39

Solía pensar que cuando me sacaran de ese horrible lugar todo acabaría. Las pruebas, las visitas médicas... todo, pero no fue así.

Desde que volví aquí me fuerzan a pasar dos horas al día con un médico que se sienta en la cornisa de la ventana con vista directa hasta mi cama para hablarme de lo bello que es el mundo exterior e intenta obligarme a hablar.

Lo he pensado, y suplico en mi mente porque entienda que el que no diga nada significa que quiero que se largue de aquí, pero eso tampoco pasa y en cambio, inicia un nuevo expediente mío para hacérselo llegar a alguien más.

La celda, solo ha cambiado de color, pero sigue siendo una jaula.

-Madison, ¿por dónde vas a querer comenzar? -el anciano cuyas cejas casi han desaparecido me cuestiona y en respuesta solo me giro en la cama para mirar al otro lado de mi recámara.

Las puertas de mi armario cerradas frente a mí, justo como mi mente.

He escuchado todas sus palabras.

Estas a salvo ahora.

Nadie va a lastimarte.

Puedes confiar en mí.

Tienes permiso de ir a donde tú quieras.

Vuelve a tomar el control de tu vida.

Espera que me levante de la cama, que salga a dar un paseo por el resto de la casa y solo si quiero comience una conversación con alguno de mis co-habitantes en este lugar.

Pero no tengo ganas de nada de eso.

Estoy cansada.

Me siento agotada y todo lo que quiero es que me dejen sola.

En el buró junto a mi cama encuentro un portarretrato con una fotografía de la Madison que solía vivir antes aquí.

La Madison que el médico quiere que recuerde.

Una Madison tonta y estúpido junto a un mentiroso con el que sonríe en la playa.

«Levy Blanchard. Un intento de niño bueno a quien no le importas ni un poco... » las voces de Vanderbilt y Dawson regresan a mi mente justo como lo hicieron cuando ellos me encontraron.

Pensé que era real. Solía creer que, si algo en mi vida era real, era él; pero es solo otra mentira en medio de todo esto.

Ya no quiero escucharlo, prefiero mil veces más escuchar al hombre disfrazado de felicidad en mi ventana.

-¿Quieres ir a la playa, Madison? -pregunta-. ¿Recuerdas la calidez de la arena bajo tus pies? ¿La sensación del mar alcanzando tus pies? ¿El sonido de las gaviotas?

Sus palabras traen a mi mente el recuerdo de aquella playa en mis sueños; los primeros recuerdos que volvieron a mí.

Mi salida con Dylan en Los Ángeles. Lo torpe que lucia mientras intentaba aprender a surfear, la manera en que consiguió engañarme para dejar que se llevaran a Alison...

Cuando el recuerdo acaba, el médico se ha marchado y en cambio es una mujer la que me sorprende observándome desde la puerta.

-Realmente has vuelto... -chilla con su cabello peinado en un rubio y alto moño totalmente despeinado.

No luce para nada como la mujer que recordaba. Se ha descuidado... pero ¿quién soy yo para hablar?

Espero a que se vaya sin decir nada, deseando con todas mis fuerzas que no se acerque más y vuelva por donde vino, pero todo eso de esfuma en un segundo porque a pesar de que no le hablo ella se decide por entrar en la habitación.

Los nervios se apoderan de todo mi cuerpo, mi piel se enchina y el ritmo cardíaco de mi corazón se dispara por los cielos hasta hacerme sentirlo en mi garganta, obligándome a sentarme y prepararme para escapar si algo sale mal.

La puerta está abierta.

-Sabes, luego de que desapareciste, solía venir aquí y observar esa foto todos los días -dice asintiendo hacia la fotografía que de algún modo llego hasta mis manos. Sigo sus movimientos y ella da un paso más.

Sus ojos están rojos e hinchados y el maquillaje que siempre había estado presente en su rostro, ahora está ausente.

La elegante mujer que recordaba haber visto casi todos los días de mi vida ha desaparecido y ahora mismo viste una enorme playera que casi le llega a las rodillas y unos pantalones para dormir completamente holgados.

No sé qué es lo que quiere, pero sí sé muy bien que yo la quiero lejos de mí.

«Va a lastimarte...» el intrusivo pensamiento toma mi control haciéndome temblar cuando llega a la cama y decide sentarse.

No estaba haciendo nada... solo estaba aquí...

