21

-¿Doctor?

Luego de mi prueba, mientras el doctor Hughes desconecta las cuatro máquinas a las que me conectaron para estudiarme.

La voz en mi cabeza sigue haciendo miles de preguntas sobre lo qué pasó mientras dormía y lo que hablaba con Alice.

-¿Sí? -contesta cuando cuidadosamente despega un electrodo que aún tenía en mi cuello.

-¿Puedo hacer una pregunta?

El sonríe.

-Técnicamente, acabas de hacerlo -señala y por un momento me hace dudar.

-¿Puedo hacer otra?

-¿Por qué no? -alza las manos-. ¿Qué sucede?

Lo dejo salir y como si fuera la voz en mi cabeza con quien hablo, le digo todo lo qué pasó anoche. Intento recordar lo que vi mientras dormía y le menciono también lo que Alice me dijo; la forma en que tuvo que despertarme y el hecho de que también hablo mientras duermo hasta que para cuando termino, Ethan se sienta junto a mí.

-Así que estás soñando -es todo lo que dice y yo digo que sí un montón de veces.

-¿Está mal?

-¿Por qué pensarías eso? -me cuestiona.

-Ya no recibo el Adesomextrion -le recuerdo.

-Ah, cierto... eso -dice-. Nope, creo que estás bien.

Mis ojos se abren.

-Pero, no soñaba.

-Bueno, ¡felicidades, ya puedes! -sonríe.

-Pero...

-Mira, ¿quieres que te hable como médico? Los sueños se producen gracias a un proceso que implica al hipocampo, una parte del cerebro muy importante que regula la memoria en combinación con la amígdala, otra pequeña parte del cerebro que se encarga de controlar tus sentimientos y emociones -dice y ante ello nuevamente digo que sí-. Bien, existen dos tipos de fases de sueño; la fase REM es comúnmente la fase en la que se provocan los sueños y es también donde predominan los procesos de reparación cerebral; mientras que la otra fase, la No REM tiene una función un poco más relacionada con la reparación de tejidos corporales y la conservación y recuperación de energía que gastas durante el día, ¿lo entiendes?

-No.

Él bufa.

-Bueno, tampoco nosotros. La razón más probable por la que no podías soñar es porque mientras estabas bajo la influencia del Adesomextrion, tu cuerpo entraba únicamente en la fase de sueño no REM y así tú cerebro se concentraba únicamente en la reparación de tu cuerpo y hacer que estés completamente recargada y lista para el día siguiente. Ahora que no lo estás, tú cerebro está almacenando memorias de cosas que probablemente ves durante el día y te hace repetirlas por la noche mientras sueñas. No es la gran cosa, estarás bien.

Su explicación me deja aún más confundida, pero decido quedarme con lo último que me dice y recordar que estaré bien.

Soñar es normal.

No hay nada que reportarle al equipo.

* * *

-Intentémoslo de nuevo -Alice me sobresalta cuando regresa de su prueba y salta hasta mi cama.

El rebote, hace que mi cerebro se sacuda dentro de mi cabeza.

-¿Aún lo recuerdas? -sonríe llena de curiosidad.

Ella será una muy buena científica algún día.

-Eso creo.

Ella siempre quiere saberlo todo sobre mis extraños sueños.

-Me veía a mí caminando dentro de un enorme lugar. El techo era altísimo y de color azul con algunas... formas raras y blancas flotando muy cerca de lo azul.

Ella cierra sus ojos y por un momento creo que intenta ver lo que yo vi. El doctor Hughes lo llama imaginación y es algo que dice que yo tengo de sobra.

-Debajo de mis pies había esta... cosa de tono casi café pero muy clara que estaba formada por cientos de pequeños puntitos y que cubría el suelo por completo. Era casi como si el suelo no existiera y estos puntitos hubieran tomado su lugar ¿entiendes? -Alice sacude la cabeza, pero no sé de qué otra forma explicarlo-. Mientras caminaba, mis pies se hundían y cubrían de ellos. La única parte del suelo que no estaba cubierta de estos puntitos estaba cubierta de agua, pero no era transparente como la de las regaderas, parecía de un azul más oscuro que el del resto del lugar y podía moverse.

