8. So Min y sus problemas

Estoy rodeada de personas, son tantas que es imposible moverse. La mayoría son mujeres jóvenes en un estado de euforia, que gritan, saltan y alzan sus brazos como si quisieran tocar el cielo.

Trato de salir de entre la multitud para averiguar en dónde me encuentro. De un momento a otro escucho música. Entonces, descubro que estoy en un concierto. La combinación de las exclamaciones de la audiencia y el sonido que sale de las bocinas es tan fuerte que lo siento retumbar en cada parte de mi cuerpo. Intento cubrirme las orejas, pero ni siquiera puedo alzar los brazos debido a la masa de personas que me oprime.

Sigo caminando con un poco de dificultad para buscar una salida. Algunas personas me empujan y otros me gritan en la cara. A pesar de esto, no me detengo hasta que llego al frente, donde se extiende una alta plataforma. Sobre esta, hay varios hombres jóvenes, cantan y bailan al ritmo de la música. Es una banda y este es su concierto. Les miro con detenimiento, algo en ellos me parece familiar.

No sé cómo llegue hasta aquí o por qué estoy en este lugar. Es un ambiente en el que no encajo mucho, por lo que retomo mi búsqueda de una salida.

Le doy la espalda al escenario y me muevo con lentitud y dificultad. Solo avanzo unos pasos cuando todo el ruido deja de existir.

—¡Vaya! ¿Miren a quién tenemos aquí? —exclama una voz burlona a través de la bocinas.

Las personas que antes me rodeaban sin dejar un espacio para andar, ahora se alejan de mí unos metros. Miro sus caras y, en estas, sus ceños están fruncidos con enojo, aversión, hasta disgusto. Miro más allá de quiénes me acorralan para percatarme de que toda la audiencia me observa con el mismo desdén. La intensidad en sus miradas me incomoda demasiado, así que me vuelvo hacia la plataforma, hacia la banda musical. Los chicos que antes cantaban ahora están alineados en el centro. Ellos también demuestran el mismo semblante molesto, todos menos uno, quien se encuentra en el medio. Sus ojos reflejan malicia y su sonrisa ladina promete caos.

—So Min, ¿quién diría que estarías aquí? —pregunta con ironía. Su voz hace eco en el recinto oscuro—. Es una sorpresa que la inalcanzable Kang So Min ahora venga a mí.

Las personas a mí alrededor se burlan y escucho unos cuantos insultos a mí alrededor. En vez de responder en mi defensa, me quedo petrificada: es él y se ha dirigido a mí.

Baek Hyun conserva el gesto malicioso, mientras da un par de pasos hacia el frente. El repiqueteo de sus pasos es lo único que se escucha en este silencio tortuoso. Cuando está casi al borde del escenario, muy cerca de mí, se agacha. Sus ojos me dicen que está dispuesto a todo con tal de verme sufrir.

—Lástima que ya no me interesas. Ahora estoy arriba y tú abajo, y ahí te quedarás... para siempre —declara con desprecio.

Deseo reclamarle por sus palabras hirientes o decirle que yo no estoy ahí por voluntad. Quiero gritarle que no quiero nada de él, que prefiero el tiempo en que no sabía de su existencia. Sin embargo, las palabras no salen, ni siquiera puedo respirar bien.

Ante mi silencio, Baek Hyun se carcajea y echa la cabeza hacia atrás. Deja ante mí su cuello estirado y quedo hipnotizada por la forma en que su manzana de Adán sube y baja con cada sonido que produce. Él vuelve su mirada intensa hacia mí y por un momento parece debatirse cómo destruirme ahora.

Este no es el Baek Hyun que yo conocía. Ya no hay rastro del chico simpático y risueño, solo queda la presencia de uno peligroso, dispuesto a hacer el mal solo por gusto.

Mis pensamientos son tan densos que no me percato de que Baek Hyun ha acortado la distancia y que parece que está a punto de besarme. La punta de su nariz roza la mía y su respiración golpea mi rostro. No sé cómo reaccionar, cómo detenerlo. Involuntariamente, estoy a punto de cerrar los ojos, pero me detengo cuando miro directamente los suyos y encuentro prepotencia.

Algo en mí me dice que me aleje, pues, al final, saldré lastimada; sin embargo, lo ignoro olímpicamente. La presencia de Baek Hyun ha consumido cualquier rastro de racionalidad en mí y solo pienso en sentir la calidez de sus labios sobre los míos, en apagar con su toque la desesperación que crece sin control dentro de mí.

Pasan segundos que parecen interminables y su roce nunca llega. Baek Hyun se distancia unos centímetros, estudia mi rostro y su sonrisa se ensancha con socarronería.

—En serio eres lamentable, Kang So Min —susurra.

Él se pone de pie y se lleva el micrófono a los labios.

—¿Ahora qué soy famoso, te fijaras en mí? ¿Dejaras de ignorarme y alejarme porque ya no te parezco repulsivo? —pregunta retóricamente, mientras me mira despectivo desde su altura.

Mi cuerpo se tensa con humillación y coraje. Baek Hyun mira mi expresión y su boca se vuelve una mueca burlona: mi sufrimiento le divierte.

—¿Verdad qué se siente fatal que te rechacen? —ataca.

Deseo gritarle y regresarle los insultos, pero es como si me hubieran robado la voz. Mi desesperación se materializa con las lágrimas que comienzan a salir de mis ojos.

