32

Alison no está cuando despierto y en su lugar solo encuentro la cama completamente deshecha frente a mí.

Suspiro sintiéndome cansada a pesar de haber dormido perfecto toda la noche e intento cerrar los ojos por un momento más antes de que escuché que alguien me acompaña.

-¿Alison? -la llamo, pero en su lugar cuando echo un vistazo al otro lado de mi cama, encuentro a Sean mirándome desde una silla.

Carga con el mi grueso expediente y al encontrarme despierta, antes de decir cualquier cosa, solamente toma notas.

-¿Dónde está Alison? -lo cuestiono.

-¿Cómo te sientes? -pregunta en lugar de darme una respuesta.

-Cansada, siempre estoy cansada -suspiro harta de sus miles de interrogatorios diarios.

-¿Has dormido bien? -me limito a asentir.

-¿Dónde...?

-Voy a asignarte una hora de activación física al día, te ayudará a recuperar energía luego de las pruebas -me interrumpe y ahora pienso que lo hace completamente a propósito.

-¡¿Dónde está Alison?! -repito comenzando a alterarme.

-Ella está bien -contesta.

-Eso no fue lo que pregunté -señalo y él finalmente cierra mi archivo para mirarme a los ojos.

-Está en el salón de estimulación sensorial -responde.

Estuve ahí hace unos días. Es una gigantesca habitación con el poder de hacerte sentir que estás en el exterior. Hay jardín y plantas artificiales, olores, sonidos e incluso animales robóticos que pretenden simular la realidad mientras los científicos estudian cada una de las reacciones de tu cerebro ante todo ello.

-¿Qué está haciendo ahí? Quiero verla -demando.

-No puedes. Tienes una prueba en unos minutos y todos esperan por ti.

-Quiero verla... ahora -insisto-. No iré a ninguna maldita prueba hasta no verla.

-Madison, ¿puedes solo...? -señala la puerta y al ver eso, bufo ante su patético intento por persuadirme.

-¿Que haces aquí? -lo cuestiono-. Tú no encajas en medio de todo esto -me burlo al darme cuenta de que el hombre autoritario y serio que solía creer que era; ahora sólo parece un niño perdido que intenta ponerse unos zapatos que resultan imposibles de llenar-. ¡Quiero ver a Alison!-insisto.

-No lo harás -replica.

-Entonces no iré a ningún lado -anuncio y luego, me vuelvo a recostar en la cama-. Infórmale eso a quien quiera que te mandó a buscarme.

-No hablaría de ese modo si fuera tú... -me muestra el pequeño tubito plateado que en manos de alguien más, ya me hubiera propiciado una fuerte descarga; así que está vez en lugar de obedecer, lo reto estirándole el brazo.

-Hazlo -le digo y tras notar la evidente confusión en su rostro suelto una carcajada-. Eres solo un títere de Wen, ¿no es así? ¿Haces todo lo que te ordena? Quizás deberías considerar tatuarte este código en la muñeca tú también -le muestro y sonrío cuando finalmente se pone de pie-. Uy, ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a golpearme? ¿Me electrocutarás? -me toma de la barbilla y de pronto esta tan cerca que puedo ver mi reflejo en sus ojos-. Ya han hecho todo eso conmigo. No te tengo miedo. Tú no eres como ellos -digo y entonces la puerta me libra de mi destino cuando se atreve a alzar la mano.

-¿Qué está tomando tanto tiempo? -alguien irrumpe en la habitación.

-Quiero ver a... Alison -salto de inmediato de la cama y luego me arrepiento al encontrar a Vanderbilt en la puerta, lo que finalmente me hace pensar dos veces en mi siguiente movimiento.

-Y yo...-el hombre se acerca poniéndome completamente nerviosa-, quiero que por primera vez en tu vida te calles la maldita boca y sigas las ordenes que se te dan.

Está tan solo a pasos de mí y mi cuerpo entero se pone tan tembloroso como una gelatina ante su imponente presencia.

-Sólo uno de nosotros obtendrá lo que quiere. ¿Quieres saber de quién se trata? -me cuestiona alzando las cejas en un intento por saber si actuaré de la misma forma con él, pero el miedo me obliga a ceder ante sus palabras.

-Iré -anuncio.

-Buena decisión -agrega antes de señalarme el camino hasta el corredor.

La sala de pruebas donde nos detenemos está completamente rodeada de espejos, con lo único que está al centro del enorme cuarto siendo una silla con un par de sujetadores para muñecas y tobillos que me produce escalofríos de inmediato.

