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Es un hecho que cuando los niños comienzan a crecer y a desarrollar su instinto de autonomía e independencia es la parte más complicada de manejar para los científicos.
El sujeto grita, se resiste y hace su mejor esfuerzo por hacer de las pruebas un infierno para todos los que trabajamos en ellos, por eso, en cada aniversario del niño hacemos una evaluación general donde sujeto y científicos colaboramos en encontrar el punto en donde sabremos que el cuerpo del sujeta está alcanzando su máxima capacidad.
El punto donde conocemos cuando detenernos y con el que enseñamos al sujeto hasta que grado puede resistir antes de decir alto.
La prueba de aniversario es un parte aguas para la forma en que trabajaremos con el sujeto el resto del año. Si son negativos los resultados, el sujeto es liberado de inmediato o, confirmamos la viabilidad de éste para continuar dentro de la experimentación. Por eso, realizar esta prueba en Madison es inevitable, sólo así podemos conocer si funcionará o no.
Si me ganará mi lugar en la junta o volveré a ser solo un coordinador de vuelta en San Francisco una vez que me deshaga de ella.
El reloj en la pared de la sala de pruebas marca exactamente las 5:15 de la mañana cuando la chica entra en la habitación descalza y vistiendo la bata desechable que permitirá el hecho de que la retiremos con facilidad si es necesario.
La sala está repleta de médicos e internos que preparan todo para comenzar y la cantidad excesiva de gente consigue alterarla de inmediato haciendo que cruce los brazos en un intento por defenderse de algún modo.
El miedo, la ansiedad y el nerviosismo son puntos que tenemos que tener en cuenta al realizar una investigación, por eso intentamos reducir esos factores al mínimo ganándonos la confianza de los sujetos con Los Guardianes. En su mayoría funcionan pues no están tan alterados al momento de las pruebas y como crecen en ellas, su cerebro interpreta el proceso como algo ordinario, aunque, sin dudar, es algo muy diferente lo que sucede ahora en el cerebro de nuestra nueva sujeto.
-Buenos días Madison -me acerco a ella y puedo verla sobresaltarse de inmediato al encontrarme-. Hoy es un día muy importante y necesito que te relajes y liberes toda la tensión que pudieras tener en este momento -le digo descruzando sus brazos que temblorosa ella se fuerza a soltar mirando el resto del movimiento a su alrededor conforme terminan de arreglar todo para ella.
-Coloca las manos atrás de la espalda y alza la cabeza -le ordena Rosie pateando con delicadeza sus temblorosos tobillos logrando que la chica obedezca separando sus piernas a la altura de sus hombros hasta estar en posición de firmes.
-Hoy evaluaremos tu capacidad de respuesta y vamos a enseñarte a detectar los límites de tu cuerpo y las diferentes sensaciones que éste es capaz de experimentar. Vas a aprender a nombrarlas y a medirlas para que podamos registrarlas -le explico y es casi como si dijera que vamos a matarla porque la sangre entera se le va del cuerpo dejándola pálida-. Es algo ordinario en el aniversario de un experimento, tenemos que valorarte para saber que esperar a lo largo de las pruebas. Es tan sencillo que un niño puede hacerlo.
-¿Aniversario? -titubea.
-Doctor, estamos listos para comenzar -uno de los internos se aproxima a decirme cuando ella se pierde en sus pensamientos.
-Relájate. Terminaremos más rápido de lo que crees -miento, cuando la realidad es que le esperan más de diez horas en esta exhaustiva evaluación-. Has un buen trabajo y te llevarás una excelente recompensa -la soborno antes de sacar el teléfono que antes solía usar ella todos los días. Sus ojos se abren enormemente cuando encuentra el aparato en mis manos-. Apuesto a que muchas personas querrán desearte un feliz cumpleaños. Ahora, súbete a la camilla y esfuérzate por hacer un buen trabajo.

Me mata de miedo la expectativa y desde que subí a la mesa de exploración forzándome a seguir las instrucciones de Wen, mi cuerpo no ha hecho más que demostrar mi nerviosismo temblando como si estuviera a punto de congelarme.
Me conectan un montón de electrodos a la frente y el pecho; colocan un monitor cardíaco en el dedo índice de mi mano izquierda y revisan mis pupilas como todos los días antes de comenzar.
