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El doctor Barret continúa aleccionándome desde la otra esquina de la habitación con el estúpido sermón que debe ayudarme a superar la muerte de mi hija mientras que lo único que se aferra a mi mente es la fecha que menciono al inicio de su nuestra sesión de hoy:
9 de Febrero del 2072.
Hoy es el veinteavo aniversario del día que mi vida dio un giro completo.
Veinte años de aquel terrible momento que jamás me perdonaré.
Veinte años que mi hija debió de haber estado cumpliendo.
Veinte años en que ellos han seguido haciendo lo que quieren.
-¿Georgina? -levanto la mirada cuando el médico parece haberme estado hablando desde ya hace un rato y me encuentro completamente desorientada.
-Continúa perdiéndose en sus pensamientos y no duerme sin los medicamentos -anuncia mi esposo por mí.
Puedo ver mi reflejo en el espejo que me mira desde encima del tocador: mi cabello es un desastre lleno de suciedad, mi rostro tiene rastros de maquillaje de hace días y luzco mucho más vieja de lo que soy.
Estoy acabada.
Mi vida se acabo.
¿Cuál es el punto después de todo?
¿Por qué sigo aquí si no puedo hacer nada? Si lo único que hago es arruinarlo todo...
Mentir.
Engañar.
Decepcionar.
El ciclo de mi vida.
-Georgina, ¿qué es algo que hayas anhelado toda tu vida? -insiste el médico.
-Una familia -responde Sean por mí al igual que siempre hace en estas sesiones-. Ella siempre quiso...
-Tuve una -lo interrumpo-. Pero mi hija está muerta ahora, ellos la arrebataron de mis manos y ¡está muerta!
Lloro en una clase de dejà vu.
«La arrebataron de mis manos y nadie hizo nada...»
-Es normal sentirse molesto por lo qué pasó, de hecho es una etapa común del luto -agrega-. Luego viene la etapa más importante.
-Nunca voy a aceptar el hecho de que no esté. ¿Dónde está su cuerpo? ¡¿Dónde está el maldito hombre que se la llevo?! -lloro y el médico suspira al igual que mi esposo.
-Hablaba de la negociación -dice en cambio-. Madison se ha ido, Gina. No hay nada que podamos hacer para cambiar ese hecho.
Sus palabras, rasgan mi interior como un cuchillo a un trozo de tela y por un momento me pregunto que clase de médico es este que me restriega en mi cara el hecho de que jamás pude haber hecho nada por ayudarla.
Estaba destinada a morir en sus manos.
Yo solo alargue la espera lo suficiente para hacerme sentir mejor conmigo misma.
Porque eso es lo que hago, siempre busco lo mejor para mí, incluso cuando me cuesta aceptarlo.
Ella tenía razón.
-Pero puedes aprender a vivir con ello. A pesar de todo. Buscar una nueva motivación, perseguir sueños del pasado: Sean está buscando un consultorio donde puedas ejercer como siempre quisiste, pondrán a la venta esta enorme casa para que no tengas que volver a este lugar al final de cada día. Puedes empezar tu propia familia... -sugiere-. Persigue lo que siempre has soñado y deja ir el pasado.
-Más fácil decir que hacerlo, doctor -contesto poniéndome de pie de mi confortable cama para escapar al baño, donde nadie pueda seguir obligándome a olvidar.
-Gina...-me llama Sean.
-No. No haré esto más -completo antes de cerrar la puerta-. Se acabó. No quiero volver a ver a este hombre en mi casa.

Cuando llego a la enorme casa, es casi como si el tiempo jamás hubiera avanzado.
El jardín está completamente pintado de verde, hay flores que delinean el largo camino de empedrado hasta la calle al final de la casa y la enorme mansión permanece tan imponente como siempre frente a mí.
Puedo recordarme en este mismo jardín, corriendo alrededor de la casa con mi mejor amiga descalzos con el pasto haciéndonos cosquillas en la plantas de los pies. El radiante sol haciéndonos sudar...
-¿Estas listo? - pregunta mi madre antes de bajar de mi auto y asiento cuando nos disponemos a llamar a la puerta, pero nadie atiende.
Intento de nuevo.
-Tienen que estar en casa ¿no es así? -reniego.
-Levy, yo...
Golpeo más fuerte la pesada puerta y entonces finalmente se abre mostrándome a un muy ocupado Sean Wrestler al teléfono. Este hombre es todo lo contrario a la casa. Ahora usa anteojos y las canas han comenzado a colonizar su cabeza aún más de lo que lo hacían antes.
-Te llamó después... -lo escucho decir al teléfono y luego cuelga antes de forzarnos una cansada sonrisa-. ¿Puedo ayudarlos?
-Buscamos a Georgina -contesto y su mirada recorre a mi madre de arriba abajo como si la escaneará.