-Siéntate -me ordena casi cuando llegamos y no me queda alternativa salvo seguir sus instrucciones.

Mi padre es quien me sujeta a la silla y sin cuidado alguno ajusta los helados sujetadores metálicos a mi cuerpo. Al terminar me empuja en la silla hasta dejarme de espaldas al espejo principal dejándome ver el resto de la vacía habitación.

-¿Cómo te encuentras hoy, Madison? -me pregunta Dawson, quien esperaba pacientemente en una de las esquinas de la sala a que me prepararan.

-Bien -contesto.

-El doctor Wrestler mencionó que te sentías cansada -comenta-. ¿Dormiste bien? ¿La niña está distrayéndote?

-Estoy bien -respondo cortante y ante ello, comienza con el mismo interrogatorio de todos los días hasta que finalmente cuando termina, me deja tranquila permitiendo a mi cerebro inventar toda clase de teorías de lo que se avecina para mí en esta prueba.

Mientras tanto, los internos trabajan como una colonia de hormigas para traer todo lo que necesitarán. Cinco máquinas de monitoreo, una camilla, un cronómetro y una nueva bañera de cristal llena de agua que consigue ponerme nerviosa al instante.

Pienso en la ultima vez que tuve una prueba en una bañera y el insoportable dolor del día siguiente cuando desperté con la piel destrozada.

La sala se vacía cuando han terminado de traer todo lo necesario y Wen es finalmente quien entra empujando una pequeña silla con ruedas en las patas hasta que consigue sentarse justo frente a mí.

-Buenos días, Madison -comienza.

-Hola -contesto.

-¿Cómo estás?

-Bien.

-¿No vas a preguntarme como estoy? -me cuestiona.

-No podría importarme menos.

-¿Por qué la actitud? -me cuestiona.

-Alison...

-¿Es un problema?

-No, ella está bien conmigo, pero esta mañana no estaba y yo... realmente quiero verla -contesto.

-Oh, eso no es problema. Vas a verla en un momento más -me asegura y al escucharlo al fin puedo respirar-. ¿Podemos volver a mi ahora? -me encojo de hombros-. Me siento frustrado, ¿sabes por qué?

-¿Por qué? -le sigo el juego cuando no tengo otra alternativa.

-Verás, desde que tengo memoria he dedicado mi vida entera a la Ciencia para poder ayudar a los demás. Todas las tareas que realizamos todos los que formamos parte de esta comunidad todos los días son desgastantes para nosotros, pero cuando los resultados se vuelven lo que esperábamos... todo vale la pena.

Frunzo el ceño cuando no dice más.

-¿Debo comentar algo?

-No he terminado -me interrumpe-. En este lugar encontramos la cura a cientos de enfermedades que antes eran mortales, pero ¿sabes algo? En lugar de ser reconocidos por ello, hemos sido criticados, atacados y juzgados por los métodos que utilizamos para obtener esos conocimientos. ¿Te imaginas dedicar toda tu vida a buscar algo y no recibir el reconocimiento de nadie cuando logras encontrarlo?

Sus palabras me llenan de confusión y en respuesta a ello, las manos me sudan y el hecho de no poder limpiarlas se vuelve exasperante.

-Tú ya has comprendido lo necesario que es todo lo que hacemos aquí. ¿No es así? -me pregunta-. Lo has vivido en carne propia.

-Claro, todos han sido descubrimientos muy importantes -respondo intentando decirle justo lo que sé que quiere escuchar, pero en respuesta, se ríe y da un golpecito con la punta de su dedo a mi nariz para después acomodarse de nuevo en la silla.

-Hace una semana... -narra-, estaba impresionado mientras revisaba los resultados de algunas de tus pruebas. Me sentía completamente satisfecho con el trabajo que habíamos realizado y como todas tus pruebas arrojaban resultados muy satisfactorios. Estaba orgulloso de ti y ¿sabes? Sentí que tu y yo finalmente nos apoyábamos.

No puedo responder nada porque sus palabras me toman tan por sorpresa que me quedo sin habla.

-¿Quieres saber que pasó después? -pregunta como si realmente tuviera alternativa-. El doctor Vanderbilt y el doctor Dawson entraron apurados a mi oficina con una noticia impactante mientras discutía los resultados con el doctor Dawson -explica-, dijeron que habían recibido la llamada de un contacto que tenemos en la policía de Estados Unidos quien nos informó que estamos siendo acusados del supuesto secuestro de una ciudadana americana -hace comillas con sus dedos al hablar-. ¿Tienes idea de quienes pueden estar buscándonos?

