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Hace una semana dimos un gran paso en la historia de la A.I.C.E.I y con ayuda de Dylan quien después de apoyarnos se aseguró de enterarnos que no quería volver a saber nada de los experimentos.

La asociación hizo pública la grabación de nuestra visita a casa de Jane, en donde ella cuenta su experiencia con el C.G.I desde su propia piel, evidenciando la clase de gente que son los científicos y como no les interesa nada más salvo conservar su poder.

Desde entonces, hemos recibido cientos de llamadas y correos de gente a nivel mundial que poco a poco han decidido unirse a nuestra lucha por acabar con ellos. Incluso hemos logrado que decenas de ex-portadoras se atrevan a hacer públicas sus propias historias sumando credibilidad a nuestro movimiento.

Ahora lo único que esperamos es el CGI se pronuncie contra nosotros y acepte sus errores para estar siquiera un paso más cerca de mi Madison.

-Gina, ¡mira esto! -Clarisse se acerca de con su computadora y se dispone a mostrarme un nuevo mensaje-. Quizás estamos más cerca de lo que pensamos -agrega abriéndome el correo que recibió.

Para: [email protected]

De: [email protected]

Asunto: IMPORTANTE: ¡Celeber tikal!

Mi muy estimada sra. Blanchard:

Ansío poder conocerla pronto. Por años he seguido el trabajo que ha realizado su asociación en su lucha contra el Centro Global de Investigación.

De cerca seguí el reportaje que se emitió internacionalmente cuando clausuraron el primer Laboratorio en Japón y volví a hacerlo cuando lo hicieron con el resto del mundo.

Imagino que llevar a cabo ese trabajo ¡ha sido increíble!

Siete años tenía yo cuando me enamoré de la Ciencia y los experimentos se convirtieron en mi pasión.

Obsesionado con ello jure que algún día, llegaría a ser alguien grande e importante en el mundo de la Ciencia como en su tiempo lo fue el gran doctor Nicholas Vanderbilt; pero he aquí una confesión:

No quiero lograrlo a expensas de otras personas y aún menos tratándose de niños.

Ésta nota que hicieron pública el otro día. Aquella donde esa mujer cuenta destrozada su historia luego de haber apoyado al Centro...

Se encargó de hacerme perder toda la fe que aún depositaba en este lugar.

Terrible fue también cuando después escuché el resto de las historias de las portadoras.

Aunque la verdad es que no se compara para nada con las atrocidades que realizan con los experimentos aquí dentro.

Años atrás, la institución solía regirse por normas. Normas muy estrictas que se encargaban de proteger a todos los colaboradores de la Ciencia, en especial a los experimentos que eran los más vulnerables.

Quien diría que todo eso quedaría de pronto en el pasado.

Una prisión es como este lugar de siente; de la que una vez que entras... no consigues volver a salir.

Intento ser bueno, señora Blanchard, el mejor puto científico que la ciencia jamás ha visto; pero tengo que lidiar con tantas injusticias aquí dentro que no creo querer seguir soportándolo.

¡Celeber tikal!

Un prisionero.

-¿Un prisionero? -la interrogo tan pronto termino de leer y ella asiente como esperando que de pronto entienda todo-. Lo siento, estoy perdida. ¿Sabemos de quién se trata?

-He pasado dos horas frente a este mensaje -sonríe y tengo que alzar las cejas para que se digne a incluirme en su conocimiento.

-¿Qué descubriste? -respondo cansada.

-¡Celeber Tikal! -contesta señalándome la palabra en la pantalla del correo.

-¿Celeber Tikal? -vuelvo a repetir.

-¡Sí!

Celeber Tikal...

-Ce...le...ver....Tikal- me separa las palabras y entonces comprendo.

-¡¿Se lee vertical?! -mi corazón se salta un latido.

-¡Así es! ¡Nos enviaron un mensaje oculto! - me muestra una pantalla nueva donde ya ha logrado descifrar el mensaje con las letras al inicio de cada párrafo.

