23

Quédate quieta mocosa! -Sean grita por sobre los llantos de Alison, a quien hago mi mejor intento por sujetar mientras él trata de obtener la muestra de sangre que necesitamos para analizar que todo esté en perfecto orden para cuando Wen vuelva.

-No quiero -ella chilla, cuando antes de todo esto se mantenía tan inmóvil como una estatua ante la presencia de una aguja.

-Cálmate, respira conmigo -le digo tratando de tranquilizarla y limpio su cara que está roja de tanto que intenta jalonearse y llorar.

-No... -chilla-, ¡papi! ¡Quiero a papi!

La nueva actitud de la niña me crea un nudo en la garganta y me recuerda a como era Madison en mitad de las pruebas, siempre gritando y suplicando por mi ayuda cuando ellos intentaban tocarla y yo debía hacerme a un lado. Fueron diferentes circunstancias, pues cada que podía yo siempre me escabullía aquí dentro y le daba todo el amor que podía a esa pequeña de ojos verdes cuando nadie me veía, en cambio, Alison jamás tuvo nada de eso en todos sus seis años de vida; no hasta hace poco, cuando conoció a mi hija. Antes solo tenía a Wen que jamás le hizo caso fuera del tiempo de las pruebas, y Sean, que siempre ha mantenido el contacto con ella extremadamente limitado a proporcionarle sus nutrientes, tomarle el peso y la talla cada mañana y nada más.

Una descarga que mi esposo le proporciona en el vientre a la niña y me hace entrecerrar los ojos de solo imaginar el dolor, es lo que finalmente logra detener su rebeldía y ante ello estira su cuerpo como una tabla.

-Fue suficiente -la reprime Sean mientras yo solo observo la indiferencia en sus ojos ante la reacción de la pequeña.

Extraemos la muestra que necesitamos, y luego las siguientes cuatro hasta que la niña termina completamente descompensada.

-Estoy cansada -balbucea y yo le acaricio su inflada mejilla en un intento por tranquilizarla

-Ya vamos a terminar -le digo viendo como sus ojos luchan por cerrarse.

Sean etiqueta los pequeños tubos de las muestras, y mientras uno de nuestros internos comienza a tomar las medidas de la niña como lo hemos hecho siempre, otro médico abre la puerta y entra corriendo en la habitación.

-¡El doctor Hoffman ha llegado! -anuncia.

Sean deja las muestras sobre la mesa.

-Hagan un análisis exhaustivo de la sangre, quiero que busquen cualquier rastro de patógenos y realicen un listado de los anticuerpos nuevos que haya generado -le ordena al joven interno que de inmediato toma nota de sus instrucciones-. Cuando terminen lleven a cabo una prueba de alergias y repórtenme resultados a las cuatro, dieciséis y veinte horas de transcurrida.

Se quita los guantes mirando a la niña ahora completamente inmóvil y pálida en la camilla.

-Está debilitada -señalo cuando ni siquiera me pregunta y asiente.

-Adminístrenle electrólitos intravenosos y déjenla reposar cuando terminen -concluye-. La quiero en vigilancia continúa por cuarenta y ocho horas. Cualquier eventualidad la reportan de inmediato. ¿Algo que agregar doctora Wrestler? -me cede la palabra.

-Creo que ya lo dijiste todo -contesto forzándole una ultima sonrisa a la pequeña, quien de inmediato es rodeada por el resto del equipo para su valoración luego de que salimos de la sala.

-¿Realmente crees que pueda haber contraído algo? -inquiero mientras mi esposo se lava las manos con detenimiento.

-Su inmunidad debe de haber sido suficiente para resistir a cualquier cosa, pero Vanderbilt quiere analizar los resultados -contesta.

-¿Para qué? -pregunto y esta vez se encoge de hombros guiándome a la salida.

-Puede que le interese su inmunidad para alguna otra investigación, no lo sé -se encoge de hombros-. Ya lo sabremos después...

Al bajar las escaleras, la horda de personal del C.G.I ingresa a la casa. Dos de ellos escoltando como si fueran un par de prisioneros a Levy y otro chico que jamás había visto en la vida, con los rostros al borde de ser destrozados.

-¿Qué te sucedió? -me llevo la mano a la boca a ver al chico que prometía iba a salir bien librado de todo esto, completamente lastimado.

-Supongo que ellos pueden explicarte -señala Levy.