-¿Agua que se mueve? -Alice abre los ojos-. ¿Estaba cayendo?

-No. Se acercaba casi hasta tocar mis pies y luego se alejaba como si algo la jalara de regreso -digo-. También había alguien junto a mí y sonreía. Estábamos sentados en una toalla sobre los miles de puntitos mirando al agua que seguía moviéndose frente a nosotros mientras no hacíamos nada.

-¿Alguien? Eso es muy extraño -dice y entonces la puerta se abre dejando entrar a mi equipo de investigación.

Ambas nos ponemos en posición de firmes de inmediato, pero el doctor Vanderbilt nos ordena descansar con el movimiento de su mano.

-¿Qué es extraño? -pregunta el doctor Hoffman.

-Madison dice que ha estado viendo cosas en sus sueños -Alice hace que todos me miren y ante ello solo veo el código en mi muñeca.

Los experimentos siempre escuchan a los científicos hablar de ellos. Es lo que hacen, pero a mí... No me gusta.

-He estado estudiándola y creo que podría tener un tumor que oprime su cerebro y eso le provoca alucinaciones -Alice corre a su cama y de inmediato le enseña su cuaderno de notas a los médicos.

Yo tengo otro, que utilizo en mi tiempo de estudio cuando no hay pruebas, pero a comparación del suyo, el mío está casi vacío.

Wen intercambia miradas con el doctor Dawson que viene con ellos y éste último levanta las cejas antes de tomar el cuaderno de mi compañera.

¿Tengo un tumor?

-¿Sueños? -Dawson lee-. ¿Cuándo comenzaron estos... sueños?

Estoy por hablar cuando Alice me interrumpe de nuevo.

-Ha estado así desde que...

El doctor alza la mano para detenerla sin siquiera hablar y ella se calla.

-¿Madison? -me cuestiona.

-No lo sé -contesto-. Solo comenzaron.

-¿Esto fue antes o después de suprimir el Adesomextrion? -pregunta el doctor Wen y lo pienso por un momento hasta que me distraigo con un nuevo médico que observa todo desde la puerta.

Está estudiándome y sus ojos me observan con mucha atención. Los reconozco sus ojos de algún lado y luego de reparar en ellos por un momento, caigo en cuenta de que es en mí misma.

-Madison, te pregunté algo -me reprime el doctor Hoffman y cuando devuelvo mi atención a ellos se que están molestos.

-D-después -titubeo.

-¿Cómo exactamente son estos sueños? -Dawson sigue cuestionándome.

-Es como si estuviera despierta, pero no aquí... estoy en lugares extraños que parecen tener sentido mientras duermo, pero al despertar...

-¿No puedes recordarlos? -el nuevo médico habla desde la puerta atrayendo mi atención.

Bajo la mirada, intimidada por la presencia de este nuevo científico que me resulta extraño.

Wen se acerca a mí y con gentileza levanta mi barbilla hasta que no tengo mas remedio que enfrentar al hombre.

-Contacto visual cuando te hablan -me recuerda y pongo de nuevo mis manos detrás de mi espalda entrando en posición de firmes para esperar por una nueva indicación que nunca llega.

-Madison, el doctor Wrestler te ha hecho una pregunta -me recuerda Vanderbilt.

Doctor Wrestler.

¿Ha estado aquí antes?

-Sí puedo recordarlos -contesto-, pero no... sé cómo sacarlos de mi mente.

-¡Tengo una idea! ¡Muéstrales lo que hiciste conmigo! -Alice sugiere y esta vez todos la ven.

¿Está en problemas por hablar sin que lo pidan?

No respondo porque si ella está en problemas, yo podría empeorarlo.

No debemos hablar entre nosotros en presencia de Científicos al menos que ellos lo soliciten.

-¿Qué es lo que te mostró? -Dawson le presta atención.

-A veces, ella me dice lo que ve y yo cierro los ojos e intento verlo también -explica-. En su último sueño vio una habitación enorme y azul, con el suelo hecho de miles de puntitos y agua que se movía, pero no porque caía.

