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Puedo asegurarles que no existe peor momento que cuando el sedante que evita que mueras en medio de una agonía sofocante comienza a desvanecerse.

Es como si estuvieras al borde de un precipicio del que quisieras lanzarte al vacío pero algo te detiene y evita que te puedas ir.

Ayer, recuerdo exactamente como el aire me faltaba. Y mis músculos se tensaron alrededor del cuerpo de Alison mientras lloraba con todo el pesar de mi alma.

Podía escuchar a los médicos gritarme órdenes y jalarme, pero no podía hacer nada más que llorar. Así que tuvieron que sedarme para obligarme a soltarla y ahora aquí estoy, volviendo de mi inconsciencia solo para recordar todo este asfixiante sentimiento que me comprime el pecho y me hace sentir cada vez peor.

Fallé.

Fallar es en lo único que no fallo. Decepcionar personas, eso es lo que hago mejor. Lo he hecho toda mi vida y para mi suerte, es lo que provocó que siga con vida.

Desearía morir.

Desearía haber nacido en el cuerpo de Alison y no estar aquí, sufriendo por su muerte.

Si estuviera muerta, ya nada me preocuparía.

Si estuviera muerta, no tendría todo el dolor que ahora mismo estoy sufriendo.

Si estuviera muerta, estos pensamientos que me desgarran más y más desde el interior y que se rehúsan a dejar mi mente no existirían.

Si tan solo estuviera muerta...

Pero no lo estoy.

Sigo aquí.

Malditamente viva.

Soy...

Soy nada.

No soy nada.

Y si lo soy, entonces soy un gran y estúpido fracaso. Soy una falla en la ciencia. Una mutación de algo que debía ser perfecto.

Una basura.

Un desperdicio de potencial y de oxígeno.

Soy una tonta. Soy una estúpida. No merezco nada más que esto. Merezco pagar por todo lo que he hecho mal.

Yo...

-¡Madison, volviste! -el grito lleno de emoción de Alice cuando entra en la habitación consigue distraerme de mis oprimentes pensamientos, pero las lágrimas mantienen mi cara empapada y cuando se acerca a mi cama acompañada por el doctor Hughes a quién de inmediato recuerdo declarando la muerte de Alison, nada es mejor.

-Estas sangrando -el médico corre hasta mí y no es hasta que toma mi mano que veo que he lastimado mi muñeca.

Mi código al rojo vivo y comienza a arderme, pero no es nada comparado con la terrible sensación de saber que Alison no está más.

Pienso en resistirme. En pararme e intentar escapar antes de que consiga hacerme nada, pero no encuentro la fuerza. ¿Cuál es el punto después de todo? ¿A qué me sigo rehusando si jamás podré hacer nada más que esto?

-¿Qué le sucede? ¿Está dormida? -Alice lo cuestiona sobre mí y mientras limpia mi herida las lágrimas vuelven a salir de mis ojos.

-Casi terminamos. Sé fuerte, Madison. Ellos vendrán en cualquier momento -los cafés ojos del médico se clavan en los míos y mientras habla, sus palabras solo me hacen sentir peor. Me gustaría detenerlo y decirle que se largue y me deje tranquila. Me gustaría que ambos se fueran, pero tampoco consigo hablar.

Estoy acabada.

Quiero morir.

¿Por qué no me matan de una vez como lo hicieron con Alison? ¿Por qué no me liberan de este dolor?

Cuando termina de limpiar mi herida, mi muñeca está vendada y luego de forzarme una una sonrisa, el médico se gira hacia Alice que espera de pie junto a la puerta.

Para mí sorpresa luce más delgada de lo que la recordaba y un par de verdosos moretones en sus brazos.

No puedo ayudarla. No puedo hacer nada por ella, así como no pude hacer nada por Alison.

-Llámenme si me necesitan. No hagan nada tonto ¿de acuerdo? -advierte a la chica que de inmediato asiente a sus instrucciones antes de que finalmente nos deje solas y en un incómodo silencio que solo me recuerda lo mucho que quiero llorar.

-Pensé que te habían liberado -comenta Alice y la verdad es que no se porqué siempre siente esta necesidad de hablarme-. Cuando te llevaron ese día...

