23

Alice no está en su cama cuando despierto y tampoco estaba ayer al volver de mi prueba.
Estoy sola.
Mientras dormía, tuve otro sueño y esta vez el doctor Hoffman estaba ahí y también el nuevo doctor Wrestler.
Estábamos en una casa y había una niña...
-Buenos días, Madison -el doctor Wrestler, quien ahora parece haber reemplazado al doctor Hughes entra en mi dormitorio.
Me siento en mi cama.
-¿Cómo te encuentras hoy?
-Estoy bien -contesto esperando que Alice vuelva antes de mi prueba. Quiero decirle de mi sueño.
-¿Te duele algo? ¿Notaste algo diferente el día de hoy en ti? -me cuestiona.
-No, yo... acabo de despertar -contesto y mi voz tiembla.
-¿Por qué estas agitada?
-No lo sé -respondo-. ¿Dónde está Alice?
Me atrevo a preguntar.
Un sentimiento de desesperación comienza a tomar control de mi cuerpo y siento por un instante que que el aire se acaba.
El doctor Wrestler se acerca y con ello, recuerdo pedazos de mi sueño.
Estaba él con el doctor Hoffman y la doctora Belhier. Hablaban sobre mi y yo los escuchaba desde unas escaleras... podía escucharlo todo.
-Madison, detente.
Al reaccionar, el doctor Wrestler está tomando mi mano que inconscientemente utilizaba para rascar mi muñeca.
Hacía esto mismo en mi sueño, tallaba mi código y de pronto desaparecía, pero ahora. Ahora los números sólo resaltan bajo el rojo de mi lastimada piel.
Me siento atrapada, como si estuviera atada, pero no hay cinturones. Solo él y sus ojos.
Sus ojos que hacen que me pierda en ellos.
¿Estaremos conectados él y yo? ¿Compartimos el mismo código? ¿Ese código de genes del que
hablan todos los libros de biología? ¿Ese código que dicta quién soy?
Vuelve a mi mente la casa enorme de mis sueños.
-¡Papi! -el grito de una niña me taladra la cabeza y entonces puedo verlo a él.
Estoy soñando despierta.
-Ahora no, Madison -me dice-. ¿Dónde está Sarah?
-Quiero ver a mami, ella prometió que dibujaríamos -la voz de la niña es igual a la de mis sueños.
-Está ocupada, será mejor que no molestes. Sarah puede ayudarte. ¡Sarah! -grita el doctor.
-No quiero a Sarah, quiero a mami.
-Lo siento señor, me distraje un minuto y... -una nueva mujer aparece, pero no consigo ver su rostro
-No podemos permitirnos distracciones, Sarah. Llévatela de aquí. ¡Gina...!
Mis manos tiemblan y mi corazón se acelera como cuando tuve mi prueba de adrenalina y los doctores aceleraban mi corazón de maneras repentinas.
Una vez que la sustancia se apodera de mi cerebro no puedo controlar nada.
-Algo está mal -murmuro.
-¿Qué? ¿Qué te sucede? -el médico habla y al verlo de nuevo, la imagen de un joven doctor Wrestler mucho más joven viene a mi mente.
-Sarah -balbuceo y su rostro se llena de sorpresa.
-¿Qué has dicho?
-¿Dónde está Sarah? Tú... te escuché decirlo -repito-. ¿Quién es Sarah?
No hay respuesta y en cambio el doctor se lleva el comunicador a la boca.
-Código rojo, sujeto e ciento cincuenta -llama y eso siempre quiere decir qué hay problemas.
El resto del equipo no se demorará en llegar.
-¿Qué es...? ¿Qué me sucede? -la confusión toma el control de mí.
No eres nada más de lo que nosotros queramos que seas. ¿Me entendiste? ¡Pedazo de basura! Ahora puedo escuchar al doctor Vanderbilt.
-¿Qué fue eso? -lloro-. ¡Qué estás haciendo?!