Sorpresa, es lo que veo en el rostro de los tres científicos. Siempre tienen esa expresión cuando hay algo mal en los resultados de una prueba o después de que tuve aquel accidente que hizo que suspendieran mi tratamiento.

-¿Madison, es eso lo que viste? -me interroga Dawson.

-No lo sé -comienzo a desesperarme-. No estoy segura de haberlo explicado bien.

Dawson suspira e imagino que sus niveles de cortisol se han elevado tanto como los míos.

-Relájate, intenta pensar y organiza tus ideas -señala-. ¿Qué recuerdas?

-Yo... -me pongo nerviosa y tantas miradas sobre mí solo empeoran todo.

-¿Qué tal si intenta dibujarlo? -el nuevo médico sugiere y todos de pronto también lo miran.

Me pregunto si los científicos también se meten en problemas.

-Es una brillante idea, Sean -comenta el doctor Hoffman y eso es suficiente para que me lleven de vuelta a una sala de pruebas.

La habitación es muy pequeña, casi diminuta. Solo soy yo, una pequeña mesa frente a una ventana desde donde puedo verlos observarme, una hoja y un bote lleno de crayones junto a mí.

Un interno me prepara, conectándome a un monitor cerebral y cuando estoy lista, el doctor Hoffman habla desde el otro lado.

-Madison, ¿puedes escucharnos?

Digo que sí con la cabeza.

-Bien, frente a ti tienes un par de crayones que quiero que uses para intentar dibujar en ese papel lo que hayas visto, ¿comprendes?

-No se si lo haré bien.

La hoja frente a mí parece ser cada vez más grande.

-Tienes quince minutos, haz tu mejor esfuerzo -ordena y luego veo como comienzan a hablar entre ellos sin permitirme escuchar.

El cronómetro en la pared que señala mi tiempo comienza a retroceder.

Los observo por unos momentos. Los cuatro científicos hablando de mí, sin molestarse en mirarme, pero aun así vigilándome

Los científicos siempre observan a los experimentos.

Cierro los ojos cuando me descubro distrayéndome de lo que tengo que hacer y después, intento recordar esa playa; como si estuviera dormida, cuando cierro los ojos puedo verla una vez más.

Veo la arena formada de esos millones de puntitos bajo mis pies con diferentes tonos de color café que adquieren un tono más oscuro conforme se acerca el agua.

Veo el mar, con su color azul como los ojos del doctor Hoffman moviéndose hasta casi tocarme.

El sol brilla a lo lejos como un enorme foco.

El cielo azul rodea todo.

Comienzo a trazar con el mejor esfuerzo del que soy capaz; dibujando cosa tras cosa que viene a mi mente y cuando por fin termino levanto la mirada a la ventana con todavía cuatro minutos en el reloj.

Admiro una vez más mi dibujo y cuando lo encuentro luciendo tan similar como la imagen en mi cabeza, mi corazón late rápido.

-Lo logré -murmuro y entonces, me sorprendo cuando el doctor Dawson habla detrás de mí.

No me di cuenta de cuando entró.

-¿Has terminado?

-Sí, creo que... lo hice bien -contesto mostrándole la hoja y cuando lo mira, me cuesta trabajo entender su reacción.

-¿Qué es esto? -pregunta.

Está molesto.

-Mi... dibujo -le explico-. ¿Está mal?

-¿Qué sucede? -pregunta Wen ingresando a la sala y lo acompaña el resto de los doctores que en su presencia, hacen que el lugar se sienta aun más pequeño.

Dawson le muestra el dibujo.

-Tiene que ser una maldita broma -balbucea el doctor Vanderbilt antes de darle un fuerte golpe a la mesa-. ¡¿Cuándo demonios comenzaste a recordar?!

Su grito me sobresalta y de pronto me inundan unas repentinas ganas de llorar.

Yo no lloro.

Los experimentos no deben llorar.

Llorar no hace nada, solo es molesto para los que nos rodean.

