Capitulo XIV: No, You Can't

La acción del torneo proseguía: la emoción era enorme para los espectadores (al menos, para aquellos que comprendían el deporte) pero por sobre todo, para todos esos competidores que daban hasta lo que no sabían que poseían en sus interiores para seguir y avanzar un paso.

—¿Qué me perdí? —Allye preguntó a Jake, tras tomar su asiento tras una breve parada en los sanitarios.

—La chica de Hopewell tiene que anotar al menos un ocho —Jake explicó—; Un nueve, y gana, pero siete o menos la elimina.

Era un encuentro de la rama individual, y ambos habían tomando un interés sorpresivo; ya no era necesario que su amiga estuviera en la lucha de pasar o no pasar, sino que empezaban a sentir algo cada vez que veían a esa representante de su escuela, con el escudo de Hopewell ilustrando esas telas: para una escuela que posee el más alto indice de suicidios entre profesores y embarazos adolescentes, por una vez era una dicha sentir orgullo (o algo parecido).

—Vamos capitana —Sarah pensó comiéndose las uñas (a pesar de las advertencias del medico que que el barniz que usaba para pintarlas la podría envenenar)—. ¡Puedes hacerlo!

—¡Y finalmente dispara! —anunció la locutora.

Marina cerró sus ojos: no podía, no tenía ni la fuerza, ni las entrañas para soportar el desenlace de un combate tan parejo; su competidora, una chica del Colegio Lakehurst High, de apellido Takeda, o Takemiya, no recordaba bien el anuncio de su nombre por estar demasiado ensimismada, le había dado una batalla difícil hasta el último turno.

Y en ese momento, en una flecha se decidía todo, y aunque sus ojos no lo detectaron, sus oídos sí, al escuchar el rugir de alegría del público.

—¡LO HIZO! —Allye saltó de su asiento, gritando a un volumen que hasta a ella misma le sorprendió, sin mencionar su entusiasmo, y nada más no se escuchó bien al verse ahogado por las voces de la multitud.

Aunque Jake, dada su cercanía, sí detectó la voz de la pelirroja al viento.

—Nunca pensé en verte tan alegre —comentó.

—¿Te refieres por lo de la competencia?

—Me refiero a en general: no eres de las que sonríen.

—Yo sonrió de vez en vez.

—Allye, Kristen Stewart parece el Joker comparada contigo.

Pero inclusive Jake sentía algo: realmente estaba poniendo atención, realmente le daba gusto cada acierto y lamentaba cada error; sencillamente, sentir orgullo escolar era una experiencia tan nueva para ambos, que por un momento adjudicaron la sensación a los brownies de cannabis que el muchacho contrabandeó al evento.

—¡Felicidades, Marina! —congratuló el equipo, haciendo un circulo alrededor de su capitana.

—Casi la veo cerca.

—Aún así, lograste componer —Zoe comentó—. Fue algo impresionante.

—No tan impresionante como Tabatha...

Marina no sentía tanta alegría, menos aún al escuchar la victoria de calle que su rival había tenido contra la representante de la Academia Militar Agnew; en todo caso, por la categoría, una escuela dura, disciplina, que se destacaba en muchos deportes y actividades, el triunfo de Wilder se veía mucho más impresionante.

Pero no demeritaba en nada los avances de la delegación de Hopewell: en equipos, habían logrado vencer en tres encuentros, metiéndose a los cuatro mejores equipos de la región. Un logro meritorio de alabanzas, pero no era suficiente, no todavía: se necesitaba al menos otra victoria para obtener podio, pero ahí estaban, con la élite, y tan cerca se encontraba el objetivo, como complicado era de obtenerlo.

Y en individual, Marina había logrado entrar a los cuartos de final, con los últimos ocho competidores que deseaban el triunfo tanto como ella: Hopewell había mejorado, dejando boquiabiertos a tantos acostumbrados a verles partir temprano cada año.

Y sí había una persona más sorprendida por sobre otras, era una con especial interés en ver a Hopewell caer.

—¿Ganó? —Tabatha preguntó a Natalie, corriendo a su mesa en el área de snacks y alimentos.

—Sí —Natie contestó agitada en su respirar mientras tomaba asiento —. Por un punto, pero triunfó.

—¿Y en equipos? —la tercera miembro del equipo, Lana Larson, preguntó tras un sorbo a una bebida energética.

— Nosotras, Hopewell High, El Colegio Joseph Smith de los Santos de los Últimos Días y la Academia Helen Keller para niños de Capacidades Diferentes.

—¿Contra quién vamos nosotras? —Tabatha preguntó.

