Prólogo

3 MESES ANTES
-¿Crees que le guste, mami? -Alison pregunta mientras peino su cabello en un bonito recogido. Sobre su cabeza, observo el estampado de su nueva playera favorita con la frase que jamás deja de repetir: «YO AMO SAN FRANCISCO».
Sonrío.
-Estoy segura de que le va a encantar -contesto y ella suelta una risita bailando frente al espejo de la manera más adorable posible.
-¿Podemos irnos ya? -insiste por décima vez en lo que va de la mañana y cuando al fin termino de arreglar su larga trenza, le doy la satisfacción de llevarla de vuelta ver a su persona favorita.
En nuestro corto trayecto hasta la casa, jugamos un pequeño y tonto juego que inventé para ayudar a extender su vocabulario aunque en realidad lo único que logra hacer es distraernos.
Cuando estaciono fuera de la casa; nadie nota que hemos llegado.
-¿Dónde está Teo? -Alison lee mi mente cuando ni siquiera él sale a nuestro encuentro.
-Tal vez está enfermo -respondo en un intento por convencerme a mí misma de que todo está bien, a pesar de que un mal presentimiento me ataca de inmediato.
La niña baja de un brinco y tan pronto sus pies tocan el suelo, corre directo hasta la entrada golpeando la puerta.
-¡Papi, ya llegué! -grita a todo pulmón y después de unos segundos es Teo quien finalmente nos abre-. ¡Tengo que mostrarle esto a Madison! -anuncia para luego desaparecer adentrándose en la casa.
-Señora Wrestler -el mayordomo me saluda y a pesar de que el encontrarlo me provoca un alivio repentino; mi corazón se detiene al encontrar a todos reunidos en la sala. Levy, Dylan, Sean, Sarah, Martha, incluso Charles; todos pálidos y con el rostro lleno de preocupación.
-No está muerta... -señalo.
-¡Mami! ¡¿Dónde está Madison?! -La Niña grita desde el segundo piso.
-Será mejor que te sientes Gina -sugiere Sean, pero sus palabras solo logran alterarme junto con las miradas del resto de los presentes.
-¡¿Dónde demonios está mi hija?! -grito.
-No lo sabemos -contesta.
-¡¿Qué?! ¿Qué se supone que quiere decir eso? -tartamudeo.
-Ella no estaba en su cama cuando fui a verla esta mañana -Sarah se suelta a llorar-. Era temprano, pero... la cama estaba vacía.
-¿Por qué no me avisaron? Pudimos...
-Se fueron sin que nadie nos diéramos cuenta -agrega Sean.
-¡¿Se fueron?!
-¡El maldito de Wen tampoco aparece en ningún lado! -Dylan golpea el sofá y Sean tiene un aspecto como si fuera a desmayarse.
-¡¿Está con Hoffman?!
-Es nuestra mejor suposición Gina -alza las manos.
-¿Está viva? -mi voz se rompe.
-No lo sabemos -alguien contesta y ya ni siquiera logo molestarme en saber quién lo hace.
De pronto siento como si el aire faltara y la casa se volviera más fría, oscura e insoportable, tanto que el cansancio finalmente me cobra la factura y tienen que sentarme en el enorme sofá donde de inmediato la impotencia se apodera de mí ahogándome en llantos.
Mi bebé. Mi dulce y linda niña.
-Mami... -Alison pone su manita en mi pierna y cuando mis ojos se encuentran con los suyos recuerdo todo lo que pasé con Madison a lo largo de su corta vida.
Los cientos de veces que me hizo un dibujo y la alejaba de mí porque debía mantenerme enfocada en mi trabajo. Los berrinches que hacía para intentar llamar nuestra atención y solo hacíamos que Sarah se encargara de ella. Los recitales que me perdí, los torneos que nunca atendí. Las decenas de veces que le mentí. La manera en que creció sola y cómo debió de haber muerto de la misma manera.
-No puedo... no puedo hacerlo, aléjate de mí -rompo el contacto de su diminuta mano conmigo.
-Gina... -escucho a Dylan y cuando alzo la mirada puedo ver a todos juzgándome.
-No puedo arruinar su vida también...
-Ella te necesita.
-No. Llamen a Clarisse, ella sabrá qué hacer...-lloro con la mirada de la pequeña partiéndome el corazón. Me pongo de pie-. Lo siento... No puedo. No puedo hacer esto.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top