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La primera vez que me armo de valentía suficiente y subo hasta el cuarto de Madison para encararla después de tanto tiempo; ella está sentada en la cornisa de la ventana. Su mirada está perdida en el horizonte mientras su mano derecha tortura con intensidad su otra muñeca.
Luce como una estatua protegiendo la ventana de la llegada de intrusos. La sangre que corre entre sus dedos me llama completamente la atención.
-Uhm -cuando carraspeo la garganta esperando que note mi presencia en la habitación. Ella pega un salto hasta ponerse de pie como si la hubiera apuntado con un arma-. Mierda, eso no salió bien. Lo siento yo... sólo quería ayudar a limpiarte, ¿estás bien? Parece que eso duele.
Sus ojos se clavan en los míos como si fuera la primera vez que nos vemos en toda la vida.
-Tu... eh, tienes sangre en la muñeca -balbuceo de la manera más estúpida posible y ella la esconde de inmediato tras limpiarla sobre su blanco uniforme que termina todo manchado-. Puedo ayudar a limpiarte... te conseguiré un paño húmedo y te... te lo traeré.
Termino corriendo hasta su baño donde consigo empapar una toalla facial y luego regreso de inmediato hasta donde espera.
-¿Puedo...? Mierda... -suspiro porque me parece ridículo lo nervioso que me siento ahora junto a ella. Mi mano incluso tiembla.
¿Qué esperaba al venir aquí? ¿Qué de pronto decidiría hablar conmigo? ¿Qué podría comprenderla?
-Puedes tomarla y hacerlo tú misma si tú no quieres que... digo si... si te parece mejor -digo ofreciéndole mi intento de trapo.
Para mí sorpresa, ella lo toma y comienza a limpiarse para después ofrecérmelo de vuelta al terminar, pero aún así no consigo que diga ni una palabra.
-Estoy... me alegro que estes de vuelta -me atrevo a decir y cuando su ceño se frunce en respuesta solo me arrepiento-. Ahora mismo solo suena como un montón de mierda, ¿verdad? Supongo que, todos te lo han dicho...
Termino con la vista en el suelo y mi mano peina mi cabello para intentar disimular mi idiotez de alguna manera, pero apuesto que solo luzco peor.
Cuando me decido por volver a mirarla, ella se ha acercado. Lo sé porque puedo apreciar mejor el hermoso color de sus ojos que ahora brillan por las lágrimas que se esfuerza por contener y eso me destroza.
-Estaba pensando en aquella vez que te lleve a recorrer Los Ángeles, ¿recuerdas? -digo en un bobo intento por distraerla-. Quizás cuando te sientas con más ánimo puedas tú enseñarme tu ciudad yo... -suspiro-, eh escuchado que Alcatraz es impresionante...
Su mirada me juzga y luego pronto me siento como un completo idiota al sugerir visitar una prisión luego de lo que ella acaba de vivir y realmente creo que no debería estar aquí.
-Lo siento esto fue estúpido de mi parte... yo no... -bufo ante lo difícil que me es generarle sentido siquiera a mis palabras-. Mejor me voy yo... te dejaré descansar -doy media vuelta sin pensarlo más luego de mi terrible intento por distraerme de la muerte de Alison y de alguna manera también hacerla sentir mejor, pero ante mi intento de escape, siento como su mano me toma del brazo.
Me giro con miedo a romper el contacto que ella decidió establecer y al volverme para verla, ella solo observa la unión de nuestros cuerpos con una lagrima ya recorriendo su preciosa cara. Una lágrima que no me resisto a limpiar de la manera más cuidadosa posible.
Ante mi contacto ella cierra los ojos y contrario a aquella vez que intenté hacer lo mismo cuando la encontré en ese horrible lugar, juro que puedo ver como su cuerpo entero se relaja y en cambio parece agradecer que lo haga.
¿Es eso lo que busca? ¿Contacto humano?
De un solo dedo tocando su mejilla pasó a hacerlo con toda la palma de mi mano y terminó acariciando su suave rostro cuando el contacto la estremece y puedo ver como la piel de su brazo se pone como de gallina, pero no hace nada por liberarse y la verdad es que yo tampoco tengo intenciones de hacerlo.
-Te extrañe como no tienes idea -mis ideas cobran vida en mi boca y con cuidado voy moviendo mi brazo hasta que mi otra mano consigue acariciar el suyo y ella al fin abre los ojos, clavándolos directo en los míos recordándome aquél día que la vi por primera vez. Cuando abrí la puerta del edificio y me encontré con este hermoso par de ojos verdes esperando detrás.
Si tan solo los hubiera dejado ir...
Despacio, mi mano recorre su brazo.
-¿Esto está bien? -intento asegurarme y aunque no recibo respuesta, sé que sus ojos hablan por ella y mi mano sube hasta alcanzar su hombro. Dudo en continuar y mi cerebro me lanza millones de advertencias, pero cuando su mano aprieta mi brazo, se que me suplica por continuar.
Alcanzo su cuello y como aquella vez en la playa su respiración comienza a agitarse.
¿Debería...?
No. Esto está mal en millones de formas.
Pero ella lo necesita. Ella me quiere a mí.
Mi mano continúa su camino hasta llegar a su quijada y ella se estremece bajo mi tacto anhelando lo que yo también tanto deseo. Me lanza una corta mirada y entonces, me atrevo a dar el siguiente paso.
Tan pronto mis labios tocan los suyos, estoy perdido y es como si mi cuerpo recordara la afición que tenía por ellos convirtiéndolos en el antídoto perfecto contra la opresión de mi pecho, la culpa y lo mal que me he sentido los últimos días.
Aquí está. Ella está de vuelta y no hay poder en el mundo que vaya a hacer que vuelva a dejarla ir jamás.
La sostengo contra mí y la abrazo con fuerza mientras mi otra mano la toma del cuello para mantener el contacto por un momento más antes de que caiga en cuenta que solo soy yo quien permanece besándola y que sus lágrimas ya han alcanzado mi mano.
La suelto de inmediato y cuando lo hago ella retrocede un par de pasos. Su respiración está completamente agitada y cuando encuentro sus ojos ya no es deseo lo que veo en ellos sino profundo terror.
-Madison -intento volverla a tomar pero en cuanto intento acercarme, ella sale corriendo hasta el baño dejándome completamente perdido en lo que acaba de pasar.

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