—Contra la Helen Keller.

—Niñas sordas quedando entre los mejores equipos del distrito. ¿Cómo carambas sucedió eso?

—Eso no es nada; tienen a un equipo campeón de nado sincronizado, ¡y ninguna de las nadadoras tiene piernas!

—Tonterías —declaró Tabatha —. ¿Y Hopewell ira contra los mormones? ¿Son buenos?

—El equipo de Joseph Smith es decente, pero son todos novatos —Natalie explicó—. Sin una buena dirección, pueden quebrarse.

—Hopewell tiene una buena líder, no hay cuestiones sobre eso.

—Marina ha demostrado ser una excelente capitana.

—Quizá, pero no estaba hablando de Saucedo...

—¿Qué? —preguntaron Nat y Lana con sorpresa.

—Me refiero a esa otra chica, la nueva...Sarah, ¿verdad?

—En efecto —Natalie confirmó —. ¿Pero por qué ella?

—Es que sucede algo extraño cada vez que entra para alistarse a un nuevo disparo: todas las arqueras, cuándo se preparan, se les puede notar la concentración, la dedicación en el rostro; ustedes lo saben mejor que nadie, esto puede ser muy estresante.

—Sí, pero, ¿qué tiene eso?— Lana preguntó.

—Es que...con esa chica, no sucede: su rostro no tiene presión, no tiene miedo, es como si no le pesara ni un gramo.

—¿Es tan extraño? Algunas son mejores para lidiar con la dureza de la competencia; tu misma, capitana, no te dejas derrumbar, y has tenido encuentros complicados en otros torneos.

—Pero esto va en otra dirección —Tabatha interrumpió—: No es confianza, no es temple, es algo extraño, y la manera en la que sonríe...¿Cómo puede hacer eso?

—¿Sonreír?

—¡No, Natalie! —gritó la capitana—. Aunque ciertamente...algo tiene que ver eso...

—¿Crees acaso que será un obstáculo?

—No debe de serlo: hemos ganado contra equipos más fuertes, y de más experiencia...pero esa chica.

Tabatha no deseaba admitirlo, pero en verdad sentía en ella una amenaza: incluso llego a agradecer el hecho que no participaba en la sección individual, porque ahí no tendría miembros inferiores en su equipo, y por si sola, sería una competidora mucho más fiera y poderosa.

—Podríamos tomar medidas para garantizar nuestra victoria —Lana sugirió.

—Has lo que tengas que hacer —ordenó Tabatha—. ¡Pero no quiero a esa perra compitiendo el día de mañana!

La sección femenil del torneo había terminado por ese día: las semifinales y finales se llevarían a cabo el siguiente día, el domingo por la mañana, y aunque Tabatha era confiada en su talento y experiencia, ver a una arquera tan destacada que se volvía más fuerte con cada escalón que subía le hacían temer por la seguridad de su segundo campeonato juvenil.

—Nos has dejado sorprendidos, Sarah —Allye mencionó de camino a un puesto de hamburguesas.

—¿Qué? ¿Acaso dudaban que lo lograría?

—¡No! ¡No en absoluto! —la pelirroja aclaró—. Pero ninguno de nosotros pensó que...

—¿Qué? ¿En qué pensaron? ¿O más bien, en qué no pensaron?

—Que aguantarías en esto —Jake completó, desesperado de los titubeos de Allyson.

—¿Aguantar? ¡Uno aguanta una jeringa! ¡Uno aguanta un dolor de muelas! ¡Esto no es nada!

—En habilidad, para ti, no. Pero el detalle es que no esperábamos en realidad que tuvieras la fuerza de voluntad para...durar.

—¿Por qué? ¿Les he dado alguna vez motivo para que pongan eso en duda?

—Seamos honestas aquí, querida —Allye llamó la atención—: Es muy fácil que pierdas el enfoque en cualquier cosa.

—¡CLARO QUE NO!

—¡Claro que sí!

—¡Claro que no! —Allyson reiteró.

—¡Claro que sí!

—¡Qué no!

—¡Por última vez! ¡Claro que sí! ¡Claro que vi a los duendes de jardín de la señora Clarkson moviéndose!

—Sarah, no, hablábamos de...olvidalo.

—Lo que Allye quiere decir —Jake intevino—, y no tuvo la sensibilidad de tratar el tema, es que en realidad lograste algo bueno, pero que no sospechábamos que tuvieras lo que se requería.

—¿Tú sí?