-¡Llévenlos al sótano! No pienso quitarle la vista de encima a ninguno de estos tres hasta que todo esto se resuelva -tan pronto escuchó la voz de Wen mi corazón se acelera. Al asomarme entre la multitud lo veo entrar acompañado de un fornido hombre que sostiene a mi hija inconsciente en sus brazos.

-¡¿Qué le has hecho a mi hija?! -gritó intentando acercarme a él, pero de inmediato otros dos hombres me detienen como si fueran su propio personal de seguridad.

-Cálmate Georgina, le dimos un tranquilizante porque estaba bastante alterada. Despertará en un par de horas -me contesta Wen mientras el sujeto que sostiene a mi hija se dispone a bajar las escaleras al sótano junto con los otros dos.

-¡Déjalos ir! ¡No puedes retenerlos en ese lugar! -demando.

-Claro que puedo, son delincuentes que se metieron con mi propiedad y hasta que no encontremos una solución a este problema, van a quedarse ahí -contesta.

-Te metiste con el hijo de Clarisse Blanchard. ¿Cómo es que vas a beneficiarte con eso?

El se ríe.

-Debería de preocuparte más tú futuro que el de ese par Georgina. Sabemos lo que hiciste y te convendría ponerte en contacto con un abogado, porque si bien ya hemos dejado pasar por alto muchas cosas de ti, esto es algo que no podremos dejar ir tan fácil -advierte.

-¿De que estás hablando?

-Tuvimos una corta charla con Madison en Los Ángeles -contesta una muy bien conservada Olivia Belhier. Hace años, la clase de mujer en la que yo esperaba convertirme y que ahora agradezco tanto no ser: Fría, despiadada y manipuladora, no por nada una de las más reconocidas científicas en la actualidad y principal miembro de la junta directiva del C.G.I, luego de su esposo-. Ella admitió que usted estaba involucrada doctora, y que al parecer, fue también quien orquestó toda esta desafortunada situación.

-No tengo idea de que habla -contesto y la mujer me regala una sombría y seria sonrisa.

-Llame a su mejor abogado, doctora Wrestler. Tenemos muchas cosas que discutir.






Debo admitir que el sótano de la enorme casa en donde me obligan a entrar resulta todo lo contrario a lo que esperaba. Puedo ver el material del que están hechas las paredes aquí, en algunas partes el piso está recubierto de un plástico lleno de polvo. No hay nada salvo unos infantiles juegos de plástico en la esquina del lugar, unas maquinas gigantescas envueltas en plástico de burbuja y un viejo y casi desintegrado sofá en el centro del cuarto sobre el que recuestan a Madison.

Un solo foco es lo que ilumina el lugar y resulta más que suficiente para saber que Levy me fulmina con la mirada cuando al fin nos dejan solos.

-Vamos amigo, ¿por qué no solo sueltas lo que sea que me quieras decir y acabamos con esto de una vez por todas? -sugiero dejándome caer contra una pared hasta sentarme en el mugriento suelo.

-¡Agradece que me hayan golpeado porque te juro que quiero hacerte mierda ahora mismo! -ruge-. ¿Cómo diablos...? ¿Qué fue lo que...? ¡¿Qué demonios hacías con ella?!

Jugando. Conquistándola. Arruinándole la vida... Tú elige.

- De todas las chicas que abundan en Los Ángeles... ¿por qué demonios tuviste que ir por ella? -me cuestiona utilizando exactamente la misma pregunta que me he hecho desde que estos psicópatas me encontraron y cuando me atrevo a hacer contacto visual con él, la puerta de las escaleras se abre y alguien baja tan rápido que por un momento pienso que quienquiera que se aproxima tropezará ahorrándose un par de escalones.

-¡¿Dónde está?!

Una mujer de cabello completamente oscuro y rizado con la apariencia de un estropajo bastante usado es quien entra gritando en la habitación. Deja caer al suelo las bolsas para dormir y un montón de otras cosas que traía con ella antes de acercarse a la persona que vino a buscar.

-Ay mi niña -llora acariciando la mejilla de Madison que ni siquiera se mueve un centímetro ante las caricias de quien pareciera ser su madre-. Lo siento, estaba muy preocupada por ella -se disculpa la mujer recuperando la compostura al cacharnos mirándola. Nos fuerza una sonrisa-. Georgina me pidió que viniera a echarle un vistazo a esas heridas...

-¿Están...? -inquiere Levy.