Detrás de mí, escucho que la audiencia se burla y me insulta con más violencia. Lloro descontrolada: estoy viviendo una pesadilla en la que todos se divierten a costa mía.

—Juro que desearía nunca haberte conocido, Kang So Min. Ahora puedo darme cuenta del monstruo que eres. Cada vez que te veo o que pienso en ti, siento unas terribles ganas de vomitar —desdeña Baek Hyun, mientras me mira a los ojos.

«¿Cómo es capaz de decir eso sin siquiera mostrar algún remordimiento?», me cuestiono, herida emocionalmente. Tal vez me lo merezco, siempre lo traté mal y juré que nunca me agradaría. Pero ahora ya no me desagrada, ya no lo quiero lejos.

«¡No te odio, Baek Hyun! ¡Por favor, deja de lastimarme! ¡Perdóname, hice mal!», deseo decirle. Pero no sucede nada. Mi garganta se cierra y mis pulmones se contraen, me estoy ahogando en mi propia mortificación.

—Me das asco, Kang So Min, desearía que te murieras —escupe, finalmente. Sus palabras son filosas y se entierran dolorosas en mi corazón.

Él se aleja de la orilla. La audiencia me acecha y, cuando están sobre mí, comienzan a empujarme e insultarme a gritos. No me defiendo, solo miro a través de mis lágrimas el cuerpo de Baek Hyun, el cual se pierde en las sombras del escenario. Las lágrimas son tantas que al final, me ciegan y solo hay oscuridad y dolor.

—¡So Min! —llaman mi nombre a la distancia. Abro los ojos y por un momento la luz me aturde. No reconozco en dónde estoy.

—¡So Min, despierta! —insisten.

Por fin puedo enfocar mi mirada y veo a Min Hyuk, quien está volteado y me mira desde el asiento del copiloto.

—¿Qué pasó? —contesto con voz ronca a causa del sueño.

—Hemos entrado a la ciudad —avisa.

—Bien —respondo, y mi hermano me da la espalda de nuevo.

Extiendo mis piernas y brazos para desperezarme. En las dos semanas que han pasado desde que me encontré con Seo Min, no he podido dormir bien, pues mis sueños están plagados por Byun Baek Hyun y simplemente no puedo controlarlo.

Desde que me he enterado de lo que hace actualmente mi «exvecino», no he dejado de preguntarme cómo nunca me enteré de que había debutado como cantante en un grupo de música muy famoso. Mis últimos días se han resumido en pensamientos sobre él, lo cual ocasiona que invada mi mente por las noches. Para mi mala suerte, mis sueños nunca han sido buenos, todos son escenas terribles, como, por ejemplo: yo amarrada a una silla mientras Baek Hyun da vueltas a mi alrededor con un cuchillo en mano, o él autolesionándose mientras grita que yo lo orille a eso. Solo por mencionar los menos «perversos».

Tal parece que mi cerebro me está reprochando lo horrenda que fui con Baek Hyun. Lo peor de todo es que este círculo vicioso me está ocasionando daños colaterales, como: insomnio (pues no quiero dormir y soñar con él), un gran cansancio, falta de concentración y mal humor.

Tan solo este día, no deseo estar en ningún lugar más que en mi casa, pero es imposible, pues es el cumpleaños de mi madre y debemos ir a Bucheon para celebrar con ella.

El viaje no es tan largo, en auto se hace un recorrido de alrededor de 45 minutos. Para aprovechar el día (pues regresaremos a la capital al día siguiente), viajamos muy temprano. El insomnio y madrugar no es una buena combinación, por ello me quedo dormida y tengo la pesadilla.

Después de que me he desperezado, me dedico a mirar el paisaje de la pequeña ciudad. Aun no comprendo porque mis padres no regresaron a Seúl. Tal vez se encariñaron con este lugar. Desde que me fui, he visitado Bucheon en un par de ocasiones y por no más de tres días.

Mientras miro a través de la ventanilla, mis hermanos hablan tranquilamente. Por un momento, los envidio, pues desearía sentirme relajada como ellos parecen estar. No obstante, soy un manojo de nervios y mal humor por culpa de una persona que no he visto desde los 18 años. De repente, me pregunto si ellos sabrán a lo que se dedica Byun Baek Hyun. No he querido hablar del tema con nadie, pues sería cómo darle más poder en mi vida. Ni siquiera he investigado más datos sobre él; si descubro cosas, es posible que no vuelva a dormir en meses.

Pero eso no detiene a mi curiosidad, la cual es tan grande que, a veces, me he encontrado a punto de teclear el nombre de mi exvecino en Internet. En otras ocasiones, planeo recordar con mis hermanos los días en los que vivíamos en Bucheon, hasta casualmente mencionar a Baek Hyun. No obstante, nunca he hecho alguna de estas cosas, pues mi dignidad y mi orgullo son más grandes.

No tardamos mucho en llegar a la casa de nuestros padres. Mientras bajo del auto, no puedo evitar sentir una extraña sensación, la cual evoluciona a un retorcijón en el estómago cuando diviso la casa de la familia Byun.

Nuestros padres ya están afuera, esperándonos, y mis hermanos se acercan animadamente a saludarlos.

—¡Feliz cumpleaños, mamá! —vocifera Min Hyuk, mientras le da un fuerte abrazo.

Cuando me acerco a mi familia, compongo mi mejor sonrisa, lo último que deseo es que mis padres se den cuenta de que algo me está molestando.