—¿Yo? ¡Ja! ¡Ni de chiste! —Jake contestó al borde de quebrarse en carcajadas—. A menos que cuente jugar a la “Ruleta Rusa” con un inmigrante iráni, pero no creo que ese evento se vea pronto en los Juegos Olímpicos.

—Jake, cuándo alguien venga por ti —Allyson dijo—, al menos avisa desde antes para agachar la cabeza cuándo empiecen los balazos...

—Aunque ahora que lo recuerdo hubo un tipo que intentó reclutarme para el equipo de fútbol...fue la única persona que había creído en mi, fuera de ustedes claro, inclusive hasta se interesó lo suficiente en mi como para dejar que fuera a su casa...

—¿No te pidió que te quitaras la camisa una vez ahí, verdad?

—No, no Allye...también creí que era un pedófilo, no creas que no me pasó la idea por la mente, pero de verdad era legitimo: por un cambio, me hizo sentir importante...

—¿Y qué pasó?

—No lo encontré una tarde en su casa y...ya me conoces...

—Jake, ¿te metiste a robar?

—¿Por algo nadie tiene fe en mi, verdad?

—Encantadora historia de superación, Jake...de verdad, adorable.

Mientras la tercia de amigos celebraba el logro de una de los suyos en un área de oportunidad jamás explorada (dado que involucraba esfuerzo), un ojo vigilante y espía trataba de indagar un poco más en aquella misteriosa joven que tanta ansiedad provocaba en Tabatha.

—¿Encontraste algo? —la capitana preguntó a Natalia, esa noche en la casa de Wilder, mientras buscaban en cualquier base de datos posible algo sobre Sarah.

—Greenberg...aquí no hay mucho, excepto casos de vandalismo con carne cruda.

—¿Pero de dónde sale una jugadora así, con tanta habilidad? ¿Qué estaba debajo de las piedras estos últimos tres años?

—¿Te frustra, Taba?

—¡Cómo no tienes idea!

—Puedo revisar el grupo de Facebook de Hopewell High...

—¿Puedes hacer eso? ¿No es privado?

—Me suscribí en todos los grupos competidores, para espiar un poco el estado de algunos jugadores; no todas las escuelas aceptaron mi invitación, pero Hopewell sí...

—Eso es brillante Nat, ¡rápido! ¡Ve!

En breve, estuvieron en la pagina: resaltaban historias sobre aquella sombra del edificio C que se había devorado a tres chicos de nuevo ingreso y sí, había algo sobre el torneo...

—El club de arquería...estamos muy orgullosos, blablabla... —Tabatha leía la nota.

—¿Algo que sirva?

—No estoy segura, aunque...espera, aquí hay algo interesante...

Había algunos comentarios debajo de la nota, la mayoría sobre la enorme sorpresa de que Hopewell High de hecho tuviera equipo de arquería, pero hubo algunos que le llamaron de atención:

—“¿No estaba esa chica en el club con esos otros dos locos?” —leyó Tabatha en el primer mensaje.

—¿Sucede algo, Taba?

—En realidad, creo que sí —respondió con sus ojos abiertos y atentos para cada pedazo de información disponible; procedió al siguiente mensaje—: “¿Puede alguien estar en dos clubes a la vez?”—rezó en el segundo párrafo.

—¿Taba, tienes algo?

—Rápido...busca si el sitio de Hopewell High tiene los nombres de los clubes; yo tengo que buscar las reglas del torneo, porque de hecho creo que encontramos el hilo negro.

El domingo había llegado; las finales del torneo estaban aquí, con sólo lo mejor de lo mejor que las mejores escuelas del distrito (y Hopewell) tenían para ofrecer.

—Hemos recorrido un tramo difícil, chicas —Marina comentó a su equipo antes de entrar al campamento—, pero no estamos lejos de nuestro fin, y aunque estaremos frente a los oponentes más duros, no es imposible vencer, pero sobre todas las cosas, ¡vamos a dar nuestro máximo esfuerzo!

—¡Amazonas de Hopewell! —las chicas gritaron tras alzar sus palmas al aire, decididas a no salir de ahí sin haber combatido hasta el final.

—Se siente ver venir sin ese estúpido traje —Allye comentó mientras caminaba hacia las gradas del campo de tiro—; De verdad, ¿no es asqueroso el sexismo? ¿Cómo puede seguir eso vigente en el siglo XXI?

—¿Es sexismo cuándo te lo pidió una compañera de género, Allye? —Jake preguntó —. Además, te recuerdo que esa loca me obligó a vestir eso también.

—Tengo la regla general de llamar sexismo a todo aquello que me ponga en predicamentos...

—Supongo que nadie quiere perder su tiempo discutiendo con una perra loca.