-Ustedes dos han sido grandes amigos desde siempre, Levy estaba muy preocupado... todos estábamos muy preocupados por ti -miente mientras me estudia; de arriba abajo como todos los científicos preparándose para hacer sus tontas preguntas, pero nunca llegan y en cambio tan pronto me toca no logro controlar la manera en que reacciono y simplemente me muero de miedo.

Ella rompe el contacto casi de inmediato y sus ojos se llenan de lágrimas.

-Lo siento, cariño. No quise asustarte -dice-, no voy a lastimarte; es lo que menos quiero.

Miente de nuevo.

¿Nunca se detiene?

Por favor vete...

-Estas a salvo ahora, ¿de acuerdo?-me repite lo que el médico ya me ha dicho millones de veces-. Te prometo que nadie va a lastimarte.

Promesas... ya he escuchado cientos de esas y jamás son ciertas.

Ella prometió que estaría bien cuando escape a Los Ángeles.

Ella prometió que estaría bien cuando estaba muriendo.

Ella prometió cuidar de Alison cuando me fuera y ahora...

Ahora está muerta.

-Lamento mucho todo lo que pasó, Maddie -me dice cuando las lágrimas comienzan a salir por montones de mis ojos al pensar en ella y solo quiero que se detenga.

Quiero que todo esto se detenga y que ella se vaya, pero no consigo decir nada.

No funciona hablar porque ellos nunca escuchan.

-Jamás pensé que algo así fuera a suceder.

¿No pensaste que pudiera suceder qué?

¿Que Wen me arrastrara a ese lugar?

¿Qué casi me matara?

¿Qué matará a Alison?

No fue tu culpa.

Fue mía.

Siempre ha sido mi culpa por ser tan ingenua y tan tonta como para creerles todo...

-Probablemente, quieras descansar ¿no es así? -carraspea la garganta cuando no respondo nada y se limpia un par de lágrimas que también dejan sus ojos-. Solo quiero que sepas que... cuando te sientas lista... si algún día quieres hablar sobre lo que sea... yo estaré siempre aquí para ti. ¿De acuerdo?

¿Siempre estarás para mí? ¿Dónde estabas mientras crecía? ¿Dónde estabas cuando lloraba todas las noches hasta quedarme dormida en ese horrible lugar? ¿Dónde estuviste cuando no podía recordar nada? ¿Dónde estuviste mientras veía como mataban a la niña que tú deberías de haber estado cuidando? ¿Dónde demonios estabas?

Solo la miro mientras las lágrimas continúan escurriendo por mi cara una tras otra y ésta vez no hago nada para detenerlas.

-Bien... me voy -suspira como si hubiera escuchado mis pensamientos y regresa hasta la puerta-. Te quiero...

Después de unos minutos, cuando la angustia pasa y he conseguido calmarme. Me levanto de la cama y me mudo al lugar que esta mañana ocupaba el médico, sentándome en el pequeño colchón mientras dejo que el calor del sol entre en contacto con mi piel y se sienta tan bien que trae con ello un suspiro de alivio.

Afuera hay cientos de colores diferentes que me maravillan como si fuera la primera vez que los veo. El jardín es verde y hay flores de diversos tonos de rosa, morado y amarillo rodeando los frondosos árboles que le dan vida al jardín. El cielo contrasta pintado de un hermoso color azul claro con nubes blancas y esponjadas que me dan ganas de tocarlas.

Puedo ver al resto de ellos en el jardín. Levy y Dylan persiguen por todas partes a Lainey quien parece estar teniendo el mejor día de su vida y por una diminuta fracción de segundo me alegra verla disfrutar hasta que mis ojos reparan sobre la piscina bajo mi ventana.

El agua es completamente cristalina y el viento que sopla sobre ella crea pequeños movimientos en el agua que da la impresión de crear olas que consiguen hipnotizarme de inmediato.

«¡MADISON!» Alison se apodera de mi mente. «¡Papi! ¡Madison ayuda! ¡No quiero un baño! ¡Papi!»

«Posiciones...»

Puedo escuchar todo de nuevo: los gritos, el movimiento del agua tras la caída de su cuerpo y el terrible pitido de la maquina indicando el final de todo.

••••••••••••••••••



Estoy en medio de una tormenta eléctrica donde hay estruendos fuertísimos y la lluvia cae pesadamente sobre mí impidiendo que pueda ver la playa en la que ahora estoy parada.

Las olas del mar están furiosas y golpean con fuerza contra mu cuerpo mientras por alguna razón, intento abrirme paso entre ellas.

El cielo está gris y la luz es casi inexistente.