Quiero que me dejes tranquila. ¿No lo entiendes? Solo cállate.

-Los científicos pueden ser malos cuando no seguimos las reglas -confiesa y solo cierro los ojos esperando que entienda que no quiero escucharla-. ¿Te metiste en problemas por decir la verdad?

¿De que habla ahora? Yo no dije la verdad sobre nada, yo lo recordé y eso fue todo. Estoy aquí contra mi voluntad, estoy aquí porque no puedo hacer otra cosa, estoy aquí por que les pertenezco...

-Yo también sé la verdad -agrega y mi ignorancia me lleva a verla de inmediato-. Sé que puedes no ser un experimento y que tu conoces el exterior. Lo sé.

No digo nada porque aparte de mi inhabilidad para comunicarme, lo que dice me deja sin palabras.

-Se la verdad sobre mí -agrega-, que mi nombre es Lainey y no Alice.

Trago saliva.

-No soy sobreviviente de ningún Cancer. Ni tampoco fui la primera. Fui parte de una investigación para la enseñanza y mi rango de experimentación es psicológico -anuncia-. Ellos han probado mi mente desde que nací y...

Guarda silencio cuando sus palabras por primera vez consiguen hacerme sentir lástima por ella y en medio de mi confusión y la tristeza de su voz ella mece sus débiles piernas que de algún modo consigue hacer que cuelguen de la cama cuando se sienta.

-No creo que me guste que hagan eso -confiesa-. Aún me aterra equivocarme cuando ellos preguntan algo. Me han mentido por mucho tiempo... y estoy cansada.

Esto es lo que no quería saber de ella.

Sabía que nadie podía alegrarse al ver a los científicos ni hacer lo que nos obligan a resistir cada día con esa patética sonrisa en el rostro como lo hacía ella.

No puedo hacer nada para ayudarla. No resolvería nada de todas maneras. ¿Quién soy yo para creer que las cosas serán diferentes ahora que ha confesado la verdad? No soy nadie. No pude salvar a Alison. No podré salvarla a ella. Me canse de intentarlo.

Me rindo.

-Desde antes de que llegarás, por años, ellos han utilizado Adesomextrion en mí. Estoy bajo sus efectos desde que tenía seis años, pero dejó de funcionar -dice-. Comencé a recordar y el doctor Hughes fue el único que lo supo. Él me ayudó y él es bueno. Yo le importo.

Suelto un bufido desde lo más profundo de mi garganta ante la ineptitud de sus palabras y después solo dejo de mirarla.

Alice, Lainey, quienquiera que seas... estás sola.

A ellos no les importas. Nadie les importa. Te usarán al igual que nos han usado a todos y se desharán de ti cuando no te vuelvas más que un problema.

Es lo que siempre hacen.

-Hablaré con el doctor Vanderbilt -anuncia y ante su confesión me mantengo en silencio-, le dire que lo sé todo. Quiero ser valiente... quiero ser más como tú.

-Hablar no te traerá nada bueno -advierto, a pesar que lo único que quiero es quedarme en silencio-. En este lugar nada puede ser bueno. Mentir no deja que te salgas con la tuya y hablar únicamente te gana castigos. Seguir instrucciones hace que se aprovechen de ti y confiar en ellos solo provoca que bajes la guardia -agrego sin siquiera mirarla-.

Ellos volverán en cualquier momento y no quiero más problemas. Nosotros nunca ganaremos. Estamos destinadas a esto y nada más. Ellos deciden y ellos disponen.No voy a detenerte pero tampoco pienso ayudarte, así que por favor, déjame fuera de tus planes...

-Pero yo...

-Por favor -chillo y sin verla puedo saber que ha agachado la cabeza y todas sus esperanzas se han caído hasta el suelo.

He terminado con esto. He tocado fondo.

De ahora en adelante dejaré hacer a todos lo que quieran, como quieran, cuando quieran y con quien quieran.

Ya no hay más lucha en mí, han terminado con todo; con mi esperanza y mi fuerza.

Conmigo...

Estoy viva pero apenas estoy aquí.

Y si aún puedo hacer algo, es esperar a que me maten

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