—¡So Min-nie! —exclama mi madre, cuando se desprende de su abrazo, ahora con So Ah.

Ella me envuelve entre sus brazos y, como siempre, la calidez de su cuerpo me da tranquilidad y consuelo.

—Hola, mamá, feliz cumpleaños —la saludo. Ella me sonríe ampliamente y procede a besar mi mejilla.

Me separo de ella y me vuelvo hacia mi padre, quien me recibe con el mismo entusiasmo y afecto.

Después de la bienvenida y los saludos, nos adentramos en la casa. La decoración ha cambiado muy poco desde que me fui, solo una que otra cosa es distinta, como la disposición de los muebles o nuevos adornos. Cuando llegamos al comedor, mi madre menciona que nos estaban esperando para almorzar y nos manda a que dejemos nuestras cosas en nuestras habitaciones.

Subo a mi viejo cuarto, abro la puerta y entro con lentitud. Coloco mi bolso sobre mi cama, mientras miro cada detalle en el cuarto, el cual se conserva tal como lo dejé: el color de las paredes, las cortinas dobles, el escritorio junto a mi cama y mi armario con su pequeño tocador. Hay una ligera sensación y olor de encierro, por lo que decido abrir la ventana. Corro las cortinas, quito el pestillo y la abro de par en par. A unos metros, veo la ventana paralela a la mía, la cual está cerrada y con la persiana abajo. Es de la habitación de Baek Hyun.

No sé de dónde viene esta idea, pero, por un momento, creo que él va a aparecer inesperadamente, como solía hacerlo cuando éramos vecinos. Tampoco reconozco por qué lo hago, pero me quedo de pie frente a la ventana, esperando captar cualquier señal que me diga que alguien está en esa habitación en específico.

Cuando no pasa nada, una sensación desconocida invade mi pecho, parece decepción. ¿Por qué estoy sintiendo esto? ¿Por qué me importa si él está aquí o no?

Un toque en la puerta de mi habitación me saca de mis pensamientos. Me vuelvo para ver quién es y Min Hyuk está recargado en el marco.

—So Min, ¿vas a bajar a almorzar? —pregunta.

Asiento con la cabeza y espanto el momento anterior. Me alejo de la ventana y camino hacia mi hermano.

—Sabes, apenas pusimos un pie en esta casa y me vinieron a la mente un montón de recuerdos —comenta, casual, cuando lo alcanzo en el umbral de la puerta.

—Ah, ¿sí? —contesto, distante.

—Sí, y algo me dice que te ha pasado lo mismo... —insinúa, con una sonrisa de lado. Sus ojos se desvían hacia la ventana abierta.

No digo nada. Sé a lo que se refiere, pero prefiero ignorarlo, así como lo hago con el recuerdo del pasado y el peso del presente.

✧ ──────⊹⊱✦⊰⊹──────✧

—¿Ya está todo listo? —Pregunta mi madre, retorciéndose los dedos de las manos.

—Sí, mamá, ya todo está listo —contesta Min Hyuk y la toma de los hombros—. Hoy es tu cumpleaños, no deberías preocuparte por nada, nosotros nos encargamos.

Mi madre parece convencerse y asiente con la cabeza. Su trabajo le ha imposibilitado festejar la mayoría de sus cumpleaños. En esta ocasión, decidimos celebrarle con una pequeña reunión, organizada especialmente por mi padre, mis hermanos y yo. Invitamos a algunas personas, la mayoría compañeros de trabajo de mi madre y uno que otro vecino.

Los asistentes comienzan a llegar casi a las cuatro de la tarde. Mi padre los recibe, yo los dirijo al patio trasero y Min Hyuk se encarga, junto con So Ah, de atenderlos. Mi madre, quien está acostumbrada a tener el control, comienza a entusiasmarse conforme llegan las personas e inicia la celebración.

De las diez personas que invitamos, la mayoría ha llegado. Mientras espero a que alguien más se presente, voy a la cocina para revisar la comida que serviremos y, de paso, para beber agua.

—¡Bienvenidos, vecinos! —saluda mi padre. Su voz es tan alta que la escucho desde donde estoy.

De inmediato pienso en la familia Byun y me atraganto. Siendo sincera, sabía que asistirían a la celebración, pero no me preparé mentalmente para verlos.

De las pocas veces que he visitado Bucheon, he visto en dos ocasiones a los Byun y, hasta eso, fue de lejos. Según mis padres, la señora y el señor Byun pasan las festividades importantes en Seúl, pues es la única forma en que pueden reunirse con sus hijos.

Tal vez es muy iluso de mi parte, pero no puedo evitar cuestionarme si este día todos los integrantes de la familia están en Bucheon.

—Hola, señor Kang, lamentamos estar retrasados, pero fuimos a comprar un presente para la festejada. —Reconozco de inmediato la voz del señor Byun.

—¡Oh, no se preocupe, señor Byun, están a buen tiempo! —contesta mi padre—. Sean bienvenidos, So Min los conducirá al... ¿A dónde fue?

Debería salir de la cocina y recibir a los recién llegados, pero la inseguridad me lo prohíbe. Hasta ahora no he escuchado indicios de la presencia de Baek Hyun y su hermano mayor, pero tampoco puedo dar por hecho su inasistencia. Por lo tanto, no estoy lista para enfrentar un posible reencuentro o, al contrario, una involuntaria decepción.