Estoy sola y perdida en medio de este desastre.

-¡Madison! -escucho de algún lado.

Muy muy lejos de mí.

El sonido de mi nombre me recuerda al de una gaviota sobrevolando la playa.

-¡Madison! -escucho de nuevo y justo como imaginaba, el ave me roza la cabeza y luego se eleva entre la fuerte lluvia hacía el horizonte donde comienzo a percibir el resplandor de una luz que me atrae y conforme logro avanzar en esa dirección, el cielo comienza a teñirse de azul.

-¡Madison! -la voz es más clara conforme la lluvia se disipa y yo lucho por acercarme más y más.

Intento correr contra las olas que continúan estrellándose furiosas contra mí. Pienso que me hundiré, pero por alguna razón el mar no se vuelve más profundo. Es como si pudiera caminar sobre la orilla a pesar de estar metros y metros dentro del mar.

Para mi sorpresa, de pronto estoy de vuelta en la arena. He superado las salvajes olas que ahora parecen comenzar a calmarse y la lluvia desaparece abriéndole paso a la luz que se convierte en el brillante sol iluminando todo lo que me rodea.

Un arcoíris se dibuja en el cielo y la vista se ha vuelto maravillosa.

-¡Madison!

Percibo una pequeña silueta, que más bien parece una sombra, muy a lo lejos en la playa y con cada paso que me acerco esta crece cada vez un poco más.

-¡Madison! -es claro que alguien llama mi nombre.

Ya no es una gaviota ni una luz en medio de la horrible tormenta lo que me llama. La voz proviene de la silueta y poco a poco adquiere forma humana.

Comienzo a correr y ella también hace su mayor intento por acercarse lo más rápido que puede.

-¡Madison! -ríe. Su voz es dulce y hermosa.

Consigo ver su rostro.

-¡Soy yo! -grito casi brincando de felicidad-. ¡Acércate! ¡Aquí estoy!

Viste un hermoso y largo vestido blanco que casi le llega a los tobillos y flota mientras corre. Tiene un lazo verde atado a su cintura y su largo cabello vuela detrás de ella.

Se detiene justo cuando estamos por encontrarnos.

Me sonríe enormemente; con la más dulce y hermosa sonrisa que jamás la había visto mostrarme.

Su piel casi resplandece bajo la luz del sol y sus ojos, que entrecierra encandilada, brillan con un azul tan hermoso como el del mar junto a nosotras.

Sus mejillas están pintadas de rosa como si fuera toda una muñeca. Luce completamente hermosa e irradia una felicidad que es realmente envidiable.

-Alison, estas aquí -me acerco con cautela a pesar de que lo que más quiero justo ahora es correr y abrazarla con fuerza entre mis brazos.

Ella me saluda con su manita.

-Hola -ríe.

Doy un paso más cerca, pero entonces algo me detiene como si de pronto hubiera una pared invisible que nos separa.

Su sonrisa es reemplazada por una expresión de profundo terror y el color del listón de su cintura se tiñe de un negro muy oscuro.

-Madison -chilla y sus ojos se llenan de lágrimas inmediatamente.

Bajo sus pies, agua comienza a brotar. Litros y litros de agua que en cuestión de segundos ya le cubren hasta los tobillos.

-¡Madison, ayúdame! -grita cuando un enorme estruendo provoca que el nivel del agua se incremente con rapidez.

-Yo... -intento tocarla, pero el cristal lo vuelve imposible-. No puedo -digo a pesar de que lo único que quiero es librarla de todo eso.

-¡Ayúdame, por favor! -llora mientras golpeo el maldito cristal en un intento por romperlo.

Me empujo con fuerza contra este, pero parece que se hubiera convertido en una resistente gelatina que lo único que consigue es hacerme rebotar hasta el suelo.

-¡Te sacaré! ¡Estoy tratando! -grito-. ¡Voy a sacarte! ¡Resiste! -le suplico.

De su lado ha comenzado a llover y el agua ya le cubre hasta el cuello.

-¡Madison! -grita con el agua amenazando por entrar en su boca.

-¡No! -chillo intentando lo que sea por cruzar a su lado-. ¡Resiste Alison! ¡Por favor! ¡Alto! -ruego a quien sea que esté provocando todo esto y antes de que logre hacer nada más el agua la vuelve suya y las burbujas salen de su boca al intentar llamar mi nombre por última vez.

-¡No me dejes! -lloro contra el cristal-, no es justo... vuelve... no me dejes...por favor...


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