-De vuelta en el laboratorio -responde la morena tomando un botiquín de entre sus cosas para después acercarse a Levy, quien se quita la playera atendiendo a las instrucciones de la mujer.

Su torso entero está cubierto de moretones sobre los que la amable mujer aplica un ungüento que huele a mierda pero que de inmediato llena de alivio el rostro de mi amigo. Mi cuerpo también termina embadurnado de esa pomada rara y luego de indicarme que es probable que tenga una costilla rota, me regala dos píldoras analgésicas que por suerte comienzan a tener efecto de inmediato.

-Eso debe de ser suficiente para ayudarlos a pasar la noche -dice entregándonos un sándwich y una botella de agua a cada uno junto con un cobertor-. Desearía poder hacer más por ambos.

-Gra...

-¿Sabes qué pasará ahora? -Levy me interrumpe cuando intento agradecer y ella sacude la cabeza.

-Sólo espero que pase lo que pase, termine rápido -responde-, no pueden mantenerlos aquí por mucho tiempo antes de que comiencen a levantar sospechas...

-O los acusen de secuestro -bromeo y ambos me miran como a un bicho raro.

Supongo que no es el momento...

-Gracias Sarah -Levy dice ignorando mis palabras y la mujer le sonríe.

-Traten de descansar un poco -sugiere echando un último vistazo a su hija y luego se retira.

Levy se recarga contra la espalda del sofá y cierra los ojos antes de darle un primer mordisco al sándwich, que luego de no haber comido nada en un día entero sabe delicioso; y no es hasta que casi termino el mío, que me decido por hablar.

-La vi por primera vez un día cuando regresaba al edificio -anuncio-, ella iba saliendo...

-No quiero escucharlo -interrumpe.

-Entonces cúbrete los malditos oídos porque hablaré de todos modos -replico-. Empujé la puerta y la encontré detrás. Ella se disculpó por haber estado ahí y después solo siguió su camino como si jamás me hubiera visto...

-Volviéndose parte de tu juego -completa con la boca llena de comida-. No es la primera vez que escucho esto.

-No sabía que era tu amiga.

-¡¿No notaste que vivía en mi maldito apartamento?!

-¡¿Cómo se supone que sabría eso luego de verla una vez?! -alego-. La conocí en el maldito parque, Levy, no en tu apartamento.

-¿Y qué demonios estaba haciendo ella en el parque? -replica antes de sacudir la cabeza-. ¿Y qué hizo entonces? ¿Darte toda su información para que la acosaras y jugaras con ella?

-Mira, yo sé que estoy enfermo por tratar de probarme a mí mismo que podría conquistarla, pero te juro que después de que la vi aquel día, no podía sacarla de mi mente; y lo admito al principio todo era solo un juego que yo intentaba ganar, pero... mierda -exhalo-. Ella es tan hermosa y diferente a todas las demás que no podía dejar que se fuera de mis manos. Si tan sólo pudieras verla de la forma en que yo la veo, podrías...

-Soy su amigo, no estoy ciego -replica.

-No es lo que...

-Conozco a Madison, sé que es hermosa y estoy jodidamente consciente de eso. Se ganó la lotería genética y ella lo sabe a pesar de que le cueste admitirlo. Créeme que no eres el único con un par de ojos que lo ha notado -señala-, y mucho menos eres el único que ha intentado ganársela ni serás el último tampoco. Hay toda una fila de chicos ahí afuera que están perdidamente enamorados de su belleza... y olvida eso, están enamorados de la increíble persona que es. Tu ventaja estuvo en que la encontraste en el peor momento de su vida.

-Lo sé -suspiro.

-No, no sabes ni una mierda -replica-. Ha tenido un infierno de vida desde el momento en el que llegó al mundo y quién sabe lo que le espera ahora. ¡Fue un maldito experimento!

La culpa me carcome nuevamente por dentro al recordar la forma en que lucía su rostro tras descubrir lo que intentaba hacer en la playa. La decepción en su mirada.

Si tan sólo hubiera sabido lo que ahora sé...

Lo más probable es que jamás me hubiera acercado. Hubiera solo sido ese gran cobarde que soy y jamás le hubiera dirigido la palabra...

-Ella aparenta ser alguien mucho más fuerte de lo que en realidad es, Dylan. No conoces ni siquiera una pequeña parte de ella. Así que no vengas aquí fingiendo que lo sabes todo porque solo la has conocido por una semana, y créeme cuando te digo que no conociste a Madison, porque ella jamás se hubiera planteado el aceptar salir con alguien como tú de haber estado consciente de ello.