—¡¿Qué?! ¿Cómo me llamaste? ¡¿Tienes idea de lo sexista que sonó eso?!

—Y volvemos a empezar...

El equipo comenzaba a prepararse; la primera categoría en entrar en acción sería la de individuales.

—¿Estás lista, capitana? —Erika preguntó a Marina, de cara a su próximo enfrentamiento.

—Estoy bien, estoy bien —replicó—. Me siento con muchos ánimos, creo que podré ganar.

Y mientras ella se preparaba para enfrentar al rival próximo, otras rivales tomaban una ventaja injusta, pero a todas luces, legal.

—¿No deberíamos ir de una vez con los oficiales? —Natalie preguntó mientras Tabatha observaba a la distancia a Marina partiendo a la zona de tiro.

—Todavía no —respondió—, quiero tomarme mi tiempo.

—¿Qué? ¿No sería lo más prudente actuar de una vez?

—Sería lo más prudente, cierto, pero no lo más divertido...

Tabatha observo el duelo de su rival con una sonrisa morbosa; claro, si le preguntan a Marina, ella siempre tuvo esa expresión, y hasta la mostraba como una medalla de honor, pero en esta ocasión, ella poseía un motivo mucho más siniestro.

—¡Victoria para Saucedo! —se anunció al finalizar el encuentro.

Marina lo estaba logrando; estaba a tiro de flecha de hacer historia para su escuela, y para cumplir un gran logro personal.

Pero Tabatha seguía con su paso arrollador, aplastando a toda rival que le tocaba la mala fortuna de atravesarse en el camino hacia la final.

El ritmo de competencia estaba haciendo estragos en Marina; el encuentro por equipos estaba próximo a comenzar, y el desgaste tanto físico, como (sobre todo) mental eran cada vez más difíciles de controlar. Si por afuera lucía en calma como aguas tranquilas de un lago perdido y lejos del ojo del hombre, por adentro el lago más bien parecía una playa de Vancouver durante el Spring Break.

—¿Saben qué hora es? —Marina preguntó.

—¡Hora de aventura!

—N-no Sarah...es hora de nuestro encuentro de semifinal.

Hopewell High lo había logrado: estaba entre los cuatro mejores equipos del distrito, un avance enorme que ya era meritorio por derecho propio, pero las exigencias y demandas eran más altas aún, apenas a un triunfo de distancia, casi podían saborear la salvación para su club, pero la derrota tampoco estaba perdida en el horizonte.

—Vamos —Marina ordenó tras atarse sus tenis.

—¡Y ahora, el primer encuentro de semifinales por equipos femenil! —con grandes ánimos tras recibir su quincena anunció la locutora—. ¡Las “Amazonas” de Hopewell High contra las “Kolobitas” del Colegio Joseph Smith!

—¡Arriba Hopewell! —Allyson se encontró vitoreando cuándo el equipo de su amiga entró en escena.

—Tienes voz, ¿quién lo diría? —Jake comentó.

—L-lo siento —la pelirroja lamentó, apenada por su actuar.

—¿Por qué? Estás apoyando a una amiga.

—Y en algo deportivo...

—¿Sorprendente, no? —el muchacho cuestionó.

—Sí, y es que siempre supuse que Sarah podría entrar en una competencia que involucrara actividad física intensa, pero...pero siempre imaginé que sería en un club nocturno con ella bailando alrededor de un tubo de bomberos, y que no lo haría hasta al menos alcanzar los 18 años...

—Tienes una gran imagen mental de Sarah, como puedo ver...

—¡No! ¡Perdón! —imploró con el rostro colorado—. Es que a veces ella dice tanta barbaridad que...

—Vale, no me entendiste —Jake interrumpió—. No te estoy criticando.

—¿No?

—Creo que yo también imaginé algo así...

—¡JAKE, ERES UN CERDO!

—Si te sirve de consuelo...en esas competencias fantásticas también competías tú.

Pero corajes y conflictos de (pseudo) parejas se mantenían al margen: la mentalidad de Sarah giraba en torno a un sólo objetivo.

La victoria.

—El equipo de Hopewell ha sido toda una revelación —se narraba—. ¿Dónde se había ocultado este talento? ¿Y qué tan lejos las veremos llegar? ¿Podrán hacer acaso lo imposible, o al menos, lo que nadie consideraba ni de chiste?

Pero antes de que comenzara de lleno el encuentro, Tabatha y Natalie se acercaron hacia las autoridades del evento.

—¿Qué sucede? —se locutó—. Dos chicas del equipo de Trudeau están hablando con los jueces, ¿de qué se tratara?