Mi madre, Clarisse, Levy, Dylan, la Asociación... la lista es infinita.

-Esas personas en las que estás pensando...-señala-, de manera muy astuta y perspicaz... -busca por algo en el bolsillo de su bata y después entre sus dedos me muestra una diminuta cápsula negra-, implantaron esta cosa en el antebrazo de cierta personita. Sabes de quien hablo ¿no es así?

Mi mente ata los cabos de inmediato y un nudo enorme se forma en mi garganta.

-Alison -mi voz se rompe.

-Exactamente -dice jugueteando con la extraña cápsula entre sus dedos y luego la acerca más a mí para que pueda verla mejor-. Gracias a esto, la Asociación ha logrado rastrear a la niña hasta Londres y muy pronto estarán llegando a rescatarte como todos unos héroes -anuncia-. ¡Felicidades, mi querida Maddie, estás muy cerca de la libertad!

Una mezcla muy grande de emociones se apodera de mí.

-Cuando te encuentren, encontrarán el Centro y luego de eso, estamos seguros de que nos destruirán. ¡Es solo cuestión de días! ¡¿No es eso fabuloso?! -finge emoción.

-Sabías que eso iba a suceder tarde o temprano -señalo.

-Y estás en todo lo correcto -me dice-. El trabajo de miles de personas a lo largo de más de treinta años terminará en la basura, gracias a ti. ¿Qué irónico que el Centro haya optado por mantenerte con vida no lo crees?

-¿Van a matarme? -pregunto.

-No. ¿Cuántas veces hemos discutido ya eso? -responde arrastrando su silla hasta mi lado-. Luego de estudiar nuestras opciones por horas y horas, llegamos a la conclusión de que matarte no sería de mucha ayuda y además sería muy fácil. Lo hecho, hecho está. No resolvería nada -explica-. Mereces una vida plena, has pasado por mucho y espero que la disfrutes -dice haciéndome detectar una nota de sarcasmo en su voz-, ahora, comencemos con la prueba, ¿te parece?

Hace una señal al espejo detrás de mí y casi de inmediato la puerta se desliza dejando a Sean entrar en la habitación sujetando la mano de Alison, que viste un traje de baño blanco y su cabello peinado en una larga trenza café.

-¡¿Qué está haciendo ella aquí?! -gritó con el corazón en la garganta cuando todo y nada a la vez comienza a cobrar sentido.

Alison mantiene la mirada fija en el suelo y Sean la entrega a Wen como si se tratara de una mercancía. Está temblando y con facilidad puedo detectar que ha estado llorando.

-¡Dijiste que no la lastimarían! ¡Lo prometiste! -chillo.

El maldito médico se pone en cuclillas para alcanzar a la niña que ni siquiera se atreve a levantar sus ojos de lo asustada que está.

-Wen -lloro jaloneándome en un intento por liberarme cuando toma sus pequeñas manos en las suyas-. Alison, no lo escuches. -logro un muy corto contacto visual con ella pero tan pronto me mira Wen la obliga a sostenerle la mirada a él.

-Hoy vamos a hacerte una prueba -le dice y luego gira su carita para forzarla a ver la bañera que ahora caigo en cuenta realmente espera por ella-. Vamos a darte un baño -anuncia y eso basta para que mi corazón entero se parta en pedazos ante la forma en que Alison se vuelve un manojo de nervios y ansiedad e intenta librarse de su agarre.

-¡No! -llora.

-Wen...

-Sí, debemos hacerlo -el médico la sujeta con fuerza cuando la pequeña sacude su cabeza e intenta librar sus manos de él.

-No, por favor -le suplica.

-Wen, déjala ir, te lo ruego -chillo-. No tienes que hacerlo, Alison. Vas a estar bien.

-No quiero -me dice pero Wen vuelve a girarla cuando ella intenta llamarme.

-¡Mira! ¿Recuerdas esto? -le dice mostrándole el ordenador que siempre carga en su bata y tan pronto lo reconoce, ella se pone peor.

-¡No! ¡Wen! ¡Por favor! ¡Déjala ir! ¡Entiendo lo que dices! -grito en un desesperado intento por librarla del baño, pero mis palabras terminan siendo ignoradas.