M...A...D...I...S...O...N...E...S...T...A...A...Q...U...I

-Madison está aquí -chillo-. ¿Está viva?

-Parece que sí y muy probablemente el mensaje proviene de dentro del Centro así que tengo a miles de personas intentando rastrear la dirección de donde provino este correo -anuncia-. Estamos muy cerca.

-O no -respondo realista.

-Georgina...

-Cuando aún era parte del equipo -confieso- cada vez que la Asociación recibía notificaciones de personas que creían haber visto algo y estas suposiciones eran correctas. El Centro se encargaba de mandar sus propias notificaciones con el lugar más alejado posible de la realidad para distraerlos.

-Esto es diferente -contesta.

-¿De qué manera? -la cuestiono-. ¿Puedes probarlo?

-Lee el mensaje, entiéndelo. Claramente proviene de alguien que no está contento con lo que están haciendo ahí dentro.

-Un prisionero... ¿un experimento?

-O un científico -señala.

Suelto un bufido.

-Sí, claro -me burlo-. ¿Respondiste el mensaje?

-Mandamos un virus que intentará hackear el sistema del móvil del que se salió el mensaje. Si tenemos éxito... quizá podríamos recuperar a tu hija -contesta y todo suena muy bueno como para ser verdad.

-Ver para creer -contesto.

-Eso haremos -dice confiada-, y después lo veremos caer.


La sala de observación es diferente al resto de todas las otras salas y dormitorios. Todas las máquinas de monitoreo están conectadas a mí y tengo una intravenosa en mi mano izquierda que gotea un medicamento helado.

-¿Cuál era la probabilidad de esto sucediendo? -escucho y cuando me giro encuentro a mis médicos en un círculo frente a mi cama.

La cabeza me da vueltas.

El doctor Hoffman, Vanderbilt, Dawson y Hughes. Todos están aquí y veo a varios de ellos múltiples veces.

-No lo sabemos, la sustancia es un prototipo -responde el doctor Dawson y su voz tiembla como siempre lo hace.

-Dijiste que había sido probada -dice Hoffman.

-Y continúa siendo así. No ha arrojado ninguna reacción desfavorable en el otro sujeto -contesta el doctor Vanderbilt-. No estamos seguros de que la sustancia fue la que provocó esto.

-Ella no tiene antecedentes de ningún padecimiento neurológico -señala el doctor Hoffman-. Estaba completamente sana.

-No olvidemos que sufrió afectaciones bajo el Ixtradumicin. El otro sujeto jamás estuvo bajo los efectos de esa primer sustancia. Quizá...

-Su cuerpo se recuperó al cien por ciento. No hay secuelas de ningún tipo -se contradicen y luego comienzan una discusión de donde me resulta imposible comprender todo y lo más que sé es que hablan de mí.

-¿Qué proponen entonces para arreglar esto? Les recuerdo que estamos a mitad de la investigación -los silencia el director.

-Retirar el Adesomextrion -señala el doctor Hughes y todos lo miran.

-¿Por qué demonios haríamos eso? -lo cuestiona Dawson..

-Porque es la única manera de conocer lo que ocasionó este contratiempo. Si continúa deteriorándose a pesar de no estar recibiendo la dosis entonces debemos buscar por otro lado. Hasta el momento, si me lo preguntan, todo señala a la sustancia.

-Lo que dices es abs...

-Estoy con el chico -el doctor Hoffman interrumpe a Dawson que se acomoda sus anteojos y sacude su regordete cuerpo hasta erguirse-. Descartemos la posibilidad de efectos secundarios y partamos de ahí.

Todos me miran de repente y todas las diferentes réplicas de ellos se vuelven una sola al encontrarme despierta.

-Quiero un análisis completo de las sustancias en su sangre y que lo repitas cada veinticuatro horas. Monitorea estado de alerta y evalúa su capacidad física y cognitiva. Repórtame cualquier anomalía -el doctor Vanderbilt ordena y tan pronto lo hace el doctor Hughes se me acerca.