«Con alguien como tú», la despreciable frase se repite dentro de mi cabeza mientras lo único que logro sentir es lástima por mí mismo.

Alguien como yo.

Alguien que no vale la pena.

Alguien sumamente reemplazable y que sólo piensa en sí mismo.

Alguien a quien ni siquiera su madre pudo tolerar tener cerca...

-¿Qué hago ahora entonces? -pregunto.

-No podría importarme menos -suspira-, si fuera por mí te diría que te quiero lo más alejado de Madison como sea posible, pero no es mi decisión... es de ella.

Cuando la miro, ella ésta completamente dormida sobre su costado y sus labios parecen formar un pequeño puchero mientras el resto de su rostro luce completamente relajado. Me gustaría que, al despertar, una sonrisa enorme se apoderara de su boca al verme a su lado como cientos de otras chicas lo han hecho, que se arroje a mis brazos y me regale un beso tan cálido como el de aquél a la orilla del mar... pero, seamos realistas, eso jamás va a pasar.

-Debí de haberle dicho -digo-. Debí de haberle advertido que me habían encontrado y que sabía que alguien la perseguía. Créeme que de haber sabido lo que pasaba, de estar al tanto que ella era un experimento...

Decirlo en voz alta es aún más difícil que intentar encontrarle sentido en mi cabeza.

-No sabes como desearía haber estado enterado.

Levy me mira con una mueca en el rostro como si sintiera una enorme repulsión hacía mi y no lo culpo, pero realmente yo no tenía idea...

-Yo solo sabía que ellos conocían todo sobre mí y que me amenazaban con lastimar a mi familia o a ti si no hacia lo que ellos me ordenaban. Y yo... yo sé que no es justificable, pero... apenas la conocía. No tenía ni idea de quien era. ¿Qué se supone que debía hacer?

Mi voz tiembla al confesar la verdad y la expresión de Levy de pronto ha cambiado de una llena de rencor a una repleta de lástima. Debo de verme terrible si realmente logré ese cambio de actitud tan repentino de su parte.

-Sé que estoy dañado y que probablemente necesite reordenar mi vida, y también sé que Madison no tiene por qué ser la razón de todo ello, créeme que ya lo había pensado mucho antes de ella, pero... amigo te juro que nunca hubiera hecho lo que hice a propósito. Simplemente no sabía que más hacer, estaba atado de manos y...

Un nudo enorme se me forma en la garganta con una sensación que hace años no sentía y que se extiende por mí garganta como fuego que, si no dejo salir... me comerá vivo.

-No sabes cuánto lo siento. Si algo llega a pasarle a ella o a la niña por mi culpa -exhalo-. No sé como voy a poder lidiar con eso.

Cuando me atrevo a levantar la mirada nuevamente hasta sus ojos él ya no está teniéndome lastima. Me está analizando e intentando descifrar si lo que digo realmente es verdad.

-Si estás mintiendo, cabrón...

-No lo hago -admito apretando los puños-. Qué jodida situación...

-No soy yo a quien tienes que convencer -contesta asintiendo hacia Madison-, es a ella.

-Como si ella fuera a escucharme -resoplo.

-Pues oblígala a hacerlo -insiste-. Has que te escuche y luego tú pon atención a lo que sea que ella quiera hacer o lo que tenga que decirte. Si en serio te arrepientes como tanto quieres hacérmelo creer, pruébaselo a ella; y si la haces siquiera un poco feliz, quédate. Sería egoísta de mi parte exigirte lo contrario.

Sus palabras me hacen sentir como si una soga hubiera estado ahorcándome todo este tiempo y al fin comenzara a relajarse.

-No eres una mala persona Dylan -agrega unos segundos después-. Puede que no esté de acuerdo con la manera en que actúas la mayoría de las veces, pero no eres una mala persona.

-Intenta decírselo al resto del mundo -señalo.

-¿A quién le importa el resto del mundo? Ella lo notó y eso es lo que importa -contesta asintiendo hacia Madison que permanece inconsciente.

-Acabas de decir que...

-Ya sé lo que dije -me interrumpe-. Créeme que no sé cómo lograste que ella confiara en ti cuando no puede confiar en nadie más.

Le fuerzo una sonrisa en respuesta.

-Saca tu lado bueno Dylan, como lo hiciste con ella, pero esta vez de verdad -agrega-. El mundo ya tiene suficientes cretinos idiotas.

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