-Recuerda lo que siempre te he dicho. Toma mucho aire y no dejes entrar el agua a tu boca. Quiero que hagas un muy buen trabajo, hay muchos científicos observándote, ¿puedes verlos? -la presiona mientras un grupo más numeroso de médicos comienzan a llenar la habitación y ésta vez un par se acerca para tomar a la niña, casi al tiempo que las máquinas de monitoreo se encienden y comienzan de inmediato a crear gráficas sus signos.

-¡No! -grito lastimándome la muñeca al jalar de los malditos cinturones que me impiden detener lo que sucede.

-¡Madison! -ella suplica por mi ayuda cuando la fuerzan a caminar.

-¡Suéltenla! ¡Wen, te lo ruego! ¡He hecho todo lo que me has pedido! ¡No la obligues a hacer esto! ¡Por favor! ¡Hablaré con mi madre, con la Asociación, con quien tú quieras! ¡Rogaré que detengan la búsqueda y que dejen al centro tranquilo si es lo que quieres! ¡Puedo hacerlo! ¡Te lo juro! ¡Haré lo que quieras! ¡Has la prueba conmigo! ¡No me negaré a nada! ¡Seré el mejor sujeto que han tenido, te lo prometo! No la obligues a hacerlo, por favor -lloro sobre los gritos de histéricos de Alison a quien ya intentan colocarle las polainas en manos y pies del otro lado de la habitación.

-Intenté ayudarte -Wen contesta indiferente-, pero no nos dejaste alternativa.

-¿Qué fue lo que hice?

-¡Madison ayúdame! -ella me grita como en una de mis peores pesadillas.

-¡¡NO!! -apenas puedo respirar ante lo mucho que grito-. He aprendido mi lección. Los apoyo, te lo juro. Lo entiendo todo, entiendo lo que dices, entiendo por que lo hacen -chillo y antes de que logre darme cuenta otro médico me inserta una esponja en la boca que ahoga el resto de las cosas que intento gritar, empeorando mi desesperación y pese a ella Wen se gira indiferente y camina hacia donde Alison aún se resiste a los médicos que intentan sujetarla.

-¡Suficiente! -la reprime proporcionándole una descarga en el cuello que la hace gritar de dolor y a mí de solo verlo mientras las lágrimas me empapan la cara-. ¡Dije que fue suficiente! ¡Deja de llorar si no quieres que lo repita!

-¡No papi, por favor! ¡No quiero un baño! ¡No quiero! -ella suplica pero para mí sorpresa deja de jalonearse para dejar que la preparen.

-Llorar solo hará que necesites más oxígeno en el interior. Déjame verte respirar. Inhala y exhala... -le advierte limpiando su cara y ella solloza mientras se limita a atender sus instrucciones, pero todo eso se va al carajo cuando deciden levantarla por los brazos y el exceso de peso en sus extremidades la lastima.

Puedo ver la lecturas de dolor disparándose hasta el cielo en los monitores.

Los médicos se posicionan junto a la bañera inexpresivos ante la horrible manera en la que Alison tiembla y suplica en un intento por salvar su vida.

-Posiciones -ordena Wen y esa simple palabra basta para que la niña muestre un autocontrol increíble y de pronto se convierta en un robot que ejecuta órdenes a una velocidad impresionante-. Toma aire, Alison. Tiempo en: tres... dos... uno...

Cierro los ojos incapaz de continuar mirando y el pitido del cronómetro comenzando a andar junto con el sonido del agua en movimiento me estremece dejándome saber que han comenzado.

-Quiero que mires -recibo una descarga cortesía de Wen y tan pronto abro los ojos encuentro a Alison en el fondo de la bañera y un minuto ya transcurrido en el reloj.

Debajo del agua ella aún intenta hacer lo imposible por salir a la superficie y sus ojos se mantienen bien abiertos mientras el agua se agita ante sus desesperados movimientos.

Mis súplicas no se detienen, rasgándome la garganta por lo fuerte que intento gritar, pero resultando inentendible incluso para mi lo que sale de mi boca mientras Wen observa con atención a mi lado.

Las máquinas comienzan a lanzar alertas que a toda costa intento no mirar.

-El ritmo cardíaco está disminuyendo -anuncia alguien.

-La última vez que la sometimos a ésta prueba, resistió siete minutos debajo del agua. ¿Puedes creerlo? Esperamos que consiga siete minutos con quince segundos en esta ocasión -comenta Wen por sobre mí llanto y cuando miro a Alison de nuevo sus ojos se han cerrado y burbujas aparecen en el agua.