-Hola. ¿Cómo estás Madison? ¿Te sientes mejor? -me pregunta colocando una liga en mi brazo que le ayuda a resaltar mis venas mientras detrás de él, el resto del equipo continúa hablando.

Quiero escuchar.

Quiero saber mis resultados.

-¿Recobraría la memoria? -susurran.

-No lo se. Iríamos a ciegas -responde el neurólogo-. La sustancia ha estado inhibiendo el funcionamiento del hipotálamo en un setenta por ciento. Es muy probable que de no continuar con el tratamiento, su funcionamiento se restablezca y con ello su memoria. Todo dependería del deterioro que presente. Lo cual honestamente, aún no parece suficiente.

-Asignaré a la doctora Belhier para su acondicionamiento psicológico diario. Quiero su cerebro bombardeado día y noche con las reglas de este lugar -ordena Vanderbilt antes de comenzar a avanzar hombro a hombro con el doctor Wen-. Y sobre nuestro asunto en San Francisco...

Salen de la habitación y cuando los pierdo encuentro al doctor Dawson observándome cruzado de brazos.

-Eres un maldito dolor de muelas, ¿lo sabías? -gruñe con sus diminutos ojos mirándome fijamente y luego me toma por la barbilla para examinar mis pupilas como siempre lo hace, aunque esta vez, sostiene la luz por más tiempo contra mis ojos hasta que termino optando por cerrarlos y él se burla-. Niña débil. Eres tan molesta como eso que acaba de pasarte. ¿Qué sientes?

-Me duele la cabeza -contesto cuando al fin me da algo a lo que responder.

-Clasifica tu dolor en una escala del uno al diez para mí.

-¿Tres? -contesto y por alguna razón no soy capaz de asegurar lo que siento. Podría decir que el dolor en realidad me molesta, pero al mismo tiempo es como si solo estuviera ahí... presente.

-¿Lo dudas?

Me lleno de confusión.

-No lo sé.

Una arruga se forma entre sus cejas.

-¿Qué es lo último que recuerdas? -se siente a los pies de mi cama.

-Que me dolía mucho la cabeza -respondo-. No podía alzar mi brazo y ¿vomité?

-¿Sabes por qué pasó eso? -lo niego con la cabeza-. Bien. Lo que sucedió es algo que los médicos denominamos accidente isquémico transitorio -explica-. Quiere decir que de pronto dejaste de recibir el flujo ordinario de sangre que llega a tu cerebro, lo que ocasionó que éste comenzara a fallar de múltiples maneras, aunque por suerte pudimos detectarlo rápidamente y lo detuvimos antes de que se convirtiera en un derrame cerebral que pudo haberte afectado de una muy grave manera.

No entiendo nada de lo que me dice, pero quizás Alice sí lo haga. Ella sabe todo lo que un científico debe saber y puedo hacerle preguntas a ella.

-Creemos que la causa se encuentra en el Adesomextrion, así que suspenderemos su uso hasta determinar si realmente eso fue lo que detonó este accidente -me repite las palabras que hace unos segundos sugirió el doctor Hughes-. Ahora escucha con atención. La suspensión del tratamiento puede o no alterar el funcionamiento de tu cerebro de maneras casi imposibles de predecir; así que preciso que si notas cualquier cambio nos lo hagas saber de inmediato. ¿Entendido?

Asiento.

-¿Tienes dudas?

-¿Qué voy a sentir? -pregunto cuando me da la oportunidad.

-Los síntomas pueden variar desde momentos de confusión, mareos, pérdida de memoria o incluso alucinaciones -señala-. Tan pronto notes algo fuera de regla, necesito que me lo notifiques de inmediato. ¿Entendido?

-Sí, doctor.

-Bien -me dice y luego mira al doctor Hughes-. Llévala a mi laboratorio, le haré un par de estudios más y cuando termine con ella quiero que me traigas a Alice.

-¿Señor...?

-Necesito descifrar que fue lo qué pasó. No te demores -señala y luego nos deja solos.

-Madison -me llama el médico cuando termina de extrae mi sangre y lo miro-. Estamos en muchos problemas...


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