10

No tengo ni idea de qué es lo que hace el 90% de las sustancias que insertan en mi cuerpo la mayor parte de las veces.

Es como jugar a la ruleta rusa con inyecciones. ¿Me va a doler? ¿Me va a enfermar? ¿Me va a hacer sentir mejor? ¿Me va a matar?

Intento no pensarlo la mayor parte de las veces mientras las agujas perforan mi piel o cuando veo el líquido intravenoso gotear lentamente hasta perderse en mi interior, pero en días llenos de dolor como el que tuve ayer, agradezco infinitamente que que sus medicamentos sean tan efectivos que al día siguiente estoy como nueva otra vez.

Así que cuando Rosie vuelve por mí para obligarme a asistir a mi siguiente prueba, soy perfectamente capaz de caminar a su lado en el trayecto.

-¡Madison! -tan pronto como pongo un pie en la sala. Alice me grita desde una de las camillas mientras que me guían directo hacia la otra. Ella está conectada a un montón de aparatos que parecen ya haber terminado de usar en ella.

¿Cuánto tiempo ha estado aquí?

Tan pronto me siento en la mesa designada para mí, los internos de siempre me rodean de inmediato y toman mis signos vitales para después dejar que Dawson tome el control de la prueba y comienza con el interrogatorio previo a cualquier otra cosa.

-¿Cómo te sientes? -pregunta.

-Bien.

-¿Dormiste bien?

-Sí.

-¿Presentas algún cambio?

-No.

-¿Tienes alguna molestia o dolor del que debamos estar conscientes?

-No.

-En una escala del uno al diez. ¿Cómo te sientes físicamente el día de hoy?

-Diez.

-¿Has presentado problemas para respirar?

-No.

-¿Has percibido un acelero repentino en el corazón?

-No.

Anotan todas y cada una de mis respuestas en una tabla de evaluación y luego me realizan un rápido chequeo médico antes de que le entreguen una nueva y enorme jeringa al médico llena de un líquido turquesa que me provoca escalofríos de inmediato.

Usualmente hacen algo más antes de administrarme cualquier cosa, como mi código lo refiere. Algo que tenga que ver con mi resistencia física.

-¿Qué es eso? -lo cuestiono al verlo presionar un poco la jeringa dejando que una pequeña gota salga de la aguja y caiga hasta el blanco suelo bajo nosotros.

-Quédate muy quieta -me ignora en cambio y eso consigue ponerme aún más nerviosa de inmediato.

Intento seguir su indicación, pero tan pronto la puntiaguda cosa se acerca a mí no puedo evitar alzar la mano para detenerlo.

-N-no... ¿Qué es eso? -chillo.

-¡Hughes! ¡Sujétala! -el anciano médico grita y uno de los tantos médicos que rodeaban a Alice se acerca de inmediato.

-No, ¡no! -suplico moviéndome lo más que puedo para evitar que me restrinjan-. ¿Qué es eso? ¡¿Qué van a hacer?! ¡Por favor no!

-Tranquila, estarás bien. Todo será más fácil si cooperas -dice el médico que llamaron y cuando mis ojos no alcanzan a seguirlo, me toma por detrás y me sujeta hasta que no puedo moverme más.

Dawson me descubre el cuello por completo y luego de sostenerme tan fuerte por la quijada que siento sus dedos encarnándose en mis encías, la aguja atraviesa la piel de mi cuello.

-Administro ocho miligramos de Adesomextrion vía cervical -anuncia al interno que lo acompaña mientras mi cuello se tensiona terriblemente por la horrible punzada de dolor y lloro de desesperación hasta que de un tirón retira la aguja.

Me liberan y tan pronto lo hacen me llevo la mano al cuello donde siento como si este se hubiera hinchado de inmediato en respuesta al piquete.

Dawson me toma de la quijada para hacerme mirarlo otra vez.

-Haremos esto cada mañana, ¿me escuchaste?

Asiento sin alternativa.

-Bien, ya pueden quedársela -anuncia y así como si fuera una pluma la que cediera, comienzan a prepararme para mi siguiente prueba.




En la noche, vuelvo a verlo.

Cuando me regresan a mi diminuto dormitorio tan deshecha como un hilacho, me hago un ovillo en el duro e incómodo colchón de mi cama y vuelvo a sacar mi teléfono de donde lo escondí anoche bajo mi almohada. Luego de haber pasado horas repitiendo el único material que dejaron ahí dentro hasta memorizar casi por completo los videos.

Feliz cumpleaños! -la inocente carita de Alison vuelve a apoderarse de toda la pantalla de mi teléfono como la primera vez que lo reproduje y nuevamente las lágrimas me inundan los ojos.

Brinca llena de energía frente a la cámara y anuncia repleta de felicidad como es que tiene una nueva habitación en el apartamento de Dylan, quien ríe con ella como si fueran las personas más felices del mundo.

Supongo que ahora viven juntos en Los Ángeles.

Se ven bien.

Han seguido bien sin mi.

-Te amamos Madison y te extrañamos como no tienes idea -dice Dylan luego de que Alison termina de decir lo que él prácticamente le orienta a recitar como felicitación.

