24

Despierto en el helado piso de una habitación apenas iluminada. El olor es terrible y las paredes están recubiertas de baldosas azules. El suelo está mojado y con ello mi ropa que está completamente pegada a mi cuerpo por el agua que desprende un olor a humedad espantoso.

Todo mi cuerpo me duele y levantarme del suelo resulta imposible cuando ni siquiera encuentro las fuerzas para hacerlo. Estoy acabada.

¿Dónde estoy?

El zumbido de la puerta que no encontraba por ningún lado dispara un terrible recuerdo en mi mente y es suficiente para hacer que mi cuerpo entero se ponga alerta.

«Niña estúpida, nadie va a venir a sacarte de aquí», un hombre me gritaba mientras me proporcionaba la mayor paliza de mi vida.

Choque primero mi cadera contra el suelo y luego de que intenté levantarme, mi cabeza freno recibió el impacto cuando decidió empujarme contra la pared.

No podía defenderme, no podía siquiera enfrentarlo y el... él usaba toda su fuerza.

«Todos te han dado por muerta» -decía mientras sus puños se hundían en mis costados y me dejaban sin aire-. «Tu mami ya se ha conseguido otro hijo y la niña que tanto te esmerabas por salvar... ella está aquí y como tú pertenece aquí. ¡Nos pertenecen!»

El tacto de alguien en mi brazo me estremece y me despierta del terrible flashback para devolverme a esta horrible realidad.

-No me toques... -intentó decir pero lo más que se escucha salir de mi hinchada boca es un quejido.

-Levántate. Te traje un par de analgésicos -me jala y es suficiente ese simple movimiento para que me retuerza de dolor.

-No, por favor -chillo hasta que consigue voltearme boca arriba y al fin logro verla.

Olivia Belhier, un monstruo que bien podría estar disfrazado de ángel hace una mueca al verme.

-Oh, déjame ayudarte -susurra como si verdaderamente estuviera preocupada y de una bolsa que carga con ella saca una grasosa pomada que de inmediato me unta en la destrozada cara-. Debemos sacar a relucir de nuevo esa belleza en ti...

-¡Aléjate de mí! -otro quejido inentendible.

-Shh -me silencia antes de inyectar mi adolorido brazo-. Ésta es la sala de disciplina y es un lugar que nuestros experimentos visitan una sola vez en sus cortas vidas si sus conductas lo ameritan -me dice-. Asumo que no es agradable tener cientos de litros de agua golpeándote el rostro ¿cierto? Claro que tú lo tuviste peor. Vanderbilt puede ser bastante explosivo en ocasiones.

Sollozo.

-¿Vanderbilt...me hizo... esto? -jadeo.

-¿Aprendiste la lección?

-Son todos...monstruos -balbuceo.

La mujer se ríe. Una risa suave y delicada como una brisa de frescura y un toque de felicidad. Ríe como si estuviera en un restaurante con una pareja y acabara de escuchar el mejor chiste del mundo.

-Tu lección es que nunca debes ocultarnos información a nosotros ¿me entiendes? Porque si lo haces es como si yo hiciera esto -me dice presionando mi esternón con tanta fuerza que pienso que podría romperse y es tan terrible el sentimiento que suelto un horrendo chillido.

-¡Alto! ¡Alto!

-¿Lo ves? Así es como lastimas nuestra investigación -presiona aún más y luego finalmente lo libera-. ¿Eres un desperdicio de recursos lo sabías? Invertimos tiempo, dinero y nuestro esfuerzo entero en ti y... no lo aprecias. ¡Te estamos dando un propósito! Ofrecer tu vida a la Ciencia debe ser el mejor regalo del mundo entero. ¡Eres única! ¿Lo entiendes?

Esta mujer está demente. Tengo mucho miedo y dolor y solo quiero...

Un nuevo zumbido me deja ver a Wen al abrir la puerta.

-¿Despertó? -pregunta abriéndose paso.

-Está despierta y con vida -contesta la mujer.

-Bien -contesta-. Levántate, Madison. Suficiente drama por hoy -me ordena y de un jalón por el brazo me obliga a ponerme de pie.

-Eres más fuerte de lo que tu mente cree que eres -su mano en mi barbilla es lo único que previene que me desvanezca de vuelta en el suelo.

-Mátenme -lloro antes de que me obligue a avanzar.

-No. Muévete, tengo algo que quiero enseñarte primero -me advierte dejándome abandonar a la mujer en la sala y llevándome hasta el corredor.

Para mí sorpresa mis piernas funcionan sin problema, pero mi cara y la forma en que me encorvo al caminar son lo que demuestran que la paliza fue más que real.

-Entiendes que haber ocultado tan importante detalle de los científicos no te ayudó en absoluto ¿cierto -me habla sobre su hombro mientras continuamos avanzando por el infinito corredor-. Te lo dije y fui muy claro contigo. Solo tenias que cooperar, no te he pedido nada más todo este tiempo.

-No puedo... -jadeo-. No puedo seguir.

-Solo faltan un par de salas más, sigue moviéndote y déjame hablar -insiste jalándome por la muñeca hasta que finalmente llegamos a la habitación que buscaba y sin dudar me abre la puerta para hacerme pasar.

El lugar es idéntico a la sala que recuerdo en mi casa. Dos secciones divididas por un cristal dejándome ver una infantil habitación que resguarda a una niñita recostada en el suelo sobre sus codos, sosteniendo su cabeza en sus manos y lee un grueso libro meciendo sus piecitos en el aire.

De algún lado, mi cuerpo consigue una sobredosis de adrenalina y tan pronto la identifico soy capaz de lanzarme directo hacia ella, no sin que antes Wen me regrese tirando de mi cabello con fuerza.

-¡Mira que rápido recuperaste tu fuerza! -exclama.

-¡Prometiste que no la traerías! ¡Maldito hijo de...! -Wen sostiene mi mano en alto a tan solo centímetros de su cara cuando intento desquitarme y en cambio me toma por el cuello como siempre lo hacen para controlarme.

-Más vale que tengas mucho cuidado cariño -dice torciendo mi mano hasta el punto de hacerme soltar un chillido que al fin logra liberarme.

-¡Dijiste...!

-Dije que no la lastimaría mientras tú cooperaras -me interrumpe-, pero también dije que si no lo hacías ella iba a tomar tu lugar, ¿recuerdas? Parece que estamos por llegar a ese punto.

Así con solo esas palabras mi fuerza entera o lo que quedaba de ella, se desvanece y con ella toda esperanza que tenía de que Alison estuviera bien.

Las pruebas, las torturas, mis castigos y todo aquello que no logro recordar de lo que me hicieron los últimos tres meses. Todo ello, me forzaba por creer que valía la pena soportarlo porque ella estaba a salvo. Ella estaría bien y nadie iba a lastimarla.

-No la lastimes, es solo una niña -lloro.

-No quiero, pero tú me estás obligando a hacerlo. Vanderbilt ya no quiere continuar contigo como sujeto, dice que eres complicada de manejar, habla de liberarte y...-sacudo mi cabeza un millón de veces en respuesta-. Ordenó mañana una valoración a la niña. Realmente planea reemplazarte con ella.

-¡No! ¡Por favor no lo hagas! ¡Seré buena! ¡Haré lo que me pidan! ¡No me negaré! -le suplico y de la manera más humillante me tiro prácticamente a sus pies-. Por favor... por favor...

-¡Levántate! No seas ridícula -me jala lastimando todo mi cuerpo para volver a ponerme de pie.

-Lo siento, por favor lo hagas -chillo-. Por favor.

-Entonces cumple con tu deber -contesta.

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