rojo para las bragas y negro para el sujetador. Me gusta —deja un beso en mi hombro ahora desnudo.

Poco a poco y dejando un rastro de besos por mi columna vertebral, va deshaciéndose del vestido, que luego cae a mis pies. Me hace salir de él. Me gira y me observa de manera pensativa, con sus ojos comenzando a dilatarse.

—Estoy pensándome si realmente quiero que quitarte los zapatos de tacón, digo, te ves jodidamente sexy, pero tú dijiste que quieres que yo te enseñe y hoy quiero enseñarte algo —Sacude su cabeza—. Zapatos fuera.

Se agacha para sacarlos, me sostengo de sus hombros, respiro de alivio cuando vuelvo a mi altura, no es que haya sido malo pasar la noche en zapatos de tacón, pero me siento más cómoda sin ellos.

Sube besando todo a su paso hasta llegar a mi boca y besarme con lentitud y de manera exploratoria, dando comienzo a todo.

Cuando unos minutos más tardes estamos desnudos, él se arrodilla frente a la cama, me da una sonrisa mientras me pide que me dé la vuelta, me gusta que tenga la amabilidad de pedirlo y no solo ordenarlo.

Aprieto mis labios en expectación mientras siento sus manos deslizarse por mis muslo, tiene su pecho pegado a mi espalda.

—Sepáralos un poco por favor —murmura, lo hago—. ¿Estás nerviosa?

—Algo —digo riendo—, pero confío en ti.

Hace mi cabello a un lado dejando un beso en mi cuello que me hace estremecer, siento sus manos subir hasta acunar mis senos desnudos y dejar caricias en ellos, entreteniéndose un poco más con sus cimas fruncidas.

Gimo y estoy segura de que él sonríe, se entretiene un poco más hasta dejar ir una de sus manos hacia abajo, yendo mucho más allá de mi vientre, haciéndome dar un respingo cuando lo siento en un lugar tan íntimo, pero inmediatamente me relajo.

Cuando me tiene lo suficiente alto, sus manos dejan de tocarme y hago un quejido en protesta. Lo escucho reír y se escucha algo rasguear, me doy cuenta que se trata del preservativo.

—¿Preparada para la carrera? —pregunta haciéndome reír muy fuerte.

—No puedo creer que justo ahora digas algo como eso, eres muy peculiar.

Él ríe, me hace hacia atrás, de manera que da la impresión de que estoy sobre sus rodillas, pega mucho más su espalda a la mía y de esa manera siento cómo se introduce a mi cuerpo, doy un suspiro.

—Bueno, es lindo hacerte suspirar, princesa.




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