-Madison, tranquilízate. Déjame ayudarte -el doctor me empuja y casi tan pronto toco la almohada, el intenta restringirme a la cama.
-¡No! ¡Basta! ¡Basta! -grito y mi cabeza se llena aún de más voces.
¡Nunca te has preocupado por mí! Dices querer hacerlo, ya lo he escuchado cientos de veces, pero es una mentira. No estás haciendo nada de esto por mí o por los niños. Lo haces para conseguir sentirte mejor contigo misma. ¡Y tienes tanto miedo de fracasar que buscas que otros tomen los riesgos por ti! Ahora es mi propia voz. Fuerte y completamente reconocible.
Estaba gritando y estaba molesta... muy molesta.
Dawson entra apurado y con él, el doctor Vanderbilt quien al verlo me hace comenzar a temblar de una forma incontrolable cuando una nueva imagen viene a mi mente y de pronto lo tengo tan cerca que puedo sentir sus manos alrededor de mi cuello mientras sus dedos se clavan directo en mi tráquea.
-No puedo respirar -jadeo.
-Cálmate Madison. Inhala. Exhala... Inhala. Exhala...
Recuerdo al doctor Hoffman de cuando era más pequeña. Tampoco podía respirar y mi cuerpo, recuerdo que dolía mientras el gritaba que continuaran mi prueba... había otra doctora, que era buena... siempre era buena.
-Pasado... -balbuceo-. Recuerdo... ¿efecto... secundario?
-Sí, puede ser -me sujeta Dawson-, déjame revisarte -insiste y tan pronto apunta a mis ojos con su lamparita es como si la luz de mi mente también se iluminara y un montón de recuerdos y rostros nuevos me atormentan de golpe.
Sean. Levy. Georgina. Dylan. Anne. Jessica. Clarisse. Raymond. Emma. Sam. Alison.
San Francisco. Los Ángeles. Londres. Sol. Playa. Arena. Casa. Escuela. Carro. Parque.
Apartamento. Tristeza. Felicidad. Miedo. Confusión. Pánico. Ira. Frustración.
Fui un experimento. Mi prueba falló. Casi muero. Una médica interrumpió mi prueba y me salvo
la vida. Me liberaron del laboratorio. Enfermé. Me recuperé. Fui criada por la mujer que me salvó. Sarah pasaba todo el tiempo conmigo. Había una puerta que no se me permitía abrir. Entrenaba tenis todos los días. Comencé a ir a la escuela. Conocí a un niño. Levy era su nombre. Levy lo sabía todo. Levy y yo crecimos juntos. Conocí a Anne. Levy conoció a Jessica. Jessica se volvió nuestra amiga. Jessica comenzó a estar siempre con nosotros. Mi madre me evitaba. Mi padre no me quería cerca. Nunca podía preguntar nada. Era la mejor de la clase. Gané un concurso. Señorita Perfecta. Odiaba la atención. Sarah se burlaba de mi nuevo título. Escuche a una niña llorar en la casa. Me obsesioné con ello. Hice preguntas. Hubo respuestas. Georgina, mi madre confesó ser una científica. Mi casa era un laboratorio. Mis padres eran científicos. Una niña era su experimento. Escuche una conversación que no debía. Descubrí que había sido un experimento. Toda mi vida había sido una mentira. Mis padres no eran quienes yo creía. Sarah sabía todo desde que yo era pequeña. Solo Levy era real. Me hundí en depresión. Georgina me llevo a McDonald's. Hablamos. Me contó toda la verdad. Me recordó como salvo mi vida y como quería salvar a la niña. Accedí a ayudar. Me escapé con la niña. Levy nos llevó a Los Ángeles. La niña se llamaba Alison y tenía seis años. Le tenía un temor intenso al agua y amaba los chocolates. La enseñe a jugar. La enseñe a confiar en mí.
Conocí a un chico en un parque. Su nombre era Dylan. No confiaba en el. Quería llevarse a Alison. Me quería a mí. Me invitó a salir. Nos besamos. Todo había sido una trampa. Me invito a salir mientras los científicos encontraban a Alison. Nos encontraron.
