27

Al abrir mis ojos, el radiante sol entra por mi ventana, cegándome al igual que siempre antes de que segundos después Sarah entre en mi habitación.
-¡Arriba y a brillar! ¡Es un nuevo día! -anuncia y cuando abre las cortinas de par en par el sol me pega con mas fuerza en la cara.
Me levanto sin problema y avanzo directo a mi lugar favorito en la ventana.
Puedo verlo todo: el sol resplandeciente, los vibrantes colores en el jardín, el camisón de seda suave y rosa que visto para dormir y a Sarah quien me sonríe enormemente desde la puerta.
-¿Cuánto tiempo dormí? -pregunto y al sentarme en el pequeño colchón de la cornisa mi piel entra en contacto con el calor.
Se siente bien.
-Es hora de despertar -me dice-. Mírate, estas hecha un desastre.
Mi piel comienza a despedir un pequeño vapor en contacto con el sol, como si fuera una papa recién salida de agua hirviente. Mi muñeca izquierda está limpia.
-¿A dónde fue? -pregunto.
-¿Qué? -Sarah se acerca y me mira como si de pronto me hubiera vuelto loca.
Mi piel comienza a arder y cada vez es más y más vapor lo que sale de mí.
-Mi código... ¿Dónde está?
Sarah se ríe y ríe con tanta intensidad que ahora creo que ella es quien perdió la cabeza.
-¿Tu código? Está en todas partes... ¿Qué creías? ¿Qué te habías liberado de eso? Ay dulzura, ¡siempre serás un experimento!
-Yo...
-¡Mírate! -se carcajea e imita la expresión que debo tener en la cara mientras lo que sucede no termina de ser hilarante para ella-. ¡Mírate!
Me alejo de la venta y ésta vez doy un paso más cerca hacia el espejo donde entonces lo veo... cada centímetro de mi piel se pinta de números y conforme me acerco puedo identificar cada vez más.
«e-150».
Está en mi frente y mis mejillas. Los lóbulos de mis orejas, mi cuello y mis piernas...
-¿Qué me pasa? -chilló mientras el ardor cada vez se vuelve más intenso y al intentar quitar las terribles marcas conforme pasó mi mano sobre ellas solo incita a que aparezcan más-. ¡Ayúdame! ¡Sarah!
-¡¿Ayuda?! ¡Nadie va a venir a ayudarte! ¡Estás sola Madison! ¡Bienvenida a la realidad!
-¡No, alto! -le gritó cuando continúa burlándose y mi piel está cada vez más tatuada-. ¡Alguien ayúdeme!
Salgo corriendo y el segundo en que pongo un pie fuera de mi habitación el exterior se convierte en la sala de pruebas.
-¡Ayuda! -llamo por alguien y entonces aparece Wen-. ¡Ayuda! ¿Qué sucede?
-Sólo quédate quieta -me toca la cara y así despierto de la manera más súbita.
Todo lo que siento dolor y desesperación cuando intento gritar, pero una mascarilla de oxígeno me impide hacerlo mientras las maquinas a las que me encuentro conectada comienzan a emitir una escandalosa alarma.
-No te muevas -Wen aparece en mi campo
de visión, pero cuando trato de quitarme el molesto artefacto de la boca, él me detiene y tan pronto como su guante toca mi piel, el contacto lanza una onda intensa de dolor insoportable hasta mi cerebro.
-Shhh... déjala puesta -me advierte-. Sé que duele. Es anestésico, te ayudará. Inhala profundo.
Mirarme en el espejo sobre mí lo empeora todo. Mi piel está al rojo vivo y en varias partes logró visualizar gigantes ampollas por las quemaduras que me recubren el cuerpo entero.
-¿Qué haz....? -lloro, pero la mascarilla lo hace inentendible.
-El tejido aún está bastante sensible, con dos rondas de aplicación podría bastar para restaurarlo -sugiere otro médico que a mis pies empeora mi estado al tocar mi pantorrilla.
Fuego se extiende en mi interior como si estuviera recostada en una cama de llamas ardientes que solo me hace querer retorcerme de dolor.
-Madison, mírame -Wen sostiene una botella de aerosol en alto-. Vamos a rociarte con esto hasta impregnar tu piel por completo. Va a arder por un momento, pero te aseguro que solo durará un par de segundos, después, sentirás una frescura relajante. Va a ayudarnos a renovar tu piel ¿me entiendes?
-No...
-Comencemos a mi señal -me ignora y estando completamente inhabilitada para hacer algo más, mi tortura comienza y experimento lo que el tonto médico predijo, sucede y de todo el dolor que he experimentado todo este tiempo, realmente este es el peor.
-¡Eso es! ¡Hiciste un excelente trabajo! -Wen me consuela limpiando el sudor que me empapó la cara tras su tortura dejándome completamente agotada-. ¡Ya terminó! Terminamos...
Lo escucho, pero sólo puedo mirarlo.
-El ritmo cardíaco disminuye... -escucho al tiempo que mi visión comienza a tornarse borrosa.
-No, no, no. Madison, quédate conmigo -dice y siento como arrancan la mascarilla de mi boca cuando mis ojos comienzan a cerrarse en contra de toda mi voluntad.
-¡Prepárense para iniciar compresiones...!
-¡Código azul! ¡Sala diecisiete! ¡Código azul...!

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top