-Alison está feliz, justo como lo hubieras querido -repito al tiempo que la grabación dice lo mismo intentando aferrarme a esa idea.

-Espero que estes bien...

Al terminar el video, le sigue otro de mi madre quien para mi sorpresa está perfectamente bien acompañada de mi padre. Sujetan sus manos con cariño, de una manera en que jamás los había visto hacerlo antes, pero a pesar del intento por lucir bien, veo a mi madre desgastada.

La manera en que luce, jamás podré olvidarla. Tiene unos círculos negros enormes bajo sus ojos, la mirada cansada e irritada que me hace saber que no ha dejado de llorar todo este tiempo... por meses. Está mucho más delgada, su cabello es un desastre y su ropa no es formal como siempre lucia. Viste una camisa holgada que bien podría ser de mi padre y los pantalones de una pijama que usaría únicamente si el día estuviera congelante afuera...

¿Cómo es el clima en este momento? ¿Hay sol? ¿Está lloviendo?

-Te vamos a encontrar mi Maddie. Te voy a

encontrar y voy a hacer que esos monstruos que te alejaron de nosotros paguen por cada

segundo que te han mantenido alejada y por todo lo que te han hecho sufrir -llora y la verdad es que por más que he escuchado esas palabras de su boca me parece imposible creerlas.

Ellos me tienen.

Me tendrán para siempre.

Lo siento... mamá.

Lo lamento mucho.

La puerta vuelve a abrirse y me limpio de inmediato las lágrimas de la cara antes de bloquear mi teléfono para hacer que el holograma que reproducía desaparezca antes de girarme para ver a quien decide acompañarme.

-Hola -saluda el doctor Hughes antes de acercarse.

De todos los médicos en este lugar, él es el mejor. El único que realmente me trata como una persona.

Supongo que todo es parte de su manipuladora manera de ser para lograr que cooperemos, pero una parte muy grande de mi agradece cada vez que es él quien está cerca y no alguien más.

-¿Cómo te sientes? -me interroga antes de examinar mis pupilas como siempre lo hacen y luego escucha mi corazón.

-Bien. Estoy cansada -contesto a lo que solo asiente acostumbrado a ser lo que debe escuchar la mayor parte del tiempo.

-¿Has presentado mareos? ¿Náuseas? ¿Dolor de cabeza?

Me niego a todo y cuando termina su interrogatorio me fuerza una sonrisa.

-Ven conmigo -me dice ofreciéndome una mano como siempre cubierta por un guante de plástico que me ayuda a levantarme.

-Pensé que ya habíamos terminado por hoy -admito escondiendo mi teléfono bajo la almohada, pero esta vez él joven científico se queda callado.

Lo sigo por el enorme corredor que enciende sus luces a medida que avanzamos al detectar nuestros movimientos hasta que al fin llegamos a nuestro destino.

El lugar es definitivamente más grande que mi dormitorio actual, lo supera unas tres o cuatro veces en tamaño y cuenta con dos camas gemelas con tan solo unos pies de separación entre ellas.

No hay ventanas, ni espejos. Nada salvo cuatro paredes blancas y un librero repleto de enormes y gordos libros que parecen ser de medicina que Alice quien parece haber llegado mucho antes que yo, los admira acompañada por Vanderbilt quien siempre parece estar con ella.

-¡Oh ahí está! -exclama el médico cuando me ve y Alice se gira para mirarme con su escalofriante sonrisa en la cara-. ¡Bienvenida! ¿Qué te parece tu nueva habitación?

-¡Mira, tenemos muchos libros! -señala Alice con emoción.

-Siempre que tengan tiempo libre pueden tomar uno y pasar el rato aprendiendo algo nuevo -agrega el médico.

La chica casi brinca de felicidad.

¿Así que ahora no me dejarán sola en ningún momento del día?

-Yo estoy bien con mi habitación gracias y... si hemos terminado, me gustaría volver. Estoy cansada -comento.

Vanderbilt me mira confundido por un segundo, pero luego de cruzarse de brazos me sonríe como si fuera incapaz de entender lo que acaba de escuchar.

-Yo... tuve una conversación con la doctora Belhier el otro día y parecía un poco consternada de que el aislamiento te estuviera afectando emocionalmente -me dice-. Así que... creemos que dejarlas que se brinden compañía mutua podría ayudarlas bastante a ambas. Te serviría aprender una que otra cosa de Alice -asiente en dirección a la chica que sonríe tanto que me provoca ganas de vomitar.

-Bueno, puede decirle a la doctora que estoy bien. No necesito compañía y mucho menos quiero estar con este escalofriante intento de persona. Quiero hablar con el doctor Hoffman.

Vanderbilt entre cierra los ojos ante la manera en que insulto a su maravillosa creación y luego da un paso más cerca hacia mí mientras el doctor Hughes me lanza una mirada de advertencia.

-No recuerdo haberte preguntado. Harás lo que te estoy diciendo -responde sarcástico y tengo que resistir todos mis impulsos por poner los ojos en blanco, pero entonces una enorme ola de emociones diferentes me invade haciéndome imposible quedarme callada un segundo más.