-¡NO! -grito y captó la atención de Wen cuando finalmente logro expulsar la esponja de mi boca-. ¡SÁCALA! ¡Sáquenla de ahí! -aúllo-. ¡No es su culpa! ¡Por favor!

-No, no lo es, es culpa tuya -contesta tomándome con fuerza por la barbilla para obligarme a presenciar con lujo de detalle la terrible escena frente a mis ojos-. Mírala, todo lo que está sufriendo es por tu culpa. Ella pudo ser feliz, pudo tener una vida normal, pero tú nos obligaste a hacer todo esto. Sus pulmones están sintiendo un ardor impresionante en este momento y pronto se contraerán obligándola a jadear.

-No. Detenlo por favor -suplico-. ¡POR FAVOR!

-El agua entrará con fuerza quemando su esófago hasta hacer colapsar sus pequeños pulmones cuando se llenen de líquido y luego de tan solo segundos sin oxígeno, su cerebro se apagará y su corazón dejará de latir -continúa-. ¡Mira el monitor! ¡Mira lo débil que está!

-¡Eres un monstruo! -chillo tirando de los cinturones que se rehusan a dejarme ir.

Ahora hay cinco minutos transcurridos en el reloj y el monitor cardíaco no cesa con las alertas.

-¡Hagan algo! ¡Sáquenla! ¡Solo es una niña! ¡¿Cómo pueden hacer esto?! -grito intentando apelar al resto de los médicos que inútilmente solo observan como Alison se ahoga.

Encuentro al doctor Hughes en una de las esquinas, aquel médico que solía pensar que era mejor que todos ellos. Puedo ver su piel aclararse mientras se mantiene inmóvil junto a la bañera y aunque la preocupación es clara en su rostro y veo la forma en que aprieta sus puños como si quisiera actuar, tampoco hace nada por sacarla de ahí-. Por favor... por favor...-lo miro directo a los ojos y sé que lo nota porque no consigue sostener el contacto y en cambio solo ve el piso.

-Cuando vengan a salvarte, hazme un favor y recuérdales lo que hicieron. Diles lo que sucedió con su adorable caballito de Troya -Wen dice al tiempo que el monitor detiene las alarmas y en su lugar comienza a emitir un solo pitido sostenido.

Busco a la niña de inmediato y encuentro su cuerpo inmóvil mientras su trenza flota en la agitada agua.

Hay una sola línea recta en el monitor y tan pronto se extiende por toda la pantalla suelto un alarido espeluznante que me comprime el pecho y me deja sin aliento rompiéndome la garganta.

Otro pitido proviene del monitor cerebral.

Es tanto el esfuerzo que me toma llorar que podría vomitar mientras el resto de los médicos se mueven tan lento que juraría que no lo hacen y yo lo único que logro es seguir suplicando por ayuda para Alison desde mi maldito lugar al que con toda intención ahora entiendo porque me habían restringido.

Cuando la sacan del agua, sus pequeños brazos y piernas cuelgan a sus lados como lo los de una muñeca de trapo y tan pronto ponen su inconsciente cuerpo en la camilla. Los médicos la rodean.

-¡Sálvenla! -grito como si aún fuera posible hacer algo-. ¡Ayúdenla!

Veo como le quitan las pesas y la secan con delicadeza con una toalla antes de comenzar a examinarla.

Revisan sus pupilas y toman sus vitales en busca de cualquier signo que indique que de alguna extraordinaria manera haya logrado sobrevivir, pero ella se queda tan rígida como un trozo de hielo.

-¡Hagan algo por favor!

-Declárenla -Wen ladra y tiemblo como un celular, esperando que sus ordenes resulten tan ignoradas como mis suplicas.

-¡Ayúdenla por favor!

-Hora de deceso ... diez con veintisiete -Hughes anuncia y mi corazón se hace añicos.

Se ha ido. Se ha ido y todo ha sido por mi culpa.

Alison, muerta.

Murió de la peor manera que alguien puede morir. Murió haciendo lo que más le aterraba en el mundo. Murió inocente. Murió gracias a mí.

Es mi culpa.

Mi culpa.

Mi niña.

Mi Alison.

La presión de los cinturones se libera y a pesar de que pudiera hacer un millón de cosas el shock es tan grande que lo único que consigo es seguir llorando.

-¿Quieres jugar a ser la super heroína? -Wen pone su pesada mano sobre su hombro-. Tienes diez minutos para salvarla.