—Detengan todo —la jueza principal ordenó, acercándose al equipo de las chicas de Hopewell —. Señoritas, necesito hablar con ustedes.

—¿Qué sucede? —Marina preguntó —. ¿Qué le dijo Tabatha?

—Un detalle sobre uno de los miembros de su equipo —replicó la autoridad—. Señorita...Greenberg, ¿no es así? —preguntó con algunos expedientes en mano otorgados por Taba—. ¿Puedo hacerle una pregunta?

—Sí —Sarah respondió con nervios y reserva—. ¿Qué pasa?

—Señorita Greenberg, ¿está consciente de la ordenanza que todas las escuelas públicas del distrito en el que Hopewell se encuentra requieren que todo alumno y alumna esté inscrito en un club académico, deportivo, cultural, no es así?

—Claro —la morena respondió, medio entendiendo lo que le dijeron en ese enunciado tan rimbombante —. ¿Por qué?

—Porque la actual legislación sólo permite participación de un alumno en una sola actividad, y de querer entrar a otro club, tiene que renunciar al anterior, pero aunque aquí veo que su nombre está en efecto inscrito en el club de arquería, también está en otro club y nunca presentó documentación de su renuncia.

—Oh no...—Sarah pensó, quedando con su boca abierta y sus ojos en blanco.

—Es un error común, pero me temo que la señorita Greenberg tendrá que ser descalificada para competir.

—¡¿QUÉ?! —el equipo entero de Hopewell gritó al unisono tras escuchar esa noticia.

—¡Inesperado por completo casi como el propio avance de las Amazonas de Hopewell! —la locutora gritó una vez que la asistente de la jueza le informó de la verdad—. ¡Por un error en su inscripción, Sarah Greenberg debe abandonar el equipo!

El publico enmudeció, e inclusive los rivales: Sarah, esa gran arquera revelación que había dado nuevas esperanzas de triunfo y que elevó el nivel del torneo debía partir por una complicación administrativa.

—¡No puede hacer eso! —Max reclamó a la jueza tras ver a esta darles la espalda y volver hacia su lugar—. ¡¿No sabe todo lo que nos ha costado...?!

—¡Alto! —Marina la sujetó.

—¡Sueltame! ¡Le daré su merecido a esa jueza idiota! ¡Y de paso también a esas perras de Trudeau!

—¡No creas que me opongo a eso! —la capitana informó—. ¡Pero tenemos suerte que no nos hayan descalificado de todo! ¡Tenemos un encuentro pendiente todavía! ¡Erika!

—¡Sí, capitana!

—Preparate: entraras en lugar de Sarah.

—P-pero...

—Obedece, Erika —Sarah comentó—. Podemos arreglar esto, pero por lo pronto no hay tiempo que perder.

Sarah cedió su lugar, y tranquila, pero devastada, tomó asiento en la zona de suplentes, a lado de una Zoe que no encontraba forma de consolar a una amiga que casi podía sentir lo que ella sentía con un mirar a sus ojos.

—¡Esa idiota de Taba! —Max gritaba —. ¡Sabe que no nos puede ganar por las buenas, así que hizo trampa!

—Max, sí está en los libros, técnicamente no es trampa —Marina contestó.

—¡Muchos están en varios clubs a la vez! ¡Todos los equipos de arquería del distrito lo hacen! ¡Es una regla olvidada que nunca se aplicó de todas formas!

—Me molesta tanto como tú, Max, quizá más en realidad, pero...es la ley...

—¡Pero capitana!

—Es la ley, hay que acatarla...

Pero mientras discutían, Erika notó al equipo de Joseph Smith hablando entre sí, y después, con una de sus miembros hablando con los jueces.

—Chicas —hizo notar—. Deberían poner atención.

—¿Qué cosa? —Marina preguntó.

—Disculpen —la capitana de Joseph Smith dijo, al acercarse a las de Hopewell—. Queremos proponer algo.

—¿Qué? ¿La rendición de nuestro equipo? —Max intervino.

—No, verán: escuchamos lo que sucedió lo que sucedió.

—Sí, bueno...ya no contamos con nuestra mejor tiradora, ¡pero eso no significa que no lo daremos todo!

—Por supuesto que lo harán, pero no se nos hace justo, así que si ustedes no cuentan con su mejor tiradora, Joseph Smith tampoco: me retiraré también.

—¡¿QUÉ?! —de nueva cuenta, todo el lado de Hopewell High exclamó por esa sorpresa.