—¿So Min está aquí? —pregunta la señora Byun, con mucha emoción.

—¡Claro! Mis tres hijos están aquí —responde mi padre.

—¡Oh, qué maravilla! Los hemos visto tan pocas veces después de que se fueron —expresa la señora Byun—. Extraño especialmente a So Min-nie...

—Y ella estaba aquí hace unos minutos —comenta mi padre—. Supongo que ha ido con sus hermanos, así que yo mismo los acompañaré al jardín.

Escucho que se acercan y van rumbo al pasillo que da al patio trasero. Pasarán junto a la cocina y es obvio que me encontrarán ahí. Tengo que salir y saludarlos, se verá muy mal si los esquivo toda la tarde. «Tranquila, respira, Baek Hyun no está aquí. Posiblemente está a muchos kilómetros, divirtiéndose con sus amigos famosos», me mentalizo, mientras camino.

Cuando estoy totalmente afuera de la cocina, veo que mi padre se acerca con solo los señores Byun. Mi corazón deja de ser un redoble de tambores para recuperar su ritmo normal.

—¡So Min! —chilla la mujer, con demasiada alegría.

Se acerca rápidamente a mí y extiende sus brazos para envolverme en ellos. Reconozco su entusiasmo en la manera en que me aprieta durante un largo rato.

—¡So Min, que gusto verte! Ha pasado mucho tiempo... —comenta, después de que nos separamos—. No has cambiado nada, sigues siendo tan linda como cuando te fuiste a estudiar la universidad.

—Muchas gracias, señora Byun —digo, ligeramente apenada—. Me alegra mucho verlos.

Observo detrás de ella y hago una pequeña reverencia, saludando al señor Byun.

—¿Qué es esto? Antes me decías «tía», ¿ahora solo soy la señora Byun? —menciona suspicaz, pero sin perder el tono alegre.

—Lo siento, olvidé que así me dirigía a usted... —Creo que en el tiempo que estuve fuera, se ha reducido la sensación de cercanía que sentía hacia los vecinos.

—¡Tía! —Exclama Min Hyuk, a mis espaldas.

Me volteo hacia él y me hago a un lado cuando se acerca a la señora Byun, dispuesto a abrazarla. Bueno, al menos alguien aún sigue sintiéndose muy cercano a ella, a pesar de los años.

La mujer adulta abraza a mi hermano menor y, después de que se separan, ella comienza a elogiar cuánto ha cambiado.

—Tía, ¿cómo están Baek Bom y Baek Hyun? —Mi corazón se acelera un poco al escuchar su nombre, pero finjo que todo sigue normal.

—¡Oh, muy bien! Ya sabes, ocupados con sus trabajos —comenta ella—. Baek Hyun­-ah llamó hace dos noches desde Francia, está grabando un vídeo.

Me tranquilizo al escuchar eso. No habría un reencuentro, Baek Hyun en este momento está a cientos de kilómetros de Corea.

—¡Es cierto! —concuerda mi hermano—. Me reuní con él hace unas semanas y me contó que iría a grabar unas escenas para el nuevo lanzamiento de EXO.

¡Qué rayos! ¿Acaso Min Hyuk ha dicho que se reunió con Baek Hyun hace unas semanas? ¿Mi hermano menor mantiene contacto con nuestro exvecino? Tengo tantas ganas de interrogarlo, quiero saber si todo este tiempo ha sabido qué hace Baek Hyun y cómo es que siguieron su amistad. Pero me retengo.

—¿Qué les parece si vamos al jardín? Supongo que a la señora Kang le agradará mucho saber que ya llegaron sus vecinos favoritos —propone mi padre y le señala el camino a la pareja.

La señora Byun y mi hermano se adelantan y, justo cuando voy a seguir a los dos hombres adultos, el timbre suena.

—So Min-nie, ¿puedes recibir a quién esté afuera, en lo que acompaño a la familia Byun? —pide mi padre.

Afirmo y me encamino hacia la sala de estar. Cuando abro la puerta, me llevo una gran sorpresa.

—Hola, So Min.

Mi pulso se acelera demasiado, las manos comienzan a sudarme y, de un momento a otro, deseo poner la mayor distancia posible entre nosotros.

Hong Tae Joon sostiene un lindo ramo de flores en su mano derecha. Su semblante está tranquilo, libre de remordimiento, hasta sonríe con complacencia. Me quedo congelada en mi lugar.

—¿Me invitarás a pasar o nos quedaremos aquí toda la tarde? —pregunta con un atisbo de diversión.

Por fin reacciono de mi estupefacción. Salgo de la casa y cierro la puerta detrás de mí. Lo último que necesito es que mi familia lo vea.

—¿Qué haces aquí? —Aunque trato de mostrarme firme, la ansiedad hace que mi voz titubee.

—Has ignorado mis llamadas y mensajes desde el día de nuestra cena. También me has evitado en la universidad y, las ocasiones en que he ido a tu casa, nadie me recibe —explica y hace una pausa, como si esperara alguna disculpa por mi evasión—. Mi paciencia es bipolar. A veces me gusta esperar a que las cosas vengan a mí por si solas, pero cuando no, disfruto mover mar y tierra para obtenerlas.

Lo último que dice me hiela la sangre y siento que ningún esfuerzo por alejarme de él, será suficiente. Porque, sí, en las últimas semanas he intentado poner la mayor distancia entre nosotros. Aún no estoy lista para enfrentar el problema «Hong Tae Joon y su propuesta desquiciada».