-Bebe esto -un médico me ordena ofreciéndome un pequeño recipiente con un líquido baboso en el interior.
-¿Qué es?
-No haces preguntas. Tómatelo o te forzaré a hacerlo -insiste y hago mi mejor intento por no resistirme a lo que dice.
El líquido resulta aún más asqueroso de lo que aparenta, con una textura que me hace sentir que acabo de tomarme un bote entero de gel para cabello con un sabor como a pescado que resulta completamente asqueroso.
No pasa mucho tiempo cuando comienzo a sentir los estragos de esa cosa en mi cuerpo pues de un momento a otro siento como si me hubieran colocado una piedra sobre mi que me impidiera moverme siquiera un centímetro, pero al ver mi reflejo en el espejo no hay nada que me restrinja. Solo yo sobre la cama y un montón de gente a mi alrededor listos para entrar en acción.
-Toca mi mano -me ordena el mismo médico alzando su mano frente a mi rostro y cuando lo intento me resulta imposible moverme. Así que lo intento con la otra mano e incluso trato de levantar mi pierna pero he perdido el control de mi cuerpo.
-¡¿Qué hiciste?! -chillo creyendo que me han anestesiado pero cuando uno de ellos me pincha con algo la planta del pie, una intensa punzada de dolor hace que el monitor cerebral comience a dibujar un montón de líneas moradas que grafican mi dolor.
Puedo sentir y ser consciente de todo lo que hacen conmigo, pero no puedo hacer nada para detenerlos.
Comienzan por desnudarme, recostarme completamente en la camilla y medir todas y cada una de las partes de mi cuerpo, incluso lo que uno creería que sería lo menos importante; como el diámetro de los lunares en mis brazos y el largo de mis pestañas. Cinco diferentes médicos que me rodean y miden con distintos instrumentos por lo que se siente como una incómoda eternidad sin que yo pueda hacer nada más que mantenerme inmóvil ante ello.
Le sigue la toma de tres diferentes muestras de sangre que me debilitan por completo, y a pesar de que pudieron haberme dejado sin una gota de sangre en el cuerpo, eso tampoco los detiene y proceden a medir mi mis cinco sentidos y mi habilidad de comunicación obligándome a experimentar toda clase de sensaciones para después enseñarme a nombrarlas justo como me advirtió Wen: dolor, ardor, comezón, cosquilleo...
Cuando el efecto de la sustancia pasa luego de cinco horas en que me han torturado sin medida y al fin consigo moverme, pasan de medir mis sensaciones a probar mi resistencia física y la fortaleza de mi corazón comenzando con ponerme sobre una caminadora a la que me sujetan las manos para forzarme a continuar de pie incluso cuando quiero rendirme mientras ellos cambian las velocidades a ritmos inconstantes y por intervalos tan largos que termino sintiendo que el corazón va a salirse de mi pecho por la manera tan exagerada en la que late hasta que termino vomitando por la manera excesiva en la que fuerzan mi cuerpo al punto de casi desmayarme por agotamiento.
Eso me gana cinco míseros minutos de descanso y casi de inmediato me hacen cambiar mi bata por una clase de traje de baño completamente blanco, me colocan unas pesadas polainas en las muñecas y los tobillos y colocan un aún más pesado cinturón a mi cintura que me imposibilita nuevamente el moverme con facilidad y cuando terminan de prepararme veo que han traído una enorme bañera trasparente llena de agua preparada para recibirme y trayendo de inmediato a Alison a mi mente.
-No. ¡Alto! -chillo de tan solo pensar en lo que viene pero dos médicos me levantan por las manos y las piernas de la camilla haciendo que el cinturón me presione el abdomen a causa de la gravedad y me resulte imposible respirar bien.
-No nos detendremos, toma todo el aire que puedas y mantenlo dentro mientras permaneces bajo el agua -indica Wen mientras me posicionan justo sobre el agua.
-¡No! ¡No lo hagan! -grito muerta de miedo y llena de desesperación-. ¡Wen, por favor! ¡Te lo suplico!
-Tranquilízate y sigue instrucciones -el hombre al que desesperadamente llamo me reprime.
Un horrible hormigueo comienza a recorrerme los brazos cuando mi sangre deja de circular adecuadamente.