-Está indispuesta, le dire que vinieron - se apresura a decir.
-Solo queremos mostrarle nuestro apoyo, en especial el día de hoy. Sabemos lo duro que debe estar siendo para ella todo esto, para los dos... -contesta mi madre.
-Gracias. Estoy seguro de que Madison, está en un lugar mejor. Ahora mismo lo único que intento es que mi esposa...
-¿Cuál era su color favorito? -me cruzo de brazos al tiempo que el ceño de Sean se frunce en respuesta a mi interrupción.
-¿Perdón?
-¿Cuál era el color favorito de Madison? ¿Qué era lo que más odiaba?
-Levy...
-¡No tiene ni idea de quién era su hija! Y ahora viene aquí a pretender que le importa. ¡Váyase al diablo!
-¡Levy Blanchard, detente ahora mismo! -mi madre me jala cuando sin pensarlo dos veces empujo al hombre que se mantiene erguido como un gorila a punto de reclamar su territorio y el hecho de que mi madre me detenga como si fuera un niño pequeño hace que me hierva la sangre como nunca antes y pienso en responder, cuando entonces una muy demacrada Georgina se asoma desde las escaleras-. ¡Gina!
La que solía ser una de las mujeres más elegantes que jamás hubiera conocido, ahora viste de ropa deportiva. Unos cómodos pantaloncillos para correr y una camisa aguada que ni siquiera pareciera ser de ella. Su cabello, se sostiene apenas en un despintado moño sobre su cabeza y está descalza.
-¿Ha vuelto? -se limpia la cara y baja las escaleras tan rápido que por un momento parece que vuela.
Sean agacha la cabeza.
-No, amor. Es solo su amigo y su madre que vienen a... darte sus condolencias, ¿no es así? -el hombre nos mira amenazante y los ojos de Georgina se cristalizan de inmediato.
-¿No hay noticias? -se deja caer en uno de los sofás en la sala.
Hago al hombre a un lado y me abro paso hasta la casa, mientras mi madre se queda discutiendo con el maldito hombre.
-No. No hay noticias, pero... -los ojos de Georgina se iluminan-. Seguimos buscándola -agrego-. Hoy, le grabé un mensaje telefónico, por si llegara a escucharlo... no quiero que se dé por vencida.
-Hablas en presente -me muestra una media sonrisa.
-¡Porque está viva! -contesto intentando tragarme mi propia mentira-. ¿Sabes donde está el CGI?
La esperanza se disipa de sus ojos y me da una pequeña palmada en la mejilla cuando me acerco, como si de pronto se hubiera convertido en una abuelita que se siente orgullosa de sus nietos, aunque en realidad no entiendo porqué.
-Siempre fuiste muy bueno con ella -me sonríe y yo asiento con un nudo en la garganta-. Pero está muerta.
-¿Qué? -balbuceo.
-Madison está muerta -insiste-. Estaba muy débil, su cuerpo... ella se rindió.
-No. No, Wen se la llevó ¿recuerdas? ¿El doctor Hoffman, sabes donde está?
-Wen... -llora.
No me toma mucho tiempo darme cuenta de lo dilatadas de sus pupilas, luciendo como si estuviera en una habitación con nada de luz. Ahora entiendo porque no logra siquiera completar una oración.
Está...
-No hemos tenido contacto con el doctor Hoffman -me interrumpe Sean-. Ni mucho menos con Madison -suspira y cuando lo miro se moja los labios antes de continuar hablando-. Escuchen, mañana daremos una pequeña convivencia para celebrar la vida de nuestra hija y decirle adiós, sería bueno que nos acompañaran.
-¿Un funeral? ¡Ella está viva! -la mujer se sobresalta al escucharme levantar la voz y después, me mira cansada-. ¿Ya no la buscan?
-Estaba muy enferma Levy -repite esta vez.
-¿Qué hay de su cuerpo? ¡¿Dónde está?!
-Era propiedad del Centro...-su intento de respuesta me hace hervir la sangre.
-¡Era propiedad de Madison! ¡Si estaba muerta no debieron llevársela! ¡¿Qué es lo que sabe?! ¡Maldito mentiroso! -grito.
-¡Levy, alto! -mi madre me jala por el brazo cuando Georgina parece una niña en medio de la discusión entre su esposo y yo-. ¡No es tu lugar!
Suspiro cuando la odiosa frase deja su boca.
-Fue un error venir -balbuceo antes de encaminarme hacia la salida y cuando estoy por abrir la puerta, vuelvo a enfrentarlos. Los grises ojos de Georgina fijos en los míos como si estuviera aterrada y Sean también me observa desconcertado-. La buscaré yo solo y la voy a encontrar porque estoy malditamente seguro de que está viva, ¿me escuchan? Está viva.

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