—¿Así que descubriste que estaría aquí este fin de semana y, de paso, investigaste la dirección de la casa de mis padres? —interrogo, cruzando los brazos.

—No, eso se dio por sí mismo. Le hice una visita a tu hermana en el Hospital para preguntarle por ti. Le comenté que era mi intención interceptarte sí o sí este fin de semana, pero me dijo que no estarían porque vendrían a Bucheon al cumpleaños de tu madre. So Ah me dio la dirección y supuse que me estaba invitando.

—¡Pudiste decirle que me avisara de tu visita! —reclamo, bastante irritada ante su atrevimiento.

—¿Para qué? ¿Querías evitarme de nuevo? No lo creo, tal vez puedes esconderte de mí en Seúl, pero aquí no puedes escapar —declara y su tono se me antoja prepotente.

Las manos me sudan aún más y reconozco que tiene razón. Si hubiera sabido que era su intención verme y que no le importaba viajar a Bucheon para lograrlo, yo no estaría en la casa de mis padres en este momento.

Él logra descifrar mi expresión y se encoge de hombros, mientras sonríe burlón.

—Entonces, ¿vamos a entrar o no? —pregunta, ligeramente exasperado.

—¿Por qué no mejor hablamos en otro lado? Mis padres no están enterados de tu visita, pensarán mal si te presentas como si nada —sugiero, y rezo en mi interior para que lo considere.

Tae Joon suspira contrariado y, de repente, me toma de la muñeca con fuerza. Intento liberarme de él, pero el pánico me ha debilitado. Camina con presteza hacia la puerta y la abre con brusquedad.

Comienzo a hiperventilar, casi al borde de un ataque de pánico. Jalo mi brazo y lo retuerzo para aflojar su agarre, pero es un intento inútil. Por lo bajo, le ruego y razono con él, hasta le prometo que, si se va, ya no lo ignorare. No obstante, nada de lo que hago o digo sirven de algo: él está empecinado con quedarse y no puedo detenerlo.

—Ahora, ¿hacia dónde tengo que arrastrarte? —pregunta deteniéndose en el comedor.

—Al único lugar al que me arrastraras es hacia la salida —contesto, molesta.

Para mi muy mala suerte, Min Hyuk sale de la cocina. Su sonrisa muere al instante en que ve a Tae Joon a mi lado. Su ceño se frunce demasiado y recuerdo lo enojado que se puso cuando le conté lo que pasó.

—¡Qué demonios hace él aquí! —exclama y se acerca con toda la intención de cargar en contra del chico junto a mí.

Milagrosamente, me suelto de Tae Joon y me coloco frente a él.

—¡Alto, Min Hyuk! —Pongo mis manos en su pecho para detenerlo.

Mi hermano menor mira más allá de mí, concentrado en el «invitado sorpresa» de esta tarde. Sus ojos se han oscurecido aún más y casi parece en un trance de ira.

—¡Min Hyuk, mírame! —ordeno, tomando su rostro entre mis manos—. No hagas esto, lo arruinarás para mamá. Por favor...

Noona, te prometí que si volvía a verlo pagaría por lo que te hizo —gruñe entre dientes, y de nuevo intenta alcanzar a Tae Joon.

—¡Basta! Ya hablamos de defender mi honor, puedo hacerlo yo sola —murmuro, hastiada—. Ahora, regresa a tus sentidos, antes de que alguien venga y se dé cuenta de la escena que estamos montando.

Min Hyuk parece reaccionar y da dos pasos hacia atrás; la tensión en su cuerpo no desaparece. Estoy a punto de voltearme hacia Tae Joon para suplicarle que se vaya, cuando mi madre y So Ah se hacen presentes. Esto no se puede poner peor.

Ambas se detienen con sorpresa y sus ojos viajan de mí hacia Tae Joon y mi hermano.

—So Min, ¿quién es él? —pregunta mi madre, con tono inseguro.

—¡Es Hong Tae Joon-sshi! —exclama So Ah en mi lugar. Su tono evidencia su alegría.

«Hay mucho de lo que debemos hablar, unnie», pienso, mientras la fulmino con la mirada.

Me compongo y carraspeo la garganta.

—Es Hong Tae Joon, un... amigo de la universidad —lo presento con dificultad—. Tae Joon, ella es mi madre.

El aludido hace una reverencia de noventa grados y se acerca a mi mamá.

—Hola, señora Kang, es un placer conocerla —saluda él. Su cordialidad que antes admiraba, ahora me parece falsa.

—Igualmente —replica ella, de forma distante. Sonrío en mi interior al notar que mi madre no confía en él.

—Lo siento por venir de improvisto. Su hija me comentó sobre la fiesta y me invitó de último momento —declara Tae Joon y le extiende el ramo de flores—. Son para usted, por favor, acéptelas.

Mi madre, ligeramente renuente, recoge el ramo de sus manos. Tae Joon le sonríe complacido, tal vez creyendo que se la ha ganado con su obsequio.

—Señora Kang, la señora Byun requiere su presencia... —anuncia mi padre, entrado al comedor, pero sus palabras mueren al mirar al chico que está junto a mí.

—¿Quién es nuestro recién llegado, So Min? ¿Es tu novio o el de So Ah? —pregunta, mientras se ríe de su propia suposición burlona.