Wen no estaba feliz. Wen le dijo a Dylan que era un experimento y Levy estaba con ellos. Tenía
un código con tinta invisible en la muñeca. Wen dijo que se desharía de mí. Me inyectó algo.
Desperté en el sótano. Discutí con Dylan. Nos reconciliamos. Hubo un juicio. Luchamos por
Alison. Me gradué. Ganamos el juicio. Enfermé.
Me dolía todo. Estaba muriendo. Todo era culpa de Wen. Dijo que iba a morir.
Tuve más dolor. Le dije a mi madre lo que pasó. Mi madre pensó que era una estúpida por haber dejado que eso pasará. La comparé con Wen. Me arrepentí. Tenía mucho dolor. Empeoré. Enferme tanto que no podía siquiera hablar por tanto dolor. Wen y Vanderbilt me inyectaron cinco veces. No podía moverme. Jure que estaba muriendo. Quedé inconsciente.
Desperté en un cuarto pequeño. Me enfurecí al darme cuenta de que se trataba de un laboratorio. Tatuaron mi código en mi muñeca. Estaba viva. Estaba sana. Era de nuevo un experimento. Intenté luchar. No sirvió de nada. Me amenazaron con reemplazarme con Alison. Alison merecía felicidad. Acepté ayudar. Había otra chica. Alice. Alice también es un experimento. Alice sonríe cada segundo del día. Me rehusé a conocerla. No quería compartir habitación con ella. Vanderbilt me lastimó. Me asfixió y me dijo que yo no era nada. No soy nada. Me inyectaron una nueva sustancia. Me privaron del sueño. No dormí en cuatro días.
Esto es real. Esa era mi vida. Mis conocidos. Mis sentimientos...
¿Qué...?
-¡¿Qué estoy haciendo aquí?! ¡¿Dónde estoy?! -chillo cuando no soy capaz de entender nada-. ¿Qué me han hecho? ¡Aléjense de mí! -grito al percatarme de como Wen intenta acercarse.
-Madison -intenta calmarme.
-¡No! ¡Basta! -me pongo de pie, pero tengo tanto miedo de todo lo que me rodea que las piernas me tiemblan y termino dejándome caer contra la pared cuando comienzan a acercarse más.
-No vamos a lastimarte -miente.
-No, por favor -les suplico-. Quiero irme a casa... tengo miedo... tengo mucho miedo, por favor.
El olor a antiséptico me irrita la nariz y el helado suelo me cala hasta los huesos cuando la piel de mis débiles piernas entra en contacto con este.
-Ponte de pie y déjate de tonterías -me ordena Vanderbilt.
-No... por favor -chillo-. Déjame ir.
-¿Quién crees que va a creer tu acto, pequeño pedazo de mierda? ¿Eh? -el médico se acerca de golpe y de inmediato me toma tan fuerte de la mandíbula que creo que si quisiera podría arrancarla de mi cara-. ¿Esperas que mami venga a salvarte otra vez? ¡Estamos muy lejos para eso!
-¡Vanderbilt!
Recibo una bofetada que no esperaba y me deja viendo estrellas por un rato antes de que me tome del brazo hasta obligarme a ponerme de pie.
Me jaloneo y cuando me arrastra hasta el corredor me atrevo a gritar.
-¡Ayuda! ¡Mi nombre es Madison Wrestler! -mi voz resuena por todo el pasillo-. Fui traída aquí en contra de mi voluntad. ¡Ayuda!
En el camino a donde quiera que vamos mientras el hombre me lleva casi a rastras tirando de mi cabello, el único hombre que realmente conozco se acerca a mí al detenernos fuera de una de las salas de aislamiento.
-Papá, diles que se detengan... por favor-le suplico antes de que sea él mismo quien saca un tranquilizante del bolsillo de su bata y encaja la m aguja directo en mi carótida hasta dejarme completamente indefensa.

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