-No -contesto-. He hecho todo lo que me han pedido. Todos los malditos días desde que desperté aquí he seguido sus órdenes e instrucciones al pie de la letra. Me quedó callada todo el tiempo. Me mantengo inmóvil mientras me encajan sus cientos de agujas. Respondo a todas sus estúpidas preguntas a cada segundo del día y hago todo lo que puedo por resistir todo eso como me lo exigieron. Así que no. No voy a aceptar esto -mi voz se rompe-. Quiero conservar la poca privacidad que tiene mi dormitorio.

En cuestión de segundos sus manos me toman con fuerza por el cuello y mi cabeza se golpea en la pared contra la que me empuja. El golpe es tan fuerte que mi visión se nubla por un momento.

-Estás aquí para seguir órdenes y no para dar instrucciones. ¿Me entendiste? -escucho a medias una conversación que parece ya haber iniciado segundos antes y sus manos estrujan con mayor fuerza mi cuello, asfixiándome.

Intento librarme e incluso trato de patearlo para alejarlo, pero su fuerza es exagerada contra la mía. No creo que mis pies siquiera sigan en contacto con el suelo.

-No eres nada más de lo que nosotros queramos que seas, maldito pedazo de basura -me grita y está tan cerca de mi rostro que su saliva me moja la cara-. No me importa si te gusta o no lo que sucede o si te apetece seguir nuestras instrucciones...

Lloro mientras pierdo el aire y le suplico que me suelte al tiempo que asiento para darle la razón. Por el rabillo de mi ojo consigo ver a Alice paralizada mirando la escena y ruego desde lo más profundo de mi ser que la chica consiga la valentía para acercarse y detenerlo, pero nada de eso sucede y en cambio siento arder mis pulmones.

-¡Nadie es indispensable aquí! -el médico continúa rugiendo-. ¡Tengo toda la autoridad y el poder para hacer contigo lo que me plazca! ¡Soy el dueño de tu vida desde antes de que nacieras y eso nunca va a cambiar! ¡¿Me has entendido?! -golpea la pared junto a mí y al tiempo me suelta dejándome caer hasta el suelo donde de inmediato jadeo por aire. Pero no es mucho lo que logro inhalar antes de que se ponga en cuclillas frente a mí.

-Detente, por favor -suplico antes de que me tome por la barbilla forzándome a mirarlo. Mi cuerpo entero tiembla de terror.

-No eres nadie ¿te quedó claro? Ni hoy, ni mañana, ni nunca serás nada sin nosotros -su mirada desalmada se clava en la mía.

-Lo sé -sollozo.

-Te voy a enseñar a respetar y aprenderás donde es tu lugar -me abofetea y todo lo que logro hacer es llorar antes de que jale mi cabello para obligarme a sostenerle la mirada-. ¡¿Me estás escuchando?! -alza la voz y asiento un millón de veces-. No quieras pasarte de lista conmigo de nuevo -me advierte y luego me suelta abruptamente cuando asiento a sus palabras. Me debilita tanto que termino recostada en el suelo intentando recuperar el aliento y el hombre se ríe al ponerse de pie y verme destrozada-. Niña estúpida, más te vale que hayas aprendido una lección -me patea en la pierna como si fuera una bolsa de plástico que encontró en la calle y luego se acomoda la bata con orgullo antes de largarse azotando con fuerza la puerta detrás de él.

Me quedo tirada en el piso jadeando y tosiendo mientras intento recuperar todo el aire perdido sin poder levantarme ni dejar de llorar.

¿Cómo termine así? Odio esto. Odio cada maldito segundo qué pasó en este lugar. Quiero irme. Quiero que esto termine. ¿Por qué no deje que me matara? ¿Por qué no me sostuvo un rato más asfixiándome hasta matarme? ¿Por qué?

-Ven, te ayudo a levantarte -Hughes, quien ni siquiera recordaba que estaba aquí me toma con cuidado del suelo y con delicadeza me lleva hasta recostarme en una de las camas y lo único que consigo hacer es llorar-. No retes a Vanderbilt, se que esto es difícil, pero...

-Déjame en paz -le suplico.

-¿Estás bien? -la voz de Alice al otro lado del cuarto solo empeora la manera en que me siento.

-No me hablen, por favor -suplico apretando los ojos para no seguir viéndolos tan fuerte que me duele.

A ella también la odio. Odio su alegría y su conformidad con todo esto. Odio la estúpida sonrisa en su cara a todo momento. Sé que la ha pasado mal. Se que su vida aquí dentro no ha sido fácil y no tengo que hablar con ella para entenderlo. Se que es igual que como Alison era y es precisamente por eso que no quiero saber nada de ella. Porque sé que si me entero de todo lo que ha pasado me enojaré. Me enojaré por la manera en la que han lavado su cerebro para hacerla aceptar esto y odiaré tanto eso que solo me hará sentir impotente porque no podré ayudarla. No podré hacer nada para sacarnos de aquí. No podré salvarnos. Solo arruinaría todo. Lo arruinaría como todo lo que he arruinado antes.





Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top