Tae Joon le sigue el juego y suelta una carcajada. Antes de que diga algo que me condene frente a toda mi familia, aclaro: —No, solo es un amigo de la universidad.

—Mucho gusto, señor Kang. Mi nombre es Hong Tae Joon, heredero de «Hong y Asociados» —se presenta y vuelve a hacer una reverencia de noventa grados.

Mi padre, a diferencia de mi mamá, parece complacido con él y se acerca a Tae Joon, para estrechar su mano.

—Mucho gusto, Tae Joon, heredero de «Hong y Asociados» —dice y, por su tono, me doy cuenta de que se está burlando de la forma en que se presentó—. ¿Nuestra So Min te invitó?

—Sí, disculpe si no es el mejor momento para presentarme...

—No hay cuidado. Pero para la próxima, requerimos una carta formal en la que nos expliques tus intenciones, así como tu currículum. No queremos que cualquier heredero ronde a nuestras hijas —añade con seriedad.

Tae Joon se queda callado y parece inseguro. Cuando mi padre descifra su gesto, se carcajea ruidosamente.

—Estoy jugando contigo, muchacho. ¡Sé bienvenido a nuestro hogar! —exclama, divertido. Tae Joon ríe, aliviado—. ¿Por qué no vienes conmigo al jardín? Estamos a punto de servir la comida.

Mi padre extiende su brazo, le muestra el camino y, antes de seguir a mi supuesto amigo, se vuelve hacia mí y alza su dedo pulgar, como si lo estuviera aprobando.

Si él supiera lo que Tae Joon se ha atrevido a hacer, ¿también lo aprobaría?



La reunión por fin ha concluido. Siendo sincera, en el momento que Tae Joon se hizo presente, el resto de la tarde se arruinó para mí. Nunca en mi vida he estado más tensa y ansiosa, ni siquiera me sentí así cuando presenté mi examen de ingreso a la universidad. En todo momento, he estado supervisando a Tae Joon, pues no quería que hablara sobre su propuesta. Aunque he estado cerca de él, eso no significa que he dejado de evadirlo e ignorarlo.

Después de que se fueron los invitados, solo quedan los Byun y mi «amigo». La pareja se ha quedado a platicar con mis padres y parece que no tiene prisa de regresar a su casa. Al igual que Tae Joon. Asumo que, en su caso, no se irá sin cumplir con el objetivo principal de su visita. Ni loca le daré el gusto. Solo espero que su paciencia se agote y se rinda pronto.

Mientras mis padres entretienen a los Byun, mis hermanos y yo decidimos limpiar. So Ah y Min Hyuk recogen todo lo que está en el jardín, mientras yo lavo lo que se usó para la comida. Para desgracia mía y de Min Hyuk (quien también ha estado tenso con la persona non grata), Tae Joon se ha dispuesto a ayudarnos a acomodar el mobiliario que hemos rentado.

Cuando estoy secando los platos y utensilios, la señora Byun entra a la cocina con un par de botellas vacías entre sus brazos.

—Señora Byun, no se moleste, nosotros nos encargamos de limpiar —le comento y me acerco para ayudarle con lo que carga.

—Pero si no me molesta en lo absoluto, es lo menos que puedo hacer antes de que nos vayamos —responde, con una sonrisa.

—¿Ya se van? —le pregunto, con sorpresa.

—Sí, pero hemos pasado una tarde muy agradable —declara—. Ha sido un gusto verte de nuevo, So Min-nie. Espero que pronto puedas reencontrarte con...

—Disculpen la interrupción. —La voz de Tae Joon se hace presente en la cocina, y no me deja escuchar lo último que dice la mujer adulta.

Ambas nos volvemos hacia él, solo su cabeza se asoma a través de la puerta de la cocina, casi como si no quisiera entrar al lugar.

—So Min, tu hermana mayor me dijo que requiere tu apoyo —añade con presteza.

¿Para qué me necesitaría mi hermana y por qué le pediría a él que venga a buscarme? Supongo que mis ojos revelan mi dubitación, pues la señora Byun, me toma de la mano.

—Lo siento, joven, pero So Min estaba a punto de ofrecerme una taza de té —miente con sutileza, sin dejar de lado su característica amabilidad. Supongo que, al igual que mi madre, ella desconfía de él. Bien.

—Ya veo, pero So Ah me dijo que era una urgencia y que solo su hermana puede auxiliarla —replica y en su mirada parezco encontrar sinceridad.

Me lo pienso un momento más. Hasta que le dedico una pequeña sonrisa a la mujer junto a mí, entre disculpándome y dándole a entender que estaré bien. Ella me la regresa y me suelta lentamente.

—Espero que nos veamos en un futuro cercano, señora Byun —me despido antes de moverme.

—Así será, So Min-nie —manifiesta, afectuosa.

Salgo de la cocina sin mirar a Tae Joon y tomo rumbo hacia el jardín.

—Tu hermana está arriba —anuncia él, detrás de mí—. Sígueme.

Le obedezco sin rechistar, solo porque no quiero prolongar nuestra interacción. Subo las escaleras detrás de él y llegamos hasta mi habitación. La puerta está abierta y la luz de la lampara de noche ilumina tenuemente el espacio. Tae Joon cruza la puerta y me pregunto por qué mi hermana estaría en mi cuarto. En el instante que entro, la puerta se cierra detrás de mí. Me volteo de inmediato y mi «amigo» me mira con seriedad.

