29

Estuve cerca.
Muy cerca de librarme de todo esto.
El dolor. Mi sufrimiento. La preocupación que me atormenta a cada segundo del día.
En un momento estaba varada en un lugar muy oscuro que jamás había visto antes donde lo único que veía era a mí misma.
Sola.
No había ruido, no había nadie. Solo yo caminando en una inmensidad atormentante que parecía nunca acabar.
Sentía como que me movía en círculos y por más que continuaba avanzando era imposible llegar a otro lugar.
Y luego, había una luz...
Vi una luz y pensé... quizás sea la luz de la que todos hablan. Esa luz al final del tormento.
Así que la seguí.
Caminé y troté y termine corriendo hacia ella hasta que cada vez se hacía más grande, pero la vida tenía un camino distinto para mi y en cambio cuando mis ojos se abrieron todo lo que encontré fueron médicos, cinco médicos que me rodeaban y uno sostenía un bisturí como si hubiera estado apunto de hacerme pedazos antes de que repentinamente volviera a la vida.
Aquí estoy ahora, recuperando mis fuerzas y con la piel más reluciente que he tenido jamás tras una semana entera en que ellos han trabajado por restaurarla.
Jamás había lucido mejor.
-Vaya cambio -comenta Wen cuando me encuentra observándome atónita frente al espejo-. ¿Cómo te sientes?
-Bien-contesto.
Casi parezco una persona normal.
-Te ves bien. Sorprendente lo que un poco de Ciencia puede hacer ¿no lo crees? Imagina toda la gente que hemos ayudado a recuperar su piel luego de un terrible incidente con ese medicamento -señala-. Es magnífico - dice tomando mi brazo para observar más de cerca la perfección y suavidad de mi piel.
-Lo único que puedo pensar es en los cientos de niños que hicieron sufrir una eternidad para que pudieran lograr este resultado -contesto.
-¿Has escuchado alguna vez sobre el dilema del tranvía? -me pregunta y ésta vez solo alzo las cejas en respuesta-. Un tranvía corre fuera de control por una vía hacia cinco personas que se encuentran atadas a esta -comienza-. Junto a ti hay una palanca que controla un interruptor y si tiraras de esta, desviarías el tranvía a un carril lateral salvando a las cinco personas qué hay en la vía, pero, hay otra persona atada a la vía lateral. ¿Tirarías de la palanca?
Él, imita mi reacción alzando las cejas.
-¿La tirarías tu? -pregunto.
-No dudaría ni un segundo -responde-, pero yo te pregunté primero.
-No debería haber nadie atado en primer lugar a ninguna vía -contesto.
-Esa no es una respuesta -señala-. ¿Lo harías?
Me niego.
-Hay una diferencia muy grande entre causar un mal y dejar que ocurra. Hubiera sucedido lo mismo incluso si yo no estuviera presente.
-Pero estabas ahí... -insiste-, y pudiste hacer algo.
-Matando a otra persona -alego.
-Es cuestión de ponerlo todo como si estuviera en una balanza. Créeme que vale la pena. Lo comprenderías de no haber estado en contacto con todas esas personas ingenuas del exterior... tú madre...-exhala y un nudo enorme se forma en mi garganta cuando la menciona-. Sí que supo como meterte ideas en la cabeza.
-Lo que ustedes hacen aquí, es inhumano -señalo-. Nadie debería de atravesar por todo esto. A pesar de que no tengan ni idea de qué es lo que les hacen. ¿Cómo pueden no verlo?
-¿Cómo podemos no verlo? Eso es interesante -se burla antes de pellizcar mi mejilla-. ¿Lo ves? Es agradable conversar contigo cuando no eres tan insoportable.
Rosie llega a mitad de la conversación y la expresión del rostro de Wen cambia de inmediato a una más seria.
-Está lista, doctor -anuncia la gorda mujer y segundos después estoy caminando por el corredor siguiéndolos.
Terminamos en otra habitación que no es la mía donde encuentro dos camas gemelas pegadas a la pared y una pequeña ventana con vista hacia el corredor. Quienquiera que esté afuera puede ver lo que pase aquí dentro y viceversa, lo que resulta completamente extraño.
La cama trae de vuelta a Alice a mi mente, a quien no he visto en un muy largo rato desde que recupere la memoria, pero ya tengo demasiado en la cabeza como para dejar que el pensamiento de ella también me atormente.
-¿Qué es esta habitación? -pregunto en cambio.
-Creímos que éste lugar te haría sentir más cómoda -responde.
-¿Una habitación con una ventana enorme de donde me pueden observar a todas horas y llena de luz? -lo cuestiono -. No veo porqué no.
Wen carraspea la garganta ante mi comentario.
-¿Ha vuelto el sarcasmo? -me reprime y yo me muerdo la lengua.
Todas tus acciones repercuten en Alison.
-Tiene más luz, me gusta. Gracias -me corrijo forzándole una falsa y sumisa sonrisa al final que es lo que estaba esperando.
-Un poco mejor -responde e indica que me siente en una de las diminutas camas. Él se sienta junto a mí -. Verás, nos ha sorprendido tu comportamiento durante la última semana, luego de nuestra charla y tu pequeño encuentro con el equipo de corrección disciplinaria. Estamos realmente agradecidos por el enorme esfuerzo que has puesto y lo cooperativa que te has mostrado durante las pruebas. Hemos logrado avanzar mucho.
-Bueno, hecho lo mejor que he podido -contesto extrañada.
-Como decía, estamos tan satisfechos con tu desempeño que hemos decidido otorgarte una recompensa por tu trabajo del modo que lo hacemos con todos nuestros experimentos -responde.
¿Qué soy? ¿El experimento del mes?
Suprimo una sonrisa por el pensamiento que cruza por mi mente y que me fuerzo tanto a no decir cuando él hace una señal a quienquiera que espera afuera y cuando la mujer que hasta ahora veo recargada en la ventana del pasillo se mueve; mi recompensa se asoma por la puerta y me mira con una tímida y enorme sonrisa en la boca.
Mis ojos se llenan de lagrimas de inmediato y soy incapaz de creer que esto es verdad.
-Acércate -le dice Wen y Alison corre de inmediato hacia mí.
-¡Sorpresa! -ella grita llena de inocencia y yo me cubro la boca mientras las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas.
Miro a Wen y luego a ella, una y otra vez sin creer que esto realmente está pasando.
-Quiero abrazarte -lloro y antes de que logre mirar a Wen para obtener su permiso ella simplemente se lanza a mis brazos dándome el abrazo más fuerte que es capaz de regalarme.
Ella está aquí y no es un sueño.
Puedo sentirla. Puedo tocarla. Siento su calor. La sensación del contacto humano. Puedo oler el aroma a chocolate en su boca.
La sostengo con fuerza contra mí.
-La junta directiva decidió otorgarte ésta especial recompensa por todo el esfuerzo que has puesto últimamente -la doctora Belhier quien ahora entiendo es la que acompañaba a Alison comenta-. Dejaremos que compartan dormitorio siempre y cuanto te comprometas a que esto no afectará de ninguna manera tu desempeño en las pruebas.
-No lo hará -respondo sin soltar a la niña quien también se aferra a mi cuerpo-. ¿Cuáles son las reglas?
Pregunto en un intento por mostrarme lo más cooperativa posible.
-No hay reglas -responde Wen-. Asegúrate de estar lo suficientemente descansada para el día siguiente y continúa cooperando. Es todo lo que pedimos- anuncia y por primera vez en mi vida le sonrío a Wen.
Una sonrisa, honesta y real, llena de pura y placentera felicidad.

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