-¡NO ME TOQUES! ¡Aléjate de mi! ¡La mataste! ¡Mataste a Alison! -grito y como puedo me levanto de la silla, arrastrándome hasta llegar a la camilla donde está ella.

-¡Alison! -chillo dando pequeñas palmaditas en sus mejillas que por más que quisiera, no logran hacerla reaccionar-. No, no, no -lloro-, despierta por favor. No puedes estar muerta, no me dejes, te necesito.

Con todo el esfuerzo del mundo intento darle primeros auxilios.

Presiono su pequeño pecho lo mejor que puedo tratando de reiniciar los latidos de su corazón, pero todo es inútil y no provoca ninguna diferencia, el monitor ni siquiera detecta mis débiles intentos.

-Lo siento, lo siento mucho -me aferro a su helada manita. Ahora sus rosados labios se han tornado morados al igual que las uñas de sus dedos que esta vez ya no se aferran a la mi mano como solía hacerlo-. Perdón. Perdóname por dejar que te lastimaran -lloro encontrando el horrible código de vuelta en su muñeca que solo empeora como me siento-. Perdón por no haberme dado cuenta de ti antes. Lamento no haberte defendido, no haberte escuchado todos esos años -le besó la mano esperando que en algún momento sus dedos recuperen su movilidad, pero nuevamente nada sucede.

Se ha ido... realmente se ha ido.

-Perdón por haberte abandonado. Merecías algo mejor, algo mucho mejor de lo que pudimos darte -me subo a la camilla y la sujeto en mis brazos meciéndola como a un bebé esperando que de alguna manera pueda sentir mi compañía.

Si hay siquiera una pequeña fracción de ella aún en su cuerpo quiero hacerle saber que estuve aquí. Que a pesar de no haber podido salvarla la amaba con locura.

He resistido todo esto por y gracias a ella. Alison, ella era la fuerza que me mantenía viva. Lo que me levantaba por las mañanas antes de que iniciaran mis pruebas. La esperanza de que todo esto valía la pena si así la mantenía a salvo.

Mi Ali.

Mientras la mezo y ella permanece sin moverse, intento grabar en mi mente su angelical rostro; sus redondas mejillas, sus pequeños labios y sus largas pestañas que descansan sobre sus ojos cerrados y, así, al verla tan tranquila; un repentino alivio, en medio del dolor y el llanto, logra sacarme una media sonrisa.

-Ya estás a salvo, ¿no es así?-la beso en la frente-. Ya no pueden lastimarte más. Se acabó el sufrimiento. Eres libre -le susurro intentando imaginar que solo duerme.

Solo duerme...

En algún lugar sobre el arcoíris, muy arriba

Hay una tierra de la que oí una vez en una nana

En algún lugar sobre el arcoíris los cielos son azules

Y los sueños que te atreves a soñar se hacen realidad.

Con cada verso que sale de mi boca, un pedazo de mí se va rompiendo.

A diferencia de la última vez que la escuché viniendo de su dulce voz, la canción tiene un significado nuevo.

Hoy ha dejado de ser triste y de pronto ha conseguido convertirse en mi nueva luz y perfecto recuerdo de ella.

Puedo imaginar su sonrisa y recordar la manera de reír tan dulce que tenía. La forma en la que mordía su labio en un intento por imitarme cada vez que pensaba en algo y como sus hermosos ojitos brillaban al hablar de lo que fuese.

Sus frases infantiles... el constante olor a chocolate de su boca...

Algún día le pediré un deseo a una estrella

y despertaré donde las nubes están lejos por debajo de mí.

Donde los problemas se derriten

como gotas de limón por encima de las chimeneas

Allí es donde me encontrarás

Quiero pensar que se ha ido a ese lugar del que habla la canción. Un lugar sin problemas, sin pruebas y sin dolor. Sin personas que la lastimen.

Un lugar sin miedo. Un lugar donde solo hay tranquilidad. Un lugar donde por fin está a salvo y en paz.

En algún lugar sobre el arcoíris, los pájaros azules vuelan

Los pájaros vuelan sobre ese arcoíris

Por qué, oh, ¿por qué no puedo yo?

Si los felices pajaritos vuelan más allá del arcoíris

Por qué, oh, ¿por qué no puedo yo?

Estoy tan segura de que lo has logrado que siento celos de ti, mi Alison.

¿Por qué no me llevas contigo? ¿Por qué no puedo yo?




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