-Raymond -advierte el doctor Hoffman. Las manos del doctor Vanderbilt tiemblan y por un momento me pregunto si es efecto de haber golpeado tan fuerte la mesa.

Hay un intercambio de miradas y yo me quedo en silencio.

Recordar es traer a la mente algo que ya pasó. Como mi prueba de esta mañana, recuerdo que dolió y mucho, pero no recuerdo este lugar... ¿Cómo podría? Jamás he estado ahí...

-¿Madison? -el doctor Hoffman me llama y cuando lo miro creo que me he perdido su pregunta.

¿Qué estoy haciendo?

-¿Has estado viendo algo más en tus sueños además de este lugar? -me muestra mi dibujo y todo en mi mente es confusión.

Lugar.

-¿Sabes qué es?

Recibo una descarga en el cuello cuando la curiosidad me gana y dejo salir una pregunta no autorizada. El dolor solo incrementa mis ganas de llorar y las lágrimas se vuelven difíciles de contener.

-Vanderbilt, lárgate de aquí y déjame resolver esto -el doctor Hoffman ahora también levanta la voz, pero esta vez para Vanderbilt quien sostiene el ordenador en su mano.

-Tiene que aprender -contesta el enojado médico-. No estamos jugando.

-Déjame...resolver... esto -Wen habla despacio y luego de un segundo el médico deja el ordenador junto a mí en la mesa y se marcha.

Es tan pequeño, y produce tanto dolor...

-Madison, sabes que solo queremos tu bienestar, ¿cierto? -Wen toma el aparato de la mesa y luego se agacha hasta estar en cuclillas frente a mi. Sus ojos azules miran intensamente a los míos desde el suelo.

Asiento.

-Necesito que seas honesta conmigo para poder ayudarte, ¿me entiendes? Quiero ayudarte, pero no puedo hacerlo si continúas ocultándome cosas -dice limpiando las lágrimas que consiguieron salir de mis ojos pese a todo mi esfuerzo.

Ésta vez, su mano es cálida. Como la mano de Alice cuando me ha tocado.

No usa guantes.

-Háblame, ¿has visto algo más? -insiste.

-Sí -digo-. Un niño y una niña que corrían por un enorme jardín verde. Y... reían -comento y sus cejas se juntan hasta formar una sola.

-¿Un jardín? -repite.

-En ocasiones, eso también sucede -confieso.

-¿Qué?

-Encuentro nombres para las cosas raras que aparecen en mis sueños.

-Raras... -repite y luego se pone de pie hasta recargarse en la mesa para mirarme de frente-. ¿Tienes nombres para todo esto? -me muestra mi dibujo otra vez.

Cinco palabras vienen a mi mente y asiento.

-Dímelo.

-Es una playa -señalo con mi voz temblando por alguna razón-. Hay un sol y arena. Está el mar y el cielo que lo rodea... todo.

-Ay, Madison... -el doctor exhala.

¿Lo hice mal?

-Si estás consciente de que lo que te sucede es algo raro -dice Dawson-. ¿Por qué no me habías mencionado nada?

-Alice dijo que era normal... que todos soñaban.

-¿Así que Alice sabía?

-Sí, ella y el doctor Hughes dijeron que no era importante -agrego.

-¿Hughes? -me cuestiona el médico antes de girarse para mirar al doctor que aguarda junto a la puerta en silencio-. ¿Tú sabías?

-Uhmm, ella...

-Busca a Alice, tengo un par de preguntas para ella -lo interrumpe Dawson ante lo que el médico solo asiente y luego deja la habitación.

Las manos comienzan a sudarme y tengo que limpiarlas en mi uniforme para que ellos no lo noten.

-Tenías una orden, Madison. Me decepciona que hayas decidido ignorarla. Pensé que habías entendido -me dice Hoffman.

-Pero sí lo hice -señalo.

-Ya veo -dice cruzando los brazos y luego decide tomarme de la barbilla-. Si vuelves a ocultar algo como esto de nosotros... tendrás muchos problemas, ¿me entendiste?

Me obligo a asentir.

-Llévensela de aquí.


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