—¿Dónde está So Ah? —cuestiono, tratando de mantener mi compostura—. ¿Cómo diste con mi habitación?

—Tú hermana está abajo, ella fue quien me dijo cuál era tu habitación —responde, mientras toma asiento en mi cama—. Solo quería apartarte un rato y hablar contigo.

—¡Vaya! ¿Con excusas y mentiras? —le pregunto retóricamente—. Lástima que hayas recurrido a esa medida desesperada, pues estoy ocupada y no tengo tiempo para hablar.

Camino rápidamente hacia la puerta, pero él se pone de pie a la misma velocidad.

—¡Claro que tienes tiempo! —masculla, mientras me detiene del brazo—. Vas a quedarte aquí y escucharás lo que tengo que decir.

—¡No me toques! —grito, histérica.

Me retuerzo para que me libere, no quiero que ninguna parte de él roce mi cuerpo.

—No lo haré si tú tratas de huir —amenaza y me suelta—. Pero que quede claro que haré todo lo posible para que no te vayas y no me importará si dices que «no».

Quiero insultarle de la peor forma, pero el miedo me invade ante sus palabras y lo último que deseo es provocarle y que haga algo en mi contra. Aunque el temor persiste, mi instinto de supervivencia me motiva a poner la distancia suficiente. Tae Joon vuelve a sentarse, yo me quedo de pie junto a la cómoda en la que guardaba mi ropa.

—So Min, no tiene caso seguir evadiendo la realidad —comenta, después de unos segundos de silencio.

Si no lo estuviera mirando cuidadosamente, me hubiera perdido la forma en que sustrae un objeto del bolsillo de su chaqueta.

—¿Por qué tienes eso aquí? —cuestiono alarmada, al darme cuenta de que es la cajita roja.

—Tu hermana me hizo el favor de traerlo —replica, girando el objeto entre sus manos. Después lo coloca en la cama, junto a él.

«Ahora me doy cuenta de que So Ah nunca ha estado de mi lado en lo que respecta a este problema», pienso.

—Reconozco que la forma en que te di la noticia no fue la mejor de todas y que eso fue lo que te alteró —retoma la palabra con seriedad—. Pero ya he hecho mi propuesta y ahora necesito una respuesta, So Min.

¡Una respuesta! Hong Tae Joon me está exigiendo una respuesta cuando ni siquiera he superado el trauma de esa noche.

—Sé que es terrible cuando te sientes presionada, pero necesito que aceptes lo más pronto posible. Nos queda un mes para graduarnos y aún necesitas conocer a mi familia y se deben preparar los prenupciales. Si aceptas esta noche, aún tenemos el tiempo suficiente para organizar una ceremonia digna de nuestro casamiento...

—¡Detente un momento! ¿Me estás pidiendo una respuesta y crees que será positiva? —manifiesto, incrédula—. Yo no planeo casarme ahora.

—Estamos a punto de graduarnos, ¿por qué esperar? —reclama, desesperado y comprendo que su estado no le permite procesar el significado de mis palabras.

—No estás entendiendo, no quiero casarme contigo —declaro temblorosa, pero convencida.

Espero una reacción negativa, pero al parecer Tae Joon ni siquiera ha escuchado lo que digo, pues sigue inmerso en su soliloquio.

—No entiendo por qué querer «esperar el momento correcto» para cerrar el acuerdo, porque eso es el matrimonio, un contrato. Solo hay que firmar el acta y avanzar con lo que sigue. Así está marcado: naces, creces, estudias, te casas, tienes hijos...

—¡Para mí no es así! —exploto, interrumpiéndolo. Cuando detiene su palabrería, agrego—: Yo no quiero casarme en el instante en que reciba mi Título. Tengo proyectos, quiero hacer mi carrera y cumplir mis sueños.

—¡Y aún podrás hacerlo! —asegura agraviado—. So Min, yo no dije que no podrías realizar tus proyectos, tendrás la libertad de hacer lo que quieras. Además, recuerda que no soy cualquier persona, hijo de cualquier familia. En el momento en que nos casemos, mi fortuna también será tuya.

—¿Y de qué me servirá esa fortuna si estará condicionada? —le recrimino, socarrona—. Ya me imagino como la típica mujer de Cheongdam-dong que, entre más complaciente y sumisa sea con su esposo, más dinero recibe para gastar en tiendas departamentales de lujo y cirugías plásticas.

—¡No sucederá eso! —estalla, y suspira en un amago para tranquilizarse—. ¿Te gustaría ser dueña de tu propia compañía de medios? Nunca se me olvida que uno de tus sueños es tener tu propio programa radiofónico. Si te casas conmigo, no necesitarás mendigar oportunidades de trabajo en empresas mediocres. Mi familia te ayudará a inaugurar tu propia compañía, hasta puede comprarte la maldita KBS, si así lo deseas. Si aceptas, tendrás todo lo que quieras y más. Juro que no serás una «esposa de Cheongdam-dong».

—¿Y qué hay sobre los sentimientos? —inquiero, cambiando el rumbo de la conversación—. ¿Qué hay sobre el amor? Si solo hay dinero, entonces este es un simple matrimonio a conveniencia.

Tae Joon resopla con frustración y creo que por fin le estoy ganando en esta disputa.