—Lo estuvimos discutiendo, y lo haremos en solidaridad por Sarah.

—P-pero...no, ¿están realmente conscientes de esto? —Marina preguntó, aún anonadada.

—Es lo justo: entendemos que quizá atraparon a su equipo por un tecnicismo —la capitana de Joseph Smith explicó—, pero esto va más allá de la competencia: Sarah, Sarah Greenberg nos ha sorprendido, la hemos seguido en el torneo y les puedo garantizar que no somos el único equipo que apoya a Hopewell gracias a ella.

Marina entonces, dio un vistazo a su alrededor: en las gradas, algunos espacios vacíos entre espectadores se encontraban llenos, ocupados por miembros de equipos rivales y otros varios que habían visto en el progreso de una recién llegada, inspiración para sus propios niveles; miembros de equipos eliminados aún con sus playeras y sus uniformes, sonrientes y apoyando a una joven morena que le dio nueva luz a un torneo que parecía ya decidido desde el momento en que Tabatha Wilder decidió volver.

—Aún así, es demasiado —Marina dijo—, no sé si sea justo...

—¡Tampoco es como si nos fuéramos a dejar vencer! —la capitana de las Kolobitas contestó—, pero así sería una lucha pareja y justa.

—¡Impresionante! —la locura anunció—. ¡Adrianne Young, capitana del equipo de la Joseph Smith, ha declinado a participar! ¿Qué está sucediendo aquí?

—¿Por qué fue eso? —Tabatha, de brazos cruzados, preguntó —. Sin ella, Joseph Smith podría de hecho ganar...

No cabía en la cabeza de Tabatha la idea de honor, justicia o solidaridad; sólo ganar, por cualquier método, era lo que entendía.

El duelo fue en efecto, parejo a más no poder: nunca se separaron los equipos por más de dos puntos, y cuándo uno tomaba la delantera, el otro no tardaba en alcanzarle, y así fue hasta el último tiro, tras una última ronda en la que Hopewell logró ponerse arriba por poco.

—¡Turno final para la Joseph Smith! ¡Sí quiere al menos llevar el encuentro a un desempate, tiene que sacar un diez perfecto!

La joven de la academia mormona en turno de cerrar el encuentro lanzó su tiro...un gran tiro, casi perfecto, casi; el problema para ella, era que para llevarse la victoria necesitaba la perfección.

Y un nueve de su parte anunciaba el triunfo dolido, pero ganado, de Hopewell High.

—¡Hopewell se lleva la victoria! ¡Hopewell pasa a la gran final!

—Esto no está bien —Natalia comentó.

—¿Por qué?

—Capitana, aun sin Sarah, el equipo de Hopewell logró ganar.

—¿Y?

—¿No le parece alarmante?

—¿Crees que tengan posibilidad? ¿Alguna real, contra nosotras? ¿Contra mi?

—¿Es tan imposible?

—Lo era inclusive si esa chica morena estuviera todavía participando; ahora con más razones.

—¿Y entonces, cuál fue el punto de eliminar a Sarah?

—Inclusive si sabes que tú eres buena conductora, jamás estorba tener una póliza de garantía.

Con la pasada victoria, las chicas de Hopewell lo habían logrado: se aseguró cuando menos la medalla de plata, un digno y honroso segundo lugar de un club ignorado que veía en el podio su salvación para el resto del año, pero inclusive con eso, no había sonrisas, no había felicitaciones, no habían palabras de animo: ganaron, pero fue una victoria pirrica que les había costado a su mejor jugadora.

Pero eran deportistas, y debían enfrentar estos desafíos con calma, y la cabeza fría.

—¡Voy a matar a esa puta! —gritó Max, conforme sus compañeras se dirigían a las mesas de la zona de alimentos.

—¡Basta por favor! —Marina ordenó.

—¡Es que esto no puede quedarse así! ¡Tenemos que hacer algo!

—Cierto, pero recuerda que no es una situación usual, y antes de querer partir cabezas, piensa por un momento en la que realmente afectó todo esto.

Y es que la verdadera pesadez se sentía en los hombros, y el corazón de Sarah, quien veía interrumpida una hazaña por la cual había invertido tanto de ella.

—¿Sarah? ¿Estás bien? —Allye preguntó a su amiga, tras seguirla hacía un espacio poco concurrido detrás de unas gradas no usadas, al extremo oriente del campamento.

—Sí...

Pero era una mala mentira: Sarah, sentada sobre un tronco, cabizbaja, era su propia delatora del estado en el cual se encontraba.

—¿Puedo hacer algo por ti?

—¿Puedes devolverme la esperanza de que alguien pensara que de hecho podría ser útil, Allye?

Sarah no lo dijo con motivo de herir, y sin embargo, sus palabras provocaron un gran dolor en la pelirroja; y es que ella misma había puesto en duda las capacidades de su amiga, pero al verla ahí, con tanta pena y desdicha por ver truncada una esperanza, entendía cuánto representaba para ella esto.

—¿Fue estúpido, no es así? —la morena preguntó.

—¿Qué cosa?

—Lo de la inscripción, ¡¿cómo pudo haberse pasado?!

—La burocracia en Hopewell no es la más eficiente precisamente: teníamos un indigente travestí de 50 años que se hacía pasar por estudiante para tener comida en la cafetería y un lugar para dormir en el club de teatro.

—Lo sé, pero...

—Sarah, el objetivo, según recuerdo, era quedar en el podio, y con eso se salvaba el club de arquería, ¿y adivina qué? ¡Lo lograron! ¡Y con tu ayuda! ¿Acaso eso no es algo ya?

—Lo es —Sarah contestó tras limpiarse un poco el rostro con la manga de su playera—, pero a pesar de eso...se siente...

Allyson no podía soportarlo: ver a su amiga, hace tan solo instantes en euforia, en una grieta emocional le deshacía el corazón.

—Algo tengo que hacer.

La noticia de la descalificación de Sarah corrió de boca a boca y oído y oído con rapidez digna de una plaga, y aunque era contra las reglas por cualquier parámetro técnico, el uso de tal recurso por parte de Trudeau era visto como un acto de cobardía de un equipo temeroso de una joven arquera que prometía mucho.

—Nos odian —Lana murmuró, tras acabar con el equipo rival, y avanzar a la final, entre la indiferencia de la mitad del público, y los abucheos de la otra mitad.

—¿Acaso importa? —Tabatha cuestionó—. Siempre se odia al equipo fuerte.

Pero lo que se sentía no era el odio hacia el favorito, natural en todo lo que involucre deportividad; no, de esto no se trababa: había una impureza, una vileza por parte de todos esos ojos testigos, en respuesta a algo percibido como una vileza aún más grande.

La sección por equipos tenía ya su final; en lo que se preparaba, los individuales tendrían todavía que luchar, y Marina debía sacudirse la negatividad, y salir adelante.

En especial, por quien se toparía en su semifinal.

—Buena suerte —Zoe le dijo a su capitana, de parte de todas las demás compañeras, Sarah incluida, teniendo que ver el encuentro desde las gradas, antes de empezar.

—Haré lo que pueda —Marina respondió.

—¡Encuentro de semifinal femenil, categoría individual! —se anuncio con gran expectativa—. Marina Saucedo, de Hopewell High, contra Tabatha Wilder, de la Pierre E. Trudeau.

El corazón se encontraba con Marina, pero las apuestas, aunque no estaban permitidas oficialmente, corrían a favor de una victoria de Tabatha, ¿podría la señorita Saucedo quebrar las estadísticas y ganar? Muchos deseaban que así fuera.

El primer tiro sería para Marina; sabía que desde el primer momento, debía presionar a su rival, llevarla al borde, pero con una persona tan fría y tan esquemática como sabía que Tabatha es, intentar lograrlo podría de hecho poner presión por su parte.

Quizá debía ir por lo básico: tratar de preocuparse de salir lo más alta que ella podía.

—Saucedo empieza en buena forma con un nuevo —se narró—. Turno de Tabatha.

Marina quedó impresionada con el porte de su contrincante: segura, confiada, casi pavoneándose con arrogancia como si el primer lugar fuera suyo por derecho y sólo tuviera que lidiar con burócratas en su camino a recogerlo; siempre supo de su capacidad de mantener su pulso en un punto que parecía gélido, pero verlo de cerca, a tan sólo unos cuantos metros, le daba a entender que podría pensar y decir todo lo que deseaba de Taba, pero nunca que no era una competidora extraordinaria.

—¡Y Wilder va comenzando fuerte! ¡Diez puntos para la participante de Trudeau!

Marina no podía abatirse: sí, un diez siempre es un gran modo de comenzar, pero no es como si ella mismo no hubiera alcanzado tales tiros antes, sólo debía exigirse un poco más al tirar...

—¡Y Saucedo no quiero despegarse! ¡Logra un diez en su segundo tiro!

Marina sintió alivio, pero por una fracción de tiempo tan pequeña que se perdía en un parpadeo: palpable para ella, pero despreciable para cualquier otro ser, y si había quedado esencia de alivio en el aire, fueron alejados por esa tormenta de hielo y nieve llamada Tabatha.