-No lo hagan, por favor -lloro y en respuesta consigo que inserten mi cabeza inesperadamente en el agua haciéndome tragar litros que al sacarme me hacen toser horrible y solo aumenta mi agonía.
-¡Alto! ¡Digo alto! -chillo como recuerdo alguna vez funcionó contra ellos, pero esta vez nada los detiene.
-Toma aire y déjate de tonterías o vas a ahogarte -insiste con los ojos fijos en mí-. Posiciones en tres, dos... -me obligo a tomar una gran bocanada de aire-, uno...
Da la señal y esta vez los médicos me sueltan haciendo que caiga hasta tocar el fondo de la bañera llena de agua helada que me hace querer gritar y luchar cuando el peso de las polainas me hacen imposible subir a la superficie.
Desconozco cuanto tiempo transcurre, pero no mucho pasa cuando la necesidad de tomar aire nuevo me desespera y a pesar de que intento mantenerlo dentro tanto como me es posible, acabo por soltarlo empeorando mi desesperación.
Comienzo a jalonearme dentro del agua haciendo mi mejor esfuerzo por luchar contra la fuerza que me jala hacia el fondo, pero mi estomago se hace un nudo y mis pulmones me arden suplicando por aire y a pesar de querer evitarlo, termina por obligarme a abrir la boca dejando el agua sofocarme.
La sensación es agonizante y es desesperante ser consciente de ello. Tan desesperante que luego de un rato no... logro...
Alguien llama mi nombre en la lejanía mientras algo mas comprime mi pecho cuando todo lo que veo es oscuridad.
-¡Vamos niña, despierta! -las voces se hacen más claras cada vez y de un momento a otro me encuentro vomitando y tosiendo agua, que me empapa la cara obligándome a despertar.
Me giran sobre el costado y cuando consigo expulsar todo el líquido en mi interior comienzo a llorar como un recién nacido dejando entrar el aire de nuevo a mi interior.
-¡Déjenme... déjenme morir -suplico ridículamente mientras alguien golpea mi espalda haciendo que continúe escupiendo agua-. Quiero estar muerta, por favor -lloro hasta que de pronto alguien toca mi mejilla y para mi sorpresa consigo ver a mi madre.
Está de pie frente a mí, vistiendo una bata blanca y sujetando mi mano con su cabello rubio peinado en su peculiar moño alto.
-¿Mamá? -lloro incapaz de creer que este frente a mí.
-Hola Maddie -susurra hasta quedar a mi altura y cuando toco su suave rostro lo primero que viene a mi mente es mi última conversación con ella y sé de inmediato lo que tengo que hacer.
-Lo lamento -lloro-. Lo siento mucho...
-Shhh... tranquila. Estás haciéndolo muy bien -me dice, pero su voz es muy diferente a cómo la recordaba y dice cosas que no esperaba que dijera. No ante mi disculpa-. Ya casi terminamos.
-No quiero estar aquí -lloro y ella asiente.
-Eres muy fuerte ¿lo sabías? -estruja mi mano y yo sacudo la cabeza antes de que ella se levante y lo único que pueda tener sea su mano enguantada sujetando la mía.
-Quiero irme a casa -suplico cuando me suelta y entonces es Wen quien la sustituye.
-Bien hecho, Madison. Lo peor ya pasó -dice y me jala hasta recostarme por completo y boca abajo en la cama-. Seremos muy rápidos con lo siguiente y luego podrás descansar.
Me desnudan de nuevo y soy consciente de ello por que me muero de frío, pero no pasa mucho antes de que me unten un helado gel en la espalda y me cubran con unas mantas estériles y azules mientras veo a mi madre alejarse por debajo de ellas.
-No me dejes -le suplico, pero estoy tan cansada que ya ni siquiera escucho mis ruegos.
-Aquí terminamos, Madison -anuncia Wen acercando una mascarilla a mi cara de la que no logro escapar-. Vas a sentir un poco de presión en la cadera mientras extraemos una muestra de médula ósea, ¿de acuerdo? No es nada que no puedas soportar, vas a dormirte y cuando despiertes habremos terminado ¿entendido? -me explica cuando la mascarilla comienza a soltar gas haciéndome sentir adormilada-. Respira hondo y cuenta hacia atrás... diez, nueve...

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