—So Min, conoces mis sentimientos. Sabes que nunca te he visto como mi amiga. No debes preocuparte en que nuestro matrimonio se sustentará en la conveniencia o el dinero, pues hay sentimientos de por medio, al menos de mi parte. Te quiero, So Min, gran parte de mi decisión se sustenta en cuánto me gustas.

—¿Y no es necesario que yo te quiera de la misma forma? —intento razonar con él.

—Sería un sueño si al final resulta que me amas —responde, con una risilla—. Y sabes, creo que estás a mitad del camino. Te lo dije esa noche, algo en ti me dice que me correspondes. Solo necesitas tiempo. Estoy seguro de que, después de la boda, sentirás lo mismo que yo y por fin tendremos una vida feliz juntos.

—Tae Joon, no seas iluso... —difiero, pero él me interrumpe.

—En el peor de los escenarios, si no logras amarme como yo lo hago, no habrá problema. No me molestaré... porque sé que tú eres así —agrega y se encoge de hombros.

—¿Disculpa? ¿A qué te refieres? —Decir que me siento ofendida es poco.

—Me refiero a que reservas demasiado tus sentimientos —explica resignado—. So Min, eres muy cerrada, difícilmente compartes lo que piensas o sientes. Por eso mi única opción es suponer y tomar una decisión con base en ello.

—¿De verdad? ¿Prefieres suponer en vez de preguntarme lo que siento? ¿Prefieres imponerme algo, en vez de proponerlo primero?

—Suena mal, pero es la verdad, So Min. No es mi culpa que no sepa qué hacer. Si dejaras de ser tan reservada, las cosas serían distintas. He llegado a pensar que no tienes sentimientos por nada ni por nadie. Y sabes, aun así te consideré y te pregunté si querías casarte conmigo.

—¡Pero ni siquiera lo preguntaste! Solo expusiste tus razones, me forzaste sin mi consentimiento y ahora me quieres vender una idea de lo que podría ser si acepto —escupo, hastiada de esta situación.

—Entonces, ¿eso es lo que querías? ¿Deseabas que te lo preguntara? —demanda irónico.

—Es lo menos que pudiste haber hecho —enfatizo con el mismo tono.

Tae Joon parece reflexionar. Sin decir nada, toma la cajita que descansa junto a su pierna, la vuelve a guardar en su chaqueta y se pone de pie.

—Bien, entonces te preguntaré, pero no aquí, lo haré como debe ser.

En un parpadeo, toma mi brazo con fuerza y me arrastra fuera de mi habitación, justo como lo hizo unas horas atrás. Forcejeo y, de la misma forma, no logro liberarme. Me jala detrás de él y camina escaleras abajo con prisa. Su ritmo es acelerado y, en varias ocasiones, estoy a punto de tropezarme, pues mis piernas no son tan largas como las suyas.

Entre la batalla y mi intento por mantener el equilibrio, no me doy cuenta de que llegamos a la sala de estar, donde mis hermanos y mis padres platican tranquilamente. La manera tempestiva en que nos hacemos presentes llama su atención y todos nos observan con gestos interrogativos.

—So Min, ¿sucede algo? —Mi madre es la primera en dirigirse a mí. Sus ojos viajan de mi rostro, a mi brazo, justo donde me sostiene Tae Joon.

—No, no pasa nada —declaro. Por fin él me libera y ligeramente me sobo en donde sus dedos me apretaban.

—¡Aj! Vez de lo que hablo, So Min, siempre evades tus problemas —se queja So Ah—. Claro que sucede algo, pero no lo quiere decir. Y si no lo hace ella, yo intervendré.

—¡Noona, ya basta! Este no es tu asunto —interfiere Min Hyuk, enojado.

La tensión no puede ser más grande, es como si nos encontráramos dentro de una burbuja a punto de reventar. No sé cómo actuar o qué decir, simplemente quiero desaparecer. Deseo regresar al momento en que disfrutaba mi vida y no tenía problemas.

—Esto no se ve muy bien —titubea mi padre, su buen humor se ha esfumado por completo—. Dinos que sucede, hija. ¿Tiene que ver con que tu amigo esté aquí?

—¡Sí! ¡No! —contestamos al unísono Tae Joon y yo, respectivamente.

Nos miramos en silencio y parece que nuestra disputa sigue. Él parece determinado a pinchar la burbuja y yo le imploro que no lo haga. Pero, como lo ha hecho antes, ignora olímpicamente lo que deseo.

—Lo siento por tanto misterio, señor y señora Kang —comienza a hablar, su atención ahora en mis padres—. Estoy aquí esta noche porque necesito su consentimiento.

En ese instante, Tae Joon saca el objeto innombrable y siento que todo está perdido.

Abre la tapa y les muestra el exuberante anillo a mis padres. Los rostros de ambos son de estupefacción pura, justo como los de mis hermanos cuando descubrieron la caja que Tae Joon escondió en mi bolso, la noche de la cena.

—Deseo su consentimiento para casarme con su hija —declara con vehemencia.

Se vuelve hacia mí, con un gesto inocente y amoroso, el cual no le compro por nada en el mundo, y añade—: So Min, ahora te lo pregunto, ¿te casarías conmigo?

La burbuja explota y el caos se desata. Por un momento, no me preocupa explicarle a mi familia sobre esta situación que no he terminado de procesar. No obstante, sí me angustia enormemente pensar en cómo me libraré de este problema. Creo que solo un milagro o una mentira pueden salvarme de esta.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top