—¡Wilder repite! ¡Dos dieces! ¡Se pone en la delantera!

Tabatha parecía una maquina; no le tomaba mucho tiempo calcular y disparar, y que sus flechas cayeran en el sitio correcto, ¿podría ella mantenerse a la altura? Marina tenía que poner más de sí para lograrlo.

—Vamos a ver como Saucedo responde; ella ha desplegado un buen nivel en la competencia, pero ir contra la campeona en femenil y equipos...aquí está en una autentica prueba de fuego.

—Más bien, una prueba de hielo —Marina pensó mientras apuntaba su siguiente tiro.

Un punto no parecía mucha diferencia, pero no podía dejar que se acumularan en las rondas: debía matar toda posibilidad de separación en ese round, todavía que estaba en su poder hacer algo.

—¡Un diez! ¡Saucedo va cerrando fuerte! —la locutora exclamó—. ¿Cómo respondera Wilder?

La mirada de Tabatha era de desprecio; no, desprecio era una emoción, más bien, era indiferencia: como si a pesar de los esfuerzos de Marina, ella sabía de antemano que su rival no tenía forma ni modo de derrotarla.

—Wilder se alista, tira y...¡Diez! ¡Ronda perfecta para Tabatha “Ojo de Halcón” Wilder!

Marina vio inundada su mente de dos ideas: la primera, el apodo que la locutora había elegido para Tabatha era ridículo, pero la segunda: que con toda su fe deseaba creer que la participante de Trudeau estuviera tan desgastada como ella, pues apenas siendo la primera ronda, y a pesar que todavía la diferencia no se hacía sentir tan grande, Marina sentía sus nervios y su temple empezando a desvestirse y desfigurarse.

—Ahora comenzará la segunda ronda con Wilder a la cabeza; el viento comienza a hacerse presente, ¿podrá ella superar ese factor?

Hasta una tiradora tan experimentada como Tabatha debía detenerse y dejar su confianza a un lado para darle lugar a la prudencia a la hora de calcular, pero si ella tenía un defecto, era que en ocasiones se precipitaba demasiado si despreciaba mucho al rival, y vaya que despreciaba a Marina.

—Un nueve, y casi cae en ocho —la locutora informó—. El viento en verdad está haciendo sentir su peso en el encuentro.

Existía una ventana de oportunidad: Tabatha difícilmente fallaba en obtener la perfección, y aunque fuera una labor digna de Artemisa o William Tell, si había posibilidad para ganar, esta se encontraba frente a ella.

Marina tomó su tiempo: no podía competir contra la brutal inmediatez con la que Taba disparaba sus saetas, pero eso no estaba bajo escrutinio; lo que importaba era que la flecha hallara blanco.

—¡DIEZ! ¡Un diez! ¡A orillas del blanco central pero diez al fin! ¡Y el encuentro se empata!

Tabatha estaba molesta: apenas se podía percibir al ojo novato, pero Marina lo podía ver con claridad; si seguía así, quizá podría hacerle perder foco, y hasta, tal vez, vencerla.

—Puedo hacerlo —se decía.

—Nueve; buen tiro, se mantiene en gran nivel.

Era el turno de Wilder de contestar.

—Nueve también: no es malo, pero pareciera como si la representante de Trudeau High estuviera empezando a ceder.

Último turno del segundo round: Marina se encontraba con la ventaja, pero no podía dejar de exigirse un tiro certero y excelente, pues si le das a Tabatha la chance de recuperarse, lo hará.

—Y Saucedo cierra con un nueve...el viento sigue haciendo de las suyas, pues no quedo tan lejos del diez, ¿podrá Wilder darle la vuelta al marcador?

Pero a pesar de su capacidad casi mecánica de disparar, hasta Tabatha tenía malas rondas...

—¡Ocho! ¡Wilder no está fina esta vez!

Y con tal número obtenido, Marina se alzaba con la victoria del segundo episodio: el marcador se empató, uno a uno, y todavía con dos rounds más por jugarse...

Y mientras un encuentro deportivo con una participante con poca deportividad se llevaba a cabo, dos figuras nada deportividad se encontraban para emparejar un poco el marcador.

Va, y de paso, tomar venganza.

N/A: La saga ha tomado más tiempo de lo que espere, pero es que con tanto drama me es dificil cerrarlo: quiero tomarme el espacio necesario, espero que no les moleste.

Y si quieres saber más de arqueria, busquen el sitio web de...na, sólo bromeo.

Nos